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Archive for the ‘Colonialismo’ Category

Si he visto más lejos, es porque he subido a hombros de gigantes”.

Isaac Newton, carta enviada a Robert Hooke, 15 de febrero de 1676.

Buenas noches a todos,

Os dejo el último programa que hemos grabado, este pasado domingo, con los compañeros del Colectivo Burbuja. El tema principal que tratamos es el individualismo extremo y exacerbado. Una filosofía que no es nueva y que pone al individuo por encima de todas las cosas, ya sea contra el Estado o contra la sociedad. Desde su defensa extrema del individuo aislado como motor del mundo y el capitalismo como el sistema más perfecto echan las culpas de todos los actuales problemas a un supuesto intervencionismo del Estado – supuestamente ¡socialista! – que sería el responsable de las fallas y crisis capitalistas. Por tanto, podríamos decir que para ellos si se dejara todo a la “libre” interacción de las fuerzas del mercado todos los problemas estarían resueltos y sería el mercado quien resolvería cualquier contratiempo y devolvería al sistema a su equilibrio natural.

El problema de este pensamiento es que es irreal. No tiene ninguna base ni ningún fundamento que lo pueda sostener ni histórico, ni empírico, ni real. Han puesto en el lugar de Dios al Mercado, convertido en la única divinidad, una nueva divinidad que todo lo puede. Pero eso no es cierto. Nunca jamás el capitalismo se movió sin estar amparado por el Estado y por los gobiernos. Nunca fue ajeno a éste. Todo lo contrario y así se ha expandido desde sus inicios. Fue el estado Absoluto el que desposeyó de tierras a los campesinos, el que posibilitó la explotación de niños y trabajadores, el que apoyó la conquista y la colonización del orbe por los europeos. Este comportamiento que podemos observar fundamentalmente desde los siglos XIV y XV en adelante, tiene su continuación en la actualidad por medio de guerras, deudas o tratados comerciales desiguales promovidos por las instituciones internacionales como el FMI o la OMC. Nada novedoso, por cierto:

He servido durante 30 años y cuatro meses en las unidades más combativas de las Fuerzas Armadas estadounidenses: en la Infantería de Marina. Tengo el sentimiento de haber actuado durante todo ese tiempo de bandido altamente calificado al servicio de las grandes empresas de Wall Street y sus banqueros. En una palabra, he sido un pandillero al servicio del capitalismo.

De tal manera, en 1914 afirmé la seguridad de los intereses petroleros en México, Tampico en particular. Contribuí a transformar a Cuba en un país donde la gente del National City Bank podía birlar tranquilamente los beneficios. Participé en la “limpieza” de Nicaragua, de 1902 a 1912, por cuenta de la firma bancaria internacional Brown Brothers Harriman. En 1916, por cuenta de los grandes azucareros norteamericanos, aporté a la República Dominicana la “civilización”. En 1923 “enderecé” los asuntos en Honduras en interés de las compañías fruteras norteamericanas. En 1927, en China, afiancé los intereses de la Standard Oil.

Fui premiado con honores, medallas y ascensos. Pero cuando miro hacia atrás considero que podría haber dado algunas sugerencias a Al Capone. Él, como gángster, operó en tres distritos de una ciudad. Yo, como Marine, operé en tres continentes. El problema es que cuando el dólar americano gana apenas el seis por ciento, aquí se ponen impacientes y van al extranjero para ganarse el ciento por ciento. La bandera sigue al dólar y los soldados siguen a la bandera”.

General Smedley D. Butler, entrevista a la revista Common Sense, 1935.

No estamos en crisis porque nos hayamos alejado de las buenas prácticas económicas capitalistas. Las crisis son consustanciales al capitalismo. Y siempre son crisis de especulación financiera exacerbada. No es sólo la corrupción, es el sistema económico y social, que pone por encima de todo, las ganancias y el dinero. No es la justicia, ni la libertad, ni la democracia lo que está en el altar del capitalismo, es el dinero. Y a eso se han plegado los ganadores y algunos perdedores de esta crisis: a ganar mucho dinero. Y nadie ha dicho que esto tenga que hacerse de forma honesta porque ricos y honestos se cuentan con los dedos de una mano (si eso…). Y la corrupción es intrínseca al sistema capitalista desde siempre. Por tanto tampoco es una crisis debida simplemente a una corrupción que nos condena al subdesarrollo:

“No hay ningún país en que los “políticos” formen un sector más poderoso y más separado de la nación que en los EE.UU. Aquí cada uno de los dos grandes partidos que se alternan en el Poder está a su vez gobernado por gentes que hacen de la política un negocio, que especulan con los escaños de las asambleas legislativas de la Unión y de los distintos Estados Federados, o que viven de la agitación en favor de su partido y son retribuidos con cargos cuando este triunfa. Es sabido que los estadounidenses llevan treinta años esforzándose por sacudir este yugo, que ha llegado a ser insoportable, y que, a pesar de todo, se hunden cada vez más en este pantano de corrupción.

Y es precisamente en los EE.UU. donde podemos ver mejor cómo progresa esta independización del Estado frente a la sociedad, de la que originariamente estaba destinado a ser un simple instrumento. Allí no hay dinastía, ni nobleza, ni ejército permanente –fuera del puñado de hombres que montan la guardia contra los indios–, ni burocracia con cargos permanentes y derecho a jubilación.

Y, sin embargo, en los EE.UU. nos encontramos con dos grandes cuadrillas de especuladores políticos que alternativamente se posesionan del Poder estatal y lo explotan por los medios más corruptos y para los fines más corruptos; y la nación es impotente frente a estos dos grandes consorcios de políticos, pretendidos servidores suyos, pero que, en realidad, la dominan y la saquean”.

Friedrich Engels, Londres, en el vigésimo aniversario de la Comuna de París, 18 de marzo de 1891.

No sólo Engels – por cierto, al que cito mal en el programa confundiéndolo con Marx L –  tiene esta opinión de los políticos estadounidenses. Esto era vox populi. Alguien nada sospechoso tenía por aquellas mismas fechas esta misma opinión de ellos. Quien fuera presidente de los Estados Unidos Teddy Roosevelt se lamentaba ante la abierta venta de votos a los grupos de presión – lobbies – que sus compañeros de la asamblea de Nueva York realizaban como si “tuvieran la misma idea sobre la Vida Pública y el Servicio Civil que la que tiene un buitre sobre una oveja muerta”.

Vemos que palabras tan actuales como grupos de presión corporativos, especulación y corrupción no son nada nuevas, ni mucho menos. Y es que al capitalismo y a la burguesía liberal le sientan mucho mejor los grupos de presión de los poderosos que la democracia de masas, porque su democracia censitaria controlada por pequeños grupos de poder económico y social no quería dar cabida entre ellos a los trabajadores o “multitud detestable”, como eran llamados en la Francia de la segunda mitad del S.XIX. La democracia no era la prioridad. Lo derechos políticos que fueron ganados por la poderosa burguesía no eran aplicables al resto de la sociedad.  Como dejo escrito Eric Hobsbawm:

“… la burguesía como clase […] se trataba de un grupo de personas con poder e influencia. […]… la forma clásica de la política burguesa [era] completamente distinta de la política de masas de los que se encontraban por debajo de ellos, incluyendo a la pequeña burguesía. El recurso clásico del burgués en apuros o con motivos de queja, fue ejercer o solicitar las influencias individuales: hablar con el alcalde, con el diputado, con el ministro, con el antiguo compañero de escuela o colegio, con el pariente, o tener contactos de negocios. La Europa burguesa estaba, o iba a estar, llena de sistemas más o menos informales para la protección del progreso mutuo, de cadenas de viejos amigos o mafias (“amigos de los amigos”), entre los cuales se contaban las que surgían de una asistencia común a las mismas instituciones educativas y que fueron, naturalmente, muy importantes, especialmente en lo que respecta a las instituciones de enseñanza superior, que daban lugar a uniones nacionales, que superaban las simplemente locales.

[…] La burguesía como clase no organizaba movimientos de masas, sino grupos de presión”.

Por tanto, a lo que hoy asistimos no es nada nuevo. La esencia de las formas políticas y económicas son las mismas de siempre. No es el individualismo lo que mueve al capitalismo sino los grupos de poder, el apoyo mutuo, las alianzas estratégicas. No es el individuo sólo contra el mundo. Es la acumulación de conocimientos y trabajo que realiza la sociedad y su conjunto. No los genios iluminados. La clase de los negocios se organiza, forma sus asociaciones e instituciones, para nada se mueve de forma individual sino que hizo la revolución para alcanzar aun más poder y mantiene y extiende su poder controlando todos los resortes del Estado. Debemos ampliar nuestra visión más allá de los políticos y comprender cómo se forma y se controla el poder. Para cambiar el rumbo no bastará con cambiar de gobierno sino que habrá que cambiar las estructuras políticas y económicas, sin esto nada será posible:

“Detrás del gobierno aparente se asienta entronizado un gobierno invisible que no debe lealtad ni reconoce responsabilidad alguna a la gente. La primera tarea del arte de gobernar es destruir este gobierno invisible, contaminar esta alianza terrible entre los negocios corruptos y los políticos corruptos”

Theodore Roosevelt.

Espero que os guste el programa. Un saludo a todos y muchas gracias.

11 de Noviembre 2013. Uno contra todos.

Hoy hablamos sobre los discursos que defienden la primacía del individuo y el mercado sobre cualquier otra cosa y si son compatibles con los valores fundamentales de la democracia. Con Emilio José y Chus Marcano. Conduce Juan Carlos Barba.

http://cort.as/6iAO

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Buenos días a todos,

Os voy a dejar el programa que grabamos con los compañeros de Colectivo Burbuja sobre la situación actual de Argentina. Es muy interesante – aunque está mal que yo lo diga J – porque los paralelismos con la situación española son alarmantes y, al mismo tiempo, esperanzadores. Además, contamos con la colaboración de un amigo argentino, que nos habla de primera mano de la experiencia que allí han vivido.

Argentina demuestra que otras políticas económicas son posibles y, que estas políticas pueden llegar desde el interior del mismo sistema político cuando una parte de él se da cuenta que la situación de intervención extranjera puede llevar al país al colapso. El único inconveniente es que esta parte del espectro del sistema político sólo cambió su forma de actuar una vez sobrevenido el colapso económico. Lo ideal en España sería que este cambio viniera desde fuera del actual panorama político o arrastrado éste por un amplio movimiento ciudadano contra las actuales políticas imperialistas del FMI y la Unión Europea que sólo favorecen a las grandes fortunas y corporaciones transnacionales hundiendo a amplias capas de la población en la pobreza y la marginación.

Este el objetivo que tienen y han tenido siempre las políticas de Ajuste Estructural – hoy llamadas Reformas Estructurales – en todos los lugares donde se han aplicado. La liberalización comercial, las aperturas de los mercados financieros o las privatizaciones en masa han devastado economías enteras a lo largo de estos últimos 40 años, hundiendo los salarios y destruyendo el tejido productivo nacional. Cumpliendo el objetivo principal – no declarado – someter a los países a una aguda dependencia económica y política y concentrando la riqueza inusitadamente. Argentina no ha roto con el pasado neoliberal, pero sí le ha puesto coto y, sólo el futuro nos dirá hasta donde puede llegar su actual deriva política. Sin más os dejo con el programa, espero no haberos aburrido. Que lo disfrutéis J

Muchas gracias por vuestra atención. Saludos.

21 de Julo 2013. Argentina.

Hoy hablamos sobre los paralelismos entre la Argentina pre-corralito de finales de los 90 y la situación actual en España, la situación actual de Argentina y qué evolución podemos esperar. Con Eduardo González, Jordi Llatzer y Emilio José. Conduce Juan Carlos Barba.

http://cort.as/4r52

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“Presumo que todos saben quién soy. Soy el humilde Abraham Lincoln. Mi programa es breve y dulce como el baile de una mujer vieja. Estoy a favor de la banca nacional, del sistema de mejoras internas y de una aduana proteccionista

Abraham Lincoln, decimosexto presidente de los Estados Unidos, 1861 – 1865. 

 

“Nosotros recomendamos esa política de intercambios nacionales, que asegura un buen salario al trabajador, unos precios remuneradores a la agricultura, a los mecánicos y fabricantes una recompensa adecuada a sus habilidades, trabajo y capacidad empresarial y a la nación, la prosperidad comercial y la independencia”

Compromiso electoral del Partido Republicano en 1860.

 

“El arancel de 1816 fue seguido por algunos años de expansión económica, particularmente para Nueva Inglaterra, que prosperó detrás de la muralla aduanera a medida que pasó del comercio a la industria

Isaac Asimov, Los Estados Unidos desde 1816 hasta la Guerra Civil.

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Existe una enorme brecha entre la historia real y la que algunos cuentan. Según los ideólogos del “libre mercado” o “libre comercio” que, actualmente, se encuentran representados en entidades como el FMI o la Unión Europea, además de en numerosos gobiernos y otros organismos internacionales, el “libre comercio”, la apertura comercial, la desregulación financiera, la “libre” circulación de capitales y las instituciones “libres” son el secreto del crecimiento y la prosperidad. Todo ello se puede englobar en las famosas “reformas estructurales”. Inevitablemente aplicables si se quiere alcanzar un alto grado de desarrollo económico.

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La historia nos cuenta que esto no es cierto. Los países desarrollados – un grupo muy reducido – no llegaron de esta forma a sus actuales niveles de desarrollo. En cambio, la realidad es que la historia del desarrollo económico es la historia del proteccionismo y la intervención estatal. Estados Unidos e Inglaterra fueron los países más proteccionistas que jamás existieron. Un proteccionismo reforzado por los enormes costes de transporte de la época. Estados Unidos se desarrolló bajo unas políticas calcadas a las de su “madre patria”, Inglaterra, basadas en altos aranceles, obras públicas y un sistema financiero nacional. El objetivo era proteger a sus industrias nacientes de la poderosa industria manufacturera británica.

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Para la clase dirigente estadounidense esta política estaba clara. En palabras de su decimooctavo presidente, Ulises S. Grant: Durante siglos, Inglaterra confió y aplicó medidas de protección, la llevó al extremo y obtuvo resultados satisfactorios. No cabe duda de que a este sistema debe su fortaleza actual. Tras dos siglos, Inglaterra ha encontrado conveniente adoptar el libre comercio porque la protección ya no tiene nada que ofrecer. Muy bien, caballeros, mi conocimiento de nuestro país me lleva a pensar que en un par de siglos, cuando los Estados Unidos hayan obtenido todo lo posible de la protección, adoptará el libre comercio”. Palabras premonitorias de Grant, aunque los Estados Unidos alcanzaron la preeminencia mundial un siglo antes de lo que él vaticinaba, tras vencer en dos guerras mundiales al resto de potencias capitalistas.

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Los estadounidenses sabían perfectamente de lo que hablaban. Como nos cuenta el prestigioso historiador económico Paul Bairoch: Preocupada por no favorecer en absoluto a los competidores potenciales de su industria, Inglaterra prohibió hasta 1843 la exportación de máquinas textiles y otros equipos”. Asimismo, la prohibición a la exportación de las máquinas de vapor sólo se levantó en 1820, la prohibición a la emigración de técnicos y trabajadores cualificados británicos no fue derogada hasta bien entrado el S.XIX y el proteccionismo no fue abandonado hasta 1846, cien años después del inicio de su revolución industrial. Todo ello acompañado de un inmenso imperio colonial donde sólo los británicos podían fabricar y comerciar libremente.

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Sólo el pragmatismo y una dominación del mundo nunca antes alcanzada por ninguna nación en la historia hicieron avanzar a Gran Bretaña hacia lo que se supone es el “libre mercado”. Bairoch nos recuerda que: “Inglaterra producía 50 veces más hierro, 75 veces más carbón y 100 veces más telas de algodón por habitante que el resto del mundo”. Eric Hobsbawm nos da otra clave de la nueva época que se avecinaba: “En 1860, […] la mitad de todas las exportaciones de África, Asia y América Latina convergían en un solo país, Gran Bretaña. […], la City londinense, era […], el centro de las transacciones internacionales […]. [Reino Unido era el] principal acreedor mundial debido a sus importantísimas inversiones en el extranjero”. Sólo unos pocos decenios después los británicos debatían si haber derogado sus medidas proteccionistas no era la razón de su relativo declive económico.

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Esa tradición económica fue la que adoptaron a su independencia la parte norte de los Estados Unidos. Esa tradición iniciada por Alexander Hamilton y continuada por Abraham Lincoln, Thomas Jefferson, Henry Clay, Henry Carey o el mismo Partido Republicano, entre otros. A esta doctrina económica – claramente, de ascendencia británica – se le llamo el Sistema Americano. Y como la historia demuestra, Estados Unidos se parapetó tras una “muralla aduanera” para que su industria pudiera desarrollarse sin miedo a que fuera arrasada por la mucho más avanzada y superior industria británica que podía proveer de productos mejores y más baratos.  El gobierno financió la construcción de infraestructuras – canales, carreteras, ferrocarriles, etc. –, instituciones educativas, subsidió a los agricultores, creó una moneda y un sistema financiero nacional.

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Este camino hacia la independencia y el desarrollo económico no fue, ni fácil, ni libre. Estados Unidos tuvo que enfrentarse a tres guerras en su territorio. La de la independencia, en 1776; la guerra de 1812, nuevamente, contra el imperialismo británico; y, una guerra civil. La idea era clara: no querían ser como la repúblicas iberoamericanas y ser dominados, como la máxima de la política imperial británica rezaba, por el comercio. No querían caer víctimas, como Henry Carey advertía, de una política económica que sólo servía a los intereses imperialistas británicos. Y esta fue la principal razón de la Guerra de Secesión. Como bien analizó, el economista alemán del S.XIX, Friedrich List, el libre comercio únicamente beneficia a los exportadores de materias primas agrícolas nacionales, perjudicando gravemente a los “fabricantes nacionales” y “la prosperidad económica nacional a largo plazo”.

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Estas dos formas económicas se enfrentaron en la Guerra de Secesión estadounidense. La mentalidad de los terratenientes sureños – la misma que caracteriza a los terratenientes y latifundistas iberoamericanos – partidarios de una economía agraria semi–feudal y esclavista, muy lucrativa y rentable para ellos, enfrentados a los proteccionistas industriales del Norte. Los intereses eran totalmente opuestos. Al Sur le interesaba poder exportar sus materias primas agrícolas al Reino Unido e importar los productos y bienes británicos, mejores y más baratos que los nacionales. Al Norte no le interesaba ver inundado el mercado nacional con productos británicos que acabarían con el tejido industrial nacional.

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Hay lecciones que es peligroso olvidar. La economía cuasiesclavista intensiva en la extracción de materias primas y la economía industrial son las dos caras de una misma moneda y se complementan: el “libre” comercio o  “libre” mercado. Los caballos de batalla del sur, plasmados en su Constitución, eran: esclavitud, libre comercio y austeridad. Como es lógico, los grandes terratenientes no necesitan realizar grandes inversiones públicas en una población que desprecian y a la que someten a la explotación más despiadada. Otra lección muy peligrosa de olvidar es el imperialismo.  Hemos adoptado un nombre nuevo – neoliberalismo – para denominar una antigua política – el imperialismo –. Esto es muy peligroso porque olvidamos como acabó esa carrera por el reparto del mundo: 2 guerras mundiales y decenas de genocidios.

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“Por una vez, tenemos que usar el máximo poder de este país contra ese pequeño país de mierda [Vietnam] para ganar la guerra. […] Henry, no tienes ni idea. Lo único en lo que tú y yo no coincidimos es en los bombardeos. A ti te preocupan mucho los civiles y a mí me importan un bledo. […] Sigo pensando que deberíamos destrozar las presas. […] prefiero usar una bomba nuclear. ¿Lo has entendido, Henry? […] Una bomba nuclear, ¿te preocupa? Quiero que pienses a lo grande de una vez, Henry”.

Richard Nixon en conversaciones con Henry Kissinger sobre las acciones a tomar en la guerra de Vietnam.

 “[…] Me di cuenta de que nunca más podría alzar mi voz contra la violencia de los oprimidos en los guetos si no le hablaba primero claramente al principal proveedor de violencia en el mundo actual: mi propio gobierno”

Martin Luther King, Más allá de Vietnam, 1967. 

No entiendo este rechazo sobre el uso de las armas químicas. Definitivamente hemos adoptado la posición en la Conferencia de Paz de argumentar a favor de las armas de gas como una forma permanente de la guerra […]. Estoy totalmente a favor del uso de gas venenoso contra tribus incivilizadas

Winston Churchill, en Consejo de Ministros, 1920.

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A raíz de los últimos acontecimientos que se están sucediendo en el escenario político internacional – el muy probable ataque a Siria, la persecución de Edward Snowden o la condena a Bradley Manning – no es muy complicado para quien tenga un mínimo interés en la investigación histórica que le vengan a la mente el caso del golfo de Tonkín o el nombre de Daniel Ellsberg. Si a esto le unimos el reciente de las supuestas armas de destrucción masiva en Iraq tenemos un mismo tipo de casos que se repiten recurrentemente en la historia. Todos ellos – sin detenernos en los muchos más que hay – se caracterizan por el cinismo y la hipocresía de los distintos gobiernos occidentales. No es que sea una característica única y propia de ellos, es que en teoría son el culmen de la civilización: el progreso, la libertad y la democracia. De ellos no debería o no podría esperarse acciones tan depravadas según lo que presumen y dicen representar.

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Los incidentes se demostraron como inventados – una pura engañifa – para entrar en sendas guerras – Iraq y Vietnam – y las personas se jugaron sus vidas para que la verdad se supiera y se conociera la verdadera entidad criminal de sus gobiernos. Tristemente quienes denunciaron el cinismo y los crímenes de los poderosos fueron y son acusados de traición y de poner en peligro la seguridad nacional. Bajo el alto secreto, bajo las premisas de interés y seguridad nacional se esconden los crímenes más abyectos de personas e intereses privados. Quien engañando y mintiendo manda a sus jóvenes a morir y a asesinar, quien comete gravísimos crímenes contra la humanidad por pura ambición personal es enterrado con todos los honores, recibe premios, ponen su nombre a calles y es reconocido socialmente. Quienes se enfrentan a estos crímenes, luchan por la paz, la justicia o los derechos humanos son perseguidos, encarcelados, coaccionados, acosados, investigados, retirado su pasaporte, etc.  Imagen

Es obsceno rasgarse las vestiduras por el uso de armas químicas, simplemente, porque han salido de la inventiva de Occidente. Porque aquí son fabricadas. Porque la venta de armas convencionales – éstas son las que más matan – es uno de los negocios más lucrativos de Francia, EEUU, Alemania, España o Gran Bretaña. Porque ha sido Occidente quien más ha hecho y hace uso y abuso de todas ellas. Porque es Occidente quien ha cometido los más atroces genocidios. Porque parece ser que el límite para ser considerado un genocida  – o un sátrapa como ahora gusta decir – no son los crímenes sino la derrota en dos guerras: la del campo de batalla y la de la propaganda.

¿Qué es esto?

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La primera bomba nuclear – Little Boy – lanzada sobre Hiroshima. El resultado fueron una ciudad arrasada y unas estimaciones – siempre difíciles – de 140.000 muertos.

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¿Y esto otro?

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Es fácil. La segunda bomba nuclear – Fat Man – lanzada sobre la ciudad de Nagasaki. Murieron más de 80.000 seres humanos.

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Se puede justificar asesinar a civiles inocentes dependiendo de qué bando sean y quién lo haga. EEUU justificó la cuestionable moralidad del lanzamiento de estas dos bombas nucleares sobre población civil argumentando que el fin era superior: evitar las supuestas 500.000 muertes de soldados estadounidenses en una invasión de Japón. Ocultaron – nuevamente la mentira como práctica habitual para justificar crímenes atroces – a sus conciudadanos que los informes oficiales cifraban, realmente, estas muertes en 31.000. Los Estados Unidos todavía no han pedido perdón, los gobiernos de Estados Unidos nunca piden perdón por los medios usados para llevar a buen puerto un “fin superior”.

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La Segunda Guerra Mundial como la Primera fue un enfrentamiento entre grandes potencias imperialistas. Estos enfrentamientos imperialistas continuaron finalizadas las mismas. Por ejemplo, la guerra de Vietnam fue una carnicería con más de 2.500.000 de civiles asesinados en un nuevo genocidio colonial que duró 30 años. Para Vietnam – como para la India, Argelia o Corea – los valores de libertad y democracia no eran aplicables. A los ciudadanos de Occidente estas guerras se les vendían como una lucha entre el bien y el mal, ocultando el apoyo a dictadores atroces que les eran afines a sus gobiernos y corporaciones.

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De por sí la razón de invadir estos países era obscena. Pero aún más obsceno fue el bombardeo de aldeas y el asesinato de civiles. EEUU lanzó alrededor de 80 millones de litros de material químico sobre los vietnamitas: Napalm y defoliantes. Un uso y abuso de las armas químicas nunca repetido. Pero no sólo eso, el bombardeo sobre el país equivalía a ¡Una bomba de Hiroshima por semana! Más de 1 millón de vietnamitas sufrieron secuelas debidas a las armas químicas lanzadas cuyas secuelas todavía perviven entre la población.

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Corea no se libró tampoco de ser arrasada por el poderío militar del imperio estadounidense. Las aldeas y ciudades sufrieron ataques y bombardeos con armas químicas, aunque su caso sea menos conocido. La carnicería fue tal que en tan solo 3 años de guerra murieron 1.850.000 civiles. Sin contar a los soldados, muchos de ellos niños y adolescentes – como en todas las guerras – llevados al frente para alargar la matanza. No hubo ninguna defensa de la democracia y la libertad, los Estados Unidos y sus aliados apoyaban a un dictador y continuaban una política colonial.

Imagen  En la foto: Un B-26 ataca con napalm una aldea de Corea del Norte, 10 de mayo de 1951. (Eurowon.com)

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Para los árabes y kurdos de Iraq después de la Primera Guerra Mundial no llegó la libertad y la independencia que Gran Bretaña decía encarnar. La caída del Imperio Otomano les deparó la invasión del Imperio británico. Sustituir la agresión de un imperio por otro. Ante la negativa a ser nuevamente subyugados, Churchill se vio “obligado”, en 1920, a bombardear y quemar las poblaciones de Iraq y gasear a sus moradores para aplacar las diferencias que mantenían con el Imperio británico. El amor de Winston Churchill por el crimen y las armas químicas venía de más lejos, pues también, quiso utilizarlas sobre las ciudades alemanas en 1919: “La política de utilizar armas químicas es una gran cosa y sólo puede ser descartado por una gran razón”.

RumsfeldSaddamHussein

En la década de 1980 un aliado de los Estados Unidos y Occidente en las mismas tierras, Saddam Hussein, atacó un país llamado Irán y gaseó con armas químicas vendidas por Occidente sus aldeas y ejércitos. En la ONU  el cinismo y la hipocresía de EEUU, Gran Bretaña o Francia quedó nuevamente al descubierto: el 21 de marzo de 1986, EEUU vetó – con la abstención de Reino Unido, Francia, Australia y Dinamarca – una resolución de condena contra el Iraq de Saddam Hussein por el ataque químico sobre la aldea iraní de Sardasht. Tampoco nada dijo entonces de los ataques contra la población kurda. En 7 años Iraq realizó más de 200 ataques con armas químicas con Irán apoyado por sus aliados occidentales.

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Antes de finalizar con la cruelmente sacrificada población iraquí no podemos dejar de detenernos en la última guerra de Iraq. Una agresión fabricada como siempre sobre una mentira: la existencia de armas de destrucción masiva. Nunca se encontraron porque no existían. Las supuestas pruebas fueron fabricadas por EEUU. El único país que usó armas químicas en esa guerra fueron los Estados Unidos acompañado por sus aliados. Estados Unidos lanzó sobre la población civil iraquí toneladas de uranio enriquecido y fósforo blanco. Los casos de cánceres, malformaciones genéticas en los recién nacidos se han multiplicado espectacularmente. Estados Unidos simplemente actuó como viene haciendo siempre pues también lanzó estas bombas durante 1991 y 2003 sobre Iraq. El mismo uso han hecho de estas armas sus aliados: Reino Unido e Israel.

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Un país laico que vivía con un alto grado de bienestar – a pesar de tener un régimen autoritario que caracteriza también a aliados de los EEUU como Arabia Saudí o Catar entre otros muchos – ha sido arrasado por los intereses petroleros de Occidente. Parece que nuestro sistema económico para subsistir tiene que trasladar los costes en forma de muerte y destrucción a otros seres humanos del planeta. En más de 20 años de agresión a Iraq la cifra de iraquíes que han muerto puede alcanzar los 3.000.000. El brutal bloqueo occidental que siguió a la primera guerra del golfo asesinó a 1.500.000 de iraquíes en 13 años, de ellos más de 600.000 eran niños menores de 5 años, según los datos de la ONU. Desde la invasión en 2003 – aunque está rodeado de gran polémica – el número de asesinados se sitúa entre 600.000 y 1.500.000 de seres humanos según las fuentes consultadas.  Ellos son los derrotados. Los olvidados…

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Hay pocos países occidentales que no hayan usado armas químicas en sus guerras coloniales. Por ejemplo, en Marruecos, España junto con Francia – con la inestimable colaboración técnica de Alemania – gasearon a escala masiva aldeas y campos de cultivos. Portugal utilizó armas químicas en Angola. Los supuestamente civilizados occidentales, simplemente, han puesto en práctica en todos los lugares una guerra de exterminio y devastación contra el supuesto “salvaje incivilizado”. Torturas, decapitaciones, genocidios, campos de concentración, violaciones, bombardeos, gaseamientos o quemas de aldeas han sido práctica común a todas ellas. No es que les hayamos liberado de sus sátrapas es que les hemos condenado a las muertes más crueles. Algunos dirán que “los otros” son iguales, pero es que nosotros decimos defender unos valores superiores.

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¿Será el hombre moderno capaz de luchar contra su tendencia a ser pasivo, a permanecer en silencio? Tucídides decía que: Es la libertad o la tranquilidad. Tienes que elegir. Serás libre o estarás tranquilo. No puedes tener ambas cosas”.

Cornelius Castoriadis, filósofo griego, 1990.

 

Cueste lo que cueste, pase lo que pase, yo intentaré sacar de la miseria a mi pueblo y darles a todos el mayor bienestar posible, basándome en los modernos cánones de la democracia

Jacobo Árbenz Guzmán, presidente de Guatemala, 1951 – 1954.

 “La propaganda fue en Chile la más socorrida de las acciones encubiertas. Era barata

 Informe del Comité Church del Senado de los Estados Unidos.

 

Lo más importante es la guerra psicológica en el interior de Chile. No tiene sentido tratar de prender fuego al mundo si Chile es un remanso de paz. El combustible necesario debe provenir del interior del país. En consecuencia, el puesto santiaguino debe hacer uso de cualquier estratagema, por estrafalaria que parezca, para crear esa resistencia interna

Cablegrama secreto del cuartel general de la CIA, 27 de septiembre de 1970.

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La tranquilidad en Chile vino de la mano de un golpe de estado y una dura represión con miles de asesinados y desaparecidos. En defensa de la “patria” y al grito de “libertad y democracia” la derecha chilena empujada por EEUU derrocó el gobierno democrático de Salvador Allende. Desde antes que éste fuera investido presidente la suerte estaba echada. Richard Nixon no tuvo reparos con su habitual desparpajo en decirlo, en reunión del Consejo de Seguridad Nacional, el 6 de noviembre de 1970: Nuestra principal preocupación en Chile es la posibilidad de que [Allende] se consolide, y que su imagen ante el mundo sea su éxito… Haremos chillar a la economía chilena. Y la economía de Chile chilló. Más tarde, Nixon también nos deleitaría con estas palabras: ¡Qué hijo de puta! ¡Qué hijo de puta…! […] Me refiero a ese hijo de puta de Allende. Vamos a aplastarlo”. Y Allende sería aplastado.

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El delito más claro de Allende y el que le condenó fue una política orientada a la independencia y la soberanía del pueblo chileno. El aumento del salario de los trabajadores, la reforma agraria y educativa, la nacionalización de las telelecomunicaciones, la banca o el cobre ponían en riesgo los intereses de las corporaciones estadounidenses y de la clase alta chilena al servicio de éstas. A partir de entonces las acciones estadounidenses se centraron según mostraron las comunicaciones secretas de la CIA y el gobierno en crear un clima propicio para el golpe (militar)” mediante el bloqueo económico internacional: … Haremos cuanto esté en nuestras manos para condenar al país y a sus habitantes a las privaciones y la pobreza más absolutas; el sabotaje, el boicot productivo, la especulación y acumulación de alimentos con el objetivo declarado de crear una “gran demanda de mercancías alimenticias”; un Parlamento que hizo imposible la gestión del presidente constitucional, unas huelgas patronales financiadas con decenas de millones de dólares estadounidenses, líderes sindicales que fomentaron huelgas y acabaron siendo presidentes del sindicato único de la dictadura, etc. Pero lo peor de todo fue el terrorismo. El terrorismo de estado. El terrorismo, las violaciones y las torturas. A pesar de preguntarse: ¿Supone Allende una amenaza mortal para Estados Unidos? Resulta difícil sostenerlo, y correr el riesgo de “… repetir los mismos errores que cometimos en 1959 y 1960, cuando llevamos a Fidel Castro a la esfera soviética”.

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El programa de Allende y su Unidad Popular nunca estuvo bien visto por los poderes económicos de Estados Unidos. En 1964, según probó el Comité Church del Senado, que analizó los informes secretos de la CIA, varias organizaciones del gobierno estadounidense se dedicaron a provocar “una campaña de pavor” mediante “un amplio uso de la prensa, la radio, el cine, panfletos, carteles, […], artículos de diario. […] Asimismo, se recurrió a la «desinformación» y la «propaganda negra»” durante la campaña electoral para imposibilitar el triunfo de Salvador Allende. Más tarde, las organizaciones de la CIA continuarían apoyando al diario chileno “El Mercurio” que desempeñó “un papel significativo en la preparación del escenario para el golpe del 11 de septiembre de 1973 […]. Tanto el gobierno de Estados Unidos, como la ITT canalizaron dinero a manos de individuos asociados al diario”.

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Desde el primer momento la opción del gobierno de EEUU fue dar un golpe de estado: “… El objetivo firme y vigente es el de derrocar a Allende por medio de un golpe de estado” o “… ¡intentar asesinar a Allende!”. La misión ordenada por el gobierno a los agentes estadounidenses era “estimular el malestar social y otros acontecimientos capaces de provocar acciones militares”. Había que crear el “caos” para abortar la toma de posesión de Allende aun a riesgo provocar un “derramamiento de sangre”, una “guerra civil” y una “matanza […] considerable”. Cuando los estadounidenses pudieron comprobar que el ejército chileno no daría ningún golpe de estado, que era “imposible una acción militar en ese momento” no cejaron en su propósito porque “sólo el caos económico o el surgimiento de serios disturbios civiles [podrían] alterar la postura de los militares”. La exigencia era entonces “incrementar el nivel de terrorismo [del grupo fascista Patria y Libertad] en Santiago […]. El objetivo de esta actividad es el de provocar un contraataque por parte de la Unidad Popular y disturbios callejeros” con el objetivo de evitar la toma de posesión de Allende.

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A los pocos días los servicios secretos estadounidenses apoyados por el grupo fascista que financiaban “Patria y Libertad” asesinaban  en un atentado al jefe del ejército, general René Schneider, partidario de la defensa de la Constitución. En opinión de la CIA el asesinato había conseguido su objetivo: “ahora Chile está sumido en el clima ideal para un golpe de estado”. A pesar de todo el gobierno de Allende tomó posesión y en las elecciones municipales de abril de 1971 lograba un apoyo del 50%, casi 14 puntos más que en septiembre del año anterior. Pero el terror y el terrorismo no desaparecieron. En 1973, otro ataque terrorista, un francotirador, acababa con la vida del edecán presidencial, el capitán de navío Arturo Araya Peeters, el último enlace constitucionalista del presidente con el ejército chileno. El jefe del ejército, general Carlos Prats, partidario de la Constitución y del régimen democrático se veía obligado a dimitir y, más tarde, a exiliarse en Argentina donde sería asesinado por un coche bomba puesto por la CIA y la DINA transcurrido un año del golpe de estado.

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Ante esta situación el presidente Salvador Allende estaba decidido a poner su cargo a disposición del pueblo chileno convocando un plebiscito sobre su persona y las reformas en curso. Este plebiscito, esta votación democrática, nunca pudo llevarse a cabo porque un golpe militar, el segundo en un intervalo de pocos meses, acababa con la vida de Allende y la democracia chilena. El miedo a que los chilenos pudieran ratificar la gestión de Allende en esas complicadas circunstancias aceleró la sedición de parte del ejército que llevaba tiempo preparando el golpe de estado. Curiosamente, se asistía nuevamente a cómo la instauración de la “libertad” socaba todas sus garantías y se llevaba por delante los Derechos Humanos. Se pueden hacer múltiples paralelismos con lo acontecido en Chile en 1973 y lo ocurrido en decenas de casos más donde el cambio social fue parado a golpe de asesinatos.

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La Guatemala de 1954 bajo el gobierno de Jacobo Árbenz con un programa de corte nacionalista y socialdemócrata tenía la intención de realizar una reforma agraria y educativa, construir infraestructuras, nacionalizar los recursos naturales en manos de corporaciones extranjeras, industrializar el país, mejorar las condiciones de los trabajadores, etc. Pero la búsqueda de la justicia y el bienestar para su pueblo y la independencia económica chocó con los intereses de la United Fruit Company y los terratenientes locales. La campaña orquestada contra él fue terrible, el fantasma del comunismo resurgió. Los intereses económicos se vistieron de libertad. El sueño de progreso y avance social de Guatemala fue un amargo despertar de bombardeos aéreos, violaciones, asesinatos, aldeas quemadas, desplazados y torturas. Los trabajadores, campesinos, maestros y estudiantes que votaron por Árbenz encontrarían la muerte o sucesivas dictaduras y regímenes autoritarios promovidos por los Estados Unidos.

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Nada nuevo había ocurrido en Iberoamérica. Se seguía el mismo patrón que había asolado durante décadas la región: injerencia, desestabilización, terrorismo, torturas, violaciones de los derechos humanos y golpes de estado, cuando no invasiones militares. Todos ellos ampliamente documentados en los informes de los servicios secretos. Gobernar para las transnacionales estadounidenses. Esto es lo que han hecho los mandatarios chilenos, guatemaltecos u otros muchos. Tiene más poder el embajador estadounidense que sus ministros. Es el presupuesto militar estadounidense el que sustenta a las oligarquías locales. El que mantiene una estructura social jerarquizada, clasista y tremendamente desigual. Es una transacción. Poder a cambio de convertirse en una colonia o semicolonia. Es el paradigma del libre mercado. Exportar recursos naturales a cambio de ninguna compensación para su pueblo, pero cuantiosos emolumentos para su oligarquía rentista, absentista y corrupta, e importar las manufacturas de las grandes potencias industriales.

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Más tarde la propaganda continuaría su labor haciendo creer que el golpe de estado fue algo inevitable debido a la desastrosa gestión socialista de Allende. Simplemente, es algo totalmente falso cuando el mismo Allende estaba dispuesto a poner su cargo y su gestión a disposición del pueblo chileno mediante un plebiscito. Menos de una década después vendría el colapso de la economía chilena con las políticas privatizadoras y el libre mercado impuestos por el gobierno y sus asesores estadounidenses. El paro que con Allende era del 4,3% ascendía al 22% diez años después de su muerte, los salarios de los trabajadores chilenos cayeron un 40% con los militares “salvapatrias”, la pobreza pasó del 20% con Allende en el gobierno al 40% cuando Pinochet abandonó el poder 17 años más tarde. Todo lo que se privatizó, ante la quiebra financiera generalizada, tuvo que nacionalizarse. El hambre, más fuerte que el miedo – como nos cuenta Greg Palast –, sacó a la gente a la calle. El gobierno militar dio marcha atrás y tuvo que implementar un plan Keynesiano tras el colapso del PIB que cayó un 19% en sólo dos años. Todo un milagro económico el Chile desregularizado.

FriedmanPinochet

Sin embargo, el precio que se pagó por obtener tranquilidad absoluta y orden valió la pena. Los intereses de las corporaciones transnacionales están garantizados en la Constitución chilena redactada por el gobierno militar. La oligarquía chilena es más rica de lo que nunca fue. A cambio el pueblo de Chile renuncia al cobre o al agua. Renuncia a beneficiarse de sus recursos. Los trabajadores tienen jornadas de 12 horas por poco más del salario mínimo bajo la protección de un código del trabajo heredado de la criminal dictadura. Las medidas espurias nos cuentan que la inflación está sostenida, aunque el poder adquisitivo de la población sea muy reducido o que la renta per cápita asciende a 20.000 dólares, aunque más del 90% de los chilenos cobre poco más de 720 dólares al mes. Es el precio de la exacerbada desigualdad.

Finalmente, tras una ardua lucha. La libertad se impuso…

Pinochet

Nota:

Para conocer el cinismo, la catadura moral y la bajeza de ciertos “gobernantes democráticos” es imprescindible pararnos a leer la carta de condolencias que le envió Richard Nixon al presidente en funciones de Chile, Eduardo Frei Montalva, tras el mismo ordenar el asesinato del general René Schneider:

Estimado Sr. Presidente:

El estremecedor atentado contra la vida del general Schneider constituye una mancha en las páginas de la historia contemporánea. Quisiera transmitirle el pesar que me produce el hecho de que en su país haya tenido lugar tan repugnante acontecimiento. …

NixonSuerte

Postdata:

Para finalizar quiero recordar el último comunicado de Salvador Allende por radio desde La Moneda mientras el golpe de estado contra su gobierno se estaba produciendo y era consciente de su suerte final:

Seguramente esta es la última oportunidad en que me pueda dirigir a ustedes… Mis palabras no tienen amargura, sino decepción, y serán ellas el castigo moral para los que han traicionado el juramento que hicieron… Ante estos hechos, sólo me cabe decirle a los trabajadores: ¡Yo no voy a renunciar! Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad del pueblo.

Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen… ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos… Siempre estaré junto a ustedes. Por lo menos, mi recuerdo será el de un hombre digno que fue leal a la lealtad de los trabajadores.

El pueblo debe defenderse, pero no sacrificarse. El pueblo no debe dejarse arrasar ni acribillar, pero tampoco puede humillarse.

Trabajadores de mi patria: tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo, donde la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor.

¡Viva Chile! ¡Viva el pueblo! ¡Vivan los trabajadores!

Éstas son mis últimas palabras y tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano. Tengo la certeza de que, por lo menos, habrá una lección moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición.

AllendeMitín

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Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen… ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor

Salvador Allende, alocución radiofónica de 11 de septiembre de 1973, horas antes de su asesinato.

No se puede negar que el Fascismo y movimientos similares destinados a la creación de dictaduras están llenos de las mejores intenciones y que su intervención ha, por el momento, salvado la civilización Europea. El mérito que el Fascismo ha de ese modo ganado por sí mismo vivirá eternamente en la historia”.

Ludwig Von Mises.

Mi preferencia personal se inclina a una dictadura liberal y no a un gobierno democrático donde todo liberalismo esté ausente.

Fiedrich Von Hayek, declaraciones al diario El Mercurio, 12 de abril de 1981.

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En Chile desde el año 2011 los movimientos sociales han vuelto a tomar las calles ante el desprestigio que sufre el actual sistema político. El sistema chileno adolece de una enorme falta de representatividad. Sus políticos no toman en consideración las necesidades de grandes capas de la población que se sienten abandonadas y han perdido la confianza en sus representantes legales. Esto puede observarse fácilmente en la participación en las elecciones democráticas que no alcanza a más del 40% del electorado.

El caso chileno no es muy diferente a lo que se está viviendo en España durante los últimos años o en otros países caracterizados por sus regímenes de democracias constitucionales. La población no se siente representada, se siente ignorada y sus actuales representantes políticos han caído en un absoluto descrédito que se refleja tanto en encuestas como en votaciones. El sistema está tan desprestigiado que muchos no votan o lo hacen con absoluto cinismo o desesperanza. Las tasas de abstención en democracias totalmente asentadas y, supuestamente, ejemplares sólo pueden provocar asombro y preocupación. Pero es lógico ante una población que ve como la corrupción y la connivencia entre los poderes representativos y económicos está carcomiendo los cimientos del estado Social.

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Entre muchos chilenos que han protagonizado las recientes protestas se encuentra la certeza de la falta de legitimidad del sistema constitucional. Es una democracia otorgada por una dictadura militar. Su Constitución data de 1980, los redactores fueron elegidos por el gobierno militar, el plebiscito que lo aprobó está sembrado de dudas ciertas acerca de su limpieza y las reformas que ha sufrido no han tocado la esencia de una Constitución donde la protección de los monopolios privados y las oligarquías es absoluta.

A Chile como a España y otros países que han protagonizado las reformas neoliberales de las últimas cuatro décadas les ocurre que se encuentran bajo un sistema de gobierno bancario – corporativo por ponerle un nombre que no tiene la pretensión de ser científico, pero que se acerca totalmente a la realidad. La connivencia entre el Estado y las empresas privadas es total. Los lobbies o grupos de presión empresarial como ocurre en Europa o EEUU tienen una responsabilidad directa en las políticas que toman los gobiernos del país.

Entre las principales quejas de los chilenos se encuentran las tasas y precios usureros que sufren a manos de los monopolios que controlan el agua, la banca, la electricidad, la alimentación y otros servicios básicos. Los abusos a los ciudadanos no son corregidos y éstos sienten una enorme desprotección. Pero, es obvio, que esta enorme concentración de la propiedad y el control que ejercen los poderes económicos sobre el regulador faciliten los abusos que cometen estas corporaciones. Las mismas son las que se apropian de la mayor parte del crecimiento económico que ha vivido Chile en estos últimos años donde el 85% de la facturación de ventas pertenece únicamente al 1% de las empresas o que el 95% de las exportaciones lo realicen igualmente el 1% de las empresas.

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Por tanto, a pesar del crecimiento económico – éste se ha cuadruplicado en los últimos veintitrés años – el país se encuentra sumido en enormes problemas sociales. Problemas, totalmente, silenciados y olvidados tanto por la prensa como por el Parlamento. Cuando puede haber visos de un cambio político la oligarquía y sus medios sacan la bandera del miedo, el peligro de la polarización social y el recuerdo de la dictadura militar. De todas maneras, es muy complicado que pueda darse este cambio social y político porque en la Constitución se ha blindado que cualquier cambio de calado pueda ser vetado por un tercio del Parlamento. Por tanto, prácticamente, con poco más de un 15% del censo electoral chileno. De cualquier modo, los chilenos no pueden distinguir en su actual bipartidismo al que conduce su sistema binominal carente de representatividad entre la izquierda y la derecha.

Las carencias del sistema se pueden mostrar en las tasas de pobreza que sufre Chile, aunque estas tasas dependen siempre de cómo se midan. La pobreza medida según la metodología del gobierno alcanza al 14,4% de la población. Está bastante bien. Pero, el problema se avecina si lo medimos según la metodología estadounidense donde alcanzaría al 35% o la europea que nos daría una cifra cercana al 47% de la población. Por tanto, el gobierno – como buen alumno neoliberal – sólo contabilizaría una pobreza que raya la indigencia.

Chile podría decirse que es el perfecto laboratorio neoliberal. El paraíso soñado por Friedman, Hayek o Mises. Un espejo en el que podemos mirarnos para conocer nuestro futuro. No hay ningún derecho garantizado. Por ejemplo, el sistema de pensiones está privatizado y pertenece a 4 empresas financieras. Es un sistema de capitalización que cobra altísimas comisiones cercanas al 14%. El rendimiento para los trabajadores es bajo, puesto que, al 70% de los trabajadores les quedará una pensión de jubilación de menos de 100.000 pesos mensuales, alrededor de 158 euros. Por tanto, con esa pensión se puede considerar que en la próxima década habrá 5,6 millones de pensionistas pobres. La pensión promedio son 150.000 pesos que poco más da para sobrevivir.

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Las familias dedican mensualmente el 70% de sus rentas a pagos bancarios. Un sistema financiero oligopólico que, también, está controlado por 4 bancos. Como en muchos otros lugares las familias son esclavas de la deuda. Es lógico. La educación no está garantizada y 500.000 estudiantes tienen una deuda en préstamos para cursar sus estudios de 3.000 millones de dólares en un sistema altamente segregador y elitista. Una educación carísima herencia de una dictadura que redujo el gasto público en educación del 7% del PIB al 3%. Un sistema que como la sanidad y las pensiones son el negocio de unas pocas empresas y que ha visto como varios rectores han acabado en los tribunales por tráfico de influencias y sobornos.

Los abusos a los trabajadores también son habituales. No hay un derecho a la huelga, existen enormes problemas para sindicarse, el código del trabajo es el de la dictadura militar cuando los trabajadores fueron severamente “castigados” y sólo el 10% de los trabajadores tiene derecho a la negociación colectiva. Los bajos salarios fomentan el pluriempleo y la precariedad social en una gran mayoría de la población. El 76% de los trabajadores no superan el equivalente a dos salarios mínimos que no son complementados con transferencias sociales dado que el Estado tiene pocos ingresos y los bienes y servicios públicos, los recursos naturales están en manos privadas.

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Pero en Chile hay paz. No hay polarización social. Este es legado de la dictadura. La dictadura legó tranquilidad. No importa que haya tal cantidad de pobres ni tal cantidad de población precaria. No importan los problemas de vivienda ni la formación de guetos. Ni una sanidad dual que permite que el sistema privado se lleve casi la mitad de los recursos económicos mientras sólo atiende al 20% de la población. Ni que un tratamiento contra el cáncer cueste 40 millones de pesos, 15 salarios medios anuales. Lógicamente sin ayuda te puedes dar por muerto. Ni que haya una transferencia brutal de riqueza hacia el 1% de la población, ni que las transnacionales – extranjeras –  se lleven los recursos de los chilenos y estén exentas de pagar impuestos. Este es el precio de la paz social. Este es el precio de estar tranquilos.

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Los ricos se esforzarán para establecer su dominio y esclavizar al resto. Siempre lo han hecho. Siempre lo harán… Tendrán el mismo efecto aquí como en cualquier otro lugar, si no conseguimos [mediante el poder del] gobierno, mantenerlos dentro de sus propias esferas de actuación

Governeur Morris, considerado como uno de los Padres Fundadores de los Estados Unidos, 1752 –1816.  

 

La historia registra que los cambistas han hecho uso de toda forma de abuso, intriga, engaño y todo medio violento a su alcance para mantener el control sobre los gobiernos controlando el dinero y su emisión

James Madison, 4º presidente de los Estados Unidos, considerado uno de los Padres Fundadores de la nación.

El Congreso debe tener el poder de acuñar moneda y regular el valor de la misma

Constitución Americana, Artículo 1, sección 8, párrafo 5; Filadelfia, 1787.

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Es posible que muy pocas personas conozcan la principal razón de la Revolución Americana que supuso la independencia de las 13 colonias de Norteamérica del Imperio Británico. Es lógico. La mayor preocupación que tienen las personas que deciden la información que debemos recibir es la tergiversación, la manipulación y la ocultación de la historia en provecho propio. Esta actuación provoca que nuestro conocimiento esté condicionado a los prejuicios e intereses de unos pocos. Pocos, pero muy poderosos. Después que este falso conocimiento aparezca en los grandes canales de información por ellos controlados, que se extienda de forma viral convirtiéndose en una verdad absoluta no entraña mayor dificultad. Simplemente se deben controlar los canales primarios de comunicación.

Como verdad absoluta ha quedado que la Revolución se produjo por la negativa de las colonias británicas de Norteamérica a pagar impuestos. Sabemos que para el actual pensamiento dominante la idea de la injusticia y el robo que supone el pago de impuestos – como idea simple sin entrar en su complejidad – es algo así como mentar al diablo. La cosa no es tan simple. Ese estallido revolucionario, simplemente fue un punto de no retorno producido por una grave crisis de austeridad que venían sufriendo las colonias americanas desde hacía una década.

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Las colonias norteamericanas habían descubierto hacía tiempo el secreto del dinero: no importaba lo que respaldara el dinero sino quien controlaba su emisión y su cantidad. Este mismo secreto también fue descubierto por la República Romana casi dos milenios atrás. La República suministraba a sus ciudadanos un dinero barato y abundante acuñado en bronce y cobre. Este dinero abundante evitaba que sufrieran una escasez del mismo y la economía pudiera gozar de una buena salud. En otros lugares – como la Inglaterra del año 1100 – el gobierno simplemente recurrió a hacer su dinero legal para el pago de impuestos y deudas, aunque éste fueran palos de madera tallada. Todo cambió en ambos lugares cuando se implantó el patrón oro. Cuando sólo podía pagarse en moneda de oro o respaldada por él. Y el oro tiene el inconveniente de que es escaso y se encuentra en manos de unas pocas personas privadas que pueden controlar su valor.

Una de las características de estos sistemas monetarios es que el dinero era emitido por el propio gobierno sin deuda. Este hecho supuso arrebatar el monopolio del dinero a los plutócratas – los muy ricos – que eran quienes poseían el oro. Por tanto se lograba beneficiar con este sistema a las personas trabajadoras, no a los rentistas y usureros. En las colonias británicas de Norteamérica la escasez de metales que sufrían evitó todo acercamiento al patrón oro. En el uso del dinero éste podía tomar la forma de pieles, tabaco o, incluso, papel moneda. Estas son las experiencias que trasladó uno de los Padres Fundadores de los Estados Unidos a sus compatriotas británicos en las distintas ocasiones que estuvo en Londres.

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En palabras de Benjamin Franklin era imposible encontrar una población más feliz y más prospera en toda la superficie del globo que la que habitaba las colonias de Norteamérica. Afirmaciones como ésta y las noticias que llegaban de esa prosperidad a Londres intrigaban a los funcionarios ingleses, que preguntaron a Franklin cuáles eran las razones a las que se debían tanta prosperidad en aquellas tierras. Franklin les respondió emitimos nuestro propio dinero. Se llama Colonial Scrip. Lo emitimos en la proporción justa que demanda el comercio y la industria para que los productos circulen fácilmente desde los productores a los consumidores. De esta manera, creando para nosotros nuestro propio dinero, controlamos su poder de compra, y no debemos pagarle interés a nadie”. Él mismo Franklin era el encargado de emitir y controlar ese papel moneda.

Esta política de las colonias norteamericanas iba directamente en contra de los presupuestos de la política imperial británica fundada en unas colonias que sólo debían ser abastecedoras de materias primas baratas y receptoras de los productos manufacturados de Inglaterra. E iba en contra de los intereses de los grandes financieros europeos que querían continuar controlando el monopolio de la emisión de moneda. Este dinero que era, simplemente, un papel moneda, libre de deuda, impreso con la garantía del gobierno y sin respaldo de oro o plata hacía tambalear ambos monopolios. Un dinero basado en la confianza y de una simpleza pasmosa proveía de prosperidad a las colonias. Esta idea era terrible porque los grandes financieros perdían su control, el monopolio, su capacidad para someter a gobiernos y pueblos enteros y, enriquecerse con su trabajo.

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Ante esta peligrosa idea, el Parlamento inglés decidió en 1764 que las colonias debían plegarse al patrón oro. A partir de ese momento para comprar productos y pagar impuestos era necesario poseer oro. En poco tiempo las colonias se quedaron sin sus reservas de oro, la población no podía comprar los productos ante la escasez de este metal. El comercio se detuvo y las colonias entraron en una profunda depresión. Ante las fatales consecuencias de la austeridad Franklin escribió En un año, las condiciones fueron tan adversas que la era de la prosperidad terminó, y se instaló la depresión, de tal manera que las calles de las colonias está repletas de desempleados”. Las colonias se encontraban estranguladas financieramente. El oro y la plata habían volado a los bolsillos de los grandes financieros europeos.

Esta época de crisis profunda, aumento de los gastos de guerra británicos y el expolio colonial llevaron a las 13 colonias a rebelarse contra el Imperio Británico. Las negociaciones llevadas a cabo por Franklin fueron infructuosas. Éste escribiría más tarde Las colonias habrían aceptado gustosamente los pequeños impuestos sobre el té y otras materias primas si Inglaterra no hubiera extraído a las colonias su dinero, lo que creó desempleo e insatisfacción. La imposibilidad para los colonos de recuperar el poder de emitir su propio dinero de forma permanente, lejos del control de Jorge III y los banqueros internacionales fue la razón fundamental de la guerra revolucionaria”. Es el mismo Franklin quien niega la historia dominante. Es él quien desmiente los actuales lugares comunes. Con el tiempo la historia se olvida, o bien, se falsifica y maneja según los intereses de algunos. Es importante adaptarla para que sustente ciertas ideologías fundamentadas en intereses y prejuicios.

La lucha contra las instituciones bancarias y los plutócratas siempre estuvo en la esencia de los revolucionarios norteamericanos. Una lucha que no finalizó con la independencia sino que continuó y continúa en la historia de los Estados Unidos. Thomas Jefferson escribió Creo sinceramente que las instituciones bancarias son más peligrosas para nuestras libertades que los ejércitos en armas. El poder de emisión debe ser rescatado de los bancos y restaurado a sus dueño legítimo, el pueblo”. La lucha de Jefferson siempre estuvo dedicada a devolver la emisión de la moneda a su único poseedor en un régimen democrático de libertades: la soberanía popular. Si esto no se conseguía se cernirían sobre la población de los Estados Unidos los males habituales provocados por los banqueros Si el pueblo americano permite alguna vez a los banqueros privados el control de la emisión de su moneda, primero por inflación, luego por deflación, los bancos y las corporaciones que crecerán a su alrededor privarán a la gente de todas sus propiedades hasta que un día sus hijos se despierten sin hogar en el continente que sus padres conquistaron”.

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La lucha contra la imposición de un nuevo banco central privado controlado en su mayor parte por financieros internacionales llevó a la guerra contra Gran Bretaña de 1812–1814. Siempre Jefferson lamentó la instauración del primer banco central de los Estados Unidos Aunque hemos tan ingenuamente permitido que el poder [de emitir nuestro propio dinero sin deuda] sea robado por individuos privados, creo que podemos recuperarlo… A los estados se les debe pedir que transfieran el derecho de emitir dinero de papel al Congreso, a perpetuidad. O que se permitiera en la redacción de la Constitución que el Gobierno pudiera coger prestado a entidades o individuos privados, en lugar de continuar emitiendo su moneda libre de deuda Desearía que fuera posible obtener sólo una única enmienda a nuestra Constitución… Quitándole al gobierno federal el poder de coger prestado”.

La lucha contra los plutócratas continuó con Andrew Jackson al que intentaron asesinar. Continuó con Abraham Lincoln al que asesinaron. Esta lucha fue retomada por James Garfield que fue asesinado y, finalmente, el último presidente de los Estados Unidos que se enfrentó a las corporaciones privadas que monopolizan la emisión del dinero fue John F. Kennedy que murió asesinado, también ¿Todos estos hechos pueden ser considerados casualidades? Tal vez. Pero todos estos presidentes intentaron devolver la soberanía nacional al pueblo. Andrew Jackson tenía una opinión firmemente asentada de los banqueros internacionales presentes en el Segundo Banco de los Estados Unidos Sois un nido de víboras, tengo la intención de arrancaros de nuestro país y por el Dios eterno juro que lo haré”. Porque la razón de perseguir el banco privado y negarle el monopolio del dinero siempre fue la misma: salvaguardar la soberanía nacional y el bienestar de los ciudadanos.

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Es fácil imaginar que grandes males pueden venir a nuestro país y sus instituciones de tal concentración de poder en las manos de unos pocos [que son] irresponsables ante la gente… ¿No constituye un peligro para nuestra libertad e independencia el tener un banco que tiene tan poco en común con nuestra nación? ¿No representa el mismo una causa de temor al pensar en la pureza y la paz de nuestro proceso electoral y en la independencia de nuestro país en guerra?… Al controlar nuestra moneda, al recibir nuestro dinero público, mantiene a miles de nuestros ciudadanos en un estado de dependencia… Sería algo más temible y peligroso que el poder militar de un enemigoAndrew Jackson, 7º presidente de los Estados Unidos, 1832.

Por tanto, en momentos como los actuales, debemos aprender mucho de una historia que se repite con tal asiduidad en la vida de los hombres. Es demasiado malintencionado e interesado hablar de déficit o deuda pública. De gasto público. Cuando, en realidad, lo importante es centrarse en quién controla cuánto dinero tenemos y por qué. Y deberíamos saber que esas personas privadas que controlan el dinero, que lo manipulan y nos manipulan, sólo buscan inmolarnos en el altar de un beneficio para ellos aún mayor. Sabemos que es una lucha, siempre ha sido así y siempre lo será. EEUU ganó a los financieros y al Imperio su Revolución, pero sólo fue temporal. Desde entonces, esta batalla se continúa librando, una lucha ininterrumpida entre el despotismo y la libertad. La libertad contra el vasallaje. Unas veces gana el pueblo, otras los déspotas. Actualmente, los déspotas están venciendo. Europa, el BCE, estrangula a las naciones en beneficio de los intereses corporativos y financieros. Somete a los gobiernos al haber perdido éstos el derecho y la obligación a emitir su propio dinero. Hoy la soberanía del pueblo ha sido de nuevo subyugada. 

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