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Archive for the ‘Chile’ Category

¿Será el hombre moderno capaz de luchar contra su tendencia a ser pasivo, a permanecer en silencio? Tucídides decía que: Es la libertad o la tranquilidad. Tienes que elegir. Serás libre o estarás tranquilo. No puedes tener ambas cosas”.

Cornelius Castoriadis, filósofo griego, 1990.

 

Cueste lo que cueste, pase lo que pase, yo intentaré sacar de la miseria a mi pueblo y darles a todos el mayor bienestar posible, basándome en los modernos cánones de la democracia

Jacobo Árbenz Guzmán, presidente de Guatemala, 1951 – 1954.

 “La propaganda fue en Chile la más socorrida de las acciones encubiertas. Era barata

 Informe del Comité Church del Senado de los Estados Unidos.

 

Lo más importante es la guerra psicológica en el interior de Chile. No tiene sentido tratar de prender fuego al mundo si Chile es un remanso de paz. El combustible necesario debe provenir del interior del país. En consecuencia, el puesto santiaguino debe hacer uso de cualquier estratagema, por estrafalaria que parezca, para crear esa resistencia interna

Cablegrama secreto del cuartel general de la CIA, 27 de septiembre de 1970.

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La tranquilidad en Chile vino de la mano de un golpe de estado y una dura represión con miles de asesinados y desaparecidos. En defensa de la “patria” y al grito de “libertad y democracia” la derecha chilena empujada por EEUU derrocó el gobierno democrático de Salvador Allende. Desde antes que éste fuera investido presidente la suerte estaba echada. Richard Nixon no tuvo reparos con su habitual desparpajo en decirlo, en reunión del Consejo de Seguridad Nacional, el 6 de noviembre de 1970: Nuestra principal preocupación en Chile es la posibilidad de que [Allende] se consolide, y que su imagen ante el mundo sea su éxito… Haremos chillar a la economía chilena. Y la economía de Chile chilló. Más tarde, Nixon también nos deleitaría con estas palabras: ¡Qué hijo de puta! ¡Qué hijo de puta…! […] Me refiero a ese hijo de puta de Allende. Vamos a aplastarlo”. Y Allende sería aplastado.

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El delito más claro de Allende y el que le condenó fue una política orientada a la independencia y la soberanía del pueblo chileno. El aumento del salario de los trabajadores, la reforma agraria y educativa, la nacionalización de las telelecomunicaciones, la banca o el cobre ponían en riesgo los intereses de las corporaciones estadounidenses y de la clase alta chilena al servicio de éstas. A partir de entonces las acciones estadounidenses se centraron según mostraron las comunicaciones secretas de la CIA y el gobierno en crear un clima propicio para el golpe (militar)” mediante el bloqueo económico internacional: … Haremos cuanto esté en nuestras manos para condenar al país y a sus habitantes a las privaciones y la pobreza más absolutas; el sabotaje, el boicot productivo, la especulación y acumulación de alimentos con el objetivo declarado de crear una “gran demanda de mercancías alimenticias”; un Parlamento que hizo imposible la gestión del presidente constitucional, unas huelgas patronales financiadas con decenas de millones de dólares estadounidenses, líderes sindicales que fomentaron huelgas y acabaron siendo presidentes del sindicato único de la dictadura, etc. Pero lo peor de todo fue el terrorismo. El terrorismo de estado. El terrorismo, las violaciones y las torturas. A pesar de preguntarse: ¿Supone Allende una amenaza mortal para Estados Unidos? Resulta difícil sostenerlo, y correr el riesgo de “… repetir los mismos errores que cometimos en 1959 y 1960, cuando llevamos a Fidel Castro a la esfera soviética”.

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El programa de Allende y su Unidad Popular nunca estuvo bien visto por los poderes económicos de Estados Unidos. En 1964, según probó el Comité Church del Senado, que analizó los informes secretos de la CIA, varias organizaciones del gobierno estadounidense se dedicaron a provocar “una campaña de pavor” mediante “un amplio uso de la prensa, la radio, el cine, panfletos, carteles, […], artículos de diario. […] Asimismo, se recurrió a la «desinformación» y la «propaganda negra»” durante la campaña electoral para imposibilitar el triunfo de Salvador Allende. Más tarde, las organizaciones de la CIA continuarían apoyando al diario chileno “El Mercurio” que desempeñó “un papel significativo en la preparación del escenario para el golpe del 11 de septiembre de 1973 […]. Tanto el gobierno de Estados Unidos, como la ITT canalizaron dinero a manos de individuos asociados al diario”.

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Desde el primer momento la opción del gobierno de EEUU fue dar un golpe de estado: “… El objetivo firme y vigente es el de derrocar a Allende por medio de un golpe de estado” o “… ¡intentar asesinar a Allende!”. La misión ordenada por el gobierno a los agentes estadounidenses era “estimular el malestar social y otros acontecimientos capaces de provocar acciones militares”. Había que crear el “caos” para abortar la toma de posesión de Allende aun a riesgo provocar un “derramamiento de sangre”, una “guerra civil” y una “matanza […] considerable”. Cuando los estadounidenses pudieron comprobar que el ejército chileno no daría ningún golpe de estado, que era “imposible una acción militar en ese momento” no cejaron en su propósito porque “sólo el caos económico o el surgimiento de serios disturbios civiles [podrían] alterar la postura de los militares”. La exigencia era entonces “incrementar el nivel de terrorismo [del grupo fascista Patria y Libertad] en Santiago […]. El objetivo de esta actividad es el de provocar un contraataque por parte de la Unidad Popular y disturbios callejeros” con el objetivo de evitar la toma de posesión de Allende.

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A los pocos días los servicios secretos estadounidenses apoyados por el grupo fascista que financiaban “Patria y Libertad” asesinaban  en un atentado al jefe del ejército, general René Schneider, partidario de la defensa de la Constitución. En opinión de la CIA el asesinato había conseguido su objetivo: “ahora Chile está sumido en el clima ideal para un golpe de estado”. A pesar de todo el gobierno de Allende tomó posesión y en las elecciones municipales de abril de 1971 lograba un apoyo del 50%, casi 14 puntos más que en septiembre del año anterior. Pero el terror y el terrorismo no desaparecieron. En 1973, otro ataque terrorista, un francotirador, acababa con la vida del edecán presidencial, el capitán de navío Arturo Araya Peeters, el último enlace constitucionalista del presidente con el ejército chileno. El jefe del ejército, general Carlos Prats, partidario de la Constitución y del régimen democrático se veía obligado a dimitir y, más tarde, a exiliarse en Argentina donde sería asesinado por un coche bomba puesto por la CIA y la DINA transcurrido un año del golpe de estado.

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Ante esta situación el presidente Salvador Allende estaba decidido a poner su cargo a disposición del pueblo chileno convocando un plebiscito sobre su persona y las reformas en curso. Este plebiscito, esta votación democrática, nunca pudo llevarse a cabo porque un golpe militar, el segundo en un intervalo de pocos meses, acababa con la vida de Allende y la democracia chilena. El miedo a que los chilenos pudieran ratificar la gestión de Allende en esas complicadas circunstancias aceleró la sedición de parte del ejército que llevaba tiempo preparando el golpe de estado. Curiosamente, se asistía nuevamente a cómo la instauración de la “libertad” socaba todas sus garantías y se llevaba por delante los Derechos Humanos. Se pueden hacer múltiples paralelismos con lo acontecido en Chile en 1973 y lo ocurrido en decenas de casos más donde el cambio social fue parado a golpe de asesinatos.

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La Guatemala de 1954 bajo el gobierno de Jacobo Árbenz con un programa de corte nacionalista y socialdemócrata tenía la intención de realizar una reforma agraria y educativa, construir infraestructuras, nacionalizar los recursos naturales en manos de corporaciones extranjeras, industrializar el país, mejorar las condiciones de los trabajadores, etc. Pero la búsqueda de la justicia y el bienestar para su pueblo y la independencia económica chocó con los intereses de la United Fruit Company y los terratenientes locales. La campaña orquestada contra él fue terrible, el fantasma del comunismo resurgió. Los intereses económicos se vistieron de libertad. El sueño de progreso y avance social de Guatemala fue un amargo despertar de bombardeos aéreos, violaciones, asesinatos, aldeas quemadas, desplazados y torturas. Los trabajadores, campesinos, maestros y estudiantes que votaron por Árbenz encontrarían la muerte o sucesivas dictaduras y regímenes autoritarios promovidos por los Estados Unidos.

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Nada nuevo había ocurrido en Iberoamérica. Se seguía el mismo patrón que había asolado durante décadas la región: injerencia, desestabilización, terrorismo, torturas, violaciones de los derechos humanos y golpes de estado, cuando no invasiones militares. Todos ellos ampliamente documentados en los informes de los servicios secretos. Gobernar para las transnacionales estadounidenses. Esto es lo que han hecho los mandatarios chilenos, guatemaltecos u otros muchos. Tiene más poder el embajador estadounidense que sus ministros. Es el presupuesto militar estadounidense el que sustenta a las oligarquías locales. El que mantiene una estructura social jerarquizada, clasista y tremendamente desigual. Es una transacción. Poder a cambio de convertirse en una colonia o semicolonia. Es el paradigma del libre mercado. Exportar recursos naturales a cambio de ninguna compensación para su pueblo, pero cuantiosos emolumentos para su oligarquía rentista, absentista y corrupta, e importar las manufacturas de las grandes potencias industriales.

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Más tarde la propaganda continuaría su labor haciendo creer que el golpe de estado fue algo inevitable debido a la desastrosa gestión socialista de Allende. Simplemente, es algo totalmente falso cuando el mismo Allende estaba dispuesto a poner su cargo y su gestión a disposición del pueblo chileno mediante un plebiscito. Menos de una década después vendría el colapso de la economía chilena con las políticas privatizadoras y el libre mercado impuestos por el gobierno y sus asesores estadounidenses. El paro que con Allende era del 4,3% ascendía al 22% diez años después de su muerte, los salarios de los trabajadores chilenos cayeron un 40% con los militares “salvapatrias”, la pobreza pasó del 20% con Allende en el gobierno al 40% cuando Pinochet abandonó el poder 17 años más tarde. Todo lo que se privatizó, ante la quiebra financiera generalizada, tuvo que nacionalizarse. El hambre, más fuerte que el miedo – como nos cuenta Greg Palast –, sacó a la gente a la calle. El gobierno militar dio marcha atrás y tuvo que implementar un plan Keynesiano tras el colapso del PIB que cayó un 19% en sólo dos años. Todo un milagro económico el Chile desregularizado.

FriedmanPinochet

Sin embargo, el precio que se pagó por obtener tranquilidad absoluta y orden valió la pena. Los intereses de las corporaciones transnacionales están garantizados en la Constitución chilena redactada por el gobierno militar. La oligarquía chilena es más rica de lo que nunca fue. A cambio el pueblo de Chile renuncia al cobre o al agua. Renuncia a beneficiarse de sus recursos. Los trabajadores tienen jornadas de 12 horas por poco más del salario mínimo bajo la protección de un código del trabajo heredado de la criminal dictadura. Las medidas espurias nos cuentan que la inflación está sostenida, aunque el poder adquisitivo de la población sea muy reducido o que la renta per cápita asciende a 20.000 dólares, aunque más del 90% de los chilenos cobre poco más de 720 dólares al mes. Es el precio de la exacerbada desigualdad.

Finalmente, tras una ardua lucha. La libertad se impuso…

Pinochet

Nota:

Para conocer el cinismo, la catadura moral y la bajeza de ciertos “gobernantes democráticos” es imprescindible pararnos a leer la carta de condolencias que le envió Richard Nixon al presidente en funciones de Chile, Eduardo Frei Montalva, tras el mismo ordenar el asesinato del general René Schneider:

Estimado Sr. Presidente:

El estremecedor atentado contra la vida del general Schneider constituye una mancha en las páginas de la historia contemporánea. Quisiera transmitirle el pesar que me produce el hecho de que en su país haya tenido lugar tan repugnante acontecimiento. …

NixonSuerte

Postdata:

Para finalizar quiero recordar el último comunicado de Salvador Allende por radio desde La Moneda mientras el golpe de estado contra su gobierno se estaba produciendo y era consciente de su suerte final:

Seguramente esta es la última oportunidad en que me pueda dirigir a ustedes… Mis palabras no tienen amargura, sino decepción, y serán ellas el castigo moral para los que han traicionado el juramento que hicieron… Ante estos hechos, sólo me cabe decirle a los trabajadores: ¡Yo no voy a renunciar! Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad del pueblo.

Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen… ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos… Siempre estaré junto a ustedes. Por lo menos, mi recuerdo será el de un hombre digno que fue leal a la lealtad de los trabajadores.

El pueblo debe defenderse, pero no sacrificarse. El pueblo no debe dejarse arrasar ni acribillar, pero tampoco puede humillarse.

Trabajadores de mi patria: tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo, donde la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor.

¡Viva Chile! ¡Viva el pueblo! ¡Vivan los trabajadores!

Éstas son mis últimas palabras y tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano. Tengo la certeza de que, por lo menos, habrá una lección moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición.

AllendeMitín

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Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen… ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor

Salvador Allende, alocución radiofónica de 11 de septiembre de 1973, horas antes de su asesinato.

No se puede negar que el Fascismo y movimientos similares destinados a la creación de dictaduras están llenos de las mejores intenciones y que su intervención ha, por el momento, salvado la civilización Europea. El mérito que el Fascismo ha de ese modo ganado por sí mismo vivirá eternamente en la historia”.

Ludwig Von Mises.

Mi preferencia personal se inclina a una dictadura liberal y no a un gobierno democrático donde todo liberalismo esté ausente.

Fiedrich Von Hayek, declaraciones al diario El Mercurio, 12 de abril de 1981.

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En Chile desde el año 2011 los movimientos sociales han vuelto a tomar las calles ante el desprestigio que sufre el actual sistema político. El sistema chileno adolece de una enorme falta de representatividad. Sus políticos no toman en consideración las necesidades de grandes capas de la población que se sienten abandonadas y han perdido la confianza en sus representantes legales. Esto puede observarse fácilmente en la participación en las elecciones democráticas que no alcanza a más del 40% del electorado.

El caso chileno no es muy diferente a lo que se está viviendo en España durante los últimos años o en otros países caracterizados por sus regímenes de democracias constitucionales. La población no se siente representada, se siente ignorada y sus actuales representantes políticos han caído en un absoluto descrédito que se refleja tanto en encuestas como en votaciones. El sistema está tan desprestigiado que muchos no votan o lo hacen con absoluto cinismo o desesperanza. Las tasas de abstención en democracias totalmente asentadas y, supuestamente, ejemplares sólo pueden provocar asombro y preocupación. Pero es lógico ante una población que ve como la corrupción y la connivencia entre los poderes representativos y económicos está carcomiendo los cimientos del estado Social.

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Entre muchos chilenos que han protagonizado las recientes protestas se encuentra la certeza de la falta de legitimidad del sistema constitucional. Es una democracia otorgada por una dictadura militar. Su Constitución data de 1980, los redactores fueron elegidos por el gobierno militar, el plebiscito que lo aprobó está sembrado de dudas ciertas acerca de su limpieza y las reformas que ha sufrido no han tocado la esencia de una Constitución donde la protección de los monopolios privados y las oligarquías es absoluta.

A Chile como a España y otros países que han protagonizado las reformas neoliberales de las últimas cuatro décadas les ocurre que se encuentran bajo un sistema de gobierno bancario – corporativo por ponerle un nombre que no tiene la pretensión de ser científico, pero que se acerca totalmente a la realidad. La connivencia entre el Estado y las empresas privadas es total. Los lobbies o grupos de presión empresarial como ocurre en Europa o EEUU tienen una responsabilidad directa en las políticas que toman los gobiernos del país.

Entre las principales quejas de los chilenos se encuentran las tasas y precios usureros que sufren a manos de los monopolios que controlan el agua, la banca, la electricidad, la alimentación y otros servicios básicos. Los abusos a los ciudadanos no son corregidos y éstos sienten una enorme desprotección. Pero, es obvio, que esta enorme concentración de la propiedad y el control que ejercen los poderes económicos sobre el regulador faciliten los abusos que cometen estas corporaciones. Las mismas son las que se apropian de la mayor parte del crecimiento económico que ha vivido Chile en estos últimos años donde el 85% de la facturación de ventas pertenece únicamente al 1% de las empresas o que el 95% de las exportaciones lo realicen igualmente el 1% de las empresas.

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Por tanto, a pesar del crecimiento económico – éste se ha cuadruplicado en los últimos veintitrés años – el país se encuentra sumido en enormes problemas sociales. Problemas, totalmente, silenciados y olvidados tanto por la prensa como por el Parlamento. Cuando puede haber visos de un cambio político la oligarquía y sus medios sacan la bandera del miedo, el peligro de la polarización social y el recuerdo de la dictadura militar. De todas maneras, es muy complicado que pueda darse este cambio social y político porque en la Constitución se ha blindado que cualquier cambio de calado pueda ser vetado por un tercio del Parlamento. Por tanto, prácticamente, con poco más de un 15% del censo electoral chileno. De cualquier modo, los chilenos no pueden distinguir en su actual bipartidismo al que conduce su sistema binominal carente de representatividad entre la izquierda y la derecha.

Las carencias del sistema se pueden mostrar en las tasas de pobreza que sufre Chile, aunque estas tasas dependen siempre de cómo se midan. La pobreza medida según la metodología del gobierno alcanza al 14,4% de la población. Está bastante bien. Pero, el problema se avecina si lo medimos según la metodología estadounidense donde alcanzaría al 35% o la europea que nos daría una cifra cercana al 47% de la población. Por tanto, el gobierno – como buen alumno neoliberal – sólo contabilizaría una pobreza que raya la indigencia.

Chile podría decirse que es el perfecto laboratorio neoliberal. El paraíso soñado por Friedman, Hayek o Mises. Un espejo en el que podemos mirarnos para conocer nuestro futuro. No hay ningún derecho garantizado. Por ejemplo, el sistema de pensiones está privatizado y pertenece a 4 empresas financieras. Es un sistema de capitalización que cobra altísimas comisiones cercanas al 14%. El rendimiento para los trabajadores es bajo, puesto que, al 70% de los trabajadores les quedará una pensión de jubilación de menos de 100.000 pesos mensuales, alrededor de 158 euros. Por tanto, con esa pensión se puede considerar que en la próxima década habrá 5,6 millones de pensionistas pobres. La pensión promedio son 150.000 pesos que poco más da para sobrevivir.

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Las familias dedican mensualmente el 70% de sus rentas a pagos bancarios. Un sistema financiero oligopólico que, también, está controlado por 4 bancos. Como en muchos otros lugares las familias son esclavas de la deuda. Es lógico. La educación no está garantizada y 500.000 estudiantes tienen una deuda en préstamos para cursar sus estudios de 3.000 millones de dólares en un sistema altamente segregador y elitista. Una educación carísima herencia de una dictadura que redujo el gasto público en educación del 7% del PIB al 3%. Un sistema que como la sanidad y las pensiones son el negocio de unas pocas empresas y que ha visto como varios rectores han acabado en los tribunales por tráfico de influencias y sobornos.

Los abusos a los trabajadores también son habituales. No hay un derecho a la huelga, existen enormes problemas para sindicarse, el código del trabajo es el de la dictadura militar cuando los trabajadores fueron severamente “castigados” y sólo el 10% de los trabajadores tiene derecho a la negociación colectiva. Los bajos salarios fomentan el pluriempleo y la precariedad social en una gran mayoría de la población. El 76% de los trabajadores no superan el equivalente a dos salarios mínimos que no son complementados con transferencias sociales dado que el Estado tiene pocos ingresos y los bienes y servicios públicos, los recursos naturales están en manos privadas.

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Pero en Chile hay paz. No hay polarización social. Este es legado de la dictadura. La dictadura legó tranquilidad. No importa que haya tal cantidad de pobres ni tal cantidad de población precaria. No importan los problemas de vivienda ni la formación de guetos. Ni una sanidad dual que permite que el sistema privado se lleve casi la mitad de los recursos económicos mientras sólo atiende al 20% de la población. Ni que un tratamiento contra el cáncer cueste 40 millones de pesos, 15 salarios medios anuales. Lógicamente sin ayuda te puedes dar por muerto. Ni que haya una transferencia brutal de riqueza hacia el 1% de la población, ni que las transnacionales – extranjeras –  se lleven los recursos de los chilenos y estén exentas de pagar impuestos. Este es el precio de la paz social. Este es el precio de estar tranquilos.

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