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Archive for 20 febrero 2015

Europa sólo recuperará su alma cuando recupere la confianza de la gente, poniendo sus intereses en el centro de la escena.

Yanis Varoufakis.

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VAROUFAKIS O DE LA HONESTIDAD Y EL IDEALISMO ENTRE LOBOS Y CÍNICOS…

En un artículo escrito para The New York Tymes el pasado lunes – No es tiempo para juegos –, el ministro griego de Finanzas, Yanis Varoufakis, volvió a recalcar las líneas generales de acción que mueven al actual gobierno griego en la negociación con sus socios europeos y su particular visión de la situación que vive Europa. Resumiendo los puntos más interesantes del artículo Varoufakis escribe que Grecia no va a negociar con subterfugios ni las líneas rojas que se ha marcado: no van de farol. Quieren hacer entender a sus socios europeos que las decisiones que se tomen van a marcar a una generación de europeos y podrían suponer un punto de inflexión en la construcción de la unión monetaria.

Comenta que aunque, él mismo, sea un experto en teoría de juegos – o por eso mismo – no va a usar esas estrategias negociadoras porque sabe que suponen un enfrentamiento entre dos antagonistas egoístas. Nada más lejos de la verdad, dice. Suponer su uso para mejorar la débil posición griega es una mera locura. Se trata de forjar nuevas motivaciones y disposiciones. Una nueva mentalidad que supere las divisiones nacionales, disuelva la distinción que existe hoy entre países deudores y acreedores en favor de una visión pan–europea, y coloque el bien común de Europa por encima de la pequeña política. La cuestión es superar ese venenoso dogma que universaliza el nosotros contra ellos.

Grecia conoce sus limitaciones. Varoufakis se sabe el ministro de finanzas de un pequeño y abrumado país, carente de un banco central y con una economía hundida. Un país que sufre una grave crisis humanitaria. El gobierno griego ha admitido que está quebrado. Por eso rechaza que la negociación se convierta en un mero experimento de elaboración de estrategias: los hechos deben ser presentados de forma honesta, poner sobre la mesa los problemas griegos y las propuestas para volver al crecimiento, y explicar cómo estas propuestas también interesan al resto de socios europeos. Pero Grecia, también, va a revelar la líneas rojas más allá de las cuales la lógica y la responsabilidad le impiden ir.

Asimismo va a luchar – a diferencia de anteriores gobiernos griegos – contra los poderosos intereses creados a fin de reiniciar Grecia y ganar la confianza de sus socios. Pero también, están determinados a no ser tratados como un colonia por deudas condenada a sufrir irremisiblemente. Un sufrimiento innecesario provocado por el principio de a mayor austeridad mayor depresión de la economía griega. Algo que resultaría curioso si no fuera por el dolor que inflige a la población.

Varoufakis se pregunta que si la única manera de encontrar financiación fuera cruzar tus líneas rojas y aceptar medidas que consideras son parte del problema, más que de la solución – fiel al principio de que no tiene derecho a usar subterfugios – su respuesta sería: Las líneas rojas presentadas como rojas no serán cruzadas. De otra manera, no serían verdaderas líneas rojas sino simplemente un farol. Nosotros no vivimos en la tiranía de las consecuencias. Hay situaciones en las que nosotros debemos hacer los correcto no como una estrategia sino porque simplemente es lo correcto.

Varoufakis continua escribiendo que contra tanto cinismo el nuevo gobierno griego innovará. Desistirá, cualquiera que sean las consecuencias, de acuerdos que sean equivocados tanto para Europa como para Grecia. No más prestamos, no hasta que Grecia tenga un plan de crecimiento económico creíble con el que pueda repagar los prestamos, ayudar a que su clase media se vuelva a sostener sobre sus propios píes y afrontar su espantosa crisis humanitaria. No más reformas que carguen únicamente el peso sobre la población más débil, los pobres pensionistas y los negocios familiares (como las farmacias), mientras que la gran corrupción continua siendo intocable.

El gobierno griego sólo pide un prorroga a sus socios. Unos cuantos meses de estabilidad financiera que le permita embarcarse en la tarea de reformas que amplias capas de la población griega apoyan, para traer de nuevo el crecimiento y que supongan el fin de la incapacidad griega para pagar sus deudas.

Se podría pensar que esta retirada de la teoría de juegos está motivada por alguna agenda radical de izquierdas. Pero no. La influencia mayor aquí es la Immanuel Kant, el filosofo alemán que nos enseñó que lo racional y la libre escapatoria del imperio del interés propio es hacer lo que es correcto.

¿Cómo sabemos – finaliza Varoufakis – cuáles son las líneas rojas de nuestra modesta agenda política en términos de lo que es correcto para I. Kant? Nosotros lo sabemos mirando a los ojos de los hambrientos en las calles de nuestras ciudades o contemplando a nuestra abrumada clase media, o teniendo en consideración los intereses de todas las personas que trabajan duro en cada pueblo o ciudad europea dentro de nuestra unión monetaria. Después de todo, Europa sólo recuperará su alma cuando recupere la confianza de la gente, poniendo sus intereses en el centro de la escena.

Estas líneas de acción han sido reiteradas por Yanis Varoufakis en los últimos años. Y ese ha sido el proyecto esbozado por Yanis Varoufakis en diversas ocasiones: “Una modesta propuesta para Europa” o en “Confesiones de un Marxista errático”. Conciliar para evitar una devastación que aún puede ser mucho mayor. Creo que es interesante conocer una parte de este último texto a través de unos extractos del mismo traducidos y seleccionados por el periodista argentino Alfredo Zaiat:

Si la crisis europea no es sólo otra recesión cíclica que pronto será superada, la pregunta que se nos plantea es la siguiente: ¿Debemos aprovechar esta oportunidad para reemplazar al capitalismo por un sistema mejor?, o ¿deberíamos estar tan preocupados como para embarcarnos en una campaña para estabilizar el capitalismo europeo?

Mi respuesta ha sido inequívoca en los últimos tres años. La crisis de Europa ha sido provocada por fuerzas regresivas que tiene la capacidad de provocar un baño de sangre mientras se apagan las esperanzas de cualquier movimiento progresista para las generaciones venideras.

Por este punto de vista se me ha acusado, por voces radicales (de izquierda), como “derrotista”, cuya finalidad es salvar el actual sistema socioeconómico europeo, que es indefendible. Un sistema neoliberal, muy irracional, transnacional y antidemocrático, que deja de lado cualquier capacidad de evolucionar hacia una comunidad genuinamente humanista en el que las naciones de Europa puedan vivir y desarrollarse. Esta crítica, lo confieso, me duele. Y duele, ya que contiene más de un núcleo de verdad.

En ese sentido, me siento obligado a reconocer que me gustaría que mi campaña sea de un estilo diferente, promoviendo una agenda radical cuya “razón de ser” sea la sustitución del capitalismo europeo por un sistema diferente, en lugar de hacer campaña para estabilizar un capitalismo europeo con el que estoy en desacuerdo en mi definición de buena sociedad.

Esta crisis es profundamente irracional, de un capitalismo europeo repugnante, cuya implosión, a pesar de sus muchos males, se debe evitar a toda costa. Es una confesión para convencer a los radicales de que tenemos una misión contradictoria: detener la caída libre del capitalismo europeo “con el fin” de comprar el tiempo que necesitamos para formular su alternativa.

En verdad, Karl Marx fue el responsable de la elaboración de mi perspectiva del mundo en que vivimos, desde mi infancia hasta el presente. Si mi carrera académica fue en gran parte vinculada con Marx, y mis actuales recomendaciones políticas son imposibles de describir como marxista, ¿por qué abrir mi marxismo ahora? La respuesta es sencilla: incluso mi economía no marxista fue guiada por una mentalidad fuertemente influenciada por Marx.

Sí, me gustaría proponer una agenda radical. Pero no estoy dispuesto a cometer el mismo error dos veces. ¿Qué logramos en Gran Bretaña a principios de 1980 con la promoción de una agenda de cambio socialista que la sociedad británica despreció mientras caía de cabeza en la trampa neoliberal de la señora Thatcher? Nada. ¿De qué sirve hoy convocar a un desmantelamiento de la Zona Euro, de la propia Unión Europea?

¿Quién creen que se beneficiaría? ¿Una izquierda progresista, que se levanta como el Ave Fénix de las cenizas de las instituciones públicas de Europa?, o ¿el partido nazi Amanecer Dorado, los neofascistas, los xenófobos y los vividores? No tengo absolutamente ninguna duda acerca de cuál de los dos se beneficiará de una desintegración de la Zona Euro.

Yo, por mi parte, no estoy dispuesto a soplar el viento fresco en las velas de esta versión posmoderna de la década de 1930.

Si esto significa que somos nosotros, los marxistas adecuadamente erráticos, que deben tratar de salvar al capitalismo europeo de sí mismo, que así sea. No por amor o aprecio al capitalismo europeo, a la Zona Euro, a Bruselas, o al Banco Central Europeo, sino porque sólo queremos minimizar las pérdidas humanas innecesarias de esta crisis; las incontables vidas cuyas perspectivas serían aplastadas sin beneficio alguno para las futuras generaciones de europeos.

La propuesta para la estabilización de Europa es para poner fin a la espiral descendente que, al final, sólo refuerza a los intolerantes e incuba el huevo de la serpiente. Irónicamente, ¡los que detestan la Zona Euro tienen la obligación moral de salvarlo!

qSi hemos de forjar alianzas con el diablo (por ejemplo, con el FMI), hay que evitar llegar a ser como los socialistas, que no lograron cambiar el mundo, pero lograron mejorar sus situaciones personales. La clave es evitar el maximalismo revolucionario que, al final, ayuda a los neoliberales.

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Las viejas élites dirigentes, privadas de otros recursos, se sentían tentadas a recurrir a los radicales extremistas, como lo hicieron los liberales italianos con los fascistas de Mussolini en 1920-1922.”

Eric Hobsbawm, Historia del siglo XX.

Podemos31EneLleva tiempo circulando una “broma” sobre Pablo Iglesias y Podemos y sus supuestos parecidos con los movimientos fascistas liderados por una personalidad carismática. Es fácil saber si Pablo Iglesias tiene algún parecido con Benito Mussolini: si, por ejemplo, Pablo Iglesias fuera apoyado por los liberales y nombrado jefe de Gobierno por el rey, entonces, sí podríamos afirmar que tiene claras reminiscencias fascistas. Es así como llegó al poder Mussolini, líder de un partido no representativo – ultraminoritario –, que llega a la jefatura del gobierno por designación del rey Víctor Manuel III formando una coalición con notables liberales y conservadores: un gobierno sin escrúpulos para una situación de excepción.

Si luego empezara a encarcelar y asesinar a socialistas y comunistas asegurando los beneficios económicos y las libertades de los magnates. Si asegurara la paz del Orden social y la estabilidad del régimen político imperante eliminando al resto de partidos políticos y sindicatos creando un Senado donde los notables liberales y conservadores pudieran dormitar apaciblemente con su posesiones a buen recaudo. Si su formación política y sus actividades estuvieran financiadas por eminentes grupos industriales y de comunicación; entonces, sí nos estaríamos acercando peligrosamente a la figura del Duce.

Más pistas podríamos tener si además escucháramos a eminentes economistas liberales decir que Pablo Iglesias está salvando a la civilización europea de los peligrosos populismos e izquierdismos que amenazan con romper la sociedad y destruir la civilización europea. Si leyéramos que medios económicos de la City londinense alabaran su programa político y económico. Si viéramos a la clase media y alta de Inglaterra, a su mismo rey, a la práctica totalidad del entablishment británico – esta afirmación se podría hacer extensible al resto de la oligarquía europea – profesar indisimulada admiración por su figura.

PabloIglesiasMussolini

¿Qué más podría apoyar nuestra hipótesis sobre las supuestas reminiscencias fascistas de Pablo Iglesias? Pues que escucháramos en un héroe sin tacha del imaginario liberal–conservador y posterior jefe del gobierno británico palabras tales como estas:

El genio romano personificado por Mussolini, el más grande legislador vivo, ha demostrado a muchas naciones cómo se puede resistir al avance del socialismo y ha señalado el camino que puede seguir una nación cuando es dirigida valerosamente. Con el régimen fascista, Mussolini ha establecido un centro de orientación por el que no deben dudar en dejarse guiar los países que están comprometidos en la lucha cuerpo a cuerpo con el socialismo”

Winton Churchill, discurso ante la Liga Antisocialista británica, 18 de febrero de 1933.

Y es que para Churchill, internacionalmente, el movimiento de Mussolini: ha prestado sus servicios a toda la humanidad”.

Si, por ejemplo, también nos atuviéramos a otra repetida comparación: la realizada con José Antonio Primo de Rivera; deberíamos fijarnos en las siguientes pistas: si su padre hubiera sido un general llamado a ejercer como dictador por el rey de España; si fuera un ferviente católico; si el rey le hubiera otorgado el título de Grande de España – como, por ejemplo, sí es Esperanza Aguirre –; si hubiera estado siempre vinculado a movimientos políticos monárquicos; si abogara por “los puños y las pistolas” como herramientas de acción política; si tuviera las simpatías de la prensa conservadora y liberal española – por ejemplo, sí algún periodista como Eduardo García Serrano hubiera encabezado la Marcha por el Cambio –; o, si hubiera estado conspirando para derrocar el régimen democrático junto con militares y partidos políticos católicos y de derechas desembocando posteriormente en una sangrienta guerra incivil. Si tuviéramos todas esas pistas, entonces sí, nos estaríamos acercando en demasía.

PodemosMussolini

Tampoco viene a ser tan malo que te comparen con Mussolini. Podría ser peor. Sería peor si te comparasen con otro héroe del ideario conservador: Francisco Franco. Por cada asesinato que cometió Mussolini, el general Franco poniendo en práctica las formas genocidas de la guerra colonial en la península ibérica y la subsiguiente represión asesinó a 10.000 y, proporcionalmente, mató a tanta gente como Iósif Stalin. Pero todavía podría ser aún peor. Podría ser comparado con otro personaje histórico muy admirado por Henry Ford: Adolf Hitler. Ford incluso recibió una alta condecoración de la Alemania nazi. No sólo Ford ni, únicamente, otros muchos industriales y financieros occidentales profesaban una entusiasta admiración por el líder nazi, sino, nuevamente, la “upper and middle class” británica que consideraban a Hitler “un tipo que tenía algunas muy buenas ideas”. Tanto su rey, su prensa, como David Lloyd George, Primer ministro liberal que calificó a Hitler en 1936 como un “gran hombre”, un “líder natural de los hombres”, hacedor de un milagro y dueño de una “personalidad magnética y dinámica, con un decidido propósito”, una “voluntad resuelta” y un “valeroso corazón”. No sólo Lloyd George y otros políticos y diplomáticos tanto británicos, estadounidenses o franceses le profesaban rendida admiración, sino también, Winton Churchill, campeón liberal y Primer ministro británico que opinaba que Adolf Hitler era un político “extremadamente competente”, “ponderado”, “bien informado”, de “modos galantes” y “sonrisa desarmante” con un “sutil magnetismo personal”. Incluso llegó a rendirle servil adulación:

La historia de esa lucha no puede ser leída sin admiración por la valentía, la perseverancia, la fuerza vital que le permitió (a Hitler) desafiar, retar, conciliar, vencer, a todas las autoridades o resistencias que bloqueaban su camino… Yo siempre he dicho que si Gran Bretaña fuera derrotada en la guerra, espero que nosotros podamos encontrar un Hitler que nos llevara de regreso a nuestra legítima posición entre las naciones”.

Winston Churchill, Grandes Contemporáneos, 1937–39.

AlbertRiveraPacifico

El recurso al golpe de estado de excepción en el imaginario liberal–conservador no está únicamente circunscrita a los años 20 y 30. Es un recurso que ya fue esgrimido por un clásico del liberalismo como Alexis de Tocqueville en la primera mitad del siglo XIX. Y fue tomando cada vez mas carta de naturaleza con la irrupción de las masas en la política y el fracaso del régimen liberal para afrontar los problemas sociales y políticos a los que se enfrentó: dos masacres mundiales, el ascenso de los fascismos, la conflictividad y revolución social dan prueba de ello. Olvidada la Segunda Mundial, fuera de Europa se siguió apoyando el recurso de excepción mediante golpes de estado, dictaduras y diversos genocidios. Las dictaduras promovidas en el cono sur americano tan admiradas entre otros por Friedrich Hayek, Milton Friedman, Margaret Thatcher o Ronald Reagan no son más que una prueba más de ello.

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