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Archive for 17 abril 2014

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En la sociedad capitalista, las mercancías se cambian con arreglo a la magnitud del valor, en cantidades independientes de los valores de uso, de su utilidad. Marx investigó la realidad existente; se refería al ser, a lo que existe, no al deber ser… Parece haber una confusión entre el ser y el deber ser. Marx habló de lo que existía en su época: valor, plusvalía, clases antagónicas, lucha de clases, de lo que encontró en su investigación. Eso no era lo deseable, lo que él deseaba era una sociedad comunista en la que desapareciera la enajenación y solo existieran valores de uso y trabajo concreto; por supuesto, los productos se medirían en unidades físicas. Quizá ayude a entenderlo el concepto de riqueza, que como ya se dijo tiene que ver con el valor de uso y no con el valor: la naturaleza es la fuente de los valores de uso (¡que son los que verdaderamente integran la riqueza material!), ni más ni menos que el trabajo, que no es más que la manifestación de una fuerza natural, de la fuerza de trabajo del hombre(Marx, K.).

La riqueza, como valor de uso, no es una categoría exclusiva de una sociedad particular. Quizá se podría intercambiar en unidades físicas: X kilos de carne = Y kilos de papa. O de energía, como pensó Podolinski: un producto con x cantidad de calorías por otro, con distinta utilidad e igual número de calorías. Infortunadamente, en el capitalismo esas equivalencias son imposibles.

A estas alturas de la crisis planetaria parece evidente que una sociedad basada en el valor y en la ganancia no es sostenible. No puede serlo por la sencilla razón de que el afán de ganancia es infinito, lo que implica producción y ventas ilimitadas, contrarias a la finitud del planeta. Como dijo Boulding: quien crea que el crecimiento exponencial puede durar eternamente en un mundo finito es un loco o es un economista (citado por Vega, 2007, v. 2, 329). La busca ilimitada de ganancias destruye la riqueza natural y, con ella, las condiciones para la vida de la especie humana; la producción capitalista sólo sabe desarrollar la técnica y la combinación del proceso social de producción socavando al mismo tiempo las dos fuentes originales de toda riqueza: la tierra y el hombre(Marx, K., t. I, El Capital).

La economía ecológica plantea con razón que la sostenibilidad requiere una teoría que considere las relaciones de la economía con la naturaleza y en ello coincide, en últimas, con la visión de Marx. Pero se diferencian en que aquella lo cree posible en el marco de la racionalidad imperante, mientras que Marx pensó que el prerrequisito para una teoría basada en el valor de uso era cambiar la racionalidad,el sistema económico y social.

‘Entre la Economía Política de Karl Marx y la Economía Ecológica’ Julián Sabogal Tamayo*

* Profesor de Economía de la Universidad de Nariño (Colombia)

 

 

 

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“El crecimiento espontáneo, supuestamente “libre”, de las fuerzas del mercado capitalista desemboca en concentración de capitales; esta cae en el oligopolio y el monopolio; y este último acaba siendo negación no sólo de la libertad de mercado, sino también de todas las otras libertades. Lo que se llama “mercado libre” lleva en su seno la serpiente de la contradicción: una nueva forma de barbarie.”.

 

 

“Marx es un clásico. Un clásico interdisciplinario… Contra lo que se dice a veces, no fue Marx quien exaltó el pa­pel esencial de lo económico en el mundo moderno. Él tomó nota de lo que estaba ocurriendo bajo sus ojos en el capitalismo del siglo XIX. Fue él quien escribió que había que rebelarse contra las determinaciones de lo económico. Fue él quien llamó la atención de los contemporáneos so­bre las alienaciones implicadas en la mercantilización de todo lo huma­no. Leen a Marx al revés quienes reducen sus obras a un determinismo económico. Como leyeron a Maquiavelo al revés quienes sólo vieron en su obra desprecio de la ética en favor de la razón de Estado.

 

Marx no cabe en ninguno de los cajones en que se ha dividido el saber universitario en este fin de siglo. Pero está siempre ahí, al fondo, como el clásico con el que hay que dialogar y discutir cada vez que se abre uno de estos cajones del saber clasificado: economía, sociología, historia, filosofía.

 

Cuando uno entra en la biblioteca de Marx, la imagen con la que sale es la de que allí vivió y trabajó un “hombre del Renacimiento”. Tal es la diversidad de temas y asuntos que le interesaron. Y eso que lo que él llamaba “la ciencia”, su investigación socioeconómica de las leyes o tendencias del desarrollo del capitalismo, la hizo, casi toda, en una biblioteca que no era la suya: la del Museo Británico.

 

Una obra que no cabe en los cajones clasificatorios de nuestros saberes es siempre una obra incómoda y problemática… Bertolt Brecht, que era de los que hacen pe­dagogía desde la Compañía Laica de la Soledad, pudo decir con razón: “Se ha escrito tanto sobre Marx que éste ha acabado siendo un desconocido”

 

Karl Marx fue un revolucionario que quiso pensar radicalmente, yendo a la raíz de las cosas. Fue un ilustrado crepuscular: un ilustrado opuesto a toda forma de despotismo… Karl Marx fue, de joven, un liberal que, con la edad, y viendo lo que pasaba a su alrededor (en la Alemania prusiana, en la Francia liberal y en Inglaterra, el hogar clásico del capitalismo), se propuso dar forma a la más importante de las herejías del liberalismo político del siglo XIX: el socialismo…, porque en el mundo que le tocó vivir (…) no había más remedio que ser ya –pensaba él– algo más que liberales.

 

Desde esa convicción, la idea central que Marx legó al siglo XX se puede expresar así: el crecimiento espontáneo, supuestamente “libre”, de las fuerzas del mercado capitalista desemboca en concentración de capitales; esta cae en el oligopolio y el monopolio; y este último acaba siendo negación no sólo de la libertad de mercado, sino también de todas las otras libertades. Lo que se llama “mercado libre” lleva en su seno la serpiente de la contradicción: una nueva forma de barbarie. Rosa Luxemburgo tradujo plásticamente esta idea a disyuntiva: socialismo o barbarie.

 

Como Marx era muy racionalista, como aspiraba siempre a la coherencia lógica, y como se manifestaba casi siempre con apasionada contundencia, no es de extrañar que su obra esté llena de contradicciones y paradojas. Y como usaba mucho en sus escritos la metáfora aclaradora y abusaba de los ejemplos, tampoco es de extrañar que algunos de los ejemplos que puso para ilustrar sus ideas se hayan vengado de él, y que no pocas de sus metáforas se le hayan vuelto en contra. Así es el mundo de las ideas.

 

El propio Marx llegó a ver algunas de esas contradicciones… Él, que despreciaba todo dogmatismo, que tenía por máxima aquello de que hay que dudar de todo, y que presentaba la crítica precisamente como forma de hacer entrar en razón a los dogmáticos, todavía tuvo tiempo de ver cómo se construía un sistema filosófico para los que no tienen duda de nada y se exaltaba su método como llave maestra para abrir las puertas de la explicación de todo.”.

 

‘Marx y los marxismos’ Francisco Fernández Buey *.

 

 *(1943–2012) Fue Catedrático de Filosofía del Derecho, Moral y Política de la Universidad Pompeu Fabra.

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Cada euro no invertido a tiempo en refuerzo de firmes se transforma en cinco euros a los tres años y en 25 euros en el quinto”

La austeridad no supone ningún tipo de ahorro. Todo lo contrario. A largo plazo supone unos gastos mayores, empobrecimiento, crecimiento de la deuda y el desempleo…

  • Un estudio revela que la situación de las carreteras españolas “es la peor” desde 1985.

  • Darle la vuelta a esta situación requiere una inversión de 6.200 millones de euros”, el 94% en el arreglo del pavimento.

  • Las carreteras españolas se enfrentan a un deterioro sin precedentes y solo un cambio de timón en los Presupuestos de 2015 evitaría la debacle”.

  • El estado de conservación es deficiente, rozando el muy deficiente”.

  • De los 3.000 tramos evaluados, es necesario reponer 330.000 señales.

  • Repintar las marcas viales de 52.000 kilómetros.

  • Revisar el 82% de las luminarias, porque registran rangos inadecuados de iluminación.

  • El pavimento sufre “un notable y acelerado deterioro”: uno de cada cuatro kilómetros tiene grietas y uno de cada tres desintegraciones, deformaciones y baches.

  • Cada euro no invertido a tiempo en refuerzo de firmes se transforma en cinco euros a los tres años y en 25 euros en el quinto”

  • Además, Tráfico alerta de que existen 2 millones de coches que circulan sin haber pasado la ITV

  • Desde 2007 hay bajadas paulatinas del volumen de circulación de entre el 2% y el 3% anual”…

 

Feliz Semana Santa y viajar con cuidadito y muy atentos a la carretera 🙂

 

Fuente: http://politica.elpais.com/politica/2014/04/10/actualidad/1397132903_518130.html

 

 

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En un su momento ya explicamos que urge identificar qué parte de nuestra deuda pública es ilegítima, cómo y por qué se ha generado. Y una vez identificada, proponer como extinguirla. La deuda ilegítima sería aquella deuda contraída por un gobierno, creada y utilizada contra los intereses de los ciudadanos del país. Dicha deuda entonces no tendría por qué ser pagada. Legalmente el concepto es análogo a la nulidad de los contratos firmados bajo coacción. Técnicamente se considera deuda ilegítima aquella emitida por las Administraciones Públicas cuyos fondos se destinan no a sufragar gastos operativos corrientes o de capital, sino a ser nuevamente prestados a terceros.

 

Los cálculos realizados en nuestro país para el período 2008-2013 se aproximarían a los 250.000 millones. No hubiese hecho falta implementar ningún recorte en sanidad, educación, o jubilación, ni haber sometido a la población española al mayor empobrecimiento de los últimos 40 años. En este sentido, han sido los distintos lobbies oligopolistas los grandes beneficiados de estas prácticas–bancario, eléctrico, telecomunicaciones, constructor…- actuando en connivencia con el aparato político.

 

Ya saben ustedes que de vez en cuando me gusta acabar con algún extracto del memorable discurso que el presidente de los Estados Unidos Franklin Delano Roosevelt hizo en plena campaña electoral, a finales de 1938, en el Madison Square Garden. Ahí les dejo uno: “Tuvimos que pelear en contra de los viejos enemigos de la paz, los monopolios financieros y empresariales, la especulación, una banca imprudente, antagonismo de clases, sectarismo… Han llegado a considerar al Gobierno de Estados Unidos simplemente como un apéndice de sus propios asuntos. Ahora sabemos que el Gobierno del dinero organizado es igual de peligroso que un gobierno del crimen organizado”.

 

¿No les recuerda algo a nuestra querida España?

 

Juan Laborda, profesor de economía de la Universidad Carlos III y columnista de VozPopuli.

 

 

 

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… Keynes [y otros antes que él] había logrado demostrar la presencia de una falacia de la composición, tanto en el mercado laboral como en el ámbito de las inversiones, una falacia que los liberales habían pasado por alto y que había determinado que los recursos hubiesen quedado inactivos y sin destino durante largos períodos de tiempo… A pesar de que cualquier trabajador pudiera mostrarse dispuesto a aceptar un recorte salarial a fin de competir activamente en el mercado y no verse abocado al desempleo, se daba la circunstancia de que si todos los trabajadores hacían lo mismo, la consecuencia de ese comportamiento colegiado habría de traducirse necesariamente en un descenso del consumo y de los precios, lo cual determinaría a su vez un incremento de los salarios reales,…, lo que dejaba en una situación de mayor pobreza al trabajador que había optado por «ajustarse» e igualmente en paro… En todos aquellos casos en que existiera incertidumbre acerca del futuro, sería irracional que los inversores individuales optaran por arriesgar su capital, siendo mucho más lógico atesorarlo sin moverloEl mundo financiero se dedicará íntegramente a amarrar el capital, y la inversión caerá a cero… La simple puesta en acción de nuestras decisiones egoístas colectivas, será la instauración de la propia depresión económica que cada uno de nosotros trata de evitar a título individual.

 

La existencia de un mayor volumen de ahorros no tenía por qué desembocar necesariamente en un incremento de la inversión. Resultaba igualmente posible que el ahorro condujera a situaciones de acaparamiento acompañadas de una reducción del consumo. La tarea que incumbía al estado consistía, por tanto, en modificar las expectativas de inversión de las personas con capacidad para hacerlo, incrementando los precios para conferir viabilidad a la obtención de beneficios y, consiguiendo de ese modo que resultase racional volver a empezar a contratar trabajadores, circunstancia esta última que traería como consecuencia la salida de la crisis. En lugar de pensar que el ahorro pudiera llevar a la inversión, lo que había que tener presente era la idea de que el consumo derivado de la actividad compradora de unos trabajadores nuevamente enrolados en nómina era en último término lo que venía a impulsar cualquier iniciativa inversora

 

Es el consumo el que impulsa la inversión a través del efecto que ejerce en los precios, de modo que es también ese consumo lo que orienta y da sentido a las expectativas de inversión – y no lo contrario –. La confianza es uno de los efectos del crecimiento, no su causa… El ahorro individual entendido como práctica virtuosa se veía reducido a la nada como consecuencia de la paradoja del ahorro: si todo el mundo se pone a ahorrar (lo que no es sino la definición misma de la austeridad), nos iremos todos juntos a la quiebra, dado que la economía experimentará una brutal contracción debido a la falta de demanda.

 

Mark Blyth “Austeridad. Historia de una idea peligrosa”.

 

* Foto: Una Hooverville, nombre genérico dado a los asentamientos de chabolas que aparecieron en los Estados Unidos durante la Gran Depresión. El nombre deriva del presidente Herbert Hoover (1929-1933) que se negó a realizar políticas públicas encaminadas a salir de la depresión.  

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