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Archive for 9/05/13

El plan de austeridad se parece mucho a la simple expresión de las preferencias de la clase superior, oculta tras una fachada de rigor académico. Lo que quiere el 1% con los ingresos más altos se convierte en los que las ciencias económicas dicen que debemos hacer

Paul Krugman, premio Nobel de Economía, 2013.

Es costumbre de los ricos y de sus acólitos de ver una virtud social en lo que sirve a sus intereses. Es igualmente evidente la tendencia paralela de los economistas a encontrar virtud en lo que aplauden los hombres distinguidos y opulentos

 J. K. Galbraith, El dinero, 1975.

Contestaremos a su demanda de un patrón oro, diciéndoles: No debéis apretar sobre las sienes del trabajo esta corona de espinas, no debéis crucificar a la Humanidad en una cruz de oro

William J. Bryan, candidato a la presidencia de los Estados Unidos, 1896.

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La situación que se vive actualmente no es tan novedosa como podríamos creer. Las ideas que se imponen tampoco. Las crisis financieras seguidas de su consecuente crisis de austeridad son más predecibles y recurrentes de lo que podríamos esperar. Durante el S.XIX se produjeron crisis financieras capitalistas en los Estados Unidos en los años 1819, 1837, 1857, 1873, 1884, 1893, y luego en el S.XX en 1907 y 1921, coronadas finalmente con el colapso absoluto en 1929. En Europa las crisis también eran frecuentes, por ejemplo, la crisis de 1846–48 dio lugar a la ola de revoluciones que invadió Europa en 1848.

Estas sucesivas crisis eran consustanciales a un sistema capitalista caracterizado por la desregulación, la acumulación de los capitalistas, el despilfarro, la sobreproducción y un proletariado empobrecido, que creaba períodos de expansión con la subsiguiente contracción y crisis. Fue a principios de la década de 1840, cuando un joven Friedrich Engels ya entonces describía esta naturaleza cíclica del capitalismo entre la prosperidad  y las crisis cada vez más violentas. Más tarde, comentaría en 1880 “… El comercio se detiene, los mercados están atestados, los productos son tan abundantes como invendibles; la moneda se oculta, el crédito se desvanece, las fabricas se cierran, la población obrera se encuentra desprovista de medios de subsistencia por haberlos producido antes en exceso, las bancarrotas se suceden, lo mismo que las ventas a precios ínfimos… Entonces, hay que volver a empezar. Hemos atravesado cinco crisis desde 1825 y acabamos de salir de la sexta”.

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Todos estos períodos de constantes crisis de devastadoras consecuencias, sobre todo para la población trabajadora dieron al traste tras el crac del 29. El fracaso de las políticas en el presente llamadas neoliberales anteriormente conocidas como clásicas o neoclásicas – sustentadas en la austeridad y el control de la inflación – para salir de la prolongada depresión de la década de 1930 desembocó en el ascenso de los fascismos y en una II Guerra Mundial que fue la mayor carnicería hasta entonces conocida. Esto llevó a tomar medidas encaminadas a la regulación bancaria, el control de la política monetaria por parte de los gobiernos, la creación de entidades, políticas e instituciones de protección social, la creación del Estado de bienestar, el empoderamiento de los sindicatos, los derechos laborales y sociales, etc.

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Estas políticas que sacaron a Occidente de la Gran Depresión con un prolongado período de estabilidad financiera ajeno a sus características crisis bancarias pronto empezaron a ser combatidas por los economistas al servicio de los financieros y las grandes fortunas. La antigua ideología económica renació con fuerza, maquillada de modernidad para reconquistar todas las instituciones políticas, mediáticas y académicas que durante algún tiempo había perdido. Puesto que esta ideología es tenida como una verdad absoluta – una ciencia hartamente demostrada e irrefutable – podríamos repasar la veracidad de algunos de sus pilares básicos:

Dos de los presupuestos fundamentales de la economía neoliberal que tienen gran predicamento: el techo de déficit del 3% o la curva de Laffer fueron escritos en una servilleta. El techo de déficit fue una pura invención y una cifra escogida de forma totalmente arbitraria. Ante esto podríamos dudar totalmente de su rigor científico.

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Igualmente nos ocurre con la curva de Laffer que nos dice que las bajadas de impuestos aumentan la recaudación y activan la economía. O valga una ironía: cómo hacer que los ricos no paguen impuestos y que la recaudación se eleve. Como dijo John K. Galbraith es característico como un importante grupo de economistas liberales recurre homeopáticamente a la reducción de los impuestos como remedio para todos los males”. Tampoco vamos a centrarnos en hacer sangre comparando la política impositiva de protección a las grandes fortunas de Arthur Laffer con la nórdica o la centroeuropea. Pero pongamos un ejemplo cercano: España, adalid durante los gobiernos de José María Aznar de la economía de la oferta, recauda 16 puntos menos de PIB que Dinamarca. El equivalente a 168.000 millones de euros anuales.

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Si analizamos los resultados vemos que la economía de la oferta – con su curva de Laffer y la supuesta estabilidad presupuestaria – que caracterizó la presidencia de Ronald Reagan provocó un aumento de la deuda y el déficit público estadounidense no conocido desde la II Guerra Mundial, una expansión desproporcionada del gasto militar – conociendo paradójicamente “Keynesianismo militar” a este período – y dos graves crisis económicas. Una de ellas debida a la nueva desregulación financiera que acabó con el colapso de las Cajas de Ahorro rescatadas a costa del erario público. En palabras de John K. Galbraith:

“Fueron años de exceso en el mundo financiero: endeudamiento corporativo, bonos basura, prestamos imprudentes e irreflexivos, especulación con bienes inmuebles, [que acabó] en una crisis especialmente aguda en la industria de la construcción. El problema del desempleo se agravó. La recesión y el desempleo se extendieron [globalmente]”.

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Otro pilar básico del neoliberalismo es la independencia del Banco Central. Primero esta independencia es ficticia pues está controlado por los banqueros privados que tienen unos claros intereses. Tras esto se esconde simplemente el monopolio de la emisión del dinero. El control del dinero por manos privadas que puede maniatar y estrangular a los gobiernos. Ya decía Mayer Amschel Rothschild allá por el S.XVIII “Dame el control de la moneda de un país y no me importa quien haga las leyes”.

Asimismo, el Banco Central privado no supone una mayor estabilidad financiera, puesto que, desde su fundación no ha supuesto una reducción de las crisis financieras. Todo lo contrario. Por ejemplo, la FED fue creada en 1913. En los 20 años anteriores a su creación quebraron 1.748 bancos. Sin embargo, en los 20 años posteriores quebraron 15.502 con el absoluto colapso del sistema financiero. La responsabilidad siempre ocultada de la FED fue clara. Su actuación siempre ha fomentado los auges especulativos y ha exacerbado las posteriores crisis. No cumplió con su función de supervisor y regulador de las buenas prácticas financieras en la concesión de préstamos ni cuando tuvo la obligación hacerlo la de prestamista de último recurso.

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El Crac del 29 estaba más que anunciado. En los buenos años del gobierno de Calvin Coolidge – entre 1923 y 1929 – daban quiebra unos 600 bancos cada año. La época anterior al Crac como todas las anteriores épocas a una crisis financiera había destacado por los salarios estables, el aumento de la productividad, unos beneficios empresariales que se triplicaron, una especulación exacerbada y un aumento de la desigualdad sólo comparable a la alcanzada en la Gran Recesión actual.

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Los bancos sin ningún tipo de control continuaban funcionando como lo habían hecho siempre: la concesión de préstamos estaba fuertemente condicionada por los lazos familiares y personales. Era totalmente habitual que la mayor parte de los préstamos fuera a sus directores, a sus parentelas o  los amigos. Era inútil decir  que los bancos proporcionaban el dinero que financiaba la especulación que siempre precedía al crac”. Parafraseando a John K. Galbraith es inútil decir que han sido los bancos los que han alimentado la máquina del gran colapso global de 2007. Es clamar en el desierto decir que es el BCE y la FED los que  permitieron el crecimiento de la gran burbuja y, ahora, están agudizando la crisis, provocando un enorme dolor en pos de sus intereses ideológicos de clase.

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La inacción del gobierno Hoover en los años posteriores al Crac del 29 llamando a una purificación revivificadora y el apego a las políticas de austeridad llevaron a que a finales del año 1933 hubieran desaparecido prácticamente la mitad de los bancos de Estados Unidos: en 1929, 659; en 1930, 1.352; en 1931, 2.294. Pero actitudes como negar la crisis e insuflar confianza no son nuevas tampoco. El presidente Hoover en una recepción con una representación de filántropos partidarios de las obras públicas para recuperar la economía les espetó Caballeros han llegado ustedes con sesenta días de retraso. La depresión ha terminado. Era 1930.

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El miedo infundado a la inflación tampoco es una moda novedosa. Pero un miedo selectivo, porque cuando más se estaban exacerbando las conductas especulativas de los Trust – monopolios – previas al Crac, nada se hizo ante esa inflación de activos. Según el secretario del Tesoro Ogden L. Mills Nuestra moneda descansa sobre todo en el crédito de los Estados Unidos. Destruid este crédito (por ejemplo, con una acción indebidamente precipitada), y todos los dólares que manejéis serán mirados con recelo. No importaba que ya pocos estadounidenses tuvieran dólares que gastar, el sistema financiero estuviera totalmente colapsado y la inflación era una posibilidad ilusoria. Era 1932. El alejamiento de la realidad y el sentimiento de inmunidad ante sufrimiento al que estaban siendo sometidos sus conciudadanos huían al entendimiento del gobierno, preocupado por los intereses de una clase dominante que no estaba sufriendo la crisis.

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Finalmente, tuvieron que ser las políticas nacidas del “New Deal” y la Ley Glass – Steagall quienes crearan las buenas instituciones financieras y los incentivos correctos. Estas políticas supusieron dar la espalda a la FED, la autorregulación o total ausencia de regulación del mercado, la política monetaria mil veces demostrada ineficiente y la austeridad. Puso coto a la especulación financiera y apartó a los banqueros del poder que tenían en otras empresas. En el año 1933, mientras quebraban 4.004 bancos más, se multiplicaban las carreras a los bancos y el Gobierno se veía en la necesidad de declarar el cierre de todos ellos el 6 de marzo de 1933 ante el inminente colapso del sistema financiero; se creaba la Federal Deposit Insurance Corporation. Al año siguiente, 1934, se produjeron únicamente 62 quiebras. Solo 9 de ellas estaban bajo el paraguas de la FDIC. En 1945 sólo se produjo una quiebra.

“La anarquía de la Banca incontrolada había sido eliminada, no por el Sistema de Reserva Federal, sino por la oscura, nada prestigiosa e indeseada Federal Deposit Insurance Corporation” John K. Galbraith.

La FDIC creada a iniciativa de Henry B. Steagall tenía como fin garantizar los depósitos de los estadounidenses en caso de una posible quiebra bancaria. Dado que se haría cargo de los bancos quebrados tenía un poderoso incentivo para supervisar férreamente el comportamiento de los banqueros. Según la Asociación de Banqueros Americanos esta propuesta era un “[un plan] insensato, anticientífico, injusto y peligroso” y combatirían “hasta el último reducto” contra la FDIC. Este era, por tanto, un irresponsable plan que crearía peligrosos incentivos que favorecerían a los peores bancos en detrimento de los mejores. En realidad, lo que se encontraba en peligro para los grandes banqueros era el monopolio que ejercían sobre el dinero mediante la FED.

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La creación de la FED el banco privado de los grandes financieros, que tuvo el monopolio del dinero hasta 1934 no supuso ninguna estabilidad para el sistema financiero. En cambio, la FDIC fue quien tomó las riendas del sistema financiero y la política económica. Fue esta institución quien cumplió con la supervisión del sistema financiero para evitar los auges especulativos y los prestamos irresponsables. Fue la FDIC quien actuó como prestamista de último recurso dando a la economía la liquidez que era tan necesaria.

En 1999 la Ley Glass – Steagall sería derogada porque impedía el desarrollo del mercado financiero. En tan sólo 8 años el sistema volvería a colapsar. 74 años después la gente volvería a correr a los bancos: Northern Rock tendría que ser nacionalizado. Parece una historia de rabiosa actualidad ¿no creéis?

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