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Archive for 23 mayo 2013

Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen… ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor

Salvador Allende, alocución radiofónica de 11 de septiembre de 1973, horas antes de su asesinato.

No se puede negar que el Fascismo y movimientos similares destinados a la creación de dictaduras están llenos de las mejores intenciones y que su intervención ha, por el momento, salvado la civilización Europea. El mérito que el Fascismo ha de ese modo ganado por sí mismo vivirá eternamente en la historia”.

Ludwig Von Mises.

Mi preferencia personal se inclina a una dictadura liberal y no a un gobierno democrático donde todo liberalismo esté ausente.

Fiedrich Von Hayek, declaraciones al diario El Mercurio, 12 de abril de 1981.

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En Chile desde el año 2011 los movimientos sociales han vuelto a tomar las calles ante el desprestigio que sufre el actual sistema político. El sistema chileno adolece de una enorme falta de representatividad. Sus políticos no toman en consideración las necesidades de grandes capas de la población que se sienten abandonadas y han perdido la confianza en sus representantes legales. Esto puede observarse fácilmente en la participación en las elecciones democráticas que no alcanza a más del 40% del electorado.

El caso chileno no es muy diferente a lo que se está viviendo en España durante los últimos años o en otros países caracterizados por sus regímenes de democracias constitucionales. La población no se siente representada, se siente ignorada y sus actuales representantes políticos han caído en un absoluto descrédito que se refleja tanto en encuestas como en votaciones. El sistema está tan desprestigiado que muchos no votan o lo hacen con absoluto cinismo o desesperanza. Las tasas de abstención en democracias totalmente asentadas y, supuestamente, ejemplares sólo pueden provocar asombro y preocupación. Pero es lógico ante una población que ve como la corrupción y la connivencia entre los poderes representativos y económicos está carcomiendo los cimientos del estado Social.

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Entre muchos chilenos que han protagonizado las recientes protestas se encuentra la certeza de la falta de legitimidad del sistema constitucional. Es una democracia otorgada por una dictadura militar. Su Constitución data de 1980, los redactores fueron elegidos por el gobierno militar, el plebiscito que lo aprobó está sembrado de dudas ciertas acerca de su limpieza y las reformas que ha sufrido no han tocado la esencia de una Constitución donde la protección de los monopolios privados y las oligarquías es absoluta.

A Chile como a España y otros países que han protagonizado las reformas neoliberales de las últimas cuatro décadas les ocurre que se encuentran bajo un sistema de gobierno bancario – corporativo por ponerle un nombre que no tiene la pretensión de ser científico, pero que se acerca totalmente a la realidad. La connivencia entre el Estado y las empresas privadas es total. Los lobbies o grupos de presión empresarial como ocurre en Europa o EEUU tienen una responsabilidad directa en las políticas que toman los gobiernos del país.

Entre las principales quejas de los chilenos se encuentran las tasas y precios usureros que sufren a manos de los monopolios que controlan el agua, la banca, la electricidad, la alimentación y otros servicios básicos. Los abusos a los ciudadanos no son corregidos y éstos sienten una enorme desprotección. Pero, es obvio, que esta enorme concentración de la propiedad y el control que ejercen los poderes económicos sobre el regulador faciliten los abusos que cometen estas corporaciones. Las mismas son las que se apropian de la mayor parte del crecimiento económico que ha vivido Chile en estos últimos años donde el 85% de la facturación de ventas pertenece únicamente al 1% de las empresas o que el 95% de las exportaciones lo realicen igualmente el 1% de las empresas.

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Por tanto, a pesar del crecimiento económico – éste se ha cuadruplicado en los últimos veintitrés años – el país se encuentra sumido en enormes problemas sociales. Problemas, totalmente, silenciados y olvidados tanto por la prensa como por el Parlamento. Cuando puede haber visos de un cambio político la oligarquía y sus medios sacan la bandera del miedo, el peligro de la polarización social y el recuerdo de la dictadura militar. De todas maneras, es muy complicado que pueda darse este cambio social y político porque en la Constitución se ha blindado que cualquier cambio de calado pueda ser vetado por un tercio del Parlamento. Por tanto, prácticamente, con poco más de un 15% del censo electoral chileno. De cualquier modo, los chilenos no pueden distinguir en su actual bipartidismo al que conduce su sistema binominal carente de representatividad entre la izquierda y la derecha.

Las carencias del sistema se pueden mostrar en las tasas de pobreza que sufre Chile, aunque estas tasas dependen siempre de cómo se midan. La pobreza medida según la metodología del gobierno alcanza al 14,4% de la población. Está bastante bien. Pero, el problema se avecina si lo medimos según la metodología estadounidense donde alcanzaría al 35% o la europea que nos daría una cifra cercana al 47% de la población. Por tanto, el gobierno – como buen alumno neoliberal – sólo contabilizaría una pobreza que raya la indigencia.

Chile podría decirse que es el perfecto laboratorio neoliberal. El paraíso soñado por Friedman, Hayek o Mises. Un espejo en el que podemos mirarnos para conocer nuestro futuro. No hay ningún derecho garantizado. Por ejemplo, el sistema de pensiones está privatizado y pertenece a 4 empresas financieras. Es un sistema de capitalización que cobra altísimas comisiones cercanas al 14%. El rendimiento para los trabajadores es bajo, puesto que, al 70% de los trabajadores les quedará una pensión de jubilación de menos de 100.000 pesos mensuales, alrededor de 158 euros. Por tanto, con esa pensión se puede considerar que en la próxima década habrá 5,6 millones de pensionistas pobres. La pensión promedio son 150.000 pesos que poco más da para sobrevivir.

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Las familias dedican mensualmente el 70% de sus rentas a pagos bancarios. Un sistema financiero oligopólico que, también, está controlado por 4 bancos. Como en muchos otros lugares las familias son esclavas de la deuda. Es lógico. La educación no está garantizada y 500.000 estudiantes tienen una deuda en préstamos para cursar sus estudios de 3.000 millones de dólares en un sistema altamente segregador y elitista. Una educación carísima herencia de una dictadura que redujo el gasto público en educación del 7% del PIB al 3%. Un sistema que como la sanidad y las pensiones son el negocio de unas pocas empresas y que ha visto como varios rectores han acabado en los tribunales por tráfico de influencias y sobornos.

Los abusos a los trabajadores también son habituales. No hay un derecho a la huelga, existen enormes problemas para sindicarse, el código del trabajo es el de la dictadura militar cuando los trabajadores fueron severamente “castigados” y sólo el 10% de los trabajadores tiene derecho a la negociación colectiva. Los bajos salarios fomentan el pluriempleo y la precariedad social en una gran mayoría de la población. El 76% de los trabajadores no superan el equivalente a dos salarios mínimos que no son complementados con transferencias sociales dado que el Estado tiene pocos ingresos y los bienes y servicios públicos, los recursos naturales están en manos privadas.

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Pero en Chile hay paz. No hay polarización social. Este es legado de la dictadura. La dictadura legó tranquilidad. No importa que haya tal cantidad de pobres ni tal cantidad de población precaria. No importan los problemas de vivienda ni la formación de guetos. Ni una sanidad dual que permite que el sistema privado se lleve casi la mitad de los recursos económicos mientras sólo atiende al 20% de la población. Ni que un tratamiento contra el cáncer cueste 40 millones de pesos, 15 salarios medios anuales. Lógicamente sin ayuda te puedes dar por muerto. Ni que haya una transferencia brutal de riqueza hacia el 1% de la población, ni que las transnacionales – extranjeras –  se lleven los recursos de los chilenos y estén exentas de pagar impuestos. Este es el precio de la paz social. Este es el precio de estar tranquilos.

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Los ricos se esforzarán para establecer su dominio y esclavizar al resto. Siempre lo han hecho. Siempre lo harán… Tendrán el mismo efecto aquí como en cualquier otro lugar, si no conseguimos [mediante el poder del] gobierno, mantenerlos dentro de sus propias esferas de actuación

Governeur Morris, considerado como uno de los Padres Fundadores de los Estados Unidos, 1752 –1816.  

 

La historia registra que los cambistas han hecho uso de toda forma de abuso, intriga, engaño y todo medio violento a su alcance para mantener el control sobre los gobiernos controlando el dinero y su emisión

James Madison, 4º presidente de los Estados Unidos, considerado uno de los Padres Fundadores de la nación.

El Congreso debe tener el poder de acuñar moneda y regular el valor de la misma

Constitución Americana, Artículo 1, sección 8, párrafo 5; Filadelfia, 1787.

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Es posible que muy pocas personas conozcan la principal razón de la Revolución Americana que supuso la independencia de las 13 colonias de Norteamérica del Imperio Británico. Es lógico. La mayor preocupación que tienen las personas que deciden la información que debemos recibir es la tergiversación, la manipulación y la ocultación de la historia en provecho propio. Esta actuación provoca que nuestro conocimiento esté condicionado a los prejuicios e intereses de unos pocos. Pocos, pero muy poderosos. Después que este falso conocimiento aparezca en los grandes canales de información por ellos controlados, que se extienda de forma viral convirtiéndose en una verdad absoluta no entraña mayor dificultad. Simplemente se deben controlar los canales primarios de comunicación.

Como verdad absoluta ha quedado que la Revolución se produjo por la negativa de las colonias británicas de Norteamérica a pagar impuestos. Sabemos que para el actual pensamiento dominante la idea de la injusticia y el robo que supone el pago de impuestos – como idea simple sin entrar en su complejidad – es algo así como mentar al diablo. La cosa no es tan simple. Ese estallido revolucionario, simplemente fue un punto de no retorno producido por una grave crisis de austeridad que venían sufriendo las colonias americanas desde hacía una década.

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Las colonias norteamericanas habían descubierto hacía tiempo el secreto del dinero: no importaba lo que respaldara el dinero sino quien controlaba su emisión y su cantidad. Este mismo secreto también fue descubierto por la República Romana casi dos milenios atrás. La República suministraba a sus ciudadanos un dinero barato y abundante acuñado en bronce y cobre. Este dinero abundante evitaba que sufrieran una escasez del mismo y la economía pudiera gozar de una buena salud. En otros lugares – como la Inglaterra del año 1100 – el gobierno simplemente recurrió a hacer su dinero legal para el pago de impuestos y deudas, aunque éste fueran palos de madera tallada. Todo cambió en ambos lugares cuando se implantó el patrón oro. Cuando sólo podía pagarse en moneda de oro o respaldada por él. Y el oro tiene el inconveniente de que es escaso y se encuentra en manos de unas pocas personas privadas que pueden controlar su valor.

Una de las características de estos sistemas monetarios es que el dinero era emitido por el propio gobierno sin deuda. Este hecho supuso arrebatar el monopolio del dinero a los plutócratas – los muy ricos – que eran quienes poseían el oro. Por tanto se lograba beneficiar con este sistema a las personas trabajadoras, no a los rentistas y usureros. En las colonias británicas de Norteamérica la escasez de metales que sufrían evitó todo acercamiento al patrón oro. En el uso del dinero éste podía tomar la forma de pieles, tabaco o, incluso, papel moneda. Estas son las experiencias que trasladó uno de los Padres Fundadores de los Estados Unidos a sus compatriotas británicos en las distintas ocasiones que estuvo en Londres.

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En palabras de Benjamin Franklin era imposible encontrar una población más feliz y más prospera en toda la superficie del globo que la que habitaba las colonias de Norteamérica. Afirmaciones como ésta y las noticias que llegaban de esa prosperidad a Londres intrigaban a los funcionarios ingleses, que preguntaron a Franklin cuáles eran las razones a las que se debían tanta prosperidad en aquellas tierras. Franklin les respondió emitimos nuestro propio dinero. Se llama Colonial Scrip. Lo emitimos en la proporción justa que demanda el comercio y la industria para que los productos circulen fácilmente desde los productores a los consumidores. De esta manera, creando para nosotros nuestro propio dinero, controlamos su poder de compra, y no debemos pagarle interés a nadie”. Él mismo Franklin era el encargado de emitir y controlar ese papel moneda.

Esta política de las colonias norteamericanas iba directamente en contra de los presupuestos de la política imperial británica fundada en unas colonias que sólo debían ser abastecedoras de materias primas baratas y receptoras de los productos manufacturados de Inglaterra. E iba en contra de los intereses de los grandes financieros europeos que querían continuar controlando el monopolio de la emisión de moneda. Este dinero que era, simplemente, un papel moneda, libre de deuda, impreso con la garantía del gobierno y sin respaldo de oro o plata hacía tambalear ambos monopolios. Un dinero basado en la confianza y de una simpleza pasmosa proveía de prosperidad a las colonias. Esta idea era terrible porque los grandes financieros perdían su control, el monopolio, su capacidad para someter a gobiernos y pueblos enteros y, enriquecerse con su trabajo.

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Ante esta peligrosa idea, el Parlamento inglés decidió en 1764 que las colonias debían plegarse al patrón oro. A partir de ese momento para comprar productos y pagar impuestos era necesario poseer oro. En poco tiempo las colonias se quedaron sin sus reservas de oro, la población no podía comprar los productos ante la escasez de este metal. El comercio se detuvo y las colonias entraron en una profunda depresión. Ante las fatales consecuencias de la austeridad Franklin escribió En un año, las condiciones fueron tan adversas que la era de la prosperidad terminó, y se instaló la depresión, de tal manera que las calles de las colonias está repletas de desempleados”. Las colonias se encontraban estranguladas financieramente. El oro y la plata habían volado a los bolsillos de los grandes financieros europeos.

Esta época de crisis profunda, aumento de los gastos de guerra británicos y el expolio colonial llevaron a las 13 colonias a rebelarse contra el Imperio Británico. Las negociaciones llevadas a cabo por Franklin fueron infructuosas. Éste escribiría más tarde Las colonias habrían aceptado gustosamente los pequeños impuestos sobre el té y otras materias primas si Inglaterra no hubiera extraído a las colonias su dinero, lo que creó desempleo e insatisfacción. La imposibilidad para los colonos de recuperar el poder de emitir su propio dinero de forma permanente, lejos del control de Jorge III y los banqueros internacionales fue la razón fundamental de la guerra revolucionaria”. Es el mismo Franklin quien niega la historia dominante. Es él quien desmiente los actuales lugares comunes. Con el tiempo la historia se olvida, o bien, se falsifica y maneja según los intereses de algunos. Es importante adaptarla para que sustente ciertas ideologías fundamentadas en intereses y prejuicios.

La lucha contra las instituciones bancarias y los plutócratas siempre estuvo en la esencia de los revolucionarios norteamericanos. Una lucha que no finalizó con la independencia sino que continuó y continúa en la historia de los Estados Unidos. Thomas Jefferson escribió Creo sinceramente que las instituciones bancarias son más peligrosas para nuestras libertades que los ejércitos en armas. El poder de emisión debe ser rescatado de los bancos y restaurado a sus dueño legítimo, el pueblo”. La lucha de Jefferson siempre estuvo dedicada a devolver la emisión de la moneda a su único poseedor en un régimen democrático de libertades: la soberanía popular. Si esto no se conseguía se cernirían sobre la población de los Estados Unidos los males habituales provocados por los banqueros Si el pueblo americano permite alguna vez a los banqueros privados el control de la emisión de su moneda, primero por inflación, luego por deflación, los bancos y las corporaciones que crecerán a su alrededor privarán a la gente de todas sus propiedades hasta que un día sus hijos se despierten sin hogar en el continente que sus padres conquistaron”.

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La lucha contra la imposición de un nuevo banco central privado controlado en su mayor parte por financieros internacionales llevó a la guerra contra Gran Bretaña de 1812–1814. Siempre Jefferson lamentó la instauración del primer banco central de los Estados Unidos Aunque hemos tan ingenuamente permitido que el poder [de emitir nuestro propio dinero sin deuda] sea robado por individuos privados, creo que podemos recuperarlo… A los estados se les debe pedir que transfieran el derecho de emitir dinero de papel al Congreso, a perpetuidad. O que se permitiera en la redacción de la Constitución que el Gobierno pudiera coger prestado a entidades o individuos privados, en lugar de continuar emitiendo su moneda libre de deuda Desearía que fuera posible obtener sólo una única enmienda a nuestra Constitución… Quitándole al gobierno federal el poder de coger prestado”.

La lucha contra los plutócratas continuó con Andrew Jackson al que intentaron asesinar. Continuó con Abraham Lincoln al que asesinaron. Esta lucha fue retomada por James Garfield que fue asesinado y, finalmente, el último presidente de los Estados Unidos que se enfrentó a las corporaciones privadas que monopolizan la emisión del dinero fue John F. Kennedy que murió asesinado, también ¿Todos estos hechos pueden ser considerados casualidades? Tal vez. Pero todos estos presidentes intentaron devolver la soberanía nacional al pueblo. Andrew Jackson tenía una opinión firmemente asentada de los banqueros internacionales presentes en el Segundo Banco de los Estados Unidos Sois un nido de víboras, tengo la intención de arrancaros de nuestro país y por el Dios eterno juro que lo haré”. Porque la razón de perseguir el banco privado y negarle el monopolio del dinero siempre fue la misma: salvaguardar la soberanía nacional y el bienestar de los ciudadanos.

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Es fácil imaginar que grandes males pueden venir a nuestro país y sus instituciones de tal concentración de poder en las manos de unos pocos [que son] irresponsables ante la gente… ¿No constituye un peligro para nuestra libertad e independencia el tener un banco que tiene tan poco en común con nuestra nación? ¿No representa el mismo una causa de temor al pensar en la pureza y la paz de nuestro proceso electoral y en la independencia de nuestro país en guerra?… Al controlar nuestra moneda, al recibir nuestro dinero público, mantiene a miles de nuestros ciudadanos en un estado de dependencia… Sería algo más temible y peligroso que el poder militar de un enemigoAndrew Jackson, 7º presidente de los Estados Unidos, 1832.

Por tanto, en momentos como los actuales, debemos aprender mucho de una historia que se repite con tal asiduidad en la vida de los hombres. Es demasiado malintencionado e interesado hablar de déficit o deuda pública. De gasto público. Cuando, en realidad, lo importante es centrarse en quién controla cuánto dinero tenemos y por qué. Y deberíamos saber que esas personas privadas que controlan el dinero, que lo manipulan y nos manipulan, sólo buscan inmolarnos en el altar de un beneficio para ellos aún mayor. Sabemos que es una lucha, siempre ha sido así y siempre lo será. EEUU ganó a los financieros y al Imperio su Revolución, pero sólo fue temporal. Desde entonces, esta batalla se continúa librando, una lucha ininterrumpida entre el despotismo y la libertad. La libertad contra el vasallaje. Unas veces gana el pueblo, otras los déspotas. Actualmente, los déspotas están venciendo. Europa, el BCE, estrangula a las naciones en beneficio de los intereses corporativos y financieros. Somete a los gobiernos al haber perdido éstos el derecho y la obligación a emitir su propio dinero. Hoy la soberanía del pueblo ha sido de nuevo subyugada. 

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El plan de austeridad se parece mucho a la simple expresión de las preferencias de la clase superior, oculta tras una fachada de rigor académico. Lo que quiere el 1% con los ingresos más altos se convierte en los que las ciencias económicas dicen que debemos hacer

Paul Krugman, premio Nobel de Economía, 2013.

Es costumbre de los ricos y de sus acólitos de ver una virtud social en lo que sirve a sus intereses. Es igualmente evidente la tendencia paralela de los economistas a encontrar virtud en lo que aplauden los hombres distinguidos y opulentos

 J. K. Galbraith, El dinero, 1975.

Contestaremos a su demanda de un patrón oro, diciéndoles: No debéis apretar sobre las sienes del trabajo esta corona de espinas, no debéis crucificar a la Humanidad en una cruz de oro

William J. Bryan, candidato a la presidencia de los Estados Unidos, 1896.

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La situación que se vive actualmente no es tan novedosa como podríamos creer. Las ideas que se imponen tampoco. Las crisis financieras seguidas de su consecuente crisis de austeridad son más predecibles y recurrentes de lo que podríamos esperar. Durante el S.XIX se produjeron crisis financieras capitalistas en los Estados Unidos en los años 1819, 1837, 1857, 1873, 1884, 1893, y luego en el S.XX en 1907 y 1921, coronadas finalmente con el colapso absoluto en 1929. En Europa las crisis también eran frecuentes, por ejemplo, la crisis de 1846–48 dio lugar a la ola de revoluciones que invadió Europa en 1848.

Estas sucesivas crisis eran consustanciales a un sistema capitalista caracterizado por la desregulación, la acumulación de los capitalistas, el despilfarro, la sobreproducción y un proletariado empobrecido, que creaba períodos de expansión con la subsiguiente contracción y crisis. Fue a principios de la década de 1840, cuando un joven Friedrich Engels ya entonces describía esta naturaleza cíclica del capitalismo entre la prosperidad  y las crisis cada vez más violentas. Más tarde, comentaría en 1880 “… El comercio se detiene, los mercados están atestados, los productos son tan abundantes como invendibles; la moneda se oculta, el crédito se desvanece, las fabricas se cierran, la población obrera se encuentra desprovista de medios de subsistencia por haberlos producido antes en exceso, las bancarrotas se suceden, lo mismo que las ventas a precios ínfimos… Entonces, hay que volver a empezar. Hemos atravesado cinco crisis desde 1825 y acabamos de salir de la sexta”.

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Todos estos períodos de constantes crisis de devastadoras consecuencias, sobre todo para la población trabajadora dieron al traste tras el crac del 29. El fracaso de las políticas en el presente llamadas neoliberales anteriormente conocidas como clásicas o neoclásicas – sustentadas en la austeridad y el control de la inflación – para salir de la prolongada depresión de la década de 1930 desembocó en el ascenso de los fascismos y en una II Guerra Mundial que fue la mayor carnicería hasta entonces conocida. Esto llevó a tomar medidas encaminadas a la regulación bancaria, el control de la política monetaria por parte de los gobiernos, la creación de entidades, políticas e instituciones de protección social, la creación del Estado de bienestar, el empoderamiento de los sindicatos, los derechos laborales y sociales, etc.

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Estas políticas que sacaron a Occidente de la Gran Depresión con un prolongado período de estabilidad financiera ajeno a sus características crisis bancarias pronto empezaron a ser combatidas por los economistas al servicio de los financieros y las grandes fortunas. La antigua ideología económica renació con fuerza, maquillada de modernidad para reconquistar todas las instituciones políticas, mediáticas y académicas que durante algún tiempo había perdido. Puesto que esta ideología es tenida como una verdad absoluta – una ciencia hartamente demostrada e irrefutable – podríamos repasar la veracidad de algunos de sus pilares básicos:

Dos de los presupuestos fundamentales de la economía neoliberal que tienen gran predicamento: el techo de déficit del 3% o la curva de Laffer fueron escritos en una servilleta. El techo de déficit fue una pura invención y una cifra escogida de forma totalmente arbitraria. Ante esto podríamos dudar totalmente de su rigor científico.

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Igualmente nos ocurre con la curva de Laffer que nos dice que las bajadas de impuestos aumentan la recaudación y activan la economía. O valga una ironía: cómo hacer que los ricos no paguen impuestos y que la recaudación se eleve. Como dijo John K. Galbraith es característico como un importante grupo de economistas liberales recurre homeopáticamente a la reducción de los impuestos como remedio para todos los males”. Tampoco vamos a centrarnos en hacer sangre comparando la política impositiva de protección a las grandes fortunas de Arthur Laffer con la nórdica o la centroeuropea. Pero pongamos un ejemplo cercano: España, adalid durante los gobiernos de José María Aznar de la economía de la oferta, recauda 16 puntos menos de PIB que Dinamarca. El equivalente a 168.000 millones de euros anuales.

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Si analizamos los resultados vemos que la economía de la oferta – con su curva de Laffer y la supuesta estabilidad presupuestaria – que caracterizó la presidencia de Ronald Reagan provocó un aumento de la deuda y el déficit público estadounidense no conocido desde la II Guerra Mundial, una expansión desproporcionada del gasto militar – conociendo paradójicamente “Keynesianismo militar” a este período – y dos graves crisis económicas. Una de ellas debida a la nueva desregulación financiera que acabó con el colapso de las Cajas de Ahorro rescatadas a costa del erario público. En palabras de John K. Galbraith:

“Fueron años de exceso en el mundo financiero: endeudamiento corporativo, bonos basura, prestamos imprudentes e irreflexivos, especulación con bienes inmuebles, [que acabó] en una crisis especialmente aguda en la industria de la construcción. El problema del desempleo se agravó. La recesión y el desempleo se extendieron [globalmente]”.

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Otro pilar básico del neoliberalismo es la independencia del Banco Central. Primero esta independencia es ficticia pues está controlado por los banqueros privados que tienen unos claros intereses. Tras esto se esconde simplemente el monopolio de la emisión del dinero. El control del dinero por manos privadas que puede maniatar y estrangular a los gobiernos. Ya decía Mayer Amschel Rothschild allá por el S.XVIII “Dame el control de la moneda de un país y no me importa quien haga las leyes”.

Asimismo, el Banco Central privado no supone una mayor estabilidad financiera, puesto que, desde su fundación no ha supuesto una reducción de las crisis financieras. Todo lo contrario. Por ejemplo, la FED fue creada en 1913. En los 20 años anteriores a su creación quebraron 1.748 bancos. Sin embargo, en los 20 años posteriores quebraron 15.502 con el absoluto colapso del sistema financiero. La responsabilidad siempre ocultada de la FED fue clara. Su actuación siempre ha fomentado los auges especulativos y ha exacerbado las posteriores crisis. No cumplió con su función de supervisor y regulador de las buenas prácticas financieras en la concesión de préstamos ni cuando tuvo la obligación hacerlo la de prestamista de último recurso.

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El Crac del 29 estaba más que anunciado. En los buenos años del gobierno de Calvin Coolidge – entre 1923 y 1929 – daban quiebra unos 600 bancos cada año. La época anterior al Crac como todas las anteriores épocas a una crisis financiera había destacado por los salarios estables, el aumento de la productividad, unos beneficios empresariales que se triplicaron, una especulación exacerbada y un aumento de la desigualdad sólo comparable a la alcanzada en la Gran Recesión actual.

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Los bancos sin ningún tipo de control continuaban funcionando como lo habían hecho siempre: la concesión de préstamos estaba fuertemente condicionada por los lazos familiares y personales. Era totalmente habitual que la mayor parte de los préstamos fuera a sus directores, a sus parentelas o  los amigos. Era inútil decir  que los bancos proporcionaban el dinero que financiaba la especulación que siempre precedía al crac”. Parafraseando a John K. Galbraith es inútil decir que han sido los bancos los que han alimentado la máquina del gran colapso global de 2007. Es clamar en el desierto decir que es el BCE y la FED los que  permitieron el crecimiento de la gran burbuja y, ahora, están agudizando la crisis, provocando un enorme dolor en pos de sus intereses ideológicos de clase.

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La inacción del gobierno Hoover en los años posteriores al Crac del 29 llamando a una purificación revivificadora y el apego a las políticas de austeridad llevaron a que a finales del año 1933 hubieran desaparecido prácticamente la mitad de los bancos de Estados Unidos: en 1929, 659; en 1930, 1.352; en 1931, 2.294. Pero actitudes como negar la crisis e insuflar confianza no son nuevas tampoco. El presidente Hoover en una recepción con una representación de filántropos partidarios de las obras públicas para recuperar la economía les espetó Caballeros han llegado ustedes con sesenta días de retraso. La depresión ha terminado. Era 1930.

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El miedo infundado a la inflación tampoco es una moda novedosa. Pero un miedo selectivo, porque cuando más se estaban exacerbando las conductas especulativas de los Trust – monopolios – previas al Crac, nada se hizo ante esa inflación de activos. Según el secretario del Tesoro Ogden L. Mills Nuestra moneda descansa sobre todo en el crédito de los Estados Unidos. Destruid este crédito (por ejemplo, con una acción indebidamente precipitada), y todos los dólares que manejéis serán mirados con recelo. No importaba que ya pocos estadounidenses tuvieran dólares que gastar, el sistema financiero estuviera totalmente colapsado y la inflación era una posibilidad ilusoria. Era 1932. El alejamiento de la realidad y el sentimiento de inmunidad ante sufrimiento al que estaban siendo sometidos sus conciudadanos huían al entendimiento del gobierno, preocupado por los intereses de una clase dominante que no estaba sufriendo la crisis.

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Finalmente, tuvieron que ser las políticas nacidas del “New Deal” y la Ley Glass – Steagall quienes crearan las buenas instituciones financieras y los incentivos correctos. Estas políticas supusieron dar la espalda a la FED, la autorregulación o total ausencia de regulación del mercado, la política monetaria mil veces demostrada ineficiente y la austeridad. Puso coto a la especulación financiera y apartó a los banqueros del poder que tenían en otras empresas. En el año 1933, mientras quebraban 4.004 bancos más, se multiplicaban las carreras a los bancos y el Gobierno se veía en la necesidad de declarar el cierre de todos ellos el 6 de marzo de 1933 ante el inminente colapso del sistema financiero; se creaba la Federal Deposit Insurance Corporation. Al año siguiente, 1934, se produjeron únicamente 62 quiebras. Solo 9 de ellas estaban bajo el paraguas de la FDIC. En 1945 sólo se produjo una quiebra.

“La anarquía de la Banca incontrolada había sido eliminada, no por el Sistema de Reserva Federal, sino por la oscura, nada prestigiosa e indeseada Federal Deposit Insurance Corporation” John K. Galbraith.

La FDIC creada a iniciativa de Henry B. Steagall tenía como fin garantizar los depósitos de los estadounidenses en caso de una posible quiebra bancaria. Dado que se haría cargo de los bancos quebrados tenía un poderoso incentivo para supervisar férreamente el comportamiento de los banqueros. Según la Asociación de Banqueros Americanos esta propuesta era un “[un plan] insensato, anticientífico, injusto y peligroso” y combatirían “hasta el último reducto” contra la FDIC. Este era, por tanto, un irresponsable plan que crearía peligrosos incentivos que favorecerían a los peores bancos en detrimento de los mejores. En realidad, lo que se encontraba en peligro para los grandes banqueros era el monopolio que ejercían sobre el dinero mediante la FED.

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La creación de la FED el banco privado de los grandes financieros, que tuvo el monopolio del dinero hasta 1934 no supuso ninguna estabilidad para el sistema financiero. En cambio, la FDIC fue quien tomó las riendas del sistema financiero y la política económica. Fue esta institución quien cumplió con la supervisión del sistema financiero para evitar los auges especulativos y los prestamos irresponsables. Fue la FDIC quien actuó como prestamista de último recurso dando a la economía la liquidez que era tan necesaria.

En 1999 la Ley Glass – Steagall sería derogada porque impedía el desarrollo del mercado financiero. En tan sólo 8 años el sistema volvería a colapsar. 74 años después la gente volvería a correr a los bancos: Northern Rock tendría que ser nacionalizado. Parece una historia de rabiosa actualidad ¿no creéis?

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 Es el sistema británico – el libre comercio – el más gigantesco sistema de esclavitud que el mundo haya visto jamás, y por tanto es la libertad lo que gradualmente desaparece de cada país sobre el cual Inglaterra pretende obtener el control

Adoptando el libre comercio, o sistema británico, nos colocamos a nosotros mismos junto a los hombres que han arruinado a Irlanda y la India, y están ahora envenenando y esclavizando al pueblo chino

Henry C. Carey, economista estadounidense partidario del proteccionista Sistema Americano y asesor económico del presidente Abraham Lincoln, 1793 – 1879.

Los abogados del capitalismo son muy propensos a apelar a los sagrados principios de la libertad, los cuales están personificados en una máxima: los afortunados no deben ser refrenados en el ejercicio de la tiranía sobre los desafortunados

Bertrand Russell, filosofo, matemático y escritor británico, 1872 – 1970

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El pensamiento neoliberal es el presente valedor de la ideología del libre comercio. Su pensamiento es por ellos mismos calificado como único y carente de alternativas válidas. Es el que, actualmente, se enseña e impone en medios de comunicación y universidades. Supuestamente ha alcanzado la preeminencia intelectual porque siendo contrastado con todas sus alternativas se ha demostrado superior. Nada más lejos de la realidad. Si se hubiera contrastado con los datos reales, se hubiera llegado a la conclusión que ninguna nación hoy industrializada lo puso en práctica en su desarrollo económico. No se a cierta a comprender desde la buena fe a qué responde la imposición de una ideología nunca usada para el progreso económico y social.

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Dado este déficit de realidad que sufre el actual pensamiento único es lógico que nos enfrentemos a tan grande precariedad intelectual entre nuestros “expertos”. Parece que el intelecto haya sido nuevamente asolado por esa especie  conservadurismo montaraz – teñidas muy habitualmente sus visiones de un dogmatismo acérrimo impenetrable al discurso lógico y a la fuerza de las pruebas. De esta forma se ha sembrado la ignorancia en los últimos decenios. Y nada mejor para extender el obscurantismo que hurtar a la sociedad y a nuestros estudiantes de las pruebas y los datos empíricos, los hechos históricos, que dejarían desnudo y desacreditarían de plano, un pensamiento – el neoliberalismo o libre mercado – que es fácilmente rebatible.

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El neoliberalismo es una ideología, no una ciencia. Nuestros alumnos están siendo educados en un conocimiento parcial. Van a ser técnicos sin ningún tipo de perspectiva general ni ninguna capacidad de valorar las consecuencias de sus acciones. En la universidad se está haciendo común el rechazo al conocimiento histórico – bien se entorpece su enseñanza o se mitifica su realidad –, a la interdisciplinariedad en pos de enseñar la verdadera economía. Nada hay de verdadero en un pensamiento que falsifica la realidad histórica, política y social. Un pensamiento contenido en una burbuja al resguardo de su exposición a la realidad. Lo que se está enseñando son los intereses de una clase social, una determinada forma de ver el mundo y actuar sobre él donde el enriquecimiento individual, la codicia y el afán de conquista – competencia – tienen unas consecuencias terribles para la mayoría de la sociedad y el desarrollo económico y social de las diferentes naciones.

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Realmente ¿Qué nos están hurtando? ¿Cuál es la historia del desarrollo capitalista? ¿Son los mercados libres? ¿Es la mano invisible? ¿Es un Estado alejado de la vida económica? Podemos decir sin temor a equivocarnos, con el respaldo de los hechos, que no. Verdaderamente es una historia de intervención estatal, proteccionismo, conquistas, agresiones militares, imperialismo, desposesiones, colonialismo, tratados desiguales, esclavitud, trabajo infantil, explotación sin igual de los seres humanos y el medio natural. Volviendo a citar a Bertrand Russell: [El capitalismo] es una sociedad en la cual una minoría muy pequeña de propietarios somete a la explotación al resto de la población, arremete contra la naturaleza y despilfarra los recursos naturales del planeta”.

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Por tanto, si la historia y sus hechos no dicen que los países desarrollados han llegado a ser ricos gracias al libre comercio”, sino debido al proteccionismo y la intervención estatal ¿por qué somos bombardeados con una información radicalmente diferente? ¿Existe una grave deshonestidad intelectual? ¿Únicamente estamos aprendiendo un pensamiento lleno de prejuicios y dogmatismo? No se puede obviar que Reino Unido, por ejemplo, basó en gran parte su expansión industrial y comercial en la destrucción de industrias y mercados que le hacían la competencia como la manufactura de la lana irlandesa, el algodón indio, o las guerras del opio contra China. Una práctica de imponer bajo coacción, agresión o tratados desiguales una apertura comercial de nuevos mercados que todavía es usada en nuestros días.

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¿La “mano invisible”? La realidad a pesar de lo que nos cuentan los teóricos neoliberales es bien distinta. La mano era bien visible. Reino Unido se desarrolló con políticas intervencionistas y proteccionistas. Sus gobernantes – el primero, Enrique VII – se dieron cuenta que tenían que dar un enorme giro a sus políticas para dejar de ser una nación relativamente atrasada en la última década del S.XV. Más tarde – con Isabel I – logró el monopolio de los mares con el fin de conquistar nuevos mercados y colonias. Monopolio logrado con una ingente inversión estatal en construcción naval. A partir de 1721, Robert Walpole comenzó a impulsar las nuevas industrias manufactureras que darían a Inglaterra mediante su promoción y protección la hegemonía tecnológica antes de mediar el S.XIX.

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A pesar de eso se considera a Inglaterra la cuna del laissez – faire y a Francia del proteccionismo, cuando el grado de proteccionismo británico había sido mucho mayor que el francés hasta 1860. Nos enfrentamos, por tanto, a un pensamiento ilusorio. Una propaganda muy poderosa y muy dañina. Reino Unido alcanzó la primacía tecnológica [detrás de unas altas y duraderas barreras arancelarias P. Bairoch], sólo entonces viró su política hacia un régimen de libre comercio que sólo 20 años después de su adopción se tambaleaba ante la competencia de otras potencias. Tuvo que ser la dura bofetada que recibió Francia de realidad, cuando el retraso tecnológico se hacía cada vez más evidente, que Napoleón III se vio obligado a girar a una política más proteccionista e intervencionista.

[Inglaterra] adoptó el Libre Comercio con una lentitud dolorosa: 84 años hubieron de transcurrir desde la publicación de La Riqueza de las Naciones hasta el presupuesto Gladstone de 1860; 31 desde Waterloo hasta la victoria ritual de 1846… En 1848, el Reino Unido tenía 1.146 artículos sujetos a derechos arancelarios; en 1860 tenía 48, siendo todos ellos, menos 12, artículos de lujo o semi–lujo. Habiendo sido [el sistema arancelario británico] el más complejo de Europa…K. Fielden.

Todas estas medidas auspiciadas por todos los Estados fueron acompañadas de otras encaminadas a la creación y el fortalecimiento de instituciones sociales. No era ellibre emprendimiento individual lo que llevaba al desarrollo económico sino las política públicas y las instituciones sociales fuertes. Esto se refleja en el pensamiento estadounidense de la escuela americana que bebía directamente del proteccionismo británico:Por más industriosos, ahorrativos, creativos e inteligentes que sean los individuos, no pueden compensar la falta de instituciones libres. La historia también enseña que la mayor parte de las capacidades productivas de los individuos provienen de las instituciones sociales y de las condiciones bajo las cuales se sitúan Friedrich List. Tanto copió Estados Unidos el proteccionismo de sus hermanos británicos que el historiador Paul Bairoch los llamó: la madre patria y bastión moderno del proteccionismo”.

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Para concluir ¿Qué más deberíamos saber? ¿Qué políticas aplicaron realmente las naciones actualmente hoy más ricas en sus procesos de industrialización y desarrollo económico? El especialista en desarrollo económico de la Universidad de Cambridge Ha–Joon Chang nos enumera las siguientes políticas verdaderamente realizadas por Reino Unido, Alemania, Francia, EEUU, Suecia, Bélgica, Países Bajos, Japón o Suiza para alcanzar la industrialización y la preponderancia tecnológica:

  • Protección arancelaria para ayudar a la creación de nuevas industrias mediante una política de promoción activa y coherente.
  • Concesión de monopolios, incluso, cárteles.
  • Implicación del Estado en industrias clave.
  • Subsidios y subvenciones a la industria, a la agricultura y a la exportación.        
  • Prohibición de exportación de materias primas sin manufacturar, es decir, sin tratar y aportarles un valor.
  • Controlar la calidad de los productos manufacturados para la exportación. Búsqueda continuada de una alta calidad y valor añadido en los productos.
  • Prohibición de importaciones de productos que se puedan realizar dentro del país.
  • Atracción de trabajadores extranjeros cualificados y capacitación de los trabajadores nacionales. Reino Unido, por ejemplo, en un principio importó trabajadores cualificados flamencos, holandeses y alemanes. Y, más tarde, prohibió la emigración de trabajadores nacionales cualificados.
  • Apoyo al espionaje industrial, robo de tecnología, copia de maquinaria, etc. No reconocimiento de las patentes extranjeras.
  • Favorecimiento de la importación e introducción de maquinaría y tecnología avanzada extranjera para su copia.
  • Prohibición de exportar tecnología avanzada a los competidores.
  • Inversión en educación pública  – primaria y universitaria – Construcción de escuelas y universidades. Alemania, además, reorientó su educación desde la teología a la ciencia en el S.XIX.
  • Inversión en “mejoras internas”, es decir, obras públicas e infraestructuras – carreteras, transportes, canalizaciones, teléfono, telégrafo, ferrocarril, electricidad, irrigación agrícola, etc. –  con menor o mayor colaboración privada.
  • Creación de institutos de investigación gubernamentales. Financiación de las políticas de investigación y ciencia. Concesión de becas para el estudio en el extranjero y la investigación.
  • Asunción de una política social en menor o mayor medida según cada país.

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Esta es la historia del libre mercado”. En ningún lugar encontramos la libertad o el desarrollo autónomo e independiente. Por todos lados, está la mano del Estado, el intervencionismo, las subvenciones, los aranceles, etc. Se nos niega conocer que los economistas clásicos eran partidarios de la intervención estatal con el fin de destruir la producción rural a pequeña escala convirtiendo a los campesinos en precarios trabajadores a sueldo de las fábricas. Asistimos bien a una tergiversación y manipulación de la historia que pone en entredicho la honradez profesional de ciertas personas, o bien, a un gravísimo desconocimiento de la realidad que pone en duda la competencia intelectual de algunos.

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Por último ¿El Estado reducido? ¿Los mercados naturales? ¿De verdad? No guardan eso los hechos históricos:

No había nada natural en el laissez–faire; los libres mercados nunca pudieron haber existido simplemente permitiendo que las cosas siguieran su curso. De la misma manera que las fábricas de algodón – la principal industria de libre comercio – fueron creadas con la ayuda de aranceles proteccionistas, ayudas a la exportación y subsidios indirectos a los salarios, el propio laissez–faire fue aplicado por el Estado. En los años 30 y 40 tuvo lugar no solo una explosión de leyes que anulaban reglamentos restrictivos, sino también un enorme aumento de las funciones administrativas del Estado, que pasó a estar dotado de una burocracia central capaz de cumplir con las tareas impuestas por los partidarios del liberalismo. Para el utilitarista típico… el laissez–faire no era un método para obtener una cosa, era la cosa que quería obtenerseKarl Polanyi.

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