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Archive for 1/06/12

El CAPITAL llega al mundo sudando sangre y fango por todos los poros… Necesitaba como plataforma la esclavitud encubierta de los asalariados en Europa, y la esclavitud sin disimulos en el Nuevo Mundo”.

Karl Marx.

Los indios deben ser tratados así, porque sus pecados e idolatrías ofenden a Dios”.

Juan Ginés de Sepúlveda, teólogo dominico español, 1490-1573. Defensor de la tesis de la subhumanidadde los indígenas.

GenocidioNigeria

La civilización occidental, los occidentales, sobre todo, los blancos, están orgullosos de su cultura. Presumen, continuamente, de ella. Se sienten admirados de los avances médicos y tecnológicos que han alcanzado. En resumidas cuentas se sienten superiores al resto de culturas y son llevados por la arrogancia. Este sentimiento de superioridad, mirándonos siempre al ombligo, nos lleva a desconocer y, en muchos casos, a despreciar la cultura y las costumbres de otros pueblos. Nuestro egocentrismo nos lleva a creer que nuestra cultura es la única válida y que el resto nos tiene que seguir y copiar porque están anclados al pasado.

Está arrogancia y vanidad nos hace olvidar que, aunque de nuestra cultura han salido la democracia, la Ilustración, los derechos humanos…, también, somos los responsables de los totalitarismos; el nazismo y el Holocausto; el colonialismo; la esclavitud; la conquista, el exterminio y el genocidio de pueblos enteros; el racismo y la eugenesia científica. Aunque, la historia haya creado sus propias leyendas negras, podemos decir que, prácticamente, todos los pueblos occidentales han realizado innumerables actos criminales. Crímenes silenciados que han horrorizado y horrorizan a todas las personas de buena voluntad. Crímenes tan increíbles como injustificables:

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“Oh, todo nos sirve. Pero, sobre todo, el hierro, porque la pólvora es cara. A veces se los ensarta en grupos de trece, se los rodea de paja seca y se les prende fuego. Otras veces se les cortan las manos y se los abandona en el bosque. ¿Por qué en grupos de trece? ¡Para honrar a Cristo y a los doce apóstoles! Sí, os digo la verdad. El Señor fue ‘honrado’ con todos los horrores humanos… ¡A veces se cogía a los niños por los pies y se les partía el cráneo contra las rocas! ¡O bien se los echaba en la parrilla, se los ahogaba o se los arrojaba a los perros hambrientos que los devoraban como cerdos! ¡Se hacían apuestas a ver quién sería capaz de abrir el vientre de una mujer de un solo tajo!… He visto crueldades tan grandes que no seríamos capaces de imaginar. Ninguna lengua, ningún relato puede decir lo que he visto”. Estas palabras son de Bartolomé de las Casas, fraile dominico español y Obispo de Chiapas en el S.XVI, que luchó sin éxito para sacar a los indios de la ‘subhumanidad’ en la que les habían metido los españoles.

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España, Reino Unido, Francia, EEUU, Bélgica, Portugal y, muchos más, son todos culpables de estos crímenes. De exterminios y genocidios sin par. Nuestra cultura ha encumbrado y ensalzado a las más grandes glorias a grandes criminales y genocidas. Se celebra a asesinos, tratantes de esclavos, mercenarios, personas sin escrúpulos movidas por una enorme codicia y un ansía de riqueza y poder insaciables. Estudiamos sus hazañas en los libros de historia y escondemos los crímenes cometidos. Justificamos sus actos porque, todavía, existe un racismo latente. Un alarde de superioridad moral que las acciones desmienten.

El doble lenguaje rige las acciones de nuestras élites. Se congratulan de los derechos humanos y la democracia, la exigen por doquier, pero mantienen estrechas relaciones con dictadores, mercenarios, delincuentes y asesinos, a conveniencia. Dicen que son alianzas estratégicas, de fuerza mayor, pero sólo les benefician a ellos y sus negocios.  Protegemos un sistema y unas megaempresas que deciden quién debe vivir o morir cada día, simplemente, para enriquecerse más y más.

Los ciudadanos debemos elegir entre las dos haces de nuestra cultura: o bien, la democracia, la igualdad y los derechos humanos; o bien, la codicia, el expolio, la mentira, la explotación, la desigualdad, la doble moral y, el asesinato de millones de personas cada año. Antes que nuestros criminales en su insaciable voracidad se vuelvan, nuevamente, contra nosotros.

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