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Archive for the ‘Genocidios’ Category

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¿Cómo se explica que los más estridentes gritos de dolor por la libertad los escuchemos elevarse en las voces de los cazadores de negros?

Samuel Johnson

 

Nosotros, los orgullosos Campeones de la Libertad y los declarados Abogados de los Derechos naturales de la Humanidad, nos empeñamos en este comercio inhumano y criminal más profundamente que cualquier otra nación… Los Abogados del republicanismo y de la supuesta igualdad de la humanidad deberían ser los primeros en sugerir algún sistema humano de abolición de la peor de todas las esclavitudes

Josiah Tucker.

 

 

Las revoluciones liberales acontecidas en Holanda, Inglaterra y EEUU, en los siglos XVI, XVII y XVIII, respectivamente, no trajeron la libertad anunciada. No para todos. Únicamente, fue la libertad de los “señores”. Protegidos tanto del “absolutismo monárquico” como del “absolutismo democrático”. El triunfo parcial de las nuevas fuerzas sociales representadas por la oligarquía burguesa en meteórico ascenso supuso el deterioro del poder de los monarcas absolutos, pero fue para que surgiera un poder aún más absoluto sobre la sociedad y la Humanidad en su conjunto. Las nuevas democracias representativas, que limitaban el poder real, surgidas tras las revoluciones burguesas fueron el gobierno único y absoluto de las poderosas oligarquías emergentes.

Estos nuevos regímenes se lanzaron a la expansión colonial más feroz, desposeyeron de toda propiedad tanto a sus compatriotas como a los pueblos repartidos alrededor del globo, la esclavitud tomó proporciones nunca vistas y los trabajadores fueron convertidos en algo peor que siervos. La libertad para todo el que no fuera miembro de la oligarquía propietaria era inexistente. La limitación al poder absoluto y la preciada libertad liberal, realmente, fue el auténtico desenfreno de la codicia que dio rienda suelta a las ambiciones más viles de terratenientes y mercaderes. Ninguna limitación e injerencia gubernamental podría cruzarse ya en su camino. Ahora ellos eran el gobierno y el poder absoluto. Sus filósofos e ideólogos convirtieron en justificación moral lo que adolecía de una falta de moral absoluta.

A manos de los nuevos estados liberales fueron esclavizados y explotados millones de seres humanos. Se procedió al sometimiento, el robo y el exterminio sistemático de los habitantes no blancos de nuestro planeta. Antes de todo se procedió a su deshumanización, a su placentera conversión en diablos, idolatras, bestias feroces y seres subhumanos, que hiciera más digeribles los crímenes que tenían el único objetivo del beneficio. No sólo fueron doblegados y asesinados los seres humanos de distinto color, sino que, también, los irlandeses católicos dejaron de merecer la compasión del nuevo estado liberal inglés. Tampoco los campesinos, los pobres y los vagabundos tuvieron mejor suerte: su libertad acababa bajo la bota del amo o el patrón. Los que alguna vez tuvieron acceso a  la propiedad bajo la forma comunal fueron despojados de todo bajo la violencia permanente de los nuevos gobernantes. Parecen crímenes lejanos, pero no lo son. Parecieran imposibles de repetirse, pero 400 años ininterrumpidos, millones de seres humanos asesinados los contemplan…

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Esta “paradoja” entre la nueva fe de la libertad y sus actos concretos es lo que pone de manifiesto Domenico Losurdo en su “Contrahistoria del liberalismo” que nos muestra esta ideología con todas sus contradicciones y realidades:

 

Limitación del “poder absoluto” y surgimiento de un poder absoluto sin precedentes: Para que esta paradoja pueda ser explicada, primero tiene que exponerse en toda su radicalidad. La esclavitud no es algo que permanezca a pesar del éxito de las tres revoluciones liberales [Países Bajos, Inglaterra y EEUU]; al contrario, conoce su máximo desarrollo con posterioridad a tal éxito: “El total de la población esclava en el continente americano ascendía a cerca de 330.000 en 1700, a casi 3 millones en 1800, para alcanzar finalmente el pico de los más de 6 millones en los años 50 del siglo XIX”’. Lo que contribuye de manera decisiva al ascenso de esta institución, sinónimo de poder absoluto del hombre sobre el hombre, es el mundo liberal. 

A mediados del siglo XVIII era Gran Bretaña la que poseía el mayor número de esclavos (878.000). El dato está lejos de ser exacto. A pesar de que el imperio de España tiene una extensión mucho mayor, le sigue a una buena distancia. Quien ocupa el segundo lugar es Portugal, que posee 700.000 esclavos, pero que a su vez es una especie de semi-colonia de la Gran Bretaña: una gran parte del oro que extraen los esclavos brasileños termina en Londres. Y por lo tanto, no hay dudas de que, quien se distingue en este campo por su posición absolutamente eminente es el país que, al mismo tiempo, está a la cabeza del movimiento liberal y que ha conquistado supremacía en el comercio y en la posesión de esclavos negros a partir, precisamente, de la Revolución Gloriosa. Por otro lado, es el propio [William] Pitt el joven quien, al intervenir en abril de 1792 en la Cámara de los comunes sobre el tema de la esclavitud y de la trata negrera, reconoce que “ninguna nación en Europa […] está tan profundamente sumida en esta culpa como Gran Bretaña”.

Y eso no es todo. En las colonias españolas y portuguesas, en mayor o menor medida, sobrevive la “esclavitud doméstica”, que debe distinguirse claramente de la “esclavitud sistémica, vinculada a las plantaciones y a la producción de mercancías”; y es este segundo tipo de esclavitud -—que se afianza sobre todo en el siglo XVIII (a partir de la revolución liberal de 1688-89) y que predomina claramente en las colonias inglesas— el que explica de manera más completa la deshumanización de aquellos que ya son solo instrumentos de trabajo y mercancías, objeto de compraventa regular en el mercado… La servidumbre a tiempo determinado…, en vigor hasta ese momento, tiende a ceder el lugar a la esclavitud propiamente dicha, a la condena perpetua y hereditaria de todo un pueblo, al que se le niega…, cualquier esperanza de libertad… Ya está en curso el proceso que reduce cada vez más al esclavo a pura mercancía y proclama [su] carácter racial… Una casta hereditaria de esclavos, definida y reconocible ya por el color de la piel…, a los ojos de John Wesley, la “esclavitud norteamericana”, es “la más vil nunca antes aparecida sobre la tierra”. 

Domenico Losurdo Contrahistoria del liberalismo

 

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Mientras la dinastía Qing estaba cumpliendo su contrato social con los campesinos, los europeos contemporáneos morían a millones de hambre y de enfermedades relacionadas con el hambre durante los inviernos árticos y veranos de sequía de 1740 a 1743…

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… Necesitamos,…, una analogía de las hambrunas de finales de la era victoriana en la que los parámetros naturales se mantengan constantes pero las variables sociales difieran significativamente… Un candidato excelente,…, es el fenómeno El Niño de 1743-44, descrito como excepcional… El monzón primaveral fue suspendido durante dos años seguidos, lo que devastó el trigo invernal en Hebei (Zhili) y en el norte, en Shandong. Los vientos abrasadores marchitaban las cosechas y los granjeros morían repentinamente de insolación en los campos. Las provisiones de cereales provinciales eran completamente inadecuadas para la escala en la que se necesitaban. Pero a diferencia de lo que sucedió a finales del siglo diecinueve, no hubo una mortandad generalizada ni de hambre, ni de enfermedades. ¿Por qué no?

Pierre-Etienne Will ha reconstruido cuidadosamente la fascinante historia de la campaña de auxilio de 1743-44… Los famosos graneros «siempre estables» de cada condado ,…, inmediatamente empezaron a distribuir raciones (sin exigir a cambio un examen de capacidad para el trabajo) a los campesinos en los condados oficialmente designados como afectados por la hambruna. (La aristocracia local había organizado con anterioridad comedores populares para asegurar la supervivencia de los residentes más pobres hasta que comenzase la distribución de raciones.) Cuando las provisiones locales se demostraron insuficientes, [Fang] Guancheng transfirió mijo y arroz de los grandes almacenes de grano tributario en Tongcang, al término del Gran Canal, y usó el Canal para transportar vastas cantidades de arroz desde el sur. Dos millones de campesinos fueron alimentados durante ochos meses, hasta la vuelta del monzón… [El] 85% de los cereales usados en el auxilio fueron tomados prestados de los depósitos o graneros que almacenaban el grano de los tributos situados en las afueras del radio de territorio afectado por la sequía.

Ninguna sociedad europea contemporánea garantizaba la subsistencia, considerada como un derecho humano [ming-sheng], de sus campesinos…, ni tampoco, como después se maravillarían los fisiócratas, podían siquiera emular «la precisión temporal de las operaciones [de Guancheng]…» Mientras la dinastía Qing estaba cumpliendo su contrato social con los campesinos, los europeos contemporáneos morían a millones de hambre y de enfermedades relacionadas con el hambre durante los inviernos árticos y veranos de sequía de 1740 a 1743… Es decir, en la Era de la Razón europea, las «masas de personas hambrientas» eran francesas, irlandesas y calabresas, pero no chinas.

Además, «la intervención llevada a cabo en Zhili en 1743 y 1744 no fue la única de su clase en el siglo dieciocho, ni siquiera fue la más amplia»…, la inundación del Río Amarillo el año anterior (1742-43) comportó muchos más gastos y abarcó una región mucho más extensa. (Además de las [seis] sequías e inundaciones correlacionadas con el ENOS… otros siete desastres (inundaciones)… requirieron una movilización masiva de auxilio… La capacidad del Estado chino durante el siglo dieciocho,…, era verdaderamente impresionante: un cuadro de administradores experimentados en la solución de problemas; un único sistema nacional de estabilización del precio de los cereales; grandes excedentes de cereales; graneros bien administrados que almacenaban más de un millón de bushels de grano en cada una de las doce provincias; e infraestructuras hidráulicas incomparables…, el control de precios fue la innovación principal de la dinastía Qing… [el emperador] Yongzheng… reprimió severamente la especulación por parte de «las familias ricas que, en su busqueda de provecho, sustraen habitualmente grano a miles, miríadas de bushels».

Mike Davis, Los holocaustos de la Era Victoriana tardía.

 

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La supresión de los monzones desde 1876 hasta 1879 provocó una sequía inusualmente grave en la mayor parte de Asia. Su impacto en la sociedad agricultora del momento fue inmenso. Por lo que sabemos, la hambruna que se apoderó de la región fue la peor de las que castigaron a la especie humana”.

John Hidore, Global Environmental Change, 1996.

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La mortalidad total de estas tres oleadas de sequía, hambre y enfermedades no pudo haber sido menor de 30 millones de víctimas. Podría llegar a 50 millones de muertos”.

Fue realmente un desastre de magnitud planetaria, con sequía y hambrunas documentadas en Java, las Islas Filipinas, Nueva Caledonia, Corea, Brasil, el sur de África y el Magreb. Hasta la fecha, nadie había imaginado que un clima tan extremo y sincrónico fuese posible en una escala que incluía el cinturón tropical monzónico completo, más el norte de China y de África. Ni tampoco había registros históricos de hambrunas que hubiesen tenido un impacto simultáneo en áreas tan distantes unas de otras. […]

Pero la gran sequía de 1876-79 fue tan sólo la primera de las tres crisis de subsistencia global de la segunda mitad de la era victoriana. Los años secos de 1889-91 llevaron de nuevo el hambre a la India, Corea, Brasil y Rusia; aunque los peores sufrimientos fueron en Etiopía y Sudán, donde es posible que pereciese un tercio de la población. En 1896-1902 se presenció, de nuevo, la supresión repetida de los monzones a lo largo de los trópicos y del norte de China. Las epidemias de malaria, disentería, peste bubónica, viruela y cólera, enormemente destructivas, provocaron millones de víctimas en las filas de los debilitados por la hambruna.

Los imperios europeos, conjuntamente con Japón y Estados Unidos, explotaron salvajemente esta oportunidad para arrebatar nuevas colonias, expropiar las tierras comunales y reclutar más mano de obra para sus plantaciones y minas. Lo que, desde una perspectiva metropolitana, parecía el resplandor último de la gloria imperial del siglo diecinueve fue, desde el punto de vista asiático o africano, tan sólo la luz odiosa de una gigantesca pira funeraria“.

Mike Davis, Los Holocaustos de la Era Victoriana tardía. El Niño, las hambrunas y la formación del Tercer Mundo.

Postdada:

[Cuando] Dentro de cincuenta años los historiadores revisen el papel jugado por el Imperio Británico durante el siglo diecinueve, las muertes innecesarias de millones de indios serán su monumento principal y más celebre.

William Rigby, “Prosperous” British India: A revelation from Official Records, 1901.

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Pero existe una categoría de extranjeros malhechores que fabrican opio y lo traen a nuestro país para venderlo, incitando a los necios a destruirse a sí mismos, simplemente con el fin de sacar provecho. […] ahora el vicio se ha extendido por todas partes y el veneno va penetrando cada vez más profundamente (…) Por este motivo, hemos decidido castigar con penas muy severas a los mercaderes y a los fumadores de opio, con el fin de poner término definitivamente a la propagación de este vicio. […] Todo opio que se descubre en China se echa en aceite hirviendo y se destruye. En lo sucesivo, todo barco extranjero que llegue con opio a bordo será incendiado (…)”.

Lin Hse Tsu, Carta enviada a la reina Victoria requiriéndole que dejara de traficar con drogas y respetara las normas del comercio internacional, 1839.

 

Millones de personas murieron, no porque estaban fuera del “sistema mundial moderno”, sino porque fueron violentamente incorporadas en sus estructuras económicas y políticas. Murieron en la época dorada del capitalismo liberal; de hecho, muchas fueron asesinadas, como veremos, por la aplicación teológica, de los principios sagrados de Smith, Bentham y Mill

Mike Davis, profesor de Historia de la Universidad de California en Riverside.

 

Si no fuera porque se poseen armas perfeccionadas, la muchedumbre de gente famélica podría haber causado serias perturbaciones políticas

Parte de un Oficial consular estadounidense en Pekín, 1879.

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En la conciencia colectiva ha quedado el fracaso del cruento intento de industrialización llevado a cabo en China por Mao a finales de la década de los 50 y principios de los 60. La obsesión por la industrialización, la modernización y el progreso; la artificialidad de los movimientos de población y la colectivizaciones agrarias con el consiguiente abandono del campo en favor de la manufactura y la industria llevaron a que catástrofes climáticas severas – pero, recurrentes – se convirtieran en auténticos desastres humanos con millones de muertos. La cifra de muertos para este periodo oscila según diferentes expertos entre los 18 millones y 32,5 millones de muertos.

En cambio, hay otro Gran Salto Adelante que dio China que no ha quedado impreso en la conciencia colectiva. Que haya ocurrido así no es gratuito ni inocente. Sabemos que los vencedores son quienes escriben la historia y muchas veces esta historia está idealizada o directamente ocultada cayendo en el olvido para escarnio de sus víctimas. Y hoy el vencedor de la historia es el capitalismo liberal anglosajón… Este otro “Salto Adelante” se produjo a mediados del S.XIX cuando la negativa de China a integrarse “libremente” en el “mercado mundial” construido bajo los auspicios del “libre comercio” británico y occidental llevó a una serie de guerras de agresión coloniales y revueltas civiles con consecuencias devastadoras para la población y el país.

RepartoChina

La negativa de China, más tarde, a permitir una mayor liberalización comercial y nuevas concesiones en su territorio a Reino Unido y Francia, y, primero, su repulsa a favorecer que se extendiera por él el lucrativo negocio del comercio ilegal de opio – perseguido por los funcionarios imperiales debido a las terribles consecuencias sociales que provocaba de corrupción pública y adicción – único producto que podía competir con la superior manufactura china, que venían realizando los mercaderes británicos desde la India dieron lugar a dos guerras. Son las conocidas como Guerras del Opio: la primera se produjo entre 1839 y 1842, dando lugar a un período de inestabilidad y guerras civiles que llevó a entre otras a la Rebelión Taiping (1851 – 1864). La segunda transcurrió entre 1856 y 1860. Las muertes directamente causadas por estas guerras oscilan entre los 15 y los 60 millones de personas. A esto debemos sumarle las muertes causadas por las guerras civiles que varían entre los 20 y los 50 millones de personas.

Este terrible período de la historia de China se coronó con la Gran Hambruna de 1876–1878 que provocó la muerte en el norte de China de entre 8 y 20 millones de personas. Esta espantosa devastación también fue la consecuencia de la aplicación de unas reformas económicas que barrieron los cimientos de la sociedad tradicional en pos de la modernización y el beneficio económico, dejando unos campesinos empobrecidos y sobreendudados; unos mercados locales destruidos, que ante el advenimiento de una catástrofe climática tuvo como consecuencia evitable la muerte de millones de personas. Fue el mercado y la fe ciega en el capitalismo liberal lo que convirtió un grave – pero, habitual – fenómeno climático en una hambruna devastadora. Durante el S.XVIII estos mismos fenómenos se produjeron, pero las políticas redistributivas de los gobiernos – tanto en China como en la India – evitaron que tuvieran consecuencias humanas tan terribles.

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Durante el mandato británico se dejó morir a la gente sin prestarle el diligente auxilio como había sido la norma bajo los antiguos gobiernos locales. Dentro de la lógica del libre mercado – una lógica marcada entonces por el racismo, el maltusianismo y la codicia – la cosecha debía exportarse para obtener cuantiosos beneficios aunque fuera al precio de millones de muertos. Además se imponía sobre el gobierno la doctrina teológica maltusiana de que cualquier intervención del gobierno para aliviar las penurias del hambre sería contraproducente. En palabras del ministro de Finanzas, sir Evelyn Baring: “Cada intento bienintencionado de mitigar los efectos de la hambruna y la salubridad deficiente no sirve más que para aumentar los males que resultan de la sobrepoblación” o, en un informe oficial de 1881 se mantiene que: “… si el gobierno gastase una mayor parte de sus ingresos en aliviar la hambruna, se aumentaría la proporción de la población que está en la penuria”.

En sólo cuatro décadas (1839–1878) la inclusión forzosa de China en el capitalismo liberal se hizo al precio de un máximo de 130 millones de muertos y un mínimo de 43 millones. Además de alrededor de 15 millones de drogadictos y la perdida de Hong Kong. Como ocurriera luego en el S.XX, este fue otro carísimo proceso de ingeniería social desde el poder – éste, en cambio, liberal y capitalista – guiado por la extrema codicia que reportó unos beneficios económicos astronómicos. Para China el “libre comercio” – como para todos los países que lo han “adoptado” – fue catastrófico. Hacia la última década del S.XIX su población no era superior a la que tenía en 1820 y el ingreso per capita había retrocedido a principios de siglo. Con la llegada de los británicos comenzaría – como ocurrió antes en la India o en Irlanda; por las mismas fechas, en Iberoamérica y África – un periodo de guerras, dependencia económica, perdida de soberanía, tratados desiguales, imposición de la losa de la deuda externa, desindustrialización e inestabilidad política y social nunca antes conocido.

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Postdata: De ese comercio del opio que tantos millones de muertos provocó queda todavía hoy como vestigio el gran banco HSBC (The Hong Kong and Shanghai Banking Corporation) fundado en 1865 con la finalidad de administrar los enormes beneficios obtenidos por el comercio de esta droga. Banco que, por cierto, no ha perdido su afición a los negocios ilícitos…

* (1785– 1850) Funcionario imperial chino que prohibió y trató de luchar contra el contrabando y el comercio ilegal de opio de los mercaderes (narcotraficantes) británicos, estadounidenses y occidentales. Asimismo luchó contra la corrupción de los funcionarios públicos sobornados con el dinero del opio británico. Estas acciones tuvieron como respuesta la agresión del Imperio británico en las conocidas como Guerras del Opio en su afán de proteger a los comerciantes británicos y los enormes beneficios que le generaba el tráfico de drogas.

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 “El *holocausto nació y fue ejecutado en nuestra moderna sociedad racional, en un alto estadio de nuestra civilización y en la cima del logro cultural humano, y por eso es un problema de nuestra sociedad, civilización y cultura”.

“[El holocausto] se produjo en medio del ensordecedor silencio de gente que creía ser decente y ética, y que sin embargo no entendía por qué las víctimas, que mucho tiempo antes habían dejado de ser consideradas miembros de la familia humana, eran merecedoras de su empatía moral y su compasión”.

Zigmunt Bauman, sociólogo polaco.

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El domingo estuve viendo la película El Pianista (Roman Polanski, 2002). No la había visto antes. Mientras veía la película estuve haciendo una pequeña búsqueda de información histórica acerca del gueto de Varsovia y el alzamiento.  Los crímenes nazis son de todos conocidos. La violencia que puede ejercer el ser humano sobre otros de su misma especie nunca podrá dejar de sorprendernos y no podrá ser equiparable a cualquier otra especie animal.

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Esto nos debería llevar a descartar los análisis y opiniones etnocéntricas, nacionalistas o localistas llenas de prejuicios y estereotipadas. La violencia y las masacres son algo inherente a toda raza, imperio o nación que haya existido sobre la faz de la tierra. Como ha escrito Zigmunt Bauman: “Para lo que significa la modernidad, el genocidio no es una anomalía ni una disfunción”. Los nazis no inventaron el genocidio, ni fueron los primeros, ni han sido los últimos en perpetrar uno. Si hay algo particular en su genocidio es la meticulosidad industrial y de fábrica que lo caracteriza.

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Sus fundamentos tampoco eran nuevos. El odio racial o religioso, la superioridad de unas razas o personas sobre otras, el darwinismo social, la eugenesia o eliminación de los seres más débiles o poco útiles de la sociedad, la búsqueda de un chivo expiatorio al que cargar los problemas sociales y económicos, los reiterados pogromos contra minoría étnicas y religiosas, las invasiones militares y las políticas expansionistas propias del imperialismo, la explotación colonial, las guerras de conquista y exterminio. Nada nuevo. Nada que haya perdido vigencia. Nada que no formara parte y práctica de los siglos más recientes de Occidente. Nada que no fuera respetable y razonable entre finales del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX.

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Pero volviendo al tema que nos ha traído aquí. La destrucción de Varsovia y la consiguiente deuda moral y económica contraída. Una meticulosa destrucción que se dio tras sofocar y reprimir brutalmente el alzamiento de la ciudad contra las tropas invasoras alemanas en agosto de 1944. La posterior venganza de Hitler fue terrible tanto en víctimas humanas como materiales. La ciudad fue arrasada. Absolutamente devastada. Cada edificio destruido, uno a uno, con explosivos y lanzallamas. La idea – nueva locura – era crear un lago sobre las ruinas de Varsovia.

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Esta sistemática destrucción tenía toda la idea simbólica de borrar de la faz de la tierra lo que antes había sido el orgullo de Polonia. No solo bastaba con exterminar a su población sino también cualquier vestigio de su antiguo esplendor. Se prestó especial atención en la destrucción de la cultura y la historia polaca: los monumentos y los archivos nacionales fueron barridos. La historia de una nación o de un pueblo está en su memoria y está tenía que ser destruida.

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Las pérdidas materiales podemos resumirlas así: el 94% de los edificios históricos fueron demolidos piedra a piedra. Entre ellos, 25 iglesias, 923 edificios, la Biblioteca Nacional y otras 13 bibliotecas más, 81 escuelas primarias, 64 escuelas secundarias y las dos universidades; A principios de 1945, ya había sido devastado el 85% de la ciudad, alrededor de 10.455 edificios. Obras de arte y ciencia, libros históricos, arquitectura y escultura, la historia de Varsovia quedó absolutamente arrasada.

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La práctica totalidad de los ciudadanos sobrevientes de Varsovia habían perdido sus propiedades. El ayuntamiento de Varsovia hizo, en 2004, un cálculo de las pérdidas acumuladas por tamaña destrucción de propiedades municipales y privadas situándolas en unos 45.000 millones de dólares de ese año. En 2005, la cantidad ascendía ya a 54.600 millones de dólares. El valor de lo que se perdió en términos humanos y materiales es incalculable. Todavía hoy la ciudad de Varsovia reclama a Alemania una indemnización nunca pagada, unos daños materiales y morales nunca subsanados.

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Sin embargo, la deuda alemana fue en gran parte condonada en el año 1953. Como bien ha analizado Eric Touissant, los acuerdos de Londres de 1953 suponían para Alemania unas condiciones muy ventajosas en el pago de su deuda y su reconstrucción: 

Alemania veía reducida su deuda un 62,6%, situándose en 3.450 millones de dólares [el 25% de su PIB entonces];

Se posponía el abono de las indemnizaciones y las deudas de guerra contraídas con los países y regiones invadidas, agredidas o anexionadas y sus poblaciones;

Alemania podía suspender el pago de la deuda y renegociar las condiciones si se presentaba algún cambio significativo en la situación económica propia;  

El pago de la deuda tenía que ser compatible con un alto crecimiento y una mejora de las condiciones de vida de la población;

Reembolsaría la deuda en su propia moneda – muy devaluada – con la ventaja de que su banco central emitía la misma [hoy Grecia se encuentra a expensas del BCE que puede estrangularla económicamente y no tiene posibilidades de emitir su propia moneda para pagar la deuda];

Los países condonantes permitían a Alemania sustituir importaciones por producción propia y elevar las exportaciones para mantener una balanza comercial positiva [se fomentaba la reindustrialización alemana y el control gubernamental de la economía];

Alemania no tendría que dedicar más que una vigésima parte – un 5% –  de sus ingresos por exportaciones al pago de la deuda [hoy Grecia dedica entre el 25 y 30% de sus exportaciones al pago de la deuda];

La deuda alemana quedaba bajo la jurisdicción de los tribunales alemanes que podían rechazar las sentencias de las instancias de otros países;

Alemania gozó de un tipo de interés excepcionalmente reducido de entre el 0% y el 5% [en este caso Grecia también goza de un tipo de interés relativamente bajo, el 2,2%, aunque no tan bajo como podría ser si el BCE quisiera… El problema es que con las políticas de austeridad que ahondan la depresión económica la deuda no se reducirá sustancialmente e, incluso, seguirá creciendo;

Por último, Alemania recibiría cuantiosas donaciones por valor de 1.373 millones de dólares dentro del Plan Marshall [es como si Grecia recibiera el 40% del importe de su deuda actual en inversiones para reindustrializar el país: 127.000 millones de euros].

No es este el trato que Alemania ha dispensado a sus vecinos. En la guerra franco prusiana del S.XIX, una Francia ocupada y derrotada tuvo que pagar a la Alemania imperial unas reparaciones de guerra formidables para la época: 1.000 millones de francos oro. Y lo hizo. Una Alemania derrotada en la I Guerra Mundial pagó cantidades irrisorias en reparaciones de guerra. Se negó a pagar postergándolo indefinidamente. Tras la II Guerra Mundial se le condonó gran parte de la deuda y pagó en cómodos plazos en una moneda devaluada. No es el mismo trato dado a unos y a otros. No es el mismo trato que Alemania da a los ciudadanos del sur de Europa – constantemente criminalizados e injuriados – asolados por unas políticas de austeridad y el peso de una deuda contraída de forma fraudulenta por la especulación financiera de las oligarquías financieras, que les condenan a la miseria, la crisis y la revuelta social.

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¿Es la deuda algo sagrado como algunos nos cuentan? En absoluto. La deuda es una cuestión de poder. Si eres débil pagas. Si eres fuerte eliges quien paga por ti. En este asunto simplemente reina la asimetría y la injusticia más absolutas. No existe ningún tipo de justicia internacional. Únicamente, la coacción del fuerte sobre el débil. **Alemania no está investida de ningún tipo de superioridad moral para reclamar una deuda formada a raíz de la corrupción del sistema financiero internacional. Una corrupción tanto del sistema financiero alemán como del estadounidense, el griego o el español. Los países débiles pagan. Los ciudadanos corrientes pagan o son desahuciadas. Ellos no serán rescatados. Banqueros y plutócratas ven como sus deudas son asumidas por los ciudadanos corrientes. ¿Cómo puede investirse con algún tipo de superioridad moral quien ampara la mayor corrupción internacional?

Solo nos queda el consuelo de que nos estamos sacrificando por un bien superior: ¿el fin de la crisis? No. El bienestar de los más ricos.

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* El holocausto conllevo el asesinato sistemático y premeditado de 20 millones de seres humanos. De los cuales 6 millones eran judíos.

**Alemania como representación de la élite político – financiera que gobierna el país. No como la totalidad del país y sus ciudadanos.

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“Por una vez, tenemos que usar el máximo poder de este país contra ese pequeño país de mierda [Vietnam] para ganar la guerra. […] Henry, no tienes ni idea. Lo único en lo que tú y yo no coincidimos es en los bombardeos. A ti te preocupan mucho los civiles y a mí me importan un bledo. […] Sigo pensando que deberíamos destrozar las presas. […] prefiero usar una bomba nuclear. ¿Lo has entendido, Henry? […] Una bomba nuclear, ¿te preocupa? Quiero que pienses a lo grande de una vez, Henry”.

Richard Nixon en conversaciones con Henry Kissinger sobre las acciones a tomar en la guerra de Vietnam.

 “[…] Me di cuenta de que nunca más podría alzar mi voz contra la violencia de los oprimidos en los guetos si no le hablaba primero claramente al principal proveedor de violencia en el mundo actual: mi propio gobierno”

Martin Luther King, Más allá de Vietnam, 1967. 

No entiendo este rechazo sobre el uso de las armas químicas. Definitivamente hemos adoptado la posición en la Conferencia de Paz de argumentar a favor de las armas de gas como una forma permanente de la guerra […]. Estoy totalmente a favor del uso de gas venenoso contra tribus incivilizadas

Winston Churchill, en Consejo de Ministros, 1920.

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A raíz de los últimos acontecimientos que se están sucediendo en el escenario político internacional – el muy probable ataque a Siria, la persecución de Edward Snowden o la condena a Bradley Manning – no es muy complicado para quien tenga un mínimo interés en la investigación histórica que le vengan a la mente el caso del golfo de Tonkín o el nombre de Daniel Ellsberg. Si a esto le unimos el reciente de las supuestas armas de destrucción masiva en Iraq tenemos un mismo tipo de casos que se repiten recurrentemente en la historia. Todos ellos – sin detenernos en los muchos más que hay – se caracterizan por el cinismo y la hipocresía de los distintos gobiernos occidentales. No es que sea una característica única y propia de ellos, es que en teoría son el culmen de la civilización: el progreso, la libertad y la democracia. De ellos no debería o no podría esperarse acciones tan depravadas según lo que presumen y dicen representar.

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Los incidentes se demostraron como inventados – una pura engañifa – para entrar en sendas guerras – Iraq y Vietnam – y las personas se jugaron sus vidas para que la verdad se supiera y se conociera la verdadera entidad criminal de sus gobiernos. Tristemente quienes denunciaron el cinismo y los crímenes de los poderosos fueron y son acusados de traición y de poner en peligro la seguridad nacional. Bajo el alto secreto, bajo las premisas de interés y seguridad nacional se esconden los crímenes más abyectos de personas e intereses privados. Quien engañando y mintiendo manda a sus jóvenes a morir y a asesinar, quien comete gravísimos crímenes contra la humanidad por pura ambición personal es enterrado con todos los honores, recibe premios, ponen su nombre a calles y es reconocido socialmente. Quienes se enfrentan a estos crímenes, luchan por la paz, la justicia o los derechos humanos son perseguidos, encarcelados, coaccionados, acosados, investigados, retirado su pasaporte, etc.  Imagen

Es obsceno rasgarse las vestiduras por el uso de armas químicas, simplemente, porque han salido de la inventiva de Occidente. Porque aquí son fabricadas. Porque la venta de armas convencionales – éstas son las que más matan – es uno de los negocios más lucrativos de Francia, EEUU, Alemania, España o Gran Bretaña. Porque ha sido Occidente quien más ha hecho y hace uso y abuso de todas ellas. Porque es Occidente quien ha cometido los más atroces genocidios. Porque parece ser que el límite para ser considerado un genocida  – o un sátrapa como ahora gusta decir – no son los crímenes sino la derrota en dos guerras: la del campo de batalla y la de la propaganda.

¿Qué es esto?

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La primera bomba nuclear – Little Boy – lanzada sobre Hiroshima. El resultado fueron una ciudad arrasada y unas estimaciones – siempre difíciles – de 140.000 muertos.

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¿Y esto otro?

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Es fácil. La segunda bomba nuclear – Fat Man – lanzada sobre la ciudad de Nagasaki. Murieron más de 80.000 seres humanos.

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Se puede justificar asesinar a civiles inocentes dependiendo de qué bando sean y quién lo haga. EEUU justificó la cuestionable moralidad del lanzamiento de estas dos bombas nucleares sobre población civil argumentando que el fin era superior: evitar las supuestas 500.000 muertes de soldados estadounidenses en una invasión de Japón. Ocultaron – nuevamente la mentira como práctica habitual para justificar crímenes atroces – a sus conciudadanos que los informes oficiales cifraban, realmente, estas muertes en 31.000. Los Estados Unidos todavía no han pedido perdón, los gobiernos de Estados Unidos nunca piden perdón por los medios usados para llevar a buen puerto un “fin superior”.

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La Segunda Guerra Mundial como la Primera fue un enfrentamiento entre grandes potencias imperialistas. Estos enfrentamientos imperialistas continuaron finalizadas las mismas. Por ejemplo, la guerra de Vietnam fue una carnicería con más de 2.500.000 de civiles asesinados en un nuevo genocidio colonial que duró 30 años. Para Vietnam – como para la India, Argelia o Corea – los valores de libertad y democracia no eran aplicables. A los ciudadanos de Occidente estas guerras se les vendían como una lucha entre el bien y el mal, ocultando el apoyo a dictadores atroces que les eran afines a sus gobiernos y corporaciones.

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De por sí la razón de invadir estos países era obscena. Pero aún más obsceno fue el bombardeo de aldeas y el asesinato de civiles. EEUU lanzó alrededor de 80 millones de litros de material químico sobre los vietnamitas: Napalm y defoliantes. Un uso y abuso de las armas químicas nunca repetido. Pero no sólo eso, el bombardeo sobre el país equivalía a ¡Una bomba de Hiroshima por semana! Más de 1 millón de vietnamitas sufrieron secuelas debidas a las armas químicas lanzadas cuyas secuelas todavía perviven entre la población.

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Corea no se libró tampoco de ser arrasada por el poderío militar del imperio estadounidense. Las aldeas y ciudades sufrieron ataques y bombardeos con armas químicas, aunque su caso sea menos conocido. La carnicería fue tal que en tan solo 3 años de guerra murieron 1.850.000 civiles. Sin contar a los soldados, muchos de ellos niños y adolescentes – como en todas las guerras – llevados al frente para alargar la matanza. No hubo ninguna defensa de la democracia y la libertad, los Estados Unidos y sus aliados apoyaban a un dictador y continuaban una política colonial.

Imagen  En la foto: Un B-26 ataca con napalm una aldea de Corea del Norte, 10 de mayo de 1951. (Eurowon.com)

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Para los árabes y kurdos de Iraq después de la Primera Guerra Mundial no llegó la libertad y la independencia que Gran Bretaña decía encarnar. La caída del Imperio Otomano les deparó la invasión del Imperio británico. Sustituir la agresión de un imperio por otro. Ante la negativa a ser nuevamente subyugados, Churchill se vio “obligado”, en 1920, a bombardear y quemar las poblaciones de Iraq y gasear a sus moradores para aplacar las diferencias que mantenían con el Imperio británico. El amor de Winston Churchill por el crimen y las armas químicas venía de más lejos, pues también, quiso utilizarlas sobre las ciudades alemanas en 1919: “La política de utilizar armas químicas es una gran cosa y sólo puede ser descartado por una gran razón”.

RumsfeldSaddamHussein

En la década de 1980 un aliado de los Estados Unidos y Occidente en las mismas tierras, Saddam Hussein, atacó un país llamado Irán y gaseó con armas químicas vendidas por Occidente sus aldeas y ejércitos. En la ONU  el cinismo y la hipocresía de EEUU, Gran Bretaña o Francia quedó nuevamente al descubierto: el 21 de marzo de 1986, EEUU vetó – con la abstención de Reino Unido, Francia, Australia y Dinamarca – una resolución de condena contra el Iraq de Saddam Hussein por el ataque químico sobre la aldea iraní de Sardasht. Tampoco nada dijo entonces de los ataques contra la población kurda. En 7 años Iraq realizó más de 200 ataques con armas químicas con Irán apoyado por sus aliados occidentales.

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Antes de finalizar con la cruelmente sacrificada población iraquí no podemos dejar de detenernos en la última guerra de Iraq. Una agresión fabricada como siempre sobre una mentira: la existencia de armas de destrucción masiva. Nunca se encontraron porque no existían. Las supuestas pruebas fueron fabricadas por EEUU. El único país que usó armas químicas en esa guerra fueron los Estados Unidos acompañado por sus aliados. Estados Unidos lanzó sobre la población civil iraquí toneladas de uranio enriquecido y fósforo blanco. Los casos de cánceres, malformaciones genéticas en los recién nacidos se han multiplicado espectacularmente. Estados Unidos simplemente actuó como viene haciendo siempre pues también lanzó estas bombas durante 1991 y 2003 sobre Iraq. El mismo uso han hecho de estas armas sus aliados: Reino Unido e Israel.

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Un país laico que vivía con un alto grado de bienestar – a pesar de tener un régimen autoritario que caracteriza también a aliados de los EEUU como Arabia Saudí o Catar entre otros muchos – ha sido arrasado por los intereses petroleros de Occidente. Parece que nuestro sistema económico para subsistir tiene que trasladar los costes en forma de muerte y destrucción a otros seres humanos del planeta. En más de 20 años de agresión a Iraq la cifra de iraquíes que han muerto puede alcanzar los 3.000.000. El brutal bloqueo occidental que siguió a la primera guerra del golfo asesinó a 1.500.000 de iraquíes en 13 años, de ellos más de 600.000 eran niños menores de 5 años, según los datos de la ONU. Desde la invasión en 2003 – aunque está rodeado de gran polémica – el número de asesinados se sitúa entre 600.000 y 1.500.000 de seres humanos según las fuentes consultadas.  Ellos son los derrotados. Los olvidados…

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Hay pocos países occidentales que no hayan usado armas químicas en sus guerras coloniales. Por ejemplo, en Marruecos, España junto con Francia – con la inestimable colaboración técnica de Alemania – gasearon a escala masiva aldeas y campos de cultivos. Portugal utilizó armas químicas en Angola. Los supuestamente civilizados occidentales, simplemente, han puesto en práctica en todos los lugares una guerra de exterminio y devastación contra el supuesto “salvaje incivilizado”. Torturas, decapitaciones, genocidios, campos de concentración, violaciones, bombardeos, gaseamientos o quemas de aldeas han sido práctica común a todas ellas. No es que les hayamos liberado de sus sátrapas es que les hemos condenado a las muertes más crueles. Algunos dirán que “los otros” son iguales, pero es que nosotros decimos defender unos valores superiores.

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