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Archive for the ‘Globalización’ Category

TrabajoInfantil

A la pregunta de por qué razón Zara (Inditex) no trasladaba sus fábricas a España y dejaba de lucrarse con la explotación infantil en terceros países la réplica del directivo de Zara es:

“Los españoles son unos vagos que no quieren trabajar”.

Esta es la respuesta que recibió el activista pakistaní contra la esclavitud infantil, perseguido en su país y exiliado en Suecia, Ehsan Ullah Khan*.

No cuenta el directivo de Inditex que las prácticas generalizadas de ese “creador” de riqueza que es su “caritativo” jefe han reducido en un 90% la industria textil española, incapaz de competir con la mano de obra explotada de esos países a donde han trasladado sus fábricas las grandes transnacionales, porque allí luchar contra sus prácticas lleva implicito graves problemas contra la persona.

Es, tristemente, cierto para estos directivos del textil que los españoles puedan todavía permitirse ser “más vagos” que otros seres humanos sometidos a jornadas de trabajo agotadoras que se prolongan 16 horas al día, seis días a la semana – en el mejor de los casos – a razón de entre 9 y 13 céntimos la hora. Es una realidad contra la que luchan a diario con el objetivo de someter a la misma situación de dominación a todos los trabajadores del globo.

Los datos que maneja Ehsan Ullah Khan sobre las prácticas de Zara y otras grandes empresas textiles son desalentadores:

“El 100% de la producción de Zara en Asia es trabajo infantil… Comprar un niño en Pakistán es muy barato y una vez que lo has hecho, puedes hacer con él lo que quieras… Por eso siempre digo que no compren en empresas como Zara, Mango, Ikea o H&M, porque con el dinero que les entregas, ellos compran 5 esclavos más… Este es un gran problema político, social, económico y militar pero a ninguno de ellos les interesa cambiar el sistema”.

Roshni

A pesar de la gravedad que suponen estas prácticas siempre nos encontramos con humanitarios y progresistas defensores de ellas. Liberales y defensores de la industria nos cuentan siempre que sino estos niños estarían peor, morirían de hambre, vivirían en la extrema pobreza. Por tanto, si acabamos con estas prácticas las consecuencias van a ser mucho más graves para nuestros esclavos. Por sus cabezas regidas por el determinismo económico y el etnocentrismo cultural occidental no pasan acciones, mejoras y regulaciones para acabar con estas inmorales y deleznables conductas. Los niños sufren agresiones, vejaciones y torturas obligados a trabajar jornadas interminables. Tampoco que este trabajo hace desear a muchos niños – y mayores – la muerte e, incluso, a cometer suicidio. Ciertas morales son muy laxas y el crudo utilitarismo continúa bien presente. Kailash Satyarthi, también activista contra la explotación infantil y Premio Nobel de la Paz 2014, les invita a hacerse una reflexión:

“¿Enviarías a tus niños, tus hijas, tus hermanos, a trabajar en una mina? ¿Por qué es diferente si son los niños de otro?”

En el mundo, alrededor de 168 millones de niños y niñas trabajan en granjas, campos, fábricas, calles, casas y campos de batalla. Enfrentados al hambre, la enfermedad, la extenuación y la pobreza.

De ellos 85 millones lo hacen en condiciones extremadamente peligrosas e insalubres.

Hay 5 millones y medio de niños condenados a sufrir esclavitud.

Los niños representan el 26% de todas las víctimas que sufren el trabajo forzoso.

Los niños también representan el 21% de los seres humanos explotados sexualmente: obligados a prostituirse.

Un millón de niños trabajan en las minas de oro, diamantes o coltán para proveer a nuestras industrias de materias primas que se han vuelto indispensables para manterner nuestro estilo de vida, nuestro ocio y actos de ostentación.

Minero

Casi el 60% de los niños son empleados en la agricultura y el 32,3% se ven obligados a trabajar en la industria. En los servicios y el personal doméstico se emplea al 7% de los menores.

El trabajo infantil condena a los niños no sólo a carecer de libertad, sino también, a no tener infancia, a abandonar la escuela, a un deteriorado desarrollo físico y mental. Y a un futuro desalentador.

En la mayoría de los casos también priva a los niños de sus familias, que al no poder mantenerlos los venden o los dejan al cuidado de los patronos con el único fin de que los alimente.

Todavía hay datos para la esperanza: el trabajo infantil ha descendido en los últimos 15 años desde los 260 millones de niños donde se encontraba (si podemos fiarnos aún de las cifras dada la falta de transparencia que rodea a estas actividades).

El absentismo escolar también ha descendido de 130 a 58 millones de niños.

Y la esclavitud infantil ha caído desde los 8 millones de niños que había hace una década.

Pero estos progresos – que se pueden revertir en un corto espacio de tiempo – no han sido logrados gracias a nuestros actos consumistas sino a activistas de esos países que se han jugado la vida, que han tenido que exiliarse, sufrir torturas, palizas y muchos de ellos han sido asesinados por los proveedores de la moda y el comercio internacional.

 RopaSangre

* Ehsan Ullah Khan fundador del Frente de Liberación del Trabajo Forzado y la Marcha Global para eliminar la esclavitud infantil.

** Las tres primeras fotografías son del informe de Save the Children “Rompamos las cadenas de la esclavitud infantil” (http://nubr.co/EokhhH) del gran fotoperiodista bangladesí GMB Akash: http://nubr.co/VAa14J

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TrabajadoresTextiles

Cuando El Corte Inglés está de luto por la reciente muerte de su presidente, debemos recordar que también esta corporación debería guardar luto por los trabajadores en régimen de esclavitud que esta empresa, Inditex y Cortefiel tienen en la India según el informe Captured by Cotton del Centre for Research on Multinational Corporations. Evidentemente, no son exclusivamente ellas quienes explotan despiadadamente a sus trabajadores. Nike, Umbro, Mizuno, Disney, H&M, Kappa, Puma, Adidas, Mango, Lotto o Reebok y, así una infinidad de estas compañías, que abarcan todos los sectores productivos, no sólo el textil. Esta situación es posible únicamente porque las instituciones supranacionales dirigidas por las grandes potencias capitalistas al servicio de estas transnacionales han dado lugar a la construcción política de esta Globalización.

La Unión Europea recibió el premio Nobel de la Paz en el año 2012, si hubiera un Nobel que premiara la defensa y el cumplimiento de los Derechos Humanos, la UE no podría optar a él. Si es muy discutible que la UE defienda la paz, es más fácil confirmar que los Derechos Humanos le dan urticaria. El pasado junio unos cuantos países europeos: Reino Unido, Francia, Austria, Estonia, República Checa, Alemania, Italia e Irlanda; junto con Estados Unidos, Japón y Corea del Sur, entre otros, que se llenan continuamente la boca de defender la libertad y la democracia por todo el mundo votaron contra una resolución presentada por Ecuador y Sudáfrica en la ONU para dotar de mecanismos legales e institucionales que obliguen a las corporaciones transnacionales a respetar los Derechos Humanos.

Parece que las cínicas “democracias” seguirán permitiendo a sus empresas transnacionales una especie de “barra libre” legal cuando actúan fuera de sus fronteras nacionales y continuarán explotando sin compasión – pero por su “bienestar” y “progreso” – a sus trabajadores, que son, sobre todo mujeres y niños, en Bangladesh, Marruecos, India, Vietnam, Camboya, Tailandia, China, Bulgaria, Honduras, México, Turquía o Indonesia. Jornadas maratonianas de 12 horas o más, llegando a realizar 150 horas semanales, sin seguridad social, sin derecho a baja por maternidad, sin derecho a ir a la escuela, sin condiciones de seguridad, ni higiénicas, incluso, llegando a dormir en los mismos talleres; sin derecho a sindicarse, sindicalistas asesinados por pedir derechos y condiciones laborales dignas; familias indígenas expulsadas de sus tierras; trabajadores sin derechos civiles, social o económicos y, mucho menos todavía, Humanos. Centenares de miles de trabajadores dependientes de estas corporaciones mueren cada año por el sobreesfuerzo y la falta de seguridad e higiene.

Los europeos todavía ven este sistema esclavista como algo lejano, incluso, necesario y progresista, pero la directiva europea de las 65 horas laborales a la semana (con semanas que podrían alcanzar las 78 horas laborales) es seguro que volverá a recuperarse hasta que un día no muy lejano se apruebe. Y cuando se imponga la libre negociación entre empresario y trabajador llegará a ser legal que podamos trabajar hasta 65 horas semanales. Supondría un retroceso a 1919 y dinamitar el derecho laboral que reconoce que la relación laboral no se realiza en un plano de igualdad. Es más fácil aún que se pueda adoptar antes la legislación británica que permite desde 1993 trabajar por encima de las 48 horas semanales a los trabajadores que pacten “libremente” estas condiciones con sus empleadores. Entonces, la esclavitud de las transnacionales no nos será algo tan ajeno ni alejado de nuestras sociedades. Se podrán generalizar y legalizar situaciones que están ya presentes entre nosotros.

La situación actual es el caldo de cultivo ideal para que se cumplan estos objetivos. En España el deterioro de las condiciones laborales y el aumento de la jornada laboral progresan rápidamente. Lo importante es tener un trabajo dicen, y el salario y las horas son algo secundario. Se aprovecha la situación de necesidad y desamparo que viven muchos trabajadores. Seguimos el camino de los Estados Unidos donde hay decenas de millones de trabajadores pobres con salarios que no dan para vivir. Es luego el estado y los clientes quienes subsidian los salarios de estos trabajadores pobres que no pueden vivir de ellos y, que no tienen acceso a sanidad, al derecho a sindicarse o a vacaciones pagadas. Los gritos de auxilio (bit.ly/1ycaP5z) de todos estos trabajadores siguen perdiéndose en el vacío.

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 Me impresionó un titular del día de la tragedia de Bangladesh: ‘Vivir con 38 euros al mes’. Esto es lo que pagaban a los que murieron… ¡Eso se llama trabajo esclavo!”.

 Papa Francisco, 1 de mayo de 2013.

 El doctor Farre se expresaba [ante la Cámara de los Comunes] en términos todavía más crudos: La intervención del legislador es asimismo necesaria para prevenir la muerte en todas las formas en que puede sobrevenir prematuramente, y éste (el régimen fabril) es, sin ningún género de dudas, uno de los métodos más crueles que la ocasionan.El mismo parlamento [británico] “reformado”, que, apiadándose de los señores fabricantes, seguía reteniendo durante unos cuantos años a niños menores de 13 [años] en el infierno de 72 horas de trabajo fabril a la semana, prohibía a los plantadores, en la ley de emancipación, ley que administraba también la libertad con cuentagotas, que hiciesen trabajar a ningún enclavo negro más de 45 horas semanales.”

 Karl Marx, El Capital, capítulo VIII, 1867.

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Todos podemos tener algunos indicios para sospechar que las grandes transnacionales de la moda explotan laboralmente a sus trabajadores. En algunos casos podemos constatar que son más que simples indicios como ha podido experimentar en las últimas semanas una clienta galesa, Rebecca Gallagher, de la firma irlandesa Primark, que ha encontrado un mensaje de denuncia, un grito de auxilio, en la etiqueta de su blusa adquirida en ese establecimiento: Force to work exhauting hours” (“Forzados a trabajar durante horas agotadoras”). Esto nos debería hacer pensar sobre las condiciones inhumanas que favorecemos con nuestros comportamientos, como cuando compramos “barato” en estas tiendas. Y exigir a nuestros gobiernos que castigue a estas empresas por fomentar activa y conscientemente la explotación de seres humanos. Pero, esta denuncia no ha sido la única, pues, ha tenido el efecto de sacar a la luz varias más en las últimas semanas.

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Es el caso de otra clienta galesa de Primark, Rebecca Jones, que ha encontrado otra etiqueta de denuncia en sus pantalones comprados en las tiendas de esta misma transnacional: «“Degrading” sweatshop conditions»(«“degradando” las condiciones de explotación»). Este último mensaje ha dado lugar a que Amnistía Internacional nos haya recordado otra denuncia que tuvo lugar en 2011, cuando karen, residente en Irlanda del Norte, se encontró una nota de auxilio en el bolsillo de sus pantalones Primark: “We work 15 hours every day and eat food that wouldn’t even be fed to pigs and dogs. We’re (forced to) work like oxen” (Nosotros trabajamos 15 horas cada día y comemos la comida con la que incluso no serían alimentados cerdos y perros. Somos forzados a trabajar como bueyes). Todo ese sufrimiento – el trabajo hasta el desfallecimiento – sale a £10 libras la pieza, unos 12 euros y medio: una “ganga”.

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“En las últimas semanas del mes de junio de 1863, toda la prensa de Londres publicaba una noticia encabezada con este epígrafe “sensacional”: «Death from simple Overwork»[“Muerta por simple exceso de trabajo”]. Tratábase de la muerte de la modista Mary Anne Walkley, de veinte años, empleada en un honorabilísimo taller de modistería de lujo que explotaba una dama con el idílico nombre de Elisa. Gracias a ese episodio, se descubría como cosa nueva la vieja y resabida historia de las pobres muchachas obligadas a trabajar, un día con otro, 16 horas y media, y durante la temporada hasta 30 horas seguidas sin interrupción, para lo cual había que mantener muchas veces en tensión su “fuerza de trabajo”, cuando fallaba, por medio de sorbos de jerez, vino de Oporto o café. […] Y este taller era uno de los mejores talleres de modas de Londres. […] El médico Mr. Keys…, informa…, con palabras secas: «Mary Anne Walkley murió por exceso de horas de trabajo en un taller abarrotado de obreras y en una alcoba estrechísima y mal ventilada.». […] Nuestros “esclavos blancos”, exclamaba al día siguiente el Morning Star,…, «nuestros esclavos blancos son lanzados a la tumba a fuerza de trabajo y agonizan y mueren en silencio».”

 Karl Marx, El Capital, capítulo VIII, 1867.

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Cuando se ponen claramente de manifiesto las agotadoras y maratonianas jornadas de trabajo a las que son sometidos, la crueles condiciones de explotación y los ínfimos sueldos de estos trabajadores, los defensores e ideólogos de este sistema económico de explotación argumentan que sino fuera por el trabajo y las inversiones que estas transnacionales proporcionan, estas personas vivirían muchísimo peor. La justificación a la explotación siempre tiene sus publicistas, muchos de ellos – ardientes defensores del progreso que supone el trabajo infantil – tan “prestigiosos” como estas marcas de ropa. En el mejor de los casos tratan a los trabajadores como a menores de edad, niños a los que hay que educar, que deben sentirse afortunados por haber sido tocados con la varita de la economía y el progreso.  Y debemos estar atentos a este tipo de razonamientos porque son los mismos que justifican y animan aquí a que la gente trabaje por 300 o 400 euros – mejor eso que nada, dicen – salarios de miseria, deteriorando las condiciones laborales hasta límites extremos y empobreciendo al conjunto de la población. Prácticas que nos devuelve al presente la realidad del trabajador pobre y la precariedad social. El abismo de la exclusión social no está tan alejado. Cuando las personas son una mercancía, se cosifican, no puede esperarse que sean tratadas de otra manera.

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En los países en vías de desarrollo, ramas enteras de la industria que producían para el mercado interno han sido empujadas a la quiebra por orden del Banco Mundial y el FMI. El sector urbano informal, que históricamente ha desempeñado un papel importante como fuente de creación de empleos, ha sidosocavado como consecuencia de las devaluaciones de la moneda, la liberalización de las importaciones y el dumping.En el África subsahariana, por ejemplo, el sector informal de la industria del vestido ha sido destruido y sustituido por el mercado de prendas usadas (importadas de Occidente a 80 dólares la tonelada).

 Michel Chossudovsky “Globalización de la pobreza y nuevo orden mundial”.

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Las empresas se enmascaran en que la “falta” ha sido realizada por sus proveedores como si no supieran que los costes de producción y los plazos de entrega que exigen, la subcontratación de los servicios a sus proveedores y las exigencias a las que los someten son los que determinan las condiciones laborales de los trabajadores. Buscan todos los subterfugios posibles para saltarse la Ley, los tratados internacionales de Derechos Humanos y del Niño y, sus publicitadas y farisaicas campañas de responsabilidad social corporativa. Como si ellas no pidieran – exigieran  – constantemente, la reducción de costes y salarios a  los gobiernos y no dispusieran de sus propios brazos armados en los organismos internacionales como el FMI, el Banco Mundial o la OMC. Como si los planes de ajuste y las reformas estructurales que han impulsado durante las últimas décadas no hubieran incidido en el deterioro de los salarios, las cargas sociales y las condiciones de seguridad y salubridad de los trabajadores. Esas mismas empresas que incitan a la desaparición de los derechos laborales y sindicales y que dan vía libre a sus “subcontratistas” y a gobiernos represivos para que intimiden y asesinen a los sindicalistas o a cualquiera que se oponga a su sistema. En lugar de combatir la injusticia del sistema, apostar por un consenso en materia de condiciones laborales y un respeto al medio ambiente profundizan la explotación y la degradación a nivel global. Nos dicen que no hay alternativa, es inevitable. Otro camino es la utopía.

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Lo que ha hecho Primark es una conducta normal y racional dentro de la lógica económica del “mercado”. No es sólo Primark sino también: El Corte Inglés, Inditex (Zara, etc.), Mango, H&M, C&A Loblaw, Cato, JC Penney, Iconix, Lee Cooper, Benetton, Carrefour, Walmart, Children’s Place, Gap y un largo etcétera más.  Todas ellas implicadas en la tragedia del Rana Plaza que costó la vida a 1.129 trabajadores. Asimismo, no son únicamente las empresas textiles. Apple y sus subcontratas son famosas por someter a los trabajadores a extenuantes jornadas de trabajo que llegan incluso a que muchos de ellos se suiciden. Foxcon, subcontrata de Apple, ha tenido que poner rejas en sus fábricas para evitar que los trabajadores se tiren al vacío. No se puede decir que Apple desconozca esta forma de actuar de su proveedor, todo lo contrario, lo fomenta si nos atenemos a las opiniones del divinizado Steve Jobs, que veía este tratamiento a los trabajadores como un ejemplo a exportar a los Estados Unidos. Tenemos que cuidarnos de quienes son nuestros ídolos, sobre todo, cuando los ídolos que adora esta sociedad tienen unas conductas morales tan laxas. Tenemos una sociedad que celebra la libertad, los derechos de todos y cada uno: el árbol, el perro, la niña, el niño, el abuelo, hasta los del “perro piloto”. Tenemos un día al año para cada uno, pero a la hora de la verdad ahí están las tasas de pobreza y exclusión, las degradantes condiciones laborales, la destrucción ambiental y la espiral de empobrecimiento y autoritarismo que estamos sufriendo. La autocelebración de lo buenos que somos oculta todas las muestras de una absoluta hipocresía social.

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La industria textil mueve miles de millones de euros, da trabajo a millones de personas, sí. Y por eso nos dicen que es intocable. Cualquier intervención tendría unas consecuencias aún peores. Pero esto es una absoluta falacia que persigue, simplemente, justificar la explotación de millones de personas. El trabajo barato, los precios baratos, el “low cost” tienen sus costes, morales y sociales. A lo mejor no los vemos porque nos quedamos en la superficie, en  el precio de la prenda, en los anuncios de la marca. Pero, además, tiene unos costes económicos, que un país con casi 6 millones de parados debería plantearse. La industria textil global no sólo crea millones de empleos sino que también destruye millones de empleos. El caso de España es paradigmático: la industria textil española tenía a fecha de 2012, 19.763 empresas casi un 50% menos que hace apenas 10 años; muchísima mayor sería la caída si echáramos la mirada a la década de los 90. Por ejemplo, en el caso del empleo este ha retrocedido de cerca de los 400.000 trabajadores de esta década a los 113.201, que sobreviven hoy. Seguimos comprando barato y seguimos perdiendo empleo, destruyendo tejido productivo y social, excluyendo a millones de personas y, además, permitimos que se explote impunemente a decenas de millones más. Qué buen negocio estamos haciendo.

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Mientras la dinastía Qing estaba cumpliendo su contrato social con los campesinos, los europeos contemporáneos morían a millones de hambre y de enfermedades relacionadas con el hambre durante los inviernos árticos y veranos de sequía de 1740 a 1743…

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… Necesitamos,…, una analogía de las hambrunas de finales de la era victoriana en la que los parámetros naturales se mantengan constantes pero las variables sociales difieran significativamente… Un candidato excelente,…, es el fenómeno El Niño de 1743-44, descrito como excepcional… El monzón primaveral fue suspendido durante dos años seguidos, lo que devastó el trigo invernal en Hebei (Zhili) y en el norte, en Shandong. Los vientos abrasadores marchitaban las cosechas y los granjeros morían repentinamente de insolación en los campos. Las provisiones de cereales provinciales eran completamente inadecuadas para la escala en la que se necesitaban. Pero a diferencia de lo que sucedió a finales del siglo diecinueve, no hubo una mortandad generalizada ni de hambre, ni de enfermedades. ¿Por qué no?

Pierre-Etienne Will ha reconstruido cuidadosamente la fascinante historia de la campaña de auxilio de 1743-44… Los famosos graneros «siempre estables» de cada condado ,…, inmediatamente empezaron a distribuir raciones (sin exigir a cambio un examen de capacidad para el trabajo) a los campesinos en los condados oficialmente designados como afectados por la hambruna. (La aristocracia local había organizado con anterioridad comedores populares para asegurar la supervivencia de los residentes más pobres hasta que comenzase la distribución de raciones.) Cuando las provisiones locales se demostraron insuficientes, [Fang] Guancheng transfirió mijo y arroz de los grandes almacenes de grano tributario en Tongcang, al término del Gran Canal, y usó el Canal para transportar vastas cantidades de arroz desde el sur. Dos millones de campesinos fueron alimentados durante ochos meses, hasta la vuelta del monzón… [El] 85% de los cereales usados en el auxilio fueron tomados prestados de los depósitos o graneros que almacenaban el grano de los tributos situados en las afueras del radio de territorio afectado por la sequía.

Ninguna sociedad europea contemporánea garantizaba la subsistencia, considerada como un derecho humano [ming-sheng], de sus campesinos…, ni tampoco, como después se maravillarían los fisiócratas, podían siquiera emular «la precisión temporal de las operaciones [de Guancheng]…» Mientras la dinastía Qing estaba cumpliendo su contrato social con los campesinos, los europeos contemporáneos morían a millones de hambre y de enfermedades relacionadas con el hambre durante los inviernos árticos y veranos de sequía de 1740 a 1743… Es decir, en la Era de la Razón europea, las «masas de personas hambrientas» eran francesas, irlandesas y calabresas, pero no chinas.

Además, «la intervención llevada a cabo en Zhili en 1743 y 1744 no fue la única de su clase en el siglo dieciocho, ni siquiera fue la más amplia»…, la inundación del Río Amarillo el año anterior (1742-43) comportó muchos más gastos y abarcó una región mucho más extensa. (Además de las [seis] sequías e inundaciones correlacionadas con el ENOS… otros siete desastres (inundaciones)… requirieron una movilización masiva de auxilio… La capacidad del Estado chino durante el siglo dieciocho,…, era verdaderamente impresionante: un cuadro de administradores experimentados en la solución de problemas; un único sistema nacional de estabilización del precio de los cereales; grandes excedentes de cereales; graneros bien administrados que almacenaban más de un millón de bushels de grano en cada una de las doce provincias; e infraestructuras hidráulicas incomparables…, el control de precios fue la innovación principal de la dinastía Qing… [el emperador] Yongzheng… reprimió severamente la especulación por parte de «las familias ricas que, en su busqueda de provecho, sustraen habitualmente grano a miles, miríadas de bushels».

Mike Davis, Los holocaustos de la Era Victoriana tardía.

 

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“Abrumados por la vergüenza” de Soledad Gallego Díaz: 

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Ocurrió tal y como lo mostraron algunos vídeos aficionados. Agentes de la Guardia Civil dispararon pelotas de goma, balas de fogueo y botes de gases para impedir que un grupo de personas alcanzara a nado la playa del Tarajal, en Ceuta. Doce de esas personas murieron ahogadas. Es exactamente tan espantoso como suena. Se disparó para impedir que personas que estaban en el mar, algunas de ellas agarradas a precarios flotadores, pudieran llegar a tierra.

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El relato era tan terrible que primero fue negado por el delegado del Gobierno y luego por el director de la Guardia Civil. Finalmente, el ministro del Interior admitió ayer, en el Congreso, que efectivamente se utilizó material antidisturbios contra personas que estaban en el mar, con la aparente intención de aterrorizarlas para que regresaran a nado a la costa marroquí. “Las órdenes fueron que hubiera varios metros entre el impacto de las balas y los inmigrantes”, explicó. Balas de goma, disparos de fogueo que suenan exactamente igual que las balas de verdad…. ¿Cómo creyeron que reaccionarían esas personas que buscaban desesperadamente la playa? Reaccionaron como se esperaba que lo hicieran: con miedo, con pánico. Ahogándose.

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El ministro dice que las personas que intentaban llegar a la playa tenían una actitud violenta. ¿Cómo se aprecia una actitud violenta en una persona que está nadando o que se aferra a un mísero flotador? Deberíamos sentirnos, todos, abrumados por la vergüenza“.

Soledad Gallego-Díaz.

Escuchar esta columna en:

http://www.cadenaser.com/espana/articulo/mirada-soledad-abrumados-verguenza/csrcsrpor/20140214csrcsrnac_1/Tes

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La supresión de los monzones desde 1876 hasta 1879 provocó una sequía inusualmente grave en la mayor parte de Asia. Su impacto en la sociedad agricultora del momento fue inmenso. Por lo que sabemos, la hambruna que se apoderó de la región fue la peor de las que castigaron a la especie humana”.

John Hidore, Global Environmental Change, 1996.

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La mortalidad total de estas tres oleadas de sequía, hambre y enfermedades no pudo haber sido menor de 30 millones de víctimas. Podría llegar a 50 millones de muertos”.

Fue realmente un desastre de magnitud planetaria, con sequía y hambrunas documentadas en Java, las Islas Filipinas, Nueva Caledonia, Corea, Brasil, el sur de África y el Magreb. Hasta la fecha, nadie había imaginado que un clima tan extremo y sincrónico fuese posible en una escala que incluía el cinturón tropical monzónico completo, más el norte de China y de África. Ni tampoco había registros históricos de hambrunas que hubiesen tenido un impacto simultáneo en áreas tan distantes unas de otras. […]

Pero la gran sequía de 1876-79 fue tan sólo la primera de las tres crisis de subsistencia global de la segunda mitad de la era victoriana. Los años secos de 1889-91 llevaron de nuevo el hambre a la India, Corea, Brasil y Rusia; aunque los peores sufrimientos fueron en Etiopía y Sudán, donde es posible que pereciese un tercio de la población. En 1896-1902 se presenció, de nuevo, la supresión repetida de los monzones a lo largo de los trópicos y del norte de China. Las epidemias de malaria, disentería, peste bubónica, viruela y cólera, enormemente destructivas, provocaron millones de víctimas en las filas de los debilitados por la hambruna.

Los imperios europeos, conjuntamente con Japón y Estados Unidos, explotaron salvajemente esta oportunidad para arrebatar nuevas colonias, expropiar las tierras comunales y reclutar más mano de obra para sus plantaciones y minas. Lo que, desde una perspectiva metropolitana, parecía el resplandor último de la gloria imperial del siglo diecinueve fue, desde el punto de vista asiático o africano, tan sólo la luz odiosa de una gigantesca pira funeraria“.

Mike Davis, Los Holocaustos de la Era Victoriana tardía. El Niño, las hambrunas y la formación del Tercer Mundo.

Postdada:

[Cuando] Dentro de cincuenta años los historiadores revisen el papel jugado por el Imperio Británico durante el siglo diecinueve, las muertes innecesarias de millones de indios serán su monumento principal y más celebre.

William Rigby, “Prosperous” British India: A revelation from Official Records, 1901.

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Pero existe una categoría de extranjeros malhechores que fabrican opio y lo traen a nuestro país para venderlo, incitando a los necios a destruirse a sí mismos, simplemente con el fin de sacar provecho. […] ahora el vicio se ha extendido por todas partes y el veneno va penetrando cada vez más profundamente (…) Por este motivo, hemos decidido castigar con penas muy severas a los mercaderes y a los fumadores de opio, con el fin de poner término definitivamente a la propagación de este vicio. […] Todo opio que se descubre en China se echa en aceite hirviendo y se destruye. En lo sucesivo, todo barco extranjero que llegue con opio a bordo será incendiado (…)”.

Lin Hse Tsu, Carta enviada a la reina Victoria requiriéndole que dejara de traficar con drogas y respetara las normas del comercio internacional, 1839.

 

Millones de personas murieron, no porque estaban fuera del “sistema mundial moderno”, sino porque fueron violentamente incorporadas en sus estructuras económicas y políticas. Murieron en la época dorada del capitalismo liberal; de hecho, muchas fueron asesinadas, como veremos, por la aplicación teológica, de los principios sagrados de Smith, Bentham y Mill

Mike Davis, profesor de Historia de la Universidad de California en Riverside.

 

Si no fuera porque se poseen armas perfeccionadas, la muchedumbre de gente famélica podría haber causado serias perturbaciones políticas

Parte de un Oficial consular estadounidense en Pekín, 1879.

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En la conciencia colectiva ha quedado el fracaso del cruento intento de industrialización llevado a cabo en China por Mao a finales de la década de los 50 y principios de los 60. La obsesión por la industrialización, la modernización y el progreso; la artificialidad de los movimientos de población y la colectivizaciones agrarias con el consiguiente abandono del campo en favor de la manufactura y la industria llevaron a que catástrofes climáticas severas – pero, recurrentes – se convirtieran en auténticos desastres humanos con millones de muertos. La cifra de muertos para este periodo oscila según diferentes expertos entre los 18 millones y 32,5 millones de muertos.

En cambio, hay otro Gran Salto Adelante que dio China que no ha quedado impreso en la conciencia colectiva. Que haya ocurrido así no es gratuito ni inocente. Sabemos que los vencedores son quienes escriben la historia y muchas veces esta historia está idealizada o directamente ocultada cayendo en el olvido para escarnio de sus víctimas. Y hoy el vencedor de la historia es el capitalismo liberal anglosajón… Este otro “Salto Adelante” se produjo a mediados del S.XIX cuando la negativa de China a integrarse “libremente” en el “mercado mundial” construido bajo los auspicios del “libre comercio” británico y occidental llevó a una serie de guerras de agresión coloniales y revueltas civiles con consecuencias devastadoras para la población y el país.

RepartoChina

La negativa de China, más tarde, a permitir una mayor liberalización comercial y nuevas concesiones en su territorio a Reino Unido y Francia, y, primero, su repulsa a favorecer que se extendiera por él el lucrativo negocio del comercio ilegal de opio – perseguido por los funcionarios imperiales debido a las terribles consecuencias sociales que provocaba de corrupción pública y adicción – único producto que podía competir con la superior manufactura china, que venían realizando los mercaderes británicos desde la India dieron lugar a dos guerras. Son las conocidas como Guerras del Opio: la primera se produjo entre 1839 y 1842, dando lugar a un período de inestabilidad y guerras civiles que llevó a entre otras a la Rebelión Taiping (1851 – 1864). La segunda transcurrió entre 1856 y 1860. Las muertes directamente causadas por estas guerras oscilan entre los 15 y los 60 millones de personas. A esto debemos sumarle las muertes causadas por las guerras civiles que varían entre los 20 y los 50 millones de personas.

Este terrible período de la historia de China se coronó con la Gran Hambruna de 1876–1878 que provocó la muerte en el norte de China de entre 8 y 20 millones de personas. Esta espantosa devastación también fue la consecuencia de la aplicación de unas reformas económicas que barrieron los cimientos de la sociedad tradicional en pos de la modernización y el beneficio económico, dejando unos campesinos empobrecidos y sobreendudados; unos mercados locales destruidos, que ante el advenimiento de una catástrofe climática tuvo como consecuencia evitable la muerte de millones de personas. Fue el mercado y la fe ciega en el capitalismo liberal lo que convirtió un grave – pero, habitual – fenómeno climático en una hambruna devastadora. Durante el S.XVIII estos mismos fenómenos se produjeron, pero las políticas redistributivas de los gobiernos – tanto en China como en la India – evitaron que tuvieran consecuencias humanas tan terribles.

FumadoresOpio

Durante el mandato británico se dejó morir a la gente sin prestarle el diligente auxilio como había sido la norma bajo los antiguos gobiernos locales. Dentro de la lógica del libre mercado – una lógica marcada entonces por el racismo, el maltusianismo y la codicia – la cosecha debía exportarse para obtener cuantiosos beneficios aunque fuera al precio de millones de muertos. Además se imponía sobre el gobierno la doctrina teológica maltusiana de que cualquier intervención del gobierno para aliviar las penurias del hambre sería contraproducente. En palabras del ministro de Finanzas, sir Evelyn Baring: “Cada intento bienintencionado de mitigar los efectos de la hambruna y la salubridad deficiente no sirve más que para aumentar los males que resultan de la sobrepoblación” o, en un informe oficial de 1881 se mantiene que: “… si el gobierno gastase una mayor parte de sus ingresos en aliviar la hambruna, se aumentaría la proporción de la población que está en la penuria”.

En sólo cuatro décadas (1839–1878) la inclusión forzosa de China en el capitalismo liberal se hizo al precio de un máximo de 130 millones de muertos y un mínimo de 43 millones. Además de alrededor de 15 millones de drogadictos y la perdida de Hong Kong. Como ocurriera luego en el S.XX, este fue otro carísimo proceso de ingeniería social desde el poder – éste, en cambio, liberal y capitalista – guiado por la extrema codicia que reportó unos beneficios económicos astronómicos. Para China el “libre comercio” – como para todos los países que lo han “adoptado” – fue catastrófico. Hacia la última década del S.XIX su población no era superior a la que tenía en 1820 y el ingreso per capita había retrocedido a principios de siglo. Con la llegada de los británicos comenzaría – como ocurrió antes en la India o en Irlanda; por las mismas fechas, en Iberoamérica y África – un periodo de guerras, dependencia económica, perdida de soberanía, tratados desiguales, imposición de la losa de la deuda externa, desindustrialización e inestabilidad política y social nunca antes conocido.

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Postdata: De ese comercio del opio que tantos millones de muertos provocó queda todavía hoy como vestigio el gran banco HSBC (The Hong Kong and Shanghai Banking Corporation) fundado en 1865 con la finalidad de administrar los enormes beneficios obtenidos por el comercio de esta droga. Banco que, por cierto, no ha perdido su afición a los negocios ilícitos…

* (1785– 1850) Funcionario imperial chino que prohibió y trató de luchar contra el contrabando y el comercio ilegal de opio de los mercaderes (narcotraficantes) británicos, estadounidenses y occidentales. Asimismo luchó contra la corrupción de los funcionarios públicos sobornados con el dinero del opio británico. Estas acciones tuvieron como respuesta la agresión del Imperio británico en las conocidas como Guerras del Opio en su afán de proteger a los comerciantes británicos y los enormes beneficios que le generaba el tráfico de drogas.

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