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Archive for the ‘Crisis Financiera’ Category

Buenos días a todos,

Os voy a dejar el programa que grabamos con los compañeros de Colectivo Burbuja sobre la situación actual de Argentina. Es muy interesante – aunque está mal que yo lo diga J – porque los paralelismos con la situación española son alarmantes y, al mismo tiempo, esperanzadores. Además, contamos con la colaboración de un amigo argentino, que nos habla de primera mano de la experiencia que allí han vivido.

Argentina demuestra que otras políticas económicas son posibles y, que estas políticas pueden llegar desde el interior del mismo sistema político cuando una parte de él se da cuenta que la situación de intervención extranjera puede llevar al país al colapso. El único inconveniente es que esta parte del espectro del sistema político sólo cambió su forma de actuar una vez sobrevenido el colapso económico. Lo ideal en España sería que este cambio viniera desde fuera del actual panorama político o arrastrado éste por un amplio movimiento ciudadano contra las actuales políticas imperialistas del FMI y la Unión Europea que sólo favorecen a las grandes fortunas y corporaciones transnacionales hundiendo a amplias capas de la población en la pobreza y la marginación.

Este el objetivo que tienen y han tenido siempre las políticas de Ajuste Estructural – hoy llamadas Reformas Estructurales – en todos los lugares donde se han aplicado. La liberalización comercial, las aperturas de los mercados financieros o las privatizaciones en masa han devastado economías enteras a lo largo de estos últimos 40 años, hundiendo los salarios y destruyendo el tejido productivo nacional. Cumpliendo el objetivo principal – no declarado – someter a los países a una aguda dependencia económica y política y concentrando la riqueza inusitadamente. Argentina no ha roto con el pasado neoliberal, pero sí le ha puesto coto y, sólo el futuro nos dirá hasta donde puede llegar su actual deriva política. Sin más os dejo con el programa, espero no haberos aburrido. Que lo disfrutéis J

Muchas gracias por vuestra atención. Saludos.

21 de Julo 2013. Argentina.

Hoy hablamos sobre los paralelismos entre la Argentina pre-corralito de finales de los 90 y la situación actual en España, la situación actual de Argentina y qué evolución podemos esperar. Con Eduardo González, Jordi Llatzer y Emilio José. Conduce Juan Carlos Barba.

http://cort.as/4r52

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La empresa moderna era y es ciega. Sabemos que efectivamente produjo la revolución industrial, pero este no era el objetivo de los empresarios. Tales hombres, codiciosos y ansiosos de acumular la máxima ganancia no son raros – de todos modos no lo fueron en Europa desde las Cruzadas en adelante – ni su comportamiento es muy recóndito. La empresa privada estimulará el desarrollo económico y la revolución industrial si, y solo si, los beneficios a obtenerse de ese modo son mayores a los que se logren por otros medios. Si no lo son, no lo hará”.

Eric HobsbawmEn torno a los orígenes de la revolución industrial.

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Echando la vista atrás al comienzo de la crisis, no podemos por más que pensar que la gestión de ésta está siendo buena. Incluso, podríamos decir excelente. El objetivo del sistema económico actual es el beneficio y las ganancias, la acumulación capitalista y el enriquecimiento. La competitividad, la codicia y el dinero son los becerros de oro que dan sentido al sistema capitalista que nos domina. Por tanto, cuando observamos que el número de millonarios crece un 13% durante el último año, el beneficio de la gran banca un 79% hasta septiembre, la bolsa española sube más de un 16% durante este año y, además, más de 6 millones de personas deben pelear por empleos cada vez más precarios y con peores salarios, no podemos por más que congratularnos. Solo podemos llegar a una conclusión: la gestión de la crisis está siendo excelente. Y todavía podemos obtener éxitos aun más grandiosos porque el número de millonarios amenaza con crecer un 110% más hasta 2017.

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El fin del sistema capitalista es el beneficio, el enriquecimiento. Ni la libertad, ni la democracia, ni el progreso social. Si éste no se consigue mediante la innovación tecnológica o productiva, debe conseguirse por otros medios. Los medios son coyunturales, lo importante es el fin. Y el fin es obtener la máxima ganancia. Nunca ha importado que se haga a costa de la explotación de otros seres humanos sino que ha sido y es imprescindible. Por tanto, si el sistema no alcanza sus objetivos por unos medios utilizará otros, se adaptará en la búsqueda de sus fines. El capitalismo no es un sistema inmóvil, es un sistema en constante evolución, sus métodos y formas pueden variar, pero el objetivo que guía a éstos es siempre el mismo. Entonces, una vez que conocemos su esencia no puede sorprendernos que vuelva repetidamente a usar la explotación y la desposesión de las personas para reproducirse.

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Si hoy en día la ganancia capitalista se ha recuperado en España – y en el mundo – ha sido a costa de evolucionar hacia una mayor explotación de las personas y una constante expulsión del personal sobrante. Sumados a los millones de parados que nunca volverán al mercado laboral están los 3 millones de españoles que se encuentran en situación de “pobreza severa”, el doble que al principio de la crisis. Pero la pobreza no es una situación novedosa de la crisis, es estable y estructural, aunque agudizada por ésta, la pobreza infantil se eleva a casi al 27%, sólo 3 puntos más que al comienzo de la misma. Y es que es una situación lógica porque para que una minoría pueda tener mucho, poseer todo, otros no pueden acceder a nada. Esta es la naturaleza de las “reformas estructurales” que están aplicándose en España, ahora, si cabe con más saña que nunca. Guardando las formas democráticas del bien común se dice que son necesarias para crecer, acabar con la crisis y el desempleo. En realidad su función es concentrar aún más la riqueza y la propiedad, aumentar las rentas y salvar fortunas en peligro.

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Es la oligarquía dominante mundial, depredadora y extractiva, quien mediante sus diversos instrumentos e instituciones, el FMI o la Unión Europea, siempre bajo la tutela de Washington, trasvasa enormes cantidades de riqueza y recursos a sus carteras. Los métodos son numerosos y se adaptan a las diferentes situaciones y características de cada país. En España, por ejemplo, la usura bancaria mediante los intereses de una deuda – pública* y privada – desproporcionada y unas comisiones bancarias que han crecido un 186%** entre 2007 y 2012; la rebaja salarial de los trabajadores desde la última reforma laboral que supera el 10%, pero es simplemente continuar una tendencia, porque entre 1994 y 2011, los salarios ya habían caído también otro 10%; unido al aumento de la jornada laboral; los rescates a la banca mediante ayudas directas, avales, estafa a los preferentistas, el ‘banco malo’; el rescate a las concesionarias de autopistas; el rescate encubierto a las eléctricas mediante subidas de la luz que superan el 70% en los últimos 7 años, a pesar de tener sobrecapacidad eléctrica; las privatizaciones de los bienes y servicios públicos de ayuntamientos y Comunidades Autónomas; etc.

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Para esta oligarquía, las empresas, los trabajadores, los seres humanos, el gobierno, los partidos políticos, las instituciones son instrumentos utilizados según la coyuntura histórica, social y económica y están supeditados a alcanzar sus objetivos de máximo beneficio y acumulación. Para la gran burguesía y la aristocracia hace ya casi dos siglos unidas indisolublemente y siempre tendentes a unas relaciones endogámicas, la democracia de masas – la única y verdadera democracia – es algo nunca deseado, siempre despreciada. Todavía, la democracia parlamentaria burguesa era un mal menor en cuanto a que sólo una mínima parte de la población podía participar en ella. Pero, el radicalismo democrático era dar cabida en su mundo – dominado por el darwinismo social, el racismo y la eugenesia científica – a esa “multitud detestable” que tanto habían despreciado siempre. Y cuya única función vital dada su objetiva inferioridad era ser explotada.

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Entonces las palabras dichas por Vladimir Ilich ‘Lenin’ hace ya más de cien años vuelven a tomar una vigencia sorprendente: “Las crisis demuestran que los obreros no se pueden limitar a luchar por obtener de los capitalistas concesiones parciales, ya que, cuando se produzca el crac, éstos no sólo arrebatarán a los trabajadores los derechos conquistados sino que los harán todavía más precarios. Y así continuará sucediendo inevitablemente”. Y es así como nuevamente se repite en la historia que las crisis sí son una oportunidad para aumentar la explotación y la desposesión de la mayoría por una minoría cuya codicia no tiene freno, ni límites. Una minoría que pasará por encima de cualquiera y avasallará a todos los que se le opongan.

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La democracia no es un derecho natural, nunca fue otorgada, fue conquistada, siempre fue una lucha, los derechos individuales y sociales nunca fueron concedidos por convencimiento de la igualdad de todas las personas. Cuando en una sociedad se acepta que se puede explotar a las personas, es decir, trabajar 12 horas por menos de 500 euros o hacer millones de horas extras gratis, la democracia no existe, mucho menos el respeto a los Derechos Humanos, la libertad o la igualdad. Cuando a una persona se le quitan sus medios de subsistencia y se hace dependiente de otros, nunca puede haber libertad. Lo que hay es miedo, necesidad y hambre. Ese es el proyecto de la Unión Europea de las corporaciones: la jornada laboral de 65 horas, el trabajador pobre, la generalización de la pobreza. Este es el actual sistema globalizado que tanto ha colaborado a construir. Una involución social para Europa, los países desarrollados, una vuelta al capitalismo que colapsó en 1929, pero una constante realidad para los países subdesarrollados, siempre dominados por la explotación colonial de las potencias capitalistas.

DegradaciónMoral

Hacia 1500 comenzó el proceso de transición al capitalismo industrial, marcado por un nivel de explotación de los seres humanos que no había tenido parangón en la historia. Sus víctimas no tienen cabida en la Historia. Hubo que esperar hasta el S.XX para que en la mayoría de los países industrializados se alcanzaran un mínimo de derechos democráticos, que, sin embargo, conllevaban la expulsión de determinados grupos humanos. En Suiza, las mujeres no pudieron votar hasta 1971; los negros, los chinos, otras minorías étnicas y sociales o los pueblos autóctonos, los “no blancos”, nunca estuvieron considerados como sujetos dignos de tales derechos democráticos hasta la segunda mitad del S.XX. Como nos dice Eric Hobsbawm, la cuna de la democracia liberal, el Reino Unido de la segunda mitad del S.XIX “era sin duda menos restrictivo que, por ejemplo, Bélgica, […], pero ni era democrático ni lo intentaba ser”. El voto censitario determinado por la posición de poder y la fortuna personal era la norma. Identificar capitalismo y democracia es ilusorio. El capitalismo no es democrático, nunca lo ha sido, nunca lo será, porque su razón de ser no es esa. Lo que está marcado por el afán de dominación y explotación en pos del máximo beneficio nunca podrá salvaguardar una verdadera democracia.

Los bancos han ganado con los intereses de la deuda pública 17.300 millones.

** Según un estudio realizado por ADICAE, las comisiones bancarias han crecido un 265,57% entre 2004 y 2012.

 

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El poder corrompe. Igual que un gobierno puede corromperse cuando detenta el poder absoluto, los mercados también pueden corromperse cuando los investimos con ese mismo poder ilimitado. Estamos viendo los efectos de ese poder hoy en día. El empobrecimiento y miseria de millones de personas y su eventual esclavitud

Mahatir Mohamed, primer ministro de Malasia, 1981–2003.

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El FMI no es una entidad neutral. El FMI tiene unos intereses muy concretos. Es una institución que representa los intereses de Wall Street y las corporaciones estadounidenses. El FMI no se equivoca. Nunca se equivoca. Cuando escribe en un informe que las reformas estructurales a lo mejor han ido más allá de lo necesario. Es simplemente una muestra de cinismo o un lapsus de honestidad. El FMI nunca comete la equivocación de elevar los salarios, aumentar el gasto social, mejorar las condiciones laborales de los trabajadores o aumentar el poder adquisitivo de la población. Ese es un tipo de “equivocación” que nunca va a cometer.

No podemos creer que licenciados y doctorados en Harvard, Yale, la London School of Economics, Cambridge, Berkeley y muchas otras de las mejores instituciones académicas globales puedan equivocarse repetidamente ¿Por qué iban a continuar tomando las mismas medidas que han causado tanto dolor y miseria a tantos pueblos? Siempre las mismas medidas con los mismos lamentables resultados. Es fácil. Su función es saquear países y eso lo hacen a conciencia y meticulosamente. No tenemos que tener miedo a utilizar la palabra “saqueo”, pues eso es lo hacen estas instituciones internacionales: *OMC, FMI, UE, BM, etc. Pueden ser dogmáticos y crueles, pero no son tontos y saben muy bien lo que hacen y a quién benefician siempre.

La crisis que ha vivido España no es nada característico ni idiosincrático de este país. Está dentro de la dinámica de la economía internacional. No es la corrupción ni la incompetencia política – por mucho que sí existan objetivamente – el principal causante de la crisis. El principal problema ha sido la corrupción del sistema financiero global. Hoy totalmente quebrado. De esta crisis de la deuda privada española podemos encontrar repetidos antecedentes en el pasado cercano. Por ejemplo, en la crisis sufrida por los países del Sudeste Asiático a finales de los 90.

Tras más de tres décadas de crecimiento económico y reducción de las desigualdades y la pobreza, altas tasas de ahorro, políticas industriales, gasto público en educación y ciencia; a principios de los años 90 estos países fueron fuertemente presionados por los Estados Unidos para abrir sus mercados financieros. Por ejemplo, se obligó a Tailandia a quitar las limitaciones que tenían los bancos para dar créditos inmobiliarios. Y Corea aceptó a regañadientes que sus bancos y empresas pudieran endeudarse en moneda extranjera Con la liberalización de sus mercados financieros llegó un enorme flujo de dinero occidental – europeo y, sobre todo, estadounidense – a las economías asiáticas –. Este dinero dedicado principalmente a la especulación creó una gigantesca burbuja inmobiliaria en esta región.

¿Burbuja inmobiliaria con dinero especulativo europeo y estadounidense? Me suena bastante familiar… Fue una época de enormes beneficios, de congratulaciones de los financieros internacionales porque sus medidas traían grandes cantidades de capital, acababan con las ineficiencias económicas de los controles y las regulaciones sobre éstos y, acarreaban un rápido crecimiento económico. Sin embargo, como siempre ocurre “contra todo pronóstico” la burbuja inmobiliaria explotó dejando miles de edificios de oficinas y apartamentos vacíos. La enorme orgía especulativa creada por los bancos estadounidenses y los mercados internacionales acabó como acaban todas: reventando y, como siempre ocurre, se llevó por delante el mercado financiero local ¿A qué parece una experiencia muy cercana?

El estallido de la burbuja especulativa – porque el dinero que llegó durante esos años sólo fue a especular – provocó el pánico. Los banqueros se pusieron, podríamos decir, nerviosos, aunque no es seguro porque sabían que a su rescate acudiría el FMI y el Tesoro estadounidense. Qué, faltaría más, acudieron. Pero surgió un problema. Los países del Sudeste Asiático no querían la ayuda del FMI. Conocían como funcionaban las medidas del FMI y quienes iban a pagar las consecuencias del rescate financiero. Pero, un poquito de extorsión por aquí y por allá, alguna llamada de teléfono a horas intempestivas – ¿A qué os suena? – y todo arreglado. Corea y Tailandia cogieron los préstamos del FMI.

La Indonesia de Suharto puso más reparos, poniendo como decía Robert Rubin – el entonces secretario del Tesoro – en peligro “la confianza” de “los mercados internacionales y los inversores domésticos” al no aplicar las reformas (estructurales) y, no combatir “la corrupción” ¿A qué os suena? Pero, Suharto acabó aceptando el préstamo y los recortes sociales y, Suharto acabó cayendo, porque los préstamos y las reformas del FMI no estabilizaron el Sudeste Asiático sino que lo condenaron al caos, porque el dinero no fue a estabilizar estos países sino directamente a rescatar a los bancos e inversores estadounidenses – y a las grandes fortunas nacionales – que rápidamente sacaron los dólares del FMI, avalados, respectivamente, por los pueblos de Corea, Tailandia e Indonesia, que luego pagarían el desastre de las apuestas inmobiliarias de estos bancos. Y, las reformas hundieron la economía en una profunda crisis.

Por tanto, asistimos a como el dinero del FMI tomado por estos países va directamente a los bancos estadounidenses que han especulado, que sacan rápidamente ese dinero del país hundiendo la economía, convirtiendo el dinero de su rescate en deuda pública y, luego esta deuda tendría que ser pagada por los trabajadores con recortes sociales, nuevos impuestos y la privatización de bienes públicos ¿A qué resulta familiar? El paro se multiplicó por 10 en Indonesia, llegando al 15%; por cuatro en Corea y por tres en Tailandia. En países donde no existía un seguro por desempleo las consecuencias eran gravísimas. El PIB se hundió. Las medicinas dejaron de estar al alcance de la población, al igual que la educación. Además el FMI retiró los subsidios a la alimentación y la energía provocando una gran carestía. Y todo ello para rescatar a unos bancos corruptos, para que éstos, luego volvieran a un país plagado de gangas.

Según Robert Rubin y los financieros internacionales la crisis se debió a la corrupción intrínseca de estos países y a sus malas instituciones ¿no resulta esto bastante familiar? Dicho esto por una persona que venía de Goldman Sachs y que, más tarde, posibilitó la fusión ilegal de Citicorp y Travellers Group, creando posteriormente una ley ad hoc – que derogaba la ley Glass–Steagall – para legalizarla y, que junto con Larry Summers y Alan Greenspan desreguló el mercado de derivados, no deja de ser “curioso” ¿Cómo te quedas cuando te llama corrupto un tipo que le facilita saltarse la ley a una institución bancaria para luego acabar en esa misma institución cobrando 126 millones de dólares?

Entonces, tenemos a países que llevaban tres décadas de crecimiento, superávit económico y una importante reducción de la pobreza, que de repente, tenían que ser reformados de arriba abajo porque los bancos estadounidenses estaban al borde de la quiebra por sus malas apuestas inmobiliarias ¿Cómo va a reformar tu país otro tipo, Larry Summers, que tras desregular el mercado de derivados con el apoyo de Alan Greenspan se levanta más tarde 20 millones de dólares de un fondo de inversión dedicado a esos menesteres? ¿Puede haber mayor corrupción y cinismo que la de estos banqueros que a cambio de cientos de millones hunden a millones de seres humanos en la miseria y la desesperación? Es difícil.

No todo les salió tan bien como esperaban. El FMI resbaló en Malasia. El presidente Mohamed aguantó la extorsión y no se plegó al matón de los mercados, cesó a su ministro de Hacienda partidario del FMI – una figura, Anwar Ibrahim, ampliamente ensalzada por la prensa estadounidense – y tomó las medidas más repudiadas por el FMI, los mercados y la ideología del “libre mercado”. Primero, Malasia tenía a sus bancos estrictamente regulados y protegidos, no les había permitido endeudarse fuertemente con los mercados internacionales. Cuando la crisis estalló con más virulencia, Malasia bajó los tipos de interés y ordenó que toda su moneda – el ringgit – que se encontrara fuera del país volviera inmediatamente. Además, prohibió durante un año la salida de las inversiones extranjeras a corto plazo. Malasia practicó el control de capitales mediante un impuesto a la salida de los mismos.

Con estas medidas Malasia salió en un espacio muy breve de tiempo de la crisis, un año. Evitó el ataque de los especuladores a su moneda y a su mercado financiero. Protegió a sus empresas que no sufrieron los tipos de interés leoninos recomendados por el FMI, evitando las quiebras masivas que se produjeron en Tailandia, Corea o Indonesia, que exacerbaron la crisis económica. Y protegió a sus trabajadores no aplicando recortes y reformas sociales que hubieran hundido a éstos en la miseria a cambio de recibir un préstamo del FMI para rescatar a los bancos extranjeros.

Malasia se enfrentó a la “buena” economía y a la corrupción de los mercados financieros y sus instituciones. Esta crisis tiene enormes paralelismos con la española y también, enormes enseñanzas para nosotros. Aquí por orden de la Unión Europea y del FMI, los banqueros internacionales y las grandes fortunas siguen siendo rescatados de sus malas apuestas a costa de todos nosotros. Sus intereses no son los nuestros. Malasia fue un mal alumno, no hizo los deberes y cometió todos los pecados habidos y por haber contra la ortodoxia de los mercados. No hay nada como de vez en cuando desobedecer, ser un mal alumno y no hacer los deberes.

* Organización Mundial de Comercio (OMC), Fondo Monetario Internacional (FMI), Banco Mundial (BM), Unión Europea (UE).

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 “El *holocausto nació y fue ejecutado en nuestra moderna sociedad racional, en un alto estadio de nuestra civilización y en la cima del logro cultural humano, y por eso es un problema de nuestra sociedad, civilización y cultura”.

“[El holocausto] se produjo en medio del ensordecedor silencio de gente que creía ser decente y ética, y que sin embargo no entendía por qué las víctimas, que mucho tiempo antes habían dejado de ser consideradas miembros de la familia humana, eran merecedoras de su empatía moral y su compasión”.

Zigmunt Bauman, sociólogo polaco.

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El domingo estuve viendo la película El Pianista (Roman Polanski, 2002). No la había visto antes. Mientras veía la película estuve haciendo una pequeña búsqueda de información histórica acerca del gueto de Varsovia y el alzamiento.  Los crímenes nazis son de todos conocidos. La violencia que puede ejercer el ser humano sobre otros de su misma especie nunca podrá dejar de sorprendernos y no podrá ser equiparable a cualquier otra especie animal.

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Esto nos debería llevar a descartar los análisis y opiniones etnocéntricas, nacionalistas o localistas llenas de prejuicios y estereotipadas. La violencia y las masacres son algo inherente a toda raza, imperio o nación que haya existido sobre la faz de la tierra. Como ha escrito Zigmunt Bauman: “Para lo que significa la modernidad, el genocidio no es una anomalía ni una disfunción”. Los nazis no inventaron el genocidio, ni fueron los primeros, ni han sido los últimos en perpetrar uno. Si hay algo particular en su genocidio es la meticulosidad industrial y de fábrica que lo caracteriza.

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Sus fundamentos tampoco eran nuevos. El odio racial o religioso, la superioridad de unas razas o personas sobre otras, el darwinismo social, la eugenesia o eliminación de los seres más débiles o poco útiles de la sociedad, la búsqueda de un chivo expiatorio al que cargar los problemas sociales y económicos, los reiterados pogromos contra minoría étnicas y religiosas, las invasiones militares y las políticas expansionistas propias del imperialismo, la explotación colonial, las guerras de conquista y exterminio. Nada nuevo. Nada que haya perdido vigencia. Nada que no formara parte y práctica de los siglos más recientes de Occidente. Nada que no fuera respetable y razonable entre finales del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX.

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Pero volviendo al tema que nos ha traído aquí. La destrucción de Varsovia y la consiguiente deuda moral y económica contraída. Una meticulosa destrucción que se dio tras sofocar y reprimir brutalmente el alzamiento de la ciudad contra las tropas invasoras alemanas en agosto de 1944. La posterior venganza de Hitler fue terrible tanto en víctimas humanas como materiales. La ciudad fue arrasada. Absolutamente devastada. Cada edificio destruido, uno a uno, con explosivos y lanzallamas. La idea – nueva locura – era crear un lago sobre las ruinas de Varsovia.

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Esta sistemática destrucción tenía toda la idea simbólica de borrar de la faz de la tierra lo que antes había sido el orgullo de Polonia. No solo bastaba con exterminar a su población sino también cualquier vestigio de su antiguo esplendor. Se prestó especial atención en la destrucción de la cultura y la historia polaca: los monumentos y los archivos nacionales fueron barridos. La historia de una nación o de un pueblo está en su memoria y está tenía que ser destruida.

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Las pérdidas materiales podemos resumirlas así: el 94% de los edificios históricos fueron demolidos piedra a piedra. Entre ellos, 25 iglesias, 923 edificios, la Biblioteca Nacional y otras 13 bibliotecas más, 81 escuelas primarias, 64 escuelas secundarias y las dos universidades; A principios de 1945, ya había sido devastado el 85% de la ciudad, alrededor de 10.455 edificios. Obras de arte y ciencia, libros históricos, arquitectura y escultura, la historia de Varsovia quedó absolutamente arrasada.

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La práctica totalidad de los ciudadanos sobrevientes de Varsovia habían perdido sus propiedades. El ayuntamiento de Varsovia hizo, en 2004, un cálculo de las pérdidas acumuladas por tamaña destrucción de propiedades municipales y privadas situándolas en unos 45.000 millones de dólares de ese año. En 2005, la cantidad ascendía ya a 54.600 millones de dólares. El valor de lo que se perdió en términos humanos y materiales es incalculable. Todavía hoy la ciudad de Varsovia reclama a Alemania una indemnización nunca pagada, unos daños materiales y morales nunca subsanados.

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Sin embargo, la deuda alemana fue en gran parte condonada en el año 1953. Como bien ha analizado Eric Touissant, los acuerdos de Londres de 1953 suponían para Alemania unas condiciones muy ventajosas en el pago de su deuda y su reconstrucción: 

Alemania veía reducida su deuda un 62,6%, situándose en 3.450 millones de dólares [el 25% de su PIB entonces];

Se posponía el abono de las indemnizaciones y las deudas de guerra contraídas con los países y regiones invadidas, agredidas o anexionadas y sus poblaciones;

Alemania podía suspender el pago de la deuda y renegociar las condiciones si se presentaba algún cambio significativo en la situación económica propia;  

El pago de la deuda tenía que ser compatible con un alto crecimiento y una mejora de las condiciones de vida de la población;

Reembolsaría la deuda en su propia moneda – muy devaluada – con la ventaja de que su banco central emitía la misma [hoy Grecia se encuentra a expensas del BCE que puede estrangularla económicamente y no tiene posibilidades de emitir su propia moneda para pagar la deuda];

Los países condonantes permitían a Alemania sustituir importaciones por producción propia y elevar las exportaciones para mantener una balanza comercial positiva [se fomentaba la reindustrialización alemana y el control gubernamental de la economía];

Alemania no tendría que dedicar más que una vigésima parte – un 5% –  de sus ingresos por exportaciones al pago de la deuda [hoy Grecia dedica entre el 25 y 30% de sus exportaciones al pago de la deuda];

La deuda alemana quedaba bajo la jurisdicción de los tribunales alemanes que podían rechazar las sentencias de las instancias de otros países;

Alemania gozó de un tipo de interés excepcionalmente reducido de entre el 0% y el 5% [en este caso Grecia también goza de un tipo de interés relativamente bajo, el 2,2%, aunque no tan bajo como podría ser si el BCE quisiera… El problema es que con las políticas de austeridad que ahondan la depresión económica la deuda no se reducirá sustancialmente e, incluso, seguirá creciendo;

Por último, Alemania recibiría cuantiosas donaciones por valor de 1.373 millones de dólares dentro del Plan Marshall [es como si Grecia recibiera el 40% del importe de su deuda actual en inversiones para reindustrializar el país: 127.000 millones de euros].

No es este el trato que Alemania ha dispensado a sus vecinos. En la guerra franco prusiana del S.XIX, una Francia ocupada y derrotada tuvo que pagar a la Alemania imperial unas reparaciones de guerra formidables para la época: 1.000 millones de francos oro. Y lo hizo. Una Alemania derrotada en la I Guerra Mundial pagó cantidades irrisorias en reparaciones de guerra. Se negó a pagar postergándolo indefinidamente. Tras la II Guerra Mundial se le condonó gran parte de la deuda y pagó en cómodos plazos en una moneda devaluada. No es el mismo trato dado a unos y a otros. No es el mismo trato que Alemania da a los ciudadanos del sur de Europa – constantemente criminalizados e injuriados – asolados por unas políticas de austeridad y el peso de una deuda contraída de forma fraudulenta por la especulación financiera de las oligarquías financieras, que les condenan a la miseria, la crisis y la revuelta social.

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¿Es la deuda algo sagrado como algunos nos cuentan? En absoluto. La deuda es una cuestión de poder. Si eres débil pagas. Si eres fuerte eliges quien paga por ti. En este asunto simplemente reina la asimetría y la injusticia más absolutas. No existe ningún tipo de justicia internacional. Únicamente, la coacción del fuerte sobre el débil. **Alemania no está investida de ningún tipo de superioridad moral para reclamar una deuda formada a raíz de la corrupción del sistema financiero internacional. Una corrupción tanto del sistema financiero alemán como del estadounidense, el griego o el español. Los países débiles pagan. Los ciudadanos corrientes pagan o son desahuciadas. Ellos no serán rescatados. Banqueros y plutócratas ven como sus deudas son asumidas por los ciudadanos corrientes. ¿Cómo puede investirse con algún tipo de superioridad moral quien ampara la mayor corrupción internacional?

Solo nos queda el consuelo de que nos estamos sacrificando por un bien superior: ¿el fin de la crisis? No. El bienestar de los más ricos.

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* El holocausto conllevo el asesinato sistemático y premeditado de 20 millones de seres humanos. De los cuales 6 millones eran judíos.

**Alemania como representación de la élite político – financiera que gobierna el país. No como la totalidad del país y sus ciudadanos.

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El plan de austeridad se parece mucho a la simple expresión de las preferencias de la clase superior, oculta tras una fachada de rigor académico. Lo que quiere el 1% con los ingresos más altos se convierte en los que las ciencias económicas dicen que debemos hacer

Paul Krugman, premio Nobel de Economía, 2013.

Es costumbre de los ricos y de sus acólitos de ver una virtud social en lo que sirve a sus intereses. Es igualmente evidente la tendencia paralela de los economistas a encontrar virtud en lo que aplauden los hombres distinguidos y opulentos

 J. K. Galbraith, El dinero, 1975.

Contestaremos a su demanda de un patrón oro, diciéndoles: No debéis apretar sobre las sienes del trabajo esta corona de espinas, no debéis crucificar a la Humanidad en una cruz de oro

William J. Bryan, candidato a la presidencia de los Estados Unidos, 1896.

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La situación que se vive actualmente no es tan novedosa como podríamos creer. Las ideas que se imponen tampoco. Las crisis financieras seguidas de su consecuente crisis de austeridad son más predecibles y recurrentes de lo que podríamos esperar. Durante el S.XIX se produjeron crisis financieras capitalistas en los Estados Unidos en los años 1819, 1837, 1857, 1873, 1884, 1893, y luego en el S.XX en 1907 y 1921, coronadas finalmente con el colapso absoluto en 1929. En Europa las crisis también eran frecuentes, por ejemplo, la crisis de 1846–48 dio lugar a la ola de revoluciones que invadió Europa en 1848.

Estas sucesivas crisis eran consustanciales a un sistema capitalista caracterizado por la desregulación, la acumulación de los capitalistas, el despilfarro, la sobreproducción y un proletariado empobrecido, que creaba períodos de expansión con la subsiguiente contracción y crisis. Fue a principios de la década de 1840, cuando un joven Friedrich Engels ya entonces describía esta naturaleza cíclica del capitalismo entre la prosperidad  y las crisis cada vez más violentas. Más tarde, comentaría en 1880 “… El comercio se detiene, los mercados están atestados, los productos son tan abundantes como invendibles; la moneda se oculta, el crédito se desvanece, las fabricas se cierran, la población obrera se encuentra desprovista de medios de subsistencia por haberlos producido antes en exceso, las bancarrotas se suceden, lo mismo que las ventas a precios ínfimos… Entonces, hay que volver a empezar. Hemos atravesado cinco crisis desde 1825 y acabamos de salir de la sexta”.

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Todos estos períodos de constantes crisis de devastadoras consecuencias, sobre todo para la población trabajadora dieron al traste tras el crac del 29. El fracaso de las políticas en el presente llamadas neoliberales anteriormente conocidas como clásicas o neoclásicas – sustentadas en la austeridad y el control de la inflación – para salir de la prolongada depresión de la década de 1930 desembocó en el ascenso de los fascismos y en una II Guerra Mundial que fue la mayor carnicería hasta entonces conocida. Esto llevó a tomar medidas encaminadas a la regulación bancaria, el control de la política monetaria por parte de los gobiernos, la creación de entidades, políticas e instituciones de protección social, la creación del Estado de bienestar, el empoderamiento de los sindicatos, los derechos laborales y sociales, etc.

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Estas políticas que sacaron a Occidente de la Gran Depresión con un prolongado período de estabilidad financiera ajeno a sus características crisis bancarias pronto empezaron a ser combatidas por los economistas al servicio de los financieros y las grandes fortunas. La antigua ideología económica renació con fuerza, maquillada de modernidad para reconquistar todas las instituciones políticas, mediáticas y académicas que durante algún tiempo había perdido. Puesto que esta ideología es tenida como una verdad absoluta – una ciencia hartamente demostrada e irrefutable – podríamos repasar la veracidad de algunos de sus pilares básicos:

Dos de los presupuestos fundamentales de la economía neoliberal que tienen gran predicamento: el techo de déficit del 3% o la curva de Laffer fueron escritos en una servilleta. El techo de déficit fue una pura invención y una cifra escogida de forma totalmente arbitraria. Ante esto podríamos dudar totalmente de su rigor científico.

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Igualmente nos ocurre con la curva de Laffer que nos dice que las bajadas de impuestos aumentan la recaudación y activan la economía. O valga una ironía: cómo hacer que los ricos no paguen impuestos y que la recaudación se eleve. Como dijo John K. Galbraith es característico como un importante grupo de economistas liberales recurre homeopáticamente a la reducción de los impuestos como remedio para todos los males”. Tampoco vamos a centrarnos en hacer sangre comparando la política impositiva de protección a las grandes fortunas de Arthur Laffer con la nórdica o la centroeuropea. Pero pongamos un ejemplo cercano: España, adalid durante los gobiernos de José María Aznar de la economía de la oferta, recauda 16 puntos menos de PIB que Dinamarca. El equivalente a 168.000 millones de euros anuales.

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Si analizamos los resultados vemos que la economía de la oferta – con su curva de Laffer y la supuesta estabilidad presupuestaria – que caracterizó la presidencia de Ronald Reagan provocó un aumento de la deuda y el déficit público estadounidense no conocido desde la II Guerra Mundial, una expansión desproporcionada del gasto militar – conociendo paradójicamente “Keynesianismo militar” a este período – y dos graves crisis económicas. Una de ellas debida a la nueva desregulación financiera que acabó con el colapso de las Cajas de Ahorro rescatadas a costa del erario público. En palabras de John K. Galbraith:

“Fueron años de exceso en el mundo financiero: endeudamiento corporativo, bonos basura, prestamos imprudentes e irreflexivos, especulación con bienes inmuebles, [que acabó] en una crisis especialmente aguda en la industria de la construcción. El problema del desempleo se agravó. La recesión y el desempleo se extendieron [globalmente]”.

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Otro pilar básico del neoliberalismo es la independencia del Banco Central. Primero esta independencia es ficticia pues está controlado por los banqueros privados que tienen unos claros intereses. Tras esto se esconde simplemente el monopolio de la emisión del dinero. El control del dinero por manos privadas que puede maniatar y estrangular a los gobiernos. Ya decía Mayer Amschel Rothschild allá por el S.XVIII “Dame el control de la moneda de un país y no me importa quien haga las leyes”.

Asimismo, el Banco Central privado no supone una mayor estabilidad financiera, puesto que, desde su fundación no ha supuesto una reducción de las crisis financieras. Todo lo contrario. Por ejemplo, la FED fue creada en 1913. En los 20 años anteriores a su creación quebraron 1.748 bancos. Sin embargo, en los 20 años posteriores quebraron 15.502 con el absoluto colapso del sistema financiero. La responsabilidad siempre ocultada de la FED fue clara. Su actuación siempre ha fomentado los auges especulativos y ha exacerbado las posteriores crisis. No cumplió con su función de supervisor y regulador de las buenas prácticas financieras en la concesión de préstamos ni cuando tuvo la obligación hacerlo la de prestamista de último recurso.

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El Crac del 29 estaba más que anunciado. En los buenos años del gobierno de Calvin Coolidge – entre 1923 y 1929 – daban quiebra unos 600 bancos cada año. La época anterior al Crac como todas las anteriores épocas a una crisis financiera había destacado por los salarios estables, el aumento de la productividad, unos beneficios empresariales que se triplicaron, una especulación exacerbada y un aumento de la desigualdad sólo comparable a la alcanzada en la Gran Recesión actual.

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Los bancos sin ningún tipo de control continuaban funcionando como lo habían hecho siempre: la concesión de préstamos estaba fuertemente condicionada por los lazos familiares y personales. Era totalmente habitual que la mayor parte de los préstamos fuera a sus directores, a sus parentelas o  los amigos. Era inútil decir  que los bancos proporcionaban el dinero que financiaba la especulación que siempre precedía al crac”. Parafraseando a John K. Galbraith es inútil decir que han sido los bancos los que han alimentado la máquina del gran colapso global de 2007. Es clamar en el desierto decir que es el BCE y la FED los que  permitieron el crecimiento de la gran burbuja y, ahora, están agudizando la crisis, provocando un enorme dolor en pos de sus intereses ideológicos de clase.

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La inacción del gobierno Hoover en los años posteriores al Crac del 29 llamando a una purificación revivificadora y el apego a las políticas de austeridad llevaron a que a finales del año 1933 hubieran desaparecido prácticamente la mitad de los bancos de Estados Unidos: en 1929, 659; en 1930, 1.352; en 1931, 2.294. Pero actitudes como negar la crisis e insuflar confianza no son nuevas tampoco. El presidente Hoover en una recepción con una representación de filántropos partidarios de las obras públicas para recuperar la economía les espetó Caballeros han llegado ustedes con sesenta días de retraso. La depresión ha terminado. Era 1930.

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El miedo infundado a la inflación tampoco es una moda novedosa. Pero un miedo selectivo, porque cuando más se estaban exacerbando las conductas especulativas de los Trust – monopolios – previas al Crac, nada se hizo ante esa inflación de activos. Según el secretario del Tesoro Ogden L. Mills Nuestra moneda descansa sobre todo en el crédito de los Estados Unidos. Destruid este crédito (por ejemplo, con una acción indebidamente precipitada), y todos los dólares que manejéis serán mirados con recelo. No importaba que ya pocos estadounidenses tuvieran dólares que gastar, el sistema financiero estuviera totalmente colapsado y la inflación era una posibilidad ilusoria. Era 1932. El alejamiento de la realidad y el sentimiento de inmunidad ante sufrimiento al que estaban siendo sometidos sus conciudadanos huían al entendimiento del gobierno, preocupado por los intereses de una clase dominante que no estaba sufriendo la crisis.

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Finalmente, tuvieron que ser las políticas nacidas del “New Deal” y la Ley Glass – Steagall quienes crearan las buenas instituciones financieras y los incentivos correctos. Estas políticas supusieron dar la espalda a la FED, la autorregulación o total ausencia de regulación del mercado, la política monetaria mil veces demostrada ineficiente y la austeridad. Puso coto a la especulación financiera y apartó a los banqueros del poder que tenían en otras empresas. En el año 1933, mientras quebraban 4.004 bancos más, se multiplicaban las carreras a los bancos y el Gobierno se veía en la necesidad de declarar el cierre de todos ellos el 6 de marzo de 1933 ante el inminente colapso del sistema financiero; se creaba la Federal Deposit Insurance Corporation. Al año siguiente, 1934, se produjeron únicamente 62 quiebras. Solo 9 de ellas estaban bajo el paraguas de la FDIC. En 1945 sólo se produjo una quiebra.

“La anarquía de la Banca incontrolada había sido eliminada, no por el Sistema de Reserva Federal, sino por la oscura, nada prestigiosa e indeseada Federal Deposit Insurance Corporation” John K. Galbraith.

La FDIC creada a iniciativa de Henry B. Steagall tenía como fin garantizar los depósitos de los estadounidenses en caso de una posible quiebra bancaria. Dado que se haría cargo de los bancos quebrados tenía un poderoso incentivo para supervisar férreamente el comportamiento de los banqueros. Según la Asociación de Banqueros Americanos esta propuesta era un “[un plan] insensato, anticientífico, injusto y peligroso” y combatirían “hasta el último reducto” contra la FDIC. Este era, por tanto, un irresponsable plan que crearía peligrosos incentivos que favorecerían a los peores bancos en detrimento de los mejores. En realidad, lo que se encontraba en peligro para los grandes banqueros era el monopolio que ejercían sobre el dinero mediante la FED.

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La creación de la FED el banco privado de los grandes financieros, que tuvo el monopolio del dinero hasta 1934 no supuso ninguna estabilidad para el sistema financiero. En cambio, la FDIC fue quien tomó las riendas del sistema financiero y la política económica. Fue esta institución quien cumplió con la supervisión del sistema financiero para evitar los auges especulativos y los prestamos irresponsables. Fue la FDIC quien actuó como prestamista de último recurso dando a la economía la liquidez que era tan necesaria.

En 1999 la Ley Glass – Steagall sería derogada porque impedía el desarrollo del mercado financiero. En tan sólo 8 años el sistema volvería a colapsar. 74 años después la gente volvería a correr a los bancos: Northern Rock tendría que ser nacionalizado. Parece una historia de rabiosa actualidad ¿no creéis?

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“El que tenga deudas, que las pague. Que no se hubiera endeudado”

Ante estas últimas declaraciones de la ex ministra de vivienda – María Antonia Trujillo – no se puede expresar nada más que indignación. Lo que sentimos y pensamos mejor no lo diremos. Esta señora que, mientras, fue ministra de vivienda invitó a todos los ciudadanos a comprar viviendas, a endeudarse, aun sabiendo que éstas estaban enormemente sobrevaloradas – inflados sus precios artificialmente, conscientemente, por banqueros y agentes del mercado inmobiliario – como el propio Miguel Sebastián o Miguel Ángel Fernández Ordoñez advirtieron en 2002 y 2003. Como su propio partido sabía, pero que todos olvidaron rápidamente, cuando llegaron al gobierno.

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Esta señora actuó de forma que condenó a cientos de miles de personas a endeudarse de por vida o a perder sus ahorros en la mayor estafa perpetrada en la reciente historia de España. Contribuyó por acción y omisión a que estas personas compraran bienes a crédito que no valían ni una cuarta parte de su precio. No actuó como una ministra del gobierno de España – como una servidora pública – sino como una sierva de los banqueros que permitió el fraude de las tasadoras e inmobiliarias. Ante la complicidad de todos los gobiernos vemos como con sus acciones en connivencia con los poderes financieros y empresariales han abocado a la quiebra a las cajas, los bancos, las empresas, las familias e, incluso, al Estado español.

Ante la desgracia que viven millones de personas condenadas al paro, a la pobreza, a la precariedad, nos encontramos ante una psicópata más. Se jacta de ser una persona responsable cuando no actuó contra la estafa inmobiliaria. Si no quiso, malo. Si no pudo, debió dimitir. Con su actitud nos muestra a un ser infantil, caprichoso, ignorante y dañino, que no se conmueve ante los más de 400.000 desahucios y los miles de suicidios que ha producido la crisis. Unos suicidios y desahucios que podrían haberse evitado si no hubieran convertido un bien necesario en un objeto más de especulación.

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A la ministra nunca se le habrá pasado por la cabeza por qué se endeudó la gente. Ella no se preocupó de evitarlo. Todo lo contrario, se fomentaron los mitos inmobiliarios y los comportamientos fraudulentos. Durante su gestión el precio de la vivienda alcanzó su techo. Un joven hubiera necesitado un 132% más de sueldo para acceder a una hipoteca que no hubiera superado el 30% de sus ingresos. Porcentaje que se estima como máximo para que la hipoteca sea viable. En Madrid, Baleares o el País Vasco, se hubiera necesitado un subida de más de un 180%. El esfuerzo que tenía que hacer un joven para acceder a una vivienda representaba el 70% de sus ingresos. En Madrid, Baleares o el País Vasco más de un 86%. La opción del alquiler no era más barata, aunque sí, evitaba la esclavitud de la deuda y la usura.

Para disculpar su gestión dijo hace tiempo en una entrevista que: “En los dos lustros anteriores no hay inocentes. Desde el ciudadano al político, todos culpables. Pasando por el resto de operadores del mercado”. Perdona, pero, quien estafa es el culpable. El que engaña es el culpable. El engañado es la víctima… Totalmente, irresponsable como ministra, lo es más como tertuliana. La ministra olvida que las responsabilidades no son las mismas. La responsabilidad de un ministro es máxima. Una ministra que desde su posición tendría que haber luchado contra la asimetría de la información y la propaganda; contra el engaño de una máxima sin ninguna base empírica ni científica: “La vivienda siempre sube…”.

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También, opina: “(la deducción por vivienda) En un momento como el actual no debería desaparecer. Es más, creo que de forma temporal habría que desgravar la segunda, tercera y sucesivas viviendas”. Frases como esta explican su gestión como ministra de Vivienda. Estos ‘socialistas de boquilla’ que no tienen ni la menor sensibilidad social pretenden desgravar la vivienda especulativa, cuando hay millones de personas sin acceso a una vivienda y un parque de casi 6 millones de viviendas vacías. Pero, así son, los grandes prohombres de nuestra democracia: la vivienda para los multimillonarios rusos o chinos – que nuestro país albergue a lo mejor de la mafia mundial viene de antiguo –, para los especuladores que puedan pagar millones, blanquear dinero, etc. Pero no, para las personas. La Constitución parece ser un papelucho para una profesora esta materia y, las personas, unos números inanimados para una servidora del pueblo; que hubieran sido más listos, por lo menos tan listos como ella, que presume de no tener deudas.

Toda su vida estudiando las leyes para olvidar la más importante: Art. 47, Constitución española, “Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdocon el interés general para impedir la especulación”. La verdad es que sí, han promovido las condiciones, pero para la especulación y el enriquecimiento de los especuladores.

La frase más célebre de la ministra, que parece apócrifa, pues ella la niega, es: “Son unos irresponsables aquellos que piensan que en España existe una burbuja inmobiliaria augurando un brusco descenso en el precio de la vivienda” (24 de junio de 2004). Sin palabras, estaba negando la burbuja más grande de la historia mundial, debería estar ya en la cárcel por estafa como muchos otros que perpetraron el pillaje inmobiliario. Lo máximo que realizó en su labor de ministra fueron propuestas que no llegaron a traducirse en medidas claras y menos en lo que debía haber sido su labor fundamental, facilitar el acceso a una vivienda digna, sin convertirse en un esclavo de los bancos, a todos los ciudadanos. 

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La lista de auténticos sinvergüenzas es amplia. En ella podemos encontrar a,  prácticamente, todos los banqueros, políticos, grandes constructoras e inmobiliarias, tasadoras, asociaciones propagandísticas como ASPRIMA, la Asociación Hipotecaria española (AHE), la patronal bancaria (AEB) y un largo etcétera. Los grandes medios de comunicación, también, fueron cómplices de la estafa. Han dado un amplio eco – lo siguen haciendo –  a los supuestos ‘expertos’ y han ayudado a crear los grandes mitos que nos condenan. Mientras, ésta se estaba produciendo muy pocos dieron voz a los muchos que estaban avisando de ella y de las desastrosas consecuencias que desencadenaría. 

La ministra, evidentemente, no ha sido la única. Ha habido otros con más responsabilidad, pero, también, con más vergüenza y han callado, ahora, que todo ha estallado. Caso a estudiar es el de su sucesora, que más que ministra de Vivienda se convirtió en comercial inmobiliaria con frases tan afortunadas como “ahora es el mejor momento para comprar una vivienda” en 2008, en plena explosión de la burbuja. Si esto no es guiar irresponsablemente a la población al precipicio, no sé que es.

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El comportamiento de los dirigentes socialistas no ha sido ni mucho menos mejor. Pepe Blanco, según Miguel Sebastián, tenía claro que “la paciencia con los bancos es infinita”. En cambio, los desahucios ya estaban en marcha y el desamparo de las familias no dejaba de crecer. Pedro Solbes, además de negar la burbuja y la crisis en repetidas ocasiones dejó el gobierno en plena deriva marchándose al Banco Barclays y a la eléctrica ENEL. Tras este comportamiento, ahora, sabemos a quién servía. Lo más grave de todo esto – como ya hemos dicho – es que conocían la existencia y el peligro de la burbuja desde 2002. Fue llegar al gobierno y olvidarse de ella.

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No vamos aquí a disculpar a nadie y sí, vamos a acusar a todos los responsables. Sólo hay que observar el mapa de la corrupción de los partidos políticos, teñido de colores rojos y azules. Tampoco se libran nacionalistas ni regionalistas. No se libra el PP, que montó este tinglado y ha llegado con la intención de reavivarlo mediante la derogación de la Ley de Costas e imagino la destrucción del poco patrimonio natural y medioambiental que han dejado los desmanes de las continuas burbujas inmobiliarias que ha montado nuestra clase político-empresarial. Llevamos cuarenta años montados en una burbuja.

El actual ministro de Economía forma parte importante de la génesis de la última burbuja como secretario de Estado de Economía con Rodrigo Rato. Pero, cuando, nuestra burbuja inmobiliaria estaba tomando dimensiones monstruosas y el acceso a la vivienda era ya imposible, Luís de Guindos, se permitió negarla, en 2003, en el ABC:“En España no hay burbuja inmobiliaria, sino una evolución de precios alza que se van a ir moderando con más viviendas en alquiler y más transparencia en los procedimientos de urbanismo”. Después, vino Lehman Brothers, pero, aunque todo caiga, él sigue cobrando cientos de miles de euros.

En ese mismo año, el capo de todos ellos, también, negó la burbuja inmobiliaria. Emilio Botín interpretó mejor que nadie a los inspectores del Banco de España “La burbuja inmobiliaria no existe, se ha malinterpretado el informe del Banco de España” dijo. Y, hasta que, punto se malinterpreto podríamos decir ahora. El señor Botín estaba demasiado preocupado con vender hipotecas como para preocuparse de un posible estallido de la burbuja o de una gestión responsable de su banco. Ya vendrían los contribuyentes españoles a rescatarlo.

Otro ex del BdE y del BCE – responsable de la burbuja con sus acciones – José Manuel González Paramo ha dicho hace unos diez días en la Cadena Ser que “las deudas son sacrosantas” – ¡Mentira! Las deudas son una cuestión de poder –. Este señor era el responsable de la supervisión bancaria. Era una máxima autoridad del Banco de España cuando sus inspectores le alertaron del peligro que implicaba la burbuja inmobiliaria. No hizo nada y fue premiado con un puesto en el Banco Central Europeo – la misma entidad – que, también, con sus políticas de tipos de interés bajísimos para favorecer a Alemania alentó distintas burbujas en el seno de la UE. Lo mismo podemos decir de Jaime Caruana, gobernador del BdE hasta 2006, un año antes del estallido de la misma. Su inacción y apoyo implícito al desastre financiero le valió el premio de irse con Rodrigo Rato al FMI.

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Tristemente si no damos un vuelco a la situación actual el futuro es muy desalentador. La actual clase política está llevando a cabo una política que nos condena a la tercermundización. A la ‘chinización’ del mercado laboral. A la precariedad social. Al empobrecimiento masivo. Se está recortando en la futura riqueza de España con políticas que arrinconan la educación, la ciencia, la salud, la innovación, etc. Están vendiendo España para pagar las deudas que ellos tienen contraídas, salvando así sus fortunas y sus privilegios. Hacen responsable a la población de una estafa que ellos mismos perpetraron con total consciencia. Porque las personas en algún sitio tienen que vivir y la vivienda es un bien básico, que ellos convirtieron en inaccesible.

Estamos en manos de personas egoístas, ávidas de poder y dinero, y, totalmente, insensatas. Personas que deberían estar en la cárcel por sus acciones y no dirigiendo nuestros destinos. Pocas esperanzas hay cuando un vicesecretario del PP, González Pons, dice que “La burbuja inmobiliaria fue buena” o, que el presidente de la patronal bancaria (AEB), Miguel Martín, afirme que para arreglar el problema de los desahucios “hay que dar más créditos y crear más casas”. Está hablando de un país que construía más casas por año que Reino Unido, Francia o Alemania juntos. Y, ¡estaban orgullosos! No pensaban que algo raro podía estar ocurriendo. Ni lo pensaban ni lo piensan, porque no tienen un modelo de bien común en su cabeza sino el enriquecimiento propio y la estafa constante.

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Parafraseando a Elena Salgado, ex ministra de Economía, repetiremos un mantra: “no le corresponde al gobierno decir si debe de seguir bajando la vivienda. Los consumidores tienen un comportamiento racional y tratan de aprovechar al máximo las posibilidades que la legislación ofrece”. Que se puede esperar de una ‘socialista’ que toma como propias teorías neoliberales desahuciadas por la realidad y la ciencia. Eso sí, la racionalidad del mercado ha permitido a la ex ministra, de nefasta gestión, aprovechar al máximo sus posibilidades – mediante subterfugios legales – colocándose en una gran empresa del sector eléctrico, oligopólico en nuestro país. Este sector eléctrico que utilizando medios fraudulentos y abusando de su poder, con la protección de los distintos gobiernos y sus ministros, nos hace pagar la luz más cara de Europa. Gracias al tándem Solbes-Salgado la luz subió un 70% en los últimos 7 años. Los mercados han premiado a ambos.

El milagro económico era un ladrillo manchado de corrupción…

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Sabías que el 95% de la deuda empresarial pertenece a las grandes empresas, y que casi el 90% de la deuda externa de España también les pertenece a ellas. Por tanto, es deuda privada. Sabías que estas empresas y las grandes fortunas – únicamente, el 10% más rico debe el 40% de la deuda – que están detrás de ellas van a traspasar esta deuda privada al Estado – es decir, a ti – vendiendo la soberanía nacional a los grandes especuladores – carroñeros – internacionales, para que todos los trabajadores paguen sus trampas y apuestas especulativas fallidas.

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Sabías que está socialización de las perdidas privadas ya se está llevando a cabo – por los gobiernos títeres, que se autocalifican de ‘patriotas’ mientras venden a su pueblo, al servicio de las grandes fortunas –  mientras tu echas la culpa de todo al sector público, a los funcionarios, a los enfermos, a los pensionistas, a los estudiantes, a los parados, a los débiles, a los ‘irresponsables’ que se endeudaron – engañados por los banqueros y gobernantes – para comprar un ‘zulo’ al precio de una mansión…

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Sabías que mientras te quitan todos tus derechos, tu salud, tu autonomía, te suben los impuestos – ellos, en cambio, no los pagan – y te expropian lo que es tuyo – las empresas y servicios públicos pagados con tus impuestos y tu trabajo –,  además, les pagas los intereses usurarios de una deuda que es suya. Se están riendo de ti, se están enriqueciendo más y más, y te están empobreciendo hasta límites insospechados.

Imagen Datos de 2010. La deuda pública está creciendo a razón de socializar las pérdidas de bancos y grandes empresas cargando al Estado con los intereses usurarios de una deuda que es privada.

¿A qué esto no lo lees en la prensa o lo ves en la tele? No, porque los grandes medios de comunicación los controlan estas grandes fortunas y empresas que quieren hacerte sentir culpable, que te flageles, que pagues sus fiestas, sus facturas y sigas siendo su fiel, feliz y convencido siervo. Si no lo sabías, ahora, ya lo sabes. Haz que lo sepa toda la gente que puedas. No al pago de una deuda que no es tuya, que es ilegitima…

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La deuda es de esos respetables ‘mercados’ que se prestan, especulan, asignan los recursos de manera ineficiente, incluso, de forma imprudente y temeraria en bienes e inversiones improductivas para crear burbujas especulativas que enriquecen a unos pocos porque saben que no habrá consecuencias a sus malas acciones porque la justicia es asimétrica o inexistente. Tienen un poder omnímodo. Los medios te venden que son respetables y tú respetas mansa y reverencialmente a personas que te convierten en un esclavo. Dime, entonces, si aceptas todo esto acríticamente ¿Qué eres?…

La deuda es suya, que la paguen ellos. 

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