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Archive for the ‘Estados Unidos’ Category

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¿Cómo se explica que los más estridentes gritos de dolor por la libertad los escuchemos elevarse en las voces de los cazadores de negros?

Samuel Johnson

 

Nosotros, los orgullosos Campeones de la Libertad y los declarados Abogados de los Derechos naturales de la Humanidad, nos empeñamos en este comercio inhumano y criminal más profundamente que cualquier otra nación… Los Abogados del republicanismo y de la supuesta igualdad de la humanidad deberían ser los primeros en sugerir algún sistema humano de abolición de la peor de todas las esclavitudes

Josiah Tucker.

 

 

Las revoluciones liberales acontecidas en Holanda, Inglaterra y EEUU, en los siglos XVI, XVII y XVIII, respectivamente, no trajeron la libertad anunciada. No para todos. Únicamente, fue la libertad de los “señores”. Protegidos tanto del “absolutismo monárquico” como del “absolutismo democrático”. El triunfo parcial de las nuevas fuerzas sociales representadas por la oligarquía burguesa en meteórico ascenso supuso el deterioro del poder de los monarcas absolutos, pero fue para que surgiera un poder aún más absoluto sobre la sociedad y la Humanidad en su conjunto. Las nuevas democracias representativas, que limitaban el poder real, surgidas tras las revoluciones burguesas fueron el gobierno único y absoluto de las poderosas oligarquías emergentes.

Estos nuevos regímenes se lanzaron a la expansión colonial más feroz, desposeyeron de toda propiedad tanto a sus compatriotas como a los pueblos repartidos alrededor del globo, la esclavitud tomó proporciones nunca vistas y los trabajadores fueron convertidos en algo peor que siervos. La libertad para todo el que no fuera miembro de la oligarquía propietaria era inexistente. La limitación al poder absoluto y la preciada libertad liberal, realmente, fue el auténtico desenfreno de la codicia que dio rienda suelta a las ambiciones más viles de terratenientes y mercaderes. Ninguna limitación e injerencia gubernamental podría cruzarse ya en su camino. Ahora ellos eran el gobierno y el poder absoluto. Sus filósofos e ideólogos convirtieron en justificación moral lo que adolecía de una falta de moral absoluta.

A manos de los nuevos estados liberales fueron esclavizados y explotados millones de seres humanos. Se procedió al sometimiento, el robo y el exterminio sistemático de los habitantes no blancos de nuestro planeta. Antes de todo se procedió a su deshumanización, a su placentera conversión en diablos, idolatras, bestias feroces y seres subhumanos, que hiciera más digeribles los crímenes que tenían el único objetivo del beneficio. No sólo fueron doblegados y asesinados los seres humanos de distinto color, sino que, también, los irlandeses católicos dejaron de merecer la compasión del nuevo estado liberal inglés. Tampoco los campesinos, los pobres y los vagabundos tuvieron mejor suerte: su libertad acababa bajo la bota del amo o el patrón. Los que alguna vez tuvieron acceso a  la propiedad bajo la forma comunal fueron despojados de todo bajo la violencia permanente de los nuevos gobernantes. Parecen crímenes lejanos, pero no lo son. Parecieran imposibles de repetirse, pero 400 años ininterrumpidos, millones de seres humanos asesinados los contemplan…

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Esta “paradoja” entre la nueva fe de la libertad y sus actos concretos es lo que pone de manifiesto Domenico Losurdo en su “Contrahistoria del liberalismo” que nos muestra esta ideología con todas sus contradicciones y realidades:

 

Limitación del “poder absoluto” y surgimiento de un poder absoluto sin precedentes: Para que esta paradoja pueda ser explicada, primero tiene que exponerse en toda su radicalidad. La esclavitud no es algo que permanezca a pesar del éxito de las tres revoluciones liberales [Países Bajos, Inglaterra y EEUU]; al contrario, conoce su máximo desarrollo con posterioridad a tal éxito: “El total de la población esclava en el continente americano ascendía a cerca de 330.000 en 1700, a casi 3 millones en 1800, para alcanzar finalmente el pico de los más de 6 millones en los años 50 del siglo XIX”’. Lo que contribuye de manera decisiva al ascenso de esta institución, sinónimo de poder absoluto del hombre sobre el hombre, es el mundo liberal. 

A mediados del siglo XVIII era Gran Bretaña la que poseía el mayor número de esclavos (878.000). El dato está lejos de ser exacto. A pesar de que el imperio de España tiene una extensión mucho mayor, le sigue a una buena distancia. Quien ocupa el segundo lugar es Portugal, que posee 700.000 esclavos, pero que a su vez es una especie de semi-colonia de la Gran Bretaña: una gran parte del oro que extraen los esclavos brasileños termina en Londres. Y por lo tanto, no hay dudas de que, quien se distingue en este campo por su posición absolutamente eminente es el país que, al mismo tiempo, está a la cabeza del movimiento liberal y que ha conquistado supremacía en el comercio y en la posesión de esclavos negros a partir, precisamente, de la Revolución Gloriosa. Por otro lado, es el propio [William] Pitt el joven quien, al intervenir en abril de 1792 en la Cámara de los comunes sobre el tema de la esclavitud y de la trata negrera, reconoce que “ninguna nación en Europa […] está tan profundamente sumida en esta culpa como Gran Bretaña”.

Y eso no es todo. En las colonias españolas y portuguesas, en mayor o menor medida, sobrevive la “esclavitud doméstica”, que debe distinguirse claramente de la “esclavitud sistémica, vinculada a las plantaciones y a la producción de mercancías”; y es este segundo tipo de esclavitud -—que se afianza sobre todo en el siglo XVIII (a partir de la revolución liberal de 1688-89) y que predomina claramente en las colonias inglesas— el que explica de manera más completa la deshumanización de aquellos que ya son solo instrumentos de trabajo y mercancías, objeto de compraventa regular en el mercado… La servidumbre a tiempo determinado…, en vigor hasta ese momento, tiende a ceder el lugar a la esclavitud propiamente dicha, a la condena perpetua y hereditaria de todo un pueblo, al que se le niega…, cualquier esperanza de libertad… Ya está en curso el proceso que reduce cada vez más al esclavo a pura mercancía y proclama [su] carácter racial… Una casta hereditaria de esclavos, definida y reconocible ya por el color de la piel…, a los ojos de John Wesley, la “esclavitud norteamericana”, es “la más vil nunca antes aparecida sobre la tierra”. 

Domenico Losurdo Contrahistoria del liberalismo

 

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En la obra Réquiem por una especie: ¿Por qué nos resistimos a la verdad sobre el cambio climático? Clive Hamilton describe el lúgubre consuelo derivado de aceptar que “el catastrófico cambio climático es algo virtualmente seguro”.

… Asumir emocionalmente el desastre que nos aguarda, lograr comprender a un nivel visceral que la élite en el poder no responderá racionalmente ante la devastación del ecosistema, es tan difícil como la aceptación de nuestra propia muerte.

La lucha existencial más abrumadora de nuestro tiempo es asimilar -intelectual y emocionalmente- esta horrible verdad y continuar resistiendo contra las fuerzas destructivas”.

Clive Hamilton es profesor de Ética Pública de la Universidad Nacional de Australia.

Chris Hedges es periodista y escritor estadounidense.

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Temperaturas por debajo de 50 grados bajo cero en muchos lugares de los Estados Unidos y Canadá. Récord en 118 años en Nueva York.

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Nueva York

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El vórtice polar alcanza el sur de los Estados Unidos

Una fuerte ola de calor en el cono sur americano que ha alcanzado temperaturas por encima de 50 grados. En algún lugar de Argentina 55 grados centígrados.

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Playa de Copacabana, Río de Janeiro.

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Temperaturas en Argentina en plena ola de calor.

Para los científicos las olas de frío y de calor serán más frecuentes debido al cambio climático. Esto es lo que piensa el español Carlos Duarte, investigador de CSIC y profesor en las universidades de las Islas Baleares y de Australia Occidental: Es la tercera vez que ocurre la ruptura del vórtice polar en el Ártico en pocos años y los científicos llevamos mucho tiempo prediciéndolo. En ciencia, las teorías se validan haciendo predicciones y comprobándolas. No cabe lugar para la sorpresa. […]… lo que estamos viendo es una de las consecuencias que se predicen del cambio climático”.

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Cataratas del Niagara congeladas por la ola de frío.

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Un cambio climático que tendrá graves consecuencias, según advierten desde el IPCC (Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático) en nuevos estudios. Con fenómenos climáticos cada vez más extremos y frecuentes.

ImageLago Michigan con Chicago al fondo.

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Asimismo el biólogo estadounidense Christopher Field, uno de los presidentes del IPCC, y autor de cientos de estudios científicos sobre el cambio climático ha comentado: “sabemos que, en concreto, las olas de calor y las inundaciones serán mucho más frecuentes en muchos lugares del planeta, pero sobre otros fenómenos, como los huracanes, aún no lo sabemos”.

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Intervención de los bomberos en EEUU.

Para Christopher Field la gravedad de la situación implica que:hay que actuar ya. Si no se llevan a cabo acciones ahora, en el futuro será más complejo y más caro, y será más difícil que tengamos éxito”.

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Peces muertos por la ola de calor en el parque Palermo de Buenos Aires.

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Datos proporcionados por las mismas empresas de seguros hablan de que la cada vez mayor frecuencia y magnitud de los fenómenos climáticos cuestan 150.000 millones de euros anuales.

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Consecuencias de la ola de frío en Chicago.

Estas olas de frío que caerán cada vez con mayor frecuencia no sólo sobre los Estados Unidos y Canadá, sino también, sobre Europa, están relacionadas con el deshielo del Ártico: “Las predicciones dicen que posiblemente [las rupturas en Invierno del vórtice polar serán más frecuentes y esta masa de frío afectará, sobre todo a] Norteamérica, pero también pueden llegar a Europa con más frecuencia”, según Carlos Duarte.

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Reducción del hielo Ártico en las últimas décadas.

Como bien dice Antonio Ruíz de Elvira*:El cambio climático no es una subida de temperaturas en el pueblo de cada uno, que también lo es. El cambio climático es un cambio, un cambio del clima, de los equilibrios entre las masas de aire, entre las temperaturas del mar y de la tierra, entre las temperaturas del ecuador y de los Polos. Es esencialmente un debilitamiento del gradiente de temperaturas entre ese ecuador y sobre todo el Polo Norte (que es agua que se calienta mucho más que el suelo de la Antártida), y con el debilitamiento del gradiente, un cambio en la circulación del chorro polar y con él un cambio de las estaciones, de las lluvias, de las temperaturas producidas por las masas de aire que se mueven de un punto otro del planeta”.

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Diferencia en las temperaturas (1880-2011)

Anomalías en las temperaturas globales según la NASA en los últimos 130 años en 1 minuto:

http://www.youtube.com/watch?v=tDDJ9DEuh54&feature=youtu.be

Pero los escépticos seguirán negando los graves problemas a los que nos enfrentamos. Unos problemas de consecuencias impredecibles, pero devastadoras. Ellos seguirán recibiendo el dinero de los principales responsables del calentamiento global para llamar alarmistas a los investigadores y minusvalorar las evidencias científicas. Y el deshielo del Ártico será aprovechado como una nueva oportunidad de negocio para un sistema económico que va sin frenos…

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Subvenciones a Fundaciones negacionistas del cambio climático, ligadas a grupos conservadores o a la industria petrolera (Robert J. Brulle, Drexel University).

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Ruta navegable por el Ártico

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Rompehielos atómico chino Xue Long

Aunque sea al precio de una extinción en masa…

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El deshielo del Ártico deja a los osos polares al borde de la extinción. La contaminación y el calentamiento de los mares también están llevando a la muerte masiva de otras especies marinas.

Postdata: El problema climático no es del planeta como muchos piensan. El problema es nuestro porque estamos destruyendo las condiciones que hacen posible la vida humana. El planeta continuará existiendo cuando nosotros nos hayamos ido…

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El poder corrompe. Igual que un gobierno puede corromperse cuando detenta el poder absoluto, los mercados también pueden corromperse cuando los investimos con ese mismo poder ilimitado. Estamos viendo los efectos de ese poder hoy en día. El empobrecimiento y miseria de millones de personas y su eventual esclavitud

Mahatir Mohamed, primer ministro de Malasia, 1981–2003.

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El FMI no es una entidad neutral. El FMI tiene unos intereses muy concretos. Es una institución que representa los intereses de Wall Street y las corporaciones estadounidenses. El FMI no se equivoca. Nunca se equivoca. Cuando escribe en un informe que las reformas estructurales a lo mejor han ido más allá de lo necesario. Es simplemente una muestra de cinismo o un lapsus de honestidad. El FMI nunca comete la equivocación de elevar los salarios, aumentar el gasto social, mejorar las condiciones laborales de los trabajadores o aumentar el poder adquisitivo de la población. Ese es un tipo de “equivocación” que nunca va a cometer.

No podemos creer que licenciados y doctorados en Harvard, Yale, la London School of Economics, Cambridge, Berkeley y muchas otras de las mejores instituciones académicas globales puedan equivocarse repetidamente ¿Por qué iban a continuar tomando las mismas medidas que han causado tanto dolor y miseria a tantos pueblos? Siempre las mismas medidas con los mismos lamentables resultados. Es fácil. Su función es saquear países y eso lo hacen a conciencia y meticulosamente. No tenemos que tener miedo a utilizar la palabra “saqueo”, pues eso es lo hacen estas instituciones internacionales: *OMC, FMI, UE, BM, etc. Pueden ser dogmáticos y crueles, pero no son tontos y saben muy bien lo que hacen y a quién benefician siempre.

La crisis que ha vivido España no es nada característico ni idiosincrático de este país. Está dentro de la dinámica de la economía internacional. No es la corrupción ni la incompetencia política – por mucho que sí existan objetivamente – el principal causante de la crisis. El principal problema ha sido la corrupción del sistema financiero global. Hoy totalmente quebrado. De esta crisis de la deuda privada española podemos encontrar repetidos antecedentes en el pasado cercano. Por ejemplo, en la crisis sufrida por los países del Sudeste Asiático a finales de los 90.

Tras más de tres décadas de crecimiento económico y reducción de las desigualdades y la pobreza, altas tasas de ahorro, políticas industriales, gasto público en educación y ciencia; a principios de los años 90 estos países fueron fuertemente presionados por los Estados Unidos para abrir sus mercados financieros. Por ejemplo, se obligó a Tailandia a quitar las limitaciones que tenían los bancos para dar créditos inmobiliarios. Y Corea aceptó a regañadientes que sus bancos y empresas pudieran endeudarse en moneda extranjera Con la liberalización de sus mercados financieros llegó un enorme flujo de dinero occidental – europeo y, sobre todo, estadounidense – a las economías asiáticas –. Este dinero dedicado principalmente a la especulación creó una gigantesca burbuja inmobiliaria en esta región.

¿Burbuja inmobiliaria con dinero especulativo europeo y estadounidense? Me suena bastante familiar… Fue una época de enormes beneficios, de congratulaciones de los financieros internacionales porque sus medidas traían grandes cantidades de capital, acababan con las ineficiencias económicas de los controles y las regulaciones sobre éstos y, acarreaban un rápido crecimiento económico. Sin embargo, como siempre ocurre “contra todo pronóstico” la burbuja inmobiliaria explotó dejando miles de edificios de oficinas y apartamentos vacíos. La enorme orgía especulativa creada por los bancos estadounidenses y los mercados internacionales acabó como acaban todas: reventando y, como siempre ocurre, se llevó por delante el mercado financiero local ¿A qué parece una experiencia muy cercana?

El estallido de la burbuja especulativa – porque el dinero que llegó durante esos años sólo fue a especular – provocó el pánico. Los banqueros se pusieron, podríamos decir, nerviosos, aunque no es seguro porque sabían que a su rescate acudiría el FMI y el Tesoro estadounidense. Qué, faltaría más, acudieron. Pero surgió un problema. Los países del Sudeste Asiático no querían la ayuda del FMI. Conocían como funcionaban las medidas del FMI y quienes iban a pagar las consecuencias del rescate financiero. Pero, un poquito de extorsión por aquí y por allá, alguna llamada de teléfono a horas intempestivas – ¿A qué os suena? – y todo arreglado. Corea y Tailandia cogieron los préstamos del FMI.

La Indonesia de Suharto puso más reparos, poniendo como decía Robert Rubin – el entonces secretario del Tesoro – en peligro “la confianza” de “los mercados internacionales y los inversores domésticos” al no aplicar las reformas (estructurales) y, no combatir “la corrupción” ¿A qué os suena? Pero, Suharto acabó aceptando el préstamo y los recortes sociales y, Suharto acabó cayendo, porque los préstamos y las reformas del FMI no estabilizaron el Sudeste Asiático sino que lo condenaron al caos, porque el dinero no fue a estabilizar estos países sino directamente a rescatar a los bancos e inversores estadounidenses – y a las grandes fortunas nacionales – que rápidamente sacaron los dólares del FMI, avalados, respectivamente, por los pueblos de Corea, Tailandia e Indonesia, que luego pagarían el desastre de las apuestas inmobiliarias de estos bancos. Y, las reformas hundieron la economía en una profunda crisis.

Por tanto, asistimos a como el dinero del FMI tomado por estos países va directamente a los bancos estadounidenses que han especulado, que sacan rápidamente ese dinero del país hundiendo la economía, convirtiendo el dinero de su rescate en deuda pública y, luego esta deuda tendría que ser pagada por los trabajadores con recortes sociales, nuevos impuestos y la privatización de bienes públicos ¿A qué resulta familiar? El paro se multiplicó por 10 en Indonesia, llegando al 15%; por cuatro en Corea y por tres en Tailandia. En países donde no existía un seguro por desempleo las consecuencias eran gravísimas. El PIB se hundió. Las medicinas dejaron de estar al alcance de la población, al igual que la educación. Además el FMI retiró los subsidios a la alimentación y la energía provocando una gran carestía. Y todo ello para rescatar a unos bancos corruptos, para que éstos, luego volvieran a un país plagado de gangas.

Según Robert Rubin y los financieros internacionales la crisis se debió a la corrupción intrínseca de estos países y a sus malas instituciones ¿no resulta esto bastante familiar? Dicho esto por una persona que venía de Goldman Sachs y que, más tarde, posibilitó la fusión ilegal de Citicorp y Travellers Group, creando posteriormente una ley ad hoc – que derogaba la ley Glass–Steagall – para legalizarla y, que junto con Larry Summers y Alan Greenspan desreguló el mercado de derivados, no deja de ser “curioso” ¿Cómo te quedas cuando te llama corrupto un tipo que le facilita saltarse la ley a una institución bancaria para luego acabar en esa misma institución cobrando 126 millones de dólares?

Entonces, tenemos a países que llevaban tres décadas de crecimiento, superávit económico y una importante reducción de la pobreza, que de repente, tenían que ser reformados de arriba abajo porque los bancos estadounidenses estaban al borde de la quiebra por sus malas apuestas inmobiliarias ¿Cómo va a reformar tu país otro tipo, Larry Summers, que tras desregular el mercado de derivados con el apoyo de Alan Greenspan se levanta más tarde 20 millones de dólares de un fondo de inversión dedicado a esos menesteres? ¿Puede haber mayor corrupción y cinismo que la de estos banqueros que a cambio de cientos de millones hunden a millones de seres humanos en la miseria y la desesperación? Es difícil.

No todo les salió tan bien como esperaban. El FMI resbaló en Malasia. El presidente Mohamed aguantó la extorsión y no se plegó al matón de los mercados, cesó a su ministro de Hacienda partidario del FMI – una figura, Anwar Ibrahim, ampliamente ensalzada por la prensa estadounidense – y tomó las medidas más repudiadas por el FMI, los mercados y la ideología del “libre mercado”. Primero, Malasia tenía a sus bancos estrictamente regulados y protegidos, no les había permitido endeudarse fuertemente con los mercados internacionales. Cuando la crisis estalló con más virulencia, Malasia bajó los tipos de interés y ordenó que toda su moneda – el ringgit – que se encontrara fuera del país volviera inmediatamente. Además, prohibió durante un año la salida de las inversiones extranjeras a corto plazo. Malasia practicó el control de capitales mediante un impuesto a la salida de los mismos.

Con estas medidas Malasia salió en un espacio muy breve de tiempo de la crisis, un año. Evitó el ataque de los especuladores a su moneda y a su mercado financiero. Protegió a sus empresas que no sufrieron los tipos de interés leoninos recomendados por el FMI, evitando las quiebras masivas que se produjeron en Tailandia, Corea o Indonesia, que exacerbaron la crisis económica. Y protegió a sus trabajadores no aplicando recortes y reformas sociales que hubieran hundido a éstos en la miseria a cambio de recibir un préstamo del FMI para rescatar a los bancos extranjeros.

Malasia se enfrentó a la “buena” economía y a la corrupción de los mercados financieros y sus instituciones. Esta crisis tiene enormes paralelismos con la española y también, enormes enseñanzas para nosotros. Aquí por orden de la Unión Europea y del FMI, los banqueros internacionales y las grandes fortunas siguen siendo rescatados de sus malas apuestas a costa de todos nosotros. Sus intereses no son los nuestros. Malasia fue un mal alumno, no hizo los deberes y cometió todos los pecados habidos y por haber contra la ortodoxia de los mercados. No hay nada como de vez en cuando desobedecer, ser un mal alumno y no hacer los deberes.

* Organización Mundial de Comercio (OMC), Fondo Monetario Internacional (FMI), Banco Mundial (BM), Unión Europea (UE).

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“Presumo que todos saben quién soy. Soy el humilde Abraham Lincoln. Mi programa es breve y dulce como el baile de una mujer vieja. Estoy a favor de la banca nacional, del sistema de mejoras internas y de una aduana proteccionista

Abraham Lincoln, decimosexto presidente de los Estados Unidos, 1861 – 1865. 

 

“Nosotros recomendamos esa política de intercambios nacionales, que asegura un buen salario al trabajador, unos precios remuneradores a la agricultura, a los mecánicos y fabricantes una recompensa adecuada a sus habilidades, trabajo y capacidad empresarial y a la nación, la prosperidad comercial y la independencia”

Compromiso electoral del Partido Republicano en 1860.

 

“El arancel de 1816 fue seguido por algunos años de expansión económica, particularmente para Nueva Inglaterra, que prosperó detrás de la muralla aduanera a medida que pasó del comercio a la industria

Isaac Asimov, Los Estados Unidos desde 1816 hasta la Guerra Civil.

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Existe una enorme brecha entre la historia real y la que algunos cuentan. Según los ideólogos del “libre mercado” o “libre comercio” que, actualmente, se encuentran representados en entidades como el FMI o la Unión Europea, además de en numerosos gobiernos y otros organismos internacionales, el “libre comercio”, la apertura comercial, la desregulación financiera, la “libre” circulación de capitales y las instituciones “libres” son el secreto del crecimiento y la prosperidad. Todo ello se puede englobar en las famosas “reformas estructurales”. Inevitablemente aplicables si se quiere alcanzar un alto grado de desarrollo económico.

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La historia nos cuenta que esto no es cierto. Los países desarrollados – un grupo muy reducido – no llegaron de esta forma a sus actuales niveles de desarrollo. En cambio, la realidad es que la historia del desarrollo económico es la historia del proteccionismo y la intervención estatal. Estados Unidos e Inglaterra fueron los países más proteccionistas que jamás existieron. Un proteccionismo reforzado por los enormes costes de transporte de la época. Estados Unidos se desarrolló bajo unas políticas calcadas a las de su “madre patria”, Inglaterra, basadas en altos aranceles, obras públicas y un sistema financiero nacional. El objetivo era proteger a sus industrias nacientes de la poderosa industria manufacturera británica.

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Para la clase dirigente estadounidense esta política estaba clara. En palabras de su decimooctavo presidente, Ulises S. Grant: Durante siglos, Inglaterra confió y aplicó medidas de protección, la llevó al extremo y obtuvo resultados satisfactorios. No cabe duda de que a este sistema debe su fortaleza actual. Tras dos siglos, Inglaterra ha encontrado conveniente adoptar el libre comercio porque la protección ya no tiene nada que ofrecer. Muy bien, caballeros, mi conocimiento de nuestro país me lleva a pensar que en un par de siglos, cuando los Estados Unidos hayan obtenido todo lo posible de la protección, adoptará el libre comercio”. Palabras premonitorias de Grant, aunque los Estados Unidos alcanzaron la preeminencia mundial un siglo antes de lo que él vaticinaba, tras vencer en dos guerras mundiales al resto de potencias capitalistas.

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Los estadounidenses sabían perfectamente de lo que hablaban. Como nos cuenta el prestigioso historiador económico Paul Bairoch: Preocupada por no favorecer en absoluto a los competidores potenciales de su industria, Inglaterra prohibió hasta 1843 la exportación de máquinas textiles y otros equipos”. Asimismo, la prohibición a la exportación de las máquinas de vapor sólo se levantó en 1820, la prohibición a la emigración de técnicos y trabajadores cualificados británicos no fue derogada hasta bien entrado el S.XIX y el proteccionismo no fue abandonado hasta 1846, cien años después del inicio de su revolución industrial. Todo ello acompañado de un inmenso imperio colonial donde sólo los británicos podían fabricar y comerciar libremente.

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Sólo el pragmatismo y una dominación del mundo nunca antes alcanzada por ninguna nación en la historia hicieron avanzar a Gran Bretaña hacia lo que se supone es el “libre mercado”. Bairoch nos recuerda que: “Inglaterra producía 50 veces más hierro, 75 veces más carbón y 100 veces más telas de algodón por habitante que el resto del mundo”. Eric Hobsbawm nos da otra clave de la nueva época que se avecinaba: “En 1860, […] la mitad de todas las exportaciones de África, Asia y América Latina convergían en un solo país, Gran Bretaña. […], la City londinense, era […], el centro de las transacciones internacionales […]. [Reino Unido era el] principal acreedor mundial debido a sus importantísimas inversiones en el extranjero”. Sólo unos pocos decenios después los británicos debatían si haber derogado sus medidas proteccionistas no era la razón de su relativo declive económico.

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Esa tradición económica fue la que adoptaron a su independencia la parte norte de los Estados Unidos. Esa tradición iniciada por Alexander Hamilton y continuada por Abraham Lincoln, Thomas Jefferson, Henry Clay, Henry Carey o el mismo Partido Republicano, entre otros. A esta doctrina económica – claramente, de ascendencia británica – se le llamo el Sistema Americano. Y como la historia demuestra, Estados Unidos se parapetó tras una “muralla aduanera” para que su industria pudiera desarrollarse sin miedo a que fuera arrasada por la mucho más avanzada y superior industria británica que podía proveer de productos mejores y más baratos.  El gobierno financió la construcción de infraestructuras – canales, carreteras, ferrocarriles, etc. –, instituciones educativas, subsidió a los agricultores, creó una moneda y un sistema financiero nacional.

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Este camino hacia la independencia y el desarrollo económico no fue, ni fácil, ni libre. Estados Unidos tuvo que enfrentarse a tres guerras en su territorio. La de la independencia, en 1776; la guerra de 1812, nuevamente, contra el imperialismo británico; y, una guerra civil. La idea era clara: no querían ser como la repúblicas iberoamericanas y ser dominados, como la máxima de la política imperial británica rezaba, por el comercio. No querían caer víctimas, como Henry Carey advertía, de una política económica que sólo servía a los intereses imperialistas británicos. Y esta fue la principal razón de la Guerra de Secesión. Como bien analizó, el economista alemán del S.XIX, Friedrich List, el libre comercio únicamente beneficia a los exportadores de materias primas agrícolas nacionales, perjudicando gravemente a los “fabricantes nacionales” y “la prosperidad económica nacional a largo plazo”.

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Estas dos formas económicas se enfrentaron en la Guerra de Secesión estadounidense. La mentalidad de los terratenientes sureños – la misma que caracteriza a los terratenientes y latifundistas iberoamericanos – partidarios de una economía agraria semi–feudal y esclavista, muy lucrativa y rentable para ellos, enfrentados a los proteccionistas industriales del Norte. Los intereses eran totalmente opuestos. Al Sur le interesaba poder exportar sus materias primas agrícolas al Reino Unido e importar los productos y bienes británicos, mejores y más baratos que los nacionales. Al Norte no le interesaba ver inundado el mercado nacional con productos británicos que acabarían con el tejido industrial nacional.

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Hay lecciones que es peligroso olvidar. La economía cuasiesclavista intensiva en la extracción de materias primas y la economía industrial son las dos caras de una misma moneda y se complementan: el “libre” comercio o  “libre” mercado. Los caballos de batalla del sur, plasmados en su Constitución, eran: esclavitud, libre comercio y austeridad. Como es lógico, los grandes terratenientes no necesitan realizar grandes inversiones públicas en una población que desprecian y a la que someten a la explotación más despiadada. Otra lección muy peligrosa de olvidar es el imperialismo.  Hemos adoptado un nombre nuevo – neoliberalismo – para denominar una antigua política – el imperialismo –. Esto es muy peligroso porque olvidamos como acabó esa carrera por el reparto del mundo: 2 guerras mundiales y decenas de genocidios.

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“Por una vez, tenemos que usar el máximo poder de este país contra ese pequeño país de mierda [Vietnam] para ganar la guerra. […] Henry, no tienes ni idea. Lo único en lo que tú y yo no coincidimos es en los bombardeos. A ti te preocupan mucho los civiles y a mí me importan un bledo. […] Sigo pensando que deberíamos destrozar las presas. […] prefiero usar una bomba nuclear. ¿Lo has entendido, Henry? […] Una bomba nuclear, ¿te preocupa? Quiero que pienses a lo grande de una vez, Henry”.

Richard Nixon en conversaciones con Henry Kissinger sobre las acciones a tomar en la guerra de Vietnam.

 “[…] Me di cuenta de que nunca más podría alzar mi voz contra la violencia de los oprimidos en los guetos si no le hablaba primero claramente al principal proveedor de violencia en el mundo actual: mi propio gobierno”

Martin Luther King, Más allá de Vietnam, 1967. 

No entiendo este rechazo sobre el uso de las armas químicas. Definitivamente hemos adoptado la posición en la Conferencia de Paz de argumentar a favor de las armas de gas como una forma permanente de la guerra […]. Estoy totalmente a favor del uso de gas venenoso contra tribus incivilizadas

Winston Churchill, en Consejo de Ministros, 1920.

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A raíz de los últimos acontecimientos que se están sucediendo en el escenario político internacional – el muy probable ataque a Siria, la persecución de Edward Snowden o la condena a Bradley Manning – no es muy complicado para quien tenga un mínimo interés en la investigación histórica que le vengan a la mente el caso del golfo de Tonkín o el nombre de Daniel Ellsberg. Si a esto le unimos el reciente de las supuestas armas de destrucción masiva en Iraq tenemos un mismo tipo de casos que se repiten recurrentemente en la historia. Todos ellos – sin detenernos en los muchos más que hay – se caracterizan por el cinismo y la hipocresía de los distintos gobiernos occidentales. No es que sea una característica única y propia de ellos, es que en teoría son el culmen de la civilización: el progreso, la libertad y la democracia. De ellos no debería o no podría esperarse acciones tan depravadas según lo que presumen y dicen representar.

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Los incidentes se demostraron como inventados – una pura engañifa – para entrar en sendas guerras – Iraq y Vietnam – y las personas se jugaron sus vidas para que la verdad se supiera y se conociera la verdadera entidad criminal de sus gobiernos. Tristemente quienes denunciaron el cinismo y los crímenes de los poderosos fueron y son acusados de traición y de poner en peligro la seguridad nacional. Bajo el alto secreto, bajo las premisas de interés y seguridad nacional se esconden los crímenes más abyectos de personas e intereses privados. Quien engañando y mintiendo manda a sus jóvenes a morir y a asesinar, quien comete gravísimos crímenes contra la humanidad por pura ambición personal es enterrado con todos los honores, recibe premios, ponen su nombre a calles y es reconocido socialmente. Quienes se enfrentan a estos crímenes, luchan por la paz, la justicia o los derechos humanos son perseguidos, encarcelados, coaccionados, acosados, investigados, retirado su pasaporte, etc.  Imagen

Es obsceno rasgarse las vestiduras por el uso de armas químicas, simplemente, porque han salido de la inventiva de Occidente. Porque aquí son fabricadas. Porque la venta de armas convencionales – éstas son las que más matan – es uno de los negocios más lucrativos de Francia, EEUU, Alemania, España o Gran Bretaña. Porque ha sido Occidente quien más ha hecho y hace uso y abuso de todas ellas. Porque es Occidente quien ha cometido los más atroces genocidios. Porque parece ser que el límite para ser considerado un genocida  – o un sátrapa como ahora gusta decir – no son los crímenes sino la derrota en dos guerras: la del campo de batalla y la de la propaganda.

¿Qué es esto?

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La primera bomba nuclear – Little Boy – lanzada sobre Hiroshima. El resultado fueron una ciudad arrasada y unas estimaciones – siempre difíciles – de 140.000 muertos.

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¿Y esto otro?

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Es fácil. La segunda bomba nuclear – Fat Man – lanzada sobre la ciudad de Nagasaki. Murieron más de 80.000 seres humanos.

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Se puede justificar asesinar a civiles inocentes dependiendo de qué bando sean y quién lo haga. EEUU justificó la cuestionable moralidad del lanzamiento de estas dos bombas nucleares sobre población civil argumentando que el fin era superior: evitar las supuestas 500.000 muertes de soldados estadounidenses en una invasión de Japón. Ocultaron – nuevamente la mentira como práctica habitual para justificar crímenes atroces – a sus conciudadanos que los informes oficiales cifraban, realmente, estas muertes en 31.000. Los Estados Unidos todavía no han pedido perdón, los gobiernos de Estados Unidos nunca piden perdón por los medios usados para llevar a buen puerto un “fin superior”.

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La Segunda Guerra Mundial como la Primera fue un enfrentamiento entre grandes potencias imperialistas. Estos enfrentamientos imperialistas continuaron finalizadas las mismas. Por ejemplo, la guerra de Vietnam fue una carnicería con más de 2.500.000 de civiles asesinados en un nuevo genocidio colonial que duró 30 años. Para Vietnam – como para la India, Argelia o Corea – los valores de libertad y democracia no eran aplicables. A los ciudadanos de Occidente estas guerras se les vendían como una lucha entre el bien y el mal, ocultando el apoyo a dictadores atroces que les eran afines a sus gobiernos y corporaciones.

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De por sí la razón de invadir estos países era obscena. Pero aún más obsceno fue el bombardeo de aldeas y el asesinato de civiles. EEUU lanzó alrededor de 80 millones de litros de material químico sobre los vietnamitas: Napalm y defoliantes. Un uso y abuso de las armas químicas nunca repetido. Pero no sólo eso, el bombardeo sobre el país equivalía a ¡Una bomba de Hiroshima por semana! Más de 1 millón de vietnamitas sufrieron secuelas debidas a las armas químicas lanzadas cuyas secuelas todavía perviven entre la población.

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Corea no se libró tampoco de ser arrasada por el poderío militar del imperio estadounidense. Las aldeas y ciudades sufrieron ataques y bombardeos con armas químicas, aunque su caso sea menos conocido. La carnicería fue tal que en tan solo 3 años de guerra murieron 1.850.000 civiles. Sin contar a los soldados, muchos de ellos niños y adolescentes – como en todas las guerras – llevados al frente para alargar la matanza. No hubo ninguna defensa de la democracia y la libertad, los Estados Unidos y sus aliados apoyaban a un dictador y continuaban una política colonial.

Imagen  En la foto: Un B-26 ataca con napalm una aldea de Corea del Norte, 10 de mayo de 1951. (Eurowon.com)

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Para los árabes y kurdos de Iraq después de la Primera Guerra Mundial no llegó la libertad y la independencia que Gran Bretaña decía encarnar. La caída del Imperio Otomano les deparó la invasión del Imperio británico. Sustituir la agresión de un imperio por otro. Ante la negativa a ser nuevamente subyugados, Churchill se vio “obligado”, en 1920, a bombardear y quemar las poblaciones de Iraq y gasear a sus moradores para aplacar las diferencias que mantenían con el Imperio británico. El amor de Winston Churchill por el crimen y las armas químicas venía de más lejos, pues también, quiso utilizarlas sobre las ciudades alemanas en 1919: “La política de utilizar armas químicas es una gran cosa y sólo puede ser descartado por una gran razón”.

RumsfeldSaddamHussein

En la década de 1980 un aliado de los Estados Unidos y Occidente en las mismas tierras, Saddam Hussein, atacó un país llamado Irán y gaseó con armas químicas vendidas por Occidente sus aldeas y ejércitos. En la ONU  el cinismo y la hipocresía de EEUU, Gran Bretaña o Francia quedó nuevamente al descubierto: el 21 de marzo de 1986, EEUU vetó – con la abstención de Reino Unido, Francia, Australia y Dinamarca – una resolución de condena contra el Iraq de Saddam Hussein por el ataque químico sobre la aldea iraní de Sardasht. Tampoco nada dijo entonces de los ataques contra la población kurda. En 7 años Iraq realizó más de 200 ataques con armas químicas con Irán apoyado por sus aliados occidentales.

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Antes de finalizar con la cruelmente sacrificada población iraquí no podemos dejar de detenernos en la última guerra de Iraq. Una agresión fabricada como siempre sobre una mentira: la existencia de armas de destrucción masiva. Nunca se encontraron porque no existían. Las supuestas pruebas fueron fabricadas por EEUU. El único país que usó armas químicas en esa guerra fueron los Estados Unidos acompañado por sus aliados. Estados Unidos lanzó sobre la población civil iraquí toneladas de uranio enriquecido y fósforo blanco. Los casos de cánceres, malformaciones genéticas en los recién nacidos se han multiplicado espectacularmente. Estados Unidos simplemente actuó como viene haciendo siempre pues también lanzó estas bombas durante 1991 y 2003 sobre Iraq. El mismo uso han hecho de estas armas sus aliados: Reino Unido e Israel.

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Un país laico que vivía con un alto grado de bienestar – a pesar de tener un régimen autoritario que caracteriza también a aliados de los EEUU como Arabia Saudí o Catar entre otros muchos – ha sido arrasado por los intereses petroleros de Occidente. Parece que nuestro sistema económico para subsistir tiene que trasladar los costes en forma de muerte y destrucción a otros seres humanos del planeta. En más de 20 años de agresión a Iraq la cifra de iraquíes que han muerto puede alcanzar los 3.000.000. El brutal bloqueo occidental que siguió a la primera guerra del golfo asesinó a 1.500.000 de iraquíes en 13 años, de ellos más de 600.000 eran niños menores de 5 años, según los datos de la ONU. Desde la invasión en 2003 – aunque está rodeado de gran polémica – el número de asesinados se sitúa entre 600.000 y 1.500.000 de seres humanos según las fuentes consultadas.  Ellos son los derrotados. Los olvidados…

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Hay pocos países occidentales que no hayan usado armas químicas en sus guerras coloniales. Por ejemplo, en Marruecos, España junto con Francia – con la inestimable colaboración técnica de Alemania – gasearon a escala masiva aldeas y campos de cultivos. Portugal utilizó armas químicas en Angola. Los supuestamente civilizados occidentales, simplemente, han puesto en práctica en todos los lugares una guerra de exterminio y devastación contra el supuesto “salvaje incivilizado”. Torturas, decapitaciones, genocidios, campos de concentración, violaciones, bombardeos, gaseamientos o quemas de aldeas han sido práctica común a todas ellas. No es que les hayamos liberado de sus sátrapas es que les hemos condenado a las muertes más crueles. Algunos dirán que “los otros” son iguales, pero es que nosotros decimos defender unos valores superiores.

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Los ricos se esforzarán para establecer su dominio y esclavizar al resto. Siempre lo han hecho. Siempre lo harán… Tendrán el mismo efecto aquí como en cualquier otro lugar, si no conseguimos [mediante el poder del] gobierno, mantenerlos dentro de sus propias esferas de actuación

Governeur Morris, considerado como uno de los Padres Fundadores de los Estados Unidos, 1752 –1816.  

 

La historia registra que los cambistas han hecho uso de toda forma de abuso, intriga, engaño y todo medio violento a su alcance para mantener el control sobre los gobiernos controlando el dinero y su emisión

James Madison, 4º presidente de los Estados Unidos, considerado uno de los Padres Fundadores de la nación.

El Congreso debe tener el poder de acuñar moneda y regular el valor de la misma

Constitución Americana, Artículo 1, sección 8, párrafo 5; Filadelfia, 1787.

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Es posible que muy pocas personas conozcan la principal razón de la Revolución Americana que supuso la independencia de las 13 colonias de Norteamérica del Imperio Británico. Es lógico. La mayor preocupación que tienen las personas que deciden la información que debemos recibir es la tergiversación, la manipulación y la ocultación de la historia en provecho propio. Esta actuación provoca que nuestro conocimiento esté condicionado a los prejuicios e intereses de unos pocos. Pocos, pero muy poderosos. Después que este falso conocimiento aparezca en los grandes canales de información por ellos controlados, que se extienda de forma viral convirtiéndose en una verdad absoluta no entraña mayor dificultad. Simplemente se deben controlar los canales primarios de comunicación.

Como verdad absoluta ha quedado que la Revolución se produjo por la negativa de las colonias británicas de Norteamérica a pagar impuestos. Sabemos que para el actual pensamiento dominante la idea de la injusticia y el robo que supone el pago de impuestos – como idea simple sin entrar en su complejidad – es algo así como mentar al diablo. La cosa no es tan simple. Ese estallido revolucionario, simplemente fue un punto de no retorno producido por una grave crisis de austeridad que venían sufriendo las colonias americanas desde hacía una década.

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Las colonias norteamericanas habían descubierto hacía tiempo el secreto del dinero: no importaba lo que respaldara el dinero sino quien controlaba su emisión y su cantidad. Este mismo secreto también fue descubierto por la República Romana casi dos milenios atrás. La República suministraba a sus ciudadanos un dinero barato y abundante acuñado en bronce y cobre. Este dinero abundante evitaba que sufrieran una escasez del mismo y la economía pudiera gozar de una buena salud. En otros lugares – como la Inglaterra del año 1100 – el gobierno simplemente recurrió a hacer su dinero legal para el pago de impuestos y deudas, aunque éste fueran palos de madera tallada. Todo cambió en ambos lugares cuando se implantó el patrón oro. Cuando sólo podía pagarse en moneda de oro o respaldada por él. Y el oro tiene el inconveniente de que es escaso y se encuentra en manos de unas pocas personas privadas que pueden controlar su valor.

Una de las características de estos sistemas monetarios es que el dinero era emitido por el propio gobierno sin deuda. Este hecho supuso arrebatar el monopolio del dinero a los plutócratas – los muy ricos – que eran quienes poseían el oro. Por tanto se lograba beneficiar con este sistema a las personas trabajadoras, no a los rentistas y usureros. En las colonias británicas de Norteamérica la escasez de metales que sufrían evitó todo acercamiento al patrón oro. En el uso del dinero éste podía tomar la forma de pieles, tabaco o, incluso, papel moneda. Estas son las experiencias que trasladó uno de los Padres Fundadores de los Estados Unidos a sus compatriotas británicos en las distintas ocasiones que estuvo en Londres.

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En palabras de Benjamin Franklin era imposible encontrar una población más feliz y más prospera en toda la superficie del globo que la que habitaba las colonias de Norteamérica. Afirmaciones como ésta y las noticias que llegaban de esa prosperidad a Londres intrigaban a los funcionarios ingleses, que preguntaron a Franklin cuáles eran las razones a las que se debían tanta prosperidad en aquellas tierras. Franklin les respondió emitimos nuestro propio dinero. Se llama Colonial Scrip. Lo emitimos en la proporción justa que demanda el comercio y la industria para que los productos circulen fácilmente desde los productores a los consumidores. De esta manera, creando para nosotros nuestro propio dinero, controlamos su poder de compra, y no debemos pagarle interés a nadie”. Él mismo Franklin era el encargado de emitir y controlar ese papel moneda.

Esta política de las colonias norteamericanas iba directamente en contra de los presupuestos de la política imperial británica fundada en unas colonias que sólo debían ser abastecedoras de materias primas baratas y receptoras de los productos manufacturados de Inglaterra. E iba en contra de los intereses de los grandes financieros europeos que querían continuar controlando el monopolio de la emisión de moneda. Este dinero que era, simplemente, un papel moneda, libre de deuda, impreso con la garantía del gobierno y sin respaldo de oro o plata hacía tambalear ambos monopolios. Un dinero basado en la confianza y de una simpleza pasmosa proveía de prosperidad a las colonias. Esta idea era terrible porque los grandes financieros perdían su control, el monopolio, su capacidad para someter a gobiernos y pueblos enteros y, enriquecerse con su trabajo.

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Ante esta peligrosa idea, el Parlamento inglés decidió en 1764 que las colonias debían plegarse al patrón oro. A partir de ese momento para comprar productos y pagar impuestos era necesario poseer oro. En poco tiempo las colonias se quedaron sin sus reservas de oro, la población no podía comprar los productos ante la escasez de este metal. El comercio se detuvo y las colonias entraron en una profunda depresión. Ante las fatales consecuencias de la austeridad Franklin escribió En un año, las condiciones fueron tan adversas que la era de la prosperidad terminó, y se instaló la depresión, de tal manera que las calles de las colonias está repletas de desempleados”. Las colonias se encontraban estranguladas financieramente. El oro y la plata habían volado a los bolsillos de los grandes financieros europeos.

Esta época de crisis profunda, aumento de los gastos de guerra británicos y el expolio colonial llevaron a las 13 colonias a rebelarse contra el Imperio Británico. Las negociaciones llevadas a cabo por Franklin fueron infructuosas. Éste escribiría más tarde Las colonias habrían aceptado gustosamente los pequeños impuestos sobre el té y otras materias primas si Inglaterra no hubiera extraído a las colonias su dinero, lo que creó desempleo e insatisfacción. La imposibilidad para los colonos de recuperar el poder de emitir su propio dinero de forma permanente, lejos del control de Jorge III y los banqueros internacionales fue la razón fundamental de la guerra revolucionaria”. Es el mismo Franklin quien niega la historia dominante. Es él quien desmiente los actuales lugares comunes. Con el tiempo la historia se olvida, o bien, se falsifica y maneja según los intereses de algunos. Es importante adaptarla para que sustente ciertas ideologías fundamentadas en intereses y prejuicios.

La lucha contra las instituciones bancarias y los plutócratas siempre estuvo en la esencia de los revolucionarios norteamericanos. Una lucha que no finalizó con la independencia sino que continuó y continúa en la historia de los Estados Unidos. Thomas Jefferson escribió Creo sinceramente que las instituciones bancarias son más peligrosas para nuestras libertades que los ejércitos en armas. El poder de emisión debe ser rescatado de los bancos y restaurado a sus dueño legítimo, el pueblo”. La lucha de Jefferson siempre estuvo dedicada a devolver la emisión de la moneda a su único poseedor en un régimen democrático de libertades: la soberanía popular. Si esto no se conseguía se cernirían sobre la población de los Estados Unidos los males habituales provocados por los banqueros Si el pueblo americano permite alguna vez a los banqueros privados el control de la emisión de su moneda, primero por inflación, luego por deflación, los bancos y las corporaciones que crecerán a su alrededor privarán a la gente de todas sus propiedades hasta que un día sus hijos se despierten sin hogar en el continente que sus padres conquistaron”.

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La lucha contra la imposición de un nuevo banco central privado controlado en su mayor parte por financieros internacionales llevó a la guerra contra Gran Bretaña de 1812–1814. Siempre Jefferson lamentó la instauración del primer banco central de los Estados Unidos Aunque hemos tan ingenuamente permitido que el poder [de emitir nuestro propio dinero sin deuda] sea robado por individuos privados, creo que podemos recuperarlo… A los estados se les debe pedir que transfieran el derecho de emitir dinero de papel al Congreso, a perpetuidad. O que se permitiera en la redacción de la Constitución que el Gobierno pudiera coger prestado a entidades o individuos privados, en lugar de continuar emitiendo su moneda libre de deuda Desearía que fuera posible obtener sólo una única enmienda a nuestra Constitución… Quitándole al gobierno federal el poder de coger prestado”.

La lucha contra los plutócratas continuó con Andrew Jackson al que intentaron asesinar. Continuó con Abraham Lincoln al que asesinaron. Esta lucha fue retomada por James Garfield que fue asesinado y, finalmente, el último presidente de los Estados Unidos que se enfrentó a las corporaciones privadas que monopolizan la emisión del dinero fue John F. Kennedy que murió asesinado, también ¿Todos estos hechos pueden ser considerados casualidades? Tal vez. Pero todos estos presidentes intentaron devolver la soberanía nacional al pueblo. Andrew Jackson tenía una opinión firmemente asentada de los banqueros internacionales presentes en el Segundo Banco de los Estados Unidos Sois un nido de víboras, tengo la intención de arrancaros de nuestro país y por el Dios eterno juro que lo haré”. Porque la razón de perseguir el banco privado y negarle el monopolio del dinero siempre fue la misma: salvaguardar la soberanía nacional y el bienestar de los ciudadanos.

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Es fácil imaginar que grandes males pueden venir a nuestro país y sus instituciones de tal concentración de poder en las manos de unos pocos [que son] irresponsables ante la gente… ¿No constituye un peligro para nuestra libertad e independencia el tener un banco que tiene tan poco en común con nuestra nación? ¿No representa el mismo una causa de temor al pensar en la pureza y la paz de nuestro proceso electoral y en la independencia de nuestro país en guerra?… Al controlar nuestra moneda, al recibir nuestro dinero público, mantiene a miles de nuestros ciudadanos en un estado de dependencia… Sería algo más temible y peligroso que el poder militar de un enemigoAndrew Jackson, 7º presidente de los Estados Unidos, 1832.

Por tanto, en momentos como los actuales, debemos aprender mucho de una historia que se repite con tal asiduidad en la vida de los hombres. Es demasiado malintencionado e interesado hablar de déficit o deuda pública. De gasto público. Cuando, en realidad, lo importante es centrarse en quién controla cuánto dinero tenemos y por qué. Y deberíamos saber que esas personas privadas que controlan el dinero, que lo manipulan y nos manipulan, sólo buscan inmolarnos en el altar de un beneficio para ellos aún mayor. Sabemos que es una lucha, siempre ha sido así y siempre lo será. EEUU ganó a los financieros y al Imperio su Revolución, pero sólo fue temporal. Desde entonces, esta batalla se continúa librando, una lucha ininterrumpida entre el despotismo y la libertad. La libertad contra el vasallaje. Unas veces gana el pueblo, otras los déspotas. Actualmente, los déspotas están venciendo. Europa, el BCE, estrangula a las naciones en beneficio de los intereses corporativos y financieros. Somete a los gobiernos al haber perdido éstos el derecho y la obligación a emitir su propio dinero. Hoy la soberanía del pueblo ha sido de nuevo subyugada. 

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Image1. Un año académico en una universidad pública de EE.UU cuesta entre 28.000 y 30.000 euros.

2. La imposibilidad de pagar esta cantidad hace que los estudiantes tengan adquirir préstamos para su financiación al programa de préstamos federales que comenzó hace más de cuatro décadas.

3. La perversión del sistema es tal que, muchos estudiantes de bajos ingresos, sobre todo, negros e hispanos, se alistan en el ejército y van a luchar a las ‘guerras de los ricos’, cuyos hijos no tienen necesidad de ir a esas guerras, ‘a matar y morir’ para ser becados y poder estudiar en la universidad.

4. El préstamo empezará a pagarse a los 6 meses de finalizar los estudios.

5. La deuda de los préstamos universitarios en EEUU ha alcanzado el billón de dólares.

6. La ‘espiral de la deuda’ crece y crece, esa es su razón de ser: vivir de intereses usurarios. En la última década, respecto a la anterior, ha crecido un 63%.

7. Esta deuda ha superado la de las tarjetas de crédito y los prestamos automovilísticos. Mientras, el gobierno de EEUU se plantea la bancarrota de los estudiantes, en España se pretende imponer este sistema costosísimo.

8. El 20% de los estudiantes será perseguido por la deuda. Personas con más de 60 años siguen atados a esta deuda. En la ‘economía de la deuda’ que favorece la usura bancaria los ciudadanos son esclavos de todo tipo de préstamos: vivienda, salud, educación, etc.

9. Los empleos precarios, los menores salarios y la imposibilidad de muchos de encontrar trabajo han llevado a los estudiantes a casa de sus padres y a no poder pagar la deuda. Además, la tasa de interés de los préstamos amenaza con duplicarse del 3% al 6%.

10. En España, nos acercamos inexorablemente al modelo anglosajón. Más caro y más clasista, pero que da enormes beneficios a bancos, inversores y empresas privadas a costa del resto de la sociedad.

11. Podemos elegir entre el modelo público francés donde estudiar una licenciatura cuesta 134 euros anuales, un máster 237 euros y un doctorado 359 euros, teniendo, además, la posibilidad de recibir becas. O, elegir el modelo estadounidense donde un año universitario público cuesta 30.000 euros aproximadamente y el coste de las matriculas ha crecido un 900% en 30 años. O el modelo británico donde las tasas han subido de 1.000 libras a 12.000 libras en sólo diez años, pero, donde todavía en 1998 era gratis estudiar y, además, recibían becas por movilidad geográfica.

Sabemos quienes son los beneficiarios de cada modelo. Debemos tener claro que, el progreso no es lineal. Las fuerzas reaccionarias siempre están trabajando para, dominar y beneficiarse, ‘parasitar’ a la sociedad. Esto es el neoliberalismo.

 

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