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Archive for the ‘Globalización’ Category

Buenos días a todos,

Os voy a dejar el programa que grabamos con los compañeros de Colectivo Burbuja sobre la situación actual de Argentina. Es muy interesante – aunque está mal que yo lo diga J – porque los paralelismos con la situación española son alarmantes y, al mismo tiempo, esperanzadores. Además, contamos con la colaboración de un amigo argentino, que nos habla de primera mano de la experiencia que allí han vivido.

Argentina demuestra que otras políticas económicas son posibles y, que estas políticas pueden llegar desde el interior del mismo sistema político cuando una parte de él se da cuenta que la situación de intervención extranjera puede llevar al país al colapso. El único inconveniente es que esta parte del espectro del sistema político sólo cambió su forma de actuar una vez sobrevenido el colapso económico. Lo ideal en España sería que este cambio viniera desde fuera del actual panorama político o arrastrado éste por un amplio movimiento ciudadano contra las actuales políticas imperialistas del FMI y la Unión Europea que sólo favorecen a las grandes fortunas y corporaciones transnacionales hundiendo a amplias capas de la población en la pobreza y la marginación.

Este el objetivo que tienen y han tenido siempre las políticas de Ajuste Estructural – hoy llamadas Reformas Estructurales – en todos los lugares donde se han aplicado. La liberalización comercial, las aperturas de los mercados financieros o las privatizaciones en masa han devastado economías enteras a lo largo de estos últimos 40 años, hundiendo los salarios y destruyendo el tejido productivo nacional. Cumpliendo el objetivo principal – no declarado – someter a los países a una aguda dependencia económica y política y concentrando la riqueza inusitadamente. Argentina no ha roto con el pasado neoliberal, pero sí le ha puesto coto y, sólo el futuro nos dirá hasta donde puede llegar su actual deriva política. Sin más os dejo con el programa, espero no haberos aburrido. Que lo disfrutéis J

Muchas gracias por vuestra atención. Saludos.

21 de Julo 2013. Argentina.

Hoy hablamos sobre los paralelismos entre la Argentina pre-corralito de finales de los 90 y la situación actual en España, la situación actual de Argentina y qué evolución podemos esperar. Con Eduardo González, Jordi Llatzer y Emilio José. Conduce Juan Carlos Barba.

http://cort.as/4r52

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El poder corrompe. Igual que un gobierno puede corromperse cuando detenta el poder absoluto, los mercados también pueden corromperse cuando los investimos con ese mismo poder ilimitado. Estamos viendo los efectos de ese poder hoy en día. El empobrecimiento y miseria de millones de personas y su eventual esclavitud

Mahatir Mohamed, primer ministro de Malasia, 1981–2003.

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El FMI no es una entidad neutral. El FMI tiene unos intereses muy concretos. Es una institución que representa los intereses de Wall Street y las corporaciones estadounidenses. El FMI no se equivoca. Nunca se equivoca. Cuando escribe en un informe que las reformas estructurales a lo mejor han ido más allá de lo necesario. Es simplemente una muestra de cinismo o un lapsus de honestidad. El FMI nunca comete la equivocación de elevar los salarios, aumentar el gasto social, mejorar las condiciones laborales de los trabajadores o aumentar el poder adquisitivo de la población. Ese es un tipo de “equivocación” que nunca va a cometer.

No podemos creer que licenciados y doctorados en Harvard, Yale, la London School of Economics, Cambridge, Berkeley y muchas otras de las mejores instituciones académicas globales puedan equivocarse repetidamente ¿Por qué iban a continuar tomando las mismas medidas que han causado tanto dolor y miseria a tantos pueblos? Siempre las mismas medidas con los mismos lamentables resultados. Es fácil. Su función es saquear países y eso lo hacen a conciencia y meticulosamente. No tenemos que tener miedo a utilizar la palabra “saqueo”, pues eso es lo hacen estas instituciones internacionales: *OMC, FMI, UE, BM, etc. Pueden ser dogmáticos y crueles, pero no son tontos y saben muy bien lo que hacen y a quién benefician siempre.

La crisis que ha vivido España no es nada característico ni idiosincrático de este país. Está dentro de la dinámica de la economía internacional. No es la corrupción ni la incompetencia política – por mucho que sí existan objetivamente – el principal causante de la crisis. El principal problema ha sido la corrupción del sistema financiero global. Hoy totalmente quebrado. De esta crisis de la deuda privada española podemos encontrar repetidos antecedentes en el pasado cercano. Por ejemplo, en la crisis sufrida por los países del Sudeste Asiático a finales de los 90.

Tras más de tres décadas de crecimiento económico y reducción de las desigualdades y la pobreza, altas tasas de ahorro, políticas industriales, gasto público en educación y ciencia; a principios de los años 90 estos países fueron fuertemente presionados por los Estados Unidos para abrir sus mercados financieros. Por ejemplo, se obligó a Tailandia a quitar las limitaciones que tenían los bancos para dar créditos inmobiliarios. Y Corea aceptó a regañadientes que sus bancos y empresas pudieran endeudarse en moneda extranjera Con la liberalización de sus mercados financieros llegó un enorme flujo de dinero occidental – europeo y, sobre todo, estadounidense – a las economías asiáticas –. Este dinero dedicado principalmente a la especulación creó una gigantesca burbuja inmobiliaria en esta región.

¿Burbuja inmobiliaria con dinero especulativo europeo y estadounidense? Me suena bastante familiar… Fue una época de enormes beneficios, de congratulaciones de los financieros internacionales porque sus medidas traían grandes cantidades de capital, acababan con las ineficiencias económicas de los controles y las regulaciones sobre éstos y, acarreaban un rápido crecimiento económico. Sin embargo, como siempre ocurre “contra todo pronóstico” la burbuja inmobiliaria explotó dejando miles de edificios de oficinas y apartamentos vacíos. La enorme orgía especulativa creada por los bancos estadounidenses y los mercados internacionales acabó como acaban todas: reventando y, como siempre ocurre, se llevó por delante el mercado financiero local ¿A qué parece una experiencia muy cercana?

El estallido de la burbuja especulativa – porque el dinero que llegó durante esos años sólo fue a especular – provocó el pánico. Los banqueros se pusieron, podríamos decir, nerviosos, aunque no es seguro porque sabían que a su rescate acudiría el FMI y el Tesoro estadounidense. Qué, faltaría más, acudieron. Pero surgió un problema. Los países del Sudeste Asiático no querían la ayuda del FMI. Conocían como funcionaban las medidas del FMI y quienes iban a pagar las consecuencias del rescate financiero. Pero, un poquito de extorsión por aquí y por allá, alguna llamada de teléfono a horas intempestivas – ¿A qué os suena? – y todo arreglado. Corea y Tailandia cogieron los préstamos del FMI.

La Indonesia de Suharto puso más reparos, poniendo como decía Robert Rubin – el entonces secretario del Tesoro – en peligro “la confianza” de “los mercados internacionales y los inversores domésticos” al no aplicar las reformas (estructurales) y, no combatir “la corrupción” ¿A qué os suena? Pero, Suharto acabó aceptando el préstamo y los recortes sociales y, Suharto acabó cayendo, porque los préstamos y las reformas del FMI no estabilizaron el Sudeste Asiático sino que lo condenaron al caos, porque el dinero no fue a estabilizar estos países sino directamente a rescatar a los bancos e inversores estadounidenses – y a las grandes fortunas nacionales – que rápidamente sacaron los dólares del FMI, avalados, respectivamente, por los pueblos de Corea, Tailandia e Indonesia, que luego pagarían el desastre de las apuestas inmobiliarias de estos bancos. Y, las reformas hundieron la economía en una profunda crisis.

Por tanto, asistimos a como el dinero del FMI tomado por estos países va directamente a los bancos estadounidenses que han especulado, que sacan rápidamente ese dinero del país hundiendo la economía, convirtiendo el dinero de su rescate en deuda pública y, luego esta deuda tendría que ser pagada por los trabajadores con recortes sociales, nuevos impuestos y la privatización de bienes públicos ¿A qué resulta familiar? El paro se multiplicó por 10 en Indonesia, llegando al 15%; por cuatro en Corea y por tres en Tailandia. En países donde no existía un seguro por desempleo las consecuencias eran gravísimas. El PIB se hundió. Las medicinas dejaron de estar al alcance de la población, al igual que la educación. Además el FMI retiró los subsidios a la alimentación y la energía provocando una gran carestía. Y todo ello para rescatar a unos bancos corruptos, para que éstos, luego volvieran a un país plagado de gangas.

Según Robert Rubin y los financieros internacionales la crisis se debió a la corrupción intrínseca de estos países y a sus malas instituciones ¿no resulta esto bastante familiar? Dicho esto por una persona que venía de Goldman Sachs y que, más tarde, posibilitó la fusión ilegal de Citicorp y Travellers Group, creando posteriormente una ley ad hoc – que derogaba la ley Glass–Steagall – para legalizarla y, que junto con Larry Summers y Alan Greenspan desreguló el mercado de derivados, no deja de ser “curioso” ¿Cómo te quedas cuando te llama corrupto un tipo que le facilita saltarse la ley a una institución bancaria para luego acabar en esa misma institución cobrando 126 millones de dólares?

Entonces, tenemos a países que llevaban tres décadas de crecimiento, superávit económico y una importante reducción de la pobreza, que de repente, tenían que ser reformados de arriba abajo porque los bancos estadounidenses estaban al borde de la quiebra por sus malas apuestas inmobiliarias ¿Cómo va a reformar tu país otro tipo, Larry Summers, que tras desregular el mercado de derivados con el apoyo de Alan Greenspan se levanta más tarde 20 millones de dólares de un fondo de inversión dedicado a esos menesteres? ¿Puede haber mayor corrupción y cinismo que la de estos banqueros que a cambio de cientos de millones hunden a millones de seres humanos en la miseria y la desesperación? Es difícil.

No todo les salió tan bien como esperaban. El FMI resbaló en Malasia. El presidente Mohamed aguantó la extorsión y no se plegó al matón de los mercados, cesó a su ministro de Hacienda partidario del FMI – una figura, Anwar Ibrahim, ampliamente ensalzada por la prensa estadounidense – y tomó las medidas más repudiadas por el FMI, los mercados y la ideología del “libre mercado”. Primero, Malasia tenía a sus bancos estrictamente regulados y protegidos, no les había permitido endeudarse fuertemente con los mercados internacionales. Cuando la crisis estalló con más virulencia, Malasia bajó los tipos de interés y ordenó que toda su moneda – el ringgit – que se encontrara fuera del país volviera inmediatamente. Además, prohibió durante un año la salida de las inversiones extranjeras a corto plazo. Malasia practicó el control de capitales mediante un impuesto a la salida de los mismos.

Con estas medidas Malasia salió en un espacio muy breve de tiempo de la crisis, un año. Evitó el ataque de los especuladores a su moneda y a su mercado financiero. Protegió a sus empresas que no sufrieron los tipos de interés leoninos recomendados por el FMI, evitando las quiebras masivas que se produjeron en Tailandia, Corea o Indonesia, que exacerbaron la crisis económica. Y protegió a sus trabajadores no aplicando recortes y reformas sociales que hubieran hundido a éstos en la miseria a cambio de recibir un préstamo del FMI para rescatar a los bancos extranjeros.

Malasia se enfrentó a la “buena” economía y a la corrupción de los mercados financieros y sus instituciones. Esta crisis tiene enormes paralelismos con la española y también, enormes enseñanzas para nosotros. Aquí por orden de la Unión Europea y del FMI, los banqueros internacionales y las grandes fortunas siguen siendo rescatados de sus malas apuestas a costa de todos nosotros. Sus intereses no son los nuestros. Malasia fue un mal alumno, no hizo los deberes y cometió todos los pecados habidos y por haber contra la ortodoxia de los mercados. No hay nada como de vez en cuando desobedecer, ser un mal alumno y no hacer los deberes.

* Organización Mundial de Comercio (OMC), Fondo Monetario Internacional (FMI), Banco Mundial (BM), Unión Europea (UE).

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“Presumo que todos saben quién soy. Soy el humilde Abraham Lincoln. Mi programa es breve y dulce como el baile de una mujer vieja. Estoy a favor de la banca nacional, del sistema de mejoras internas y de una aduana proteccionista

Abraham Lincoln, decimosexto presidente de los Estados Unidos, 1861 – 1865. 

 

“Nosotros recomendamos esa política de intercambios nacionales, que asegura un buen salario al trabajador, unos precios remuneradores a la agricultura, a los mecánicos y fabricantes una recompensa adecuada a sus habilidades, trabajo y capacidad empresarial y a la nación, la prosperidad comercial y la independencia”

Compromiso electoral del Partido Republicano en 1860.

 

“El arancel de 1816 fue seguido por algunos años de expansión económica, particularmente para Nueva Inglaterra, que prosperó detrás de la muralla aduanera a medida que pasó del comercio a la industria

Isaac Asimov, Los Estados Unidos desde 1816 hasta la Guerra Civil.

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Existe una enorme brecha entre la historia real y la que algunos cuentan. Según los ideólogos del “libre mercado” o “libre comercio” que, actualmente, se encuentran representados en entidades como el FMI o la Unión Europea, además de en numerosos gobiernos y otros organismos internacionales, el “libre comercio”, la apertura comercial, la desregulación financiera, la “libre” circulación de capitales y las instituciones “libres” son el secreto del crecimiento y la prosperidad. Todo ello se puede englobar en las famosas “reformas estructurales”. Inevitablemente aplicables si se quiere alcanzar un alto grado de desarrollo económico.

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La historia nos cuenta que esto no es cierto. Los países desarrollados – un grupo muy reducido – no llegaron de esta forma a sus actuales niveles de desarrollo. En cambio, la realidad es que la historia del desarrollo económico es la historia del proteccionismo y la intervención estatal. Estados Unidos e Inglaterra fueron los países más proteccionistas que jamás existieron. Un proteccionismo reforzado por los enormes costes de transporte de la época. Estados Unidos se desarrolló bajo unas políticas calcadas a las de su “madre patria”, Inglaterra, basadas en altos aranceles, obras públicas y un sistema financiero nacional. El objetivo era proteger a sus industrias nacientes de la poderosa industria manufacturera británica.

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Para la clase dirigente estadounidense esta política estaba clara. En palabras de su decimooctavo presidente, Ulises S. Grant: Durante siglos, Inglaterra confió y aplicó medidas de protección, la llevó al extremo y obtuvo resultados satisfactorios. No cabe duda de que a este sistema debe su fortaleza actual. Tras dos siglos, Inglaterra ha encontrado conveniente adoptar el libre comercio porque la protección ya no tiene nada que ofrecer. Muy bien, caballeros, mi conocimiento de nuestro país me lleva a pensar que en un par de siglos, cuando los Estados Unidos hayan obtenido todo lo posible de la protección, adoptará el libre comercio”. Palabras premonitorias de Grant, aunque los Estados Unidos alcanzaron la preeminencia mundial un siglo antes de lo que él vaticinaba, tras vencer en dos guerras mundiales al resto de potencias capitalistas.

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Los estadounidenses sabían perfectamente de lo que hablaban. Como nos cuenta el prestigioso historiador económico Paul Bairoch: Preocupada por no favorecer en absoluto a los competidores potenciales de su industria, Inglaterra prohibió hasta 1843 la exportación de máquinas textiles y otros equipos”. Asimismo, la prohibición a la exportación de las máquinas de vapor sólo se levantó en 1820, la prohibición a la emigración de técnicos y trabajadores cualificados británicos no fue derogada hasta bien entrado el S.XIX y el proteccionismo no fue abandonado hasta 1846, cien años después del inicio de su revolución industrial. Todo ello acompañado de un inmenso imperio colonial donde sólo los británicos podían fabricar y comerciar libremente.

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Sólo el pragmatismo y una dominación del mundo nunca antes alcanzada por ninguna nación en la historia hicieron avanzar a Gran Bretaña hacia lo que se supone es el “libre mercado”. Bairoch nos recuerda que: “Inglaterra producía 50 veces más hierro, 75 veces más carbón y 100 veces más telas de algodón por habitante que el resto del mundo”. Eric Hobsbawm nos da otra clave de la nueva época que se avecinaba: “En 1860, […] la mitad de todas las exportaciones de África, Asia y América Latina convergían en un solo país, Gran Bretaña. […], la City londinense, era […], el centro de las transacciones internacionales […]. [Reino Unido era el] principal acreedor mundial debido a sus importantísimas inversiones en el extranjero”. Sólo unos pocos decenios después los británicos debatían si haber derogado sus medidas proteccionistas no era la razón de su relativo declive económico.

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Esa tradición económica fue la que adoptaron a su independencia la parte norte de los Estados Unidos. Esa tradición iniciada por Alexander Hamilton y continuada por Abraham Lincoln, Thomas Jefferson, Henry Clay, Henry Carey o el mismo Partido Republicano, entre otros. A esta doctrina económica – claramente, de ascendencia británica – se le llamo el Sistema Americano. Y como la historia demuestra, Estados Unidos se parapetó tras una “muralla aduanera” para que su industria pudiera desarrollarse sin miedo a que fuera arrasada por la mucho más avanzada y superior industria británica que podía proveer de productos mejores y más baratos.  El gobierno financió la construcción de infraestructuras – canales, carreteras, ferrocarriles, etc. –, instituciones educativas, subsidió a los agricultores, creó una moneda y un sistema financiero nacional.

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Este camino hacia la independencia y el desarrollo económico no fue, ni fácil, ni libre. Estados Unidos tuvo que enfrentarse a tres guerras en su territorio. La de la independencia, en 1776; la guerra de 1812, nuevamente, contra el imperialismo británico; y, una guerra civil. La idea era clara: no querían ser como la repúblicas iberoamericanas y ser dominados, como la máxima de la política imperial británica rezaba, por el comercio. No querían caer víctimas, como Henry Carey advertía, de una política económica que sólo servía a los intereses imperialistas británicos. Y esta fue la principal razón de la Guerra de Secesión. Como bien analizó, el economista alemán del S.XIX, Friedrich List, el libre comercio únicamente beneficia a los exportadores de materias primas agrícolas nacionales, perjudicando gravemente a los “fabricantes nacionales” y “la prosperidad económica nacional a largo plazo”.

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Estas dos formas económicas se enfrentaron en la Guerra de Secesión estadounidense. La mentalidad de los terratenientes sureños – la misma que caracteriza a los terratenientes y latifundistas iberoamericanos – partidarios de una economía agraria semi–feudal y esclavista, muy lucrativa y rentable para ellos, enfrentados a los proteccionistas industriales del Norte. Los intereses eran totalmente opuestos. Al Sur le interesaba poder exportar sus materias primas agrícolas al Reino Unido e importar los productos y bienes británicos, mejores y más baratos que los nacionales. Al Norte no le interesaba ver inundado el mercado nacional con productos británicos que acabarían con el tejido industrial nacional.

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Hay lecciones que es peligroso olvidar. La economía cuasiesclavista intensiva en la extracción de materias primas y la economía industrial son las dos caras de una misma moneda y se complementan: el “libre” comercio o  “libre” mercado. Los caballos de batalla del sur, plasmados en su Constitución, eran: esclavitud, libre comercio y austeridad. Como es lógico, los grandes terratenientes no necesitan realizar grandes inversiones públicas en una población que desprecian y a la que someten a la explotación más despiadada. Otra lección muy peligrosa de olvidar es el imperialismo.  Hemos adoptado un nombre nuevo – neoliberalismo – para denominar una antigua política – el imperialismo –. Esto es muy peligroso porque olvidamos como acabó esa carrera por el reparto del mundo: 2 guerras mundiales y decenas de genocidios.

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¿Será el hombre moderno capaz de luchar contra su tendencia a ser pasivo, a permanecer en silencio? Tucídides decía que: Es la libertad o la tranquilidad. Tienes que elegir. Serás libre o estarás tranquilo. No puedes tener ambas cosas”.

Cornelius Castoriadis, filósofo griego, 1990.

 

Cueste lo que cueste, pase lo que pase, yo intentaré sacar de la miseria a mi pueblo y darles a todos el mayor bienestar posible, basándome en los modernos cánones de la democracia

Jacobo Árbenz Guzmán, presidente de Guatemala, 1951 – 1954.

 “La propaganda fue en Chile la más socorrida de las acciones encubiertas. Era barata

 Informe del Comité Church del Senado de los Estados Unidos.

 

Lo más importante es la guerra psicológica en el interior de Chile. No tiene sentido tratar de prender fuego al mundo si Chile es un remanso de paz. El combustible necesario debe provenir del interior del país. En consecuencia, el puesto santiaguino debe hacer uso de cualquier estratagema, por estrafalaria que parezca, para crear esa resistencia interna

Cablegrama secreto del cuartel general de la CIA, 27 de septiembre de 1970.

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La tranquilidad en Chile vino de la mano de un golpe de estado y una dura represión con miles de asesinados y desaparecidos. En defensa de la “patria” y al grito de “libertad y democracia” la derecha chilena empujada por EEUU derrocó el gobierno democrático de Salvador Allende. Desde antes que éste fuera investido presidente la suerte estaba echada. Richard Nixon no tuvo reparos con su habitual desparpajo en decirlo, en reunión del Consejo de Seguridad Nacional, el 6 de noviembre de 1970: Nuestra principal preocupación en Chile es la posibilidad de que [Allende] se consolide, y que su imagen ante el mundo sea su éxito… Haremos chillar a la economía chilena. Y la economía de Chile chilló. Más tarde, Nixon también nos deleitaría con estas palabras: ¡Qué hijo de puta! ¡Qué hijo de puta…! […] Me refiero a ese hijo de puta de Allende. Vamos a aplastarlo”. Y Allende sería aplastado.

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El delito más claro de Allende y el que le condenó fue una política orientada a la independencia y la soberanía del pueblo chileno. El aumento del salario de los trabajadores, la reforma agraria y educativa, la nacionalización de las telelecomunicaciones, la banca o el cobre ponían en riesgo los intereses de las corporaciones estadounidenses y de la clase alta chilena al servicio de éstas. A partir de entonces las acciones estadounidenses se centraron según mostraron las comunicaciones secretas de la CIA y el gobierno en crear un clima propicio para el golpe (militar)” mediante el bloqueo económico internacional: … Haremos cuanto esté en nuestras manos para condenar al país y a sus habitantes a las privaciones y la pobreza más absolutas; el sabotaje, el boicot productivo, la especulación y acumulación de alimentos con el objetivo declarado de crear una “gran demanda de mercancías alimenticias”; un Parlamento que hizo imposible la gestión del presidente constitucional, unas huelgas patronales financiadas con decenas de millones de dólares estadounidenses, líderes sindicales que fomentaron huelgas y acabaron siendo presidentes del sindicato único de la dictadura, etc. Pero lo peor de todo fue el terrorismo. El terrorismo de estado. El terrorismo, las violaciones y las torturas. A pesar de preguntarse: ¿Supone Allende una amenaza mortal para Estados Unidos? Resulta difícil sostenerlo, y correr el riesgo de “… repetir los mismos errores que cometimos en 1959 y 1960, cuando llevamos a Fidel Castro a la esfera soviética”.

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El programa de Allende y su Unidad Popular nunca estuvo bien visto por los poderes económicos de Estados Unidos. En 1964, según probó el Comité Church del Senado, que analizó los informes secretos de la CIA, varias organizaciones del gobierno estadounidense se dedicaron a provocar “una campaña de pavor” mediante “un amplio uso de la prensa, la radio, el cine, panfletos, carteles, […], artículos de diario. […] Asimismo, se recurrió a la «desinformación» y la «propaganda negra»” durante la campaña electoral para imposibilitar el triunfo de Salvador Allende. Más tarde, las organizaciones de la CIA continuarían apoyando al diario chileno “El Mercurio” que desempeñó “un papel significativo en la preparación del escenario para el golpe del 11 de septiembre de 1973 […]. Tanto el gobierno de Estados Unidos, como la ITT canalizaron dinero a manos de individuos asociados al diario”.

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Desde el primer momento la opción del gobierno de EEUU fue dar un golpe de estado: “… El objetivo firme y vigente es el de derrocar a Allende por medio de un golpe de estado” o “… ¡intentar asesinar a Allende!”. La misión ordenada por el gobierno a los agentes estadounidenses era “estimular el malestar social y otros acontecimientos capaces de provocar acciones militares”. Había que crear el “caos” para abortar la toma de posesión de Allende aun a riesgo provocar un “derramamiento de sangre”, una “guerra civil” y una “matanza […] considerable”. Cuando los estadounidenses pudieron comprobar que el ejército chileno no daría ningún golpe de estado, que era “imposible una acción militar en ese momento” no cejaron en su propósito porque “sólo el caos económico o el surgimiento de serios disturbios civiles [podrían] alterar la postura de los militares”. La exigencia era entonces “incrementar el nivel de terrorismo [del grupo fascista Patria y Libertad] en Santiago […]. El objetivo de esta actividad es el de provocar un contraataque por parte de la Unidad Popular y disturbios callejeros” con el objetivo de evitar la toma de posesión de Allende.

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A los pocos días los servicios secretos estadounidenses apoyados por el grupo fascista que financiaban “Patria y Libertad” asesinaban  en un atentado al jefe del ejército, general René Schneider, partidario de la defensa de la Constitución. En opinión de la CIA el asesinato había conseguido su objetivo: “ahora Chile está sumido en el clima ideal para un golpe de estado”. A pesar de todo el gobierno de Allende tomó posesión y en las elecciones municipales de abril de 1971 lograba un apoyo del 50%, casi 14 puntos más que en septiembre del año anterior. Pero el terror y el terrorismo no desaparecieron. En 1973, otro ataque terrorista, un francotirador, acababa con la vida del edecán presidencial, el capitán de navío Arturo Araya Peeters, el último enlace constitucionalista del presidente con el ejército chileno. El jefe del ejército, general Carlos Prats, partidario de la Constitución y del régimen democrático se veía obligado a dimitir y, más tarde, a exiliarse en Argentina donde sería asesinado por un coche bomba puesto por la CIA y la DINA transcurrido un año del golpe de estado.

AsaltoMoneda

Ante esta situación el presidente Salvador Allende estaba decidido a poner su cargo a disposición del pueblo chileno convocando un plebiscito sobre su persona y las reformas en curso. Este plebiscito, esta votación democrática, nunca pudo llevarse a cabo porque un golpe militar, el segundo en un intervalo de pocos meses, acababa con la vida de Allende y la democracia chilena. El miedo a que los chilenos pudieran ratificar la gestión de Allende en esas complicadas circunstancias aceleró la sedición de parte del ejército que llevaba tiempo preparando el golpe de estado. Curiosamente, se asistía nuevamente a cómo la instauración de la “libertad” socaba todas sus garantías y se llevaba por delante los Derechos Humanos. Se pueden hacer múltiples paralelismos con lo acontecido en Chile en 1973 y lo ocurrido en decenas de casos más donde el cambio social fue parado a golpe de asesinatos.

GolpeChile

La Guatemala de 1954 bajo el gobierno de Jacobo Árbenz con un programa de corte nacionalista y socialdemócrata tenía la intención de realizar una reforma agraria y educativa, construir infraestructuras, nacionalizar los recursos naturales en manos de corporaciones extranjeras, industrializar el país, mejorar las condiciones de los trabajadores, etc. Pero la búsqueda de la justicia y el bienestar para su pueblo y la independencia económica chocó con los intereses de la United Fruit Company y los terratenientes locales. La campaña orquestada contra él fue terrible, el fantasma del comunismo resurgió. Los intereses económicos se vistieron de libertad. El sueño de progreso y avance social de Guatemala fue un amargo despertar de bombardeos aéreos, violaciones, asesinatos, aldeas quemadas, desplazados y torturas. Los trabajadores, campesinos, maestros y estudiantes que votaron por Árbenz encontrarían la muerte o sucesivas dictaduras y regímenes autoritarios promovidos por los Estados Unidos.

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Nada nuevo había ocurrido en Iberoamérica. Se seguía el mismo patrón que había asolado durante décadas la región: injerencia, desestabilización, terrorismo, torturas, violaciones de los derechos humanos y golpes de estado, cuando no invasiones militares. Todos ellos ampliamente documentados en los informes de los servicios secretos. Gobernar para las transnacionales estadounidenses. Esto es lo que han hecho los mandatarios chilenos, guatemaltecos u otros muchos. Tiene más poder el embajador estadounidense que sus ministros. Es el presupuesto militar estadounidense el que sustenta a las oligarquías locales. El que mantiene una estructura social jerarquizada, clasista y tremendamente desigual. Es una transacción. Poder a cambio de convertirse en una colonia o semicolonia. Es el paradigma del libre mercado. Exportar recursos naturales a cambio de ninguna compensación para su pueblo, pero cuantiosos emolumentos para su oligarquía rentista, absentista y corrupta, e importar las manufacturas de las grandes potencias industriales.

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Más tarde la propaganda continuaría su labor haciendo creer que el golpe de estado fue algo inevitable debido a la desastrosa gestión socialista de Allende. Simplemente, es algo totalmente falso cuando el mismo Allende estaba dispuesto a poner su cargo y su gestión a disposición del pueblo chileno mediante un plebiscito. Menos de una década después vendría el colapso de la economía chilena con las políticas privatizadoras y el libre mercado impuestos por el gobierno y sus asesores estadounidenses. El paro que con Allende era del 4,3% ascendía al 22% diez años después de su muerte, los salarios de los trabajadores chilenos cayeron un 40% con los militares “salvapatrias”, la pobreza pasó del 20% con Allende en el gobierno al 40% cuando Pinochet abandonó el poder 17 años más tarde. Todo lo que se privatizó, ante la quiebra financiera generalizada, tuvo que nacionalizarse. El hambre, más fuerte que el miedo – como nos cuenta Greg Palast –, sacó a la gente a la calle. El gobierno militar dio marcha atrás y tuvo que implementar un plan Keynesiano tras el colapso del PIB que cayó un 19% en sólo dos años. Todo un milagro económico el Chile desregularizado.

FriedmanPinochet

Sin embargo, el precio que se pagó por obtener tranquilidad absoluta y orden valió la pena. Los intereses de las corporaciones transnacionales están garantizados en la Constitución chilena redactada por el gobierno militar. La oligarquía chilena es más rica de lo que nunca fue. A cambio el pueblo de Chile renuncia al cobre o al agua. Renuncia a beneficiarse de sus recursos. Los trabajadores tienen jornadas de 12 horas por poco más del salario mínimo bajo la protección de un código del trabajo heredado de la criminal dictadura. Las medidas espurias nos cuentan que la inflación está sostenida, aunque el poder adquisitivo de la población sea muy reducido o que la renta per cápita asciende a 20.000 dólares, aunque más del 90% de los chilenos cobre poco más de 720 dólares al mes. Es el precio de la exacerbada desigualdad.

Finalmente, tras una ardua lucha. La libertad se impuso…

Pinochet

Nota:

Para conocer el cinismo, la catadura moral y la bajeza de ciertos “gobernantes democráticos” es imprescindible pararnos a leer la carta de condolencias que le envió Richard Nixon al presidente en funciones de Chile, Eduardo Frei Montalva, tras el mismo ordenar el asesinato del general René Schneider:

Estimado Sr. Presidente:

El estremecedor atentado contra la vida del general Schneider constituye una mancha en las páginas de la historia contemporánea. Quisiera transmitirle el pesar que me produce el hecho de que en su país haya tenido lugar tan repugnante acontecimiento. …

NixonSuerte

Postdata:

Para finalizar quiero recordar el último comunicado de Salvador Allende por radio desde La Moneda mientras el golpe de estado contra su gobierno se estaba produciendo y era consciente de su suerte final:

Seguramente esta es la última oportunidad en que me pueda dirigir a ustedes… Mis palabras no tienen amargura, sino decepción, y serán ellas el castigo moral para los que han traicionado el juramento que hicieron… Ante estos hechos, sólo me cabe decirle a los trabajadores: ¡Yo no voy a renunciar! Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad del pueblo.

Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen… ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos… Siempre estaré junto a ustedes. Por lo menos, mi recuerdo será el de un hombre digno que fue leal a la lealtad de los trabajadores.

El pueblo debe defenderse, pero no sacrificarse. El pueblo no debe dejarse arrasar ni acribillar, pero tampoco puede humillarse.

Trabajadores de mi patria: tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo, donde la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor.

¡Viva Chile! ¡Viva el pueblo! ¡Vivan los trabajadores!

Éstas son mis últimas palabras y tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano. Tengo la certeza de que, por lo menos, habrá una lección moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición.

AllendeMitín

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Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen… ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor

Salvador Allende, alocución radiofónica de 11 de septiembre de 1973, horas antes de su asesinato.

No se puede negar que el Fascismo y movimientos similares destinados a la creación de dictaduras están llenos de las mejores intenciones y que su intervención ha, por el momento, salvado la civilización Europea. El mérito que el Fascismo ha de ese modo ganado por sí mismo vivirá eternamente en la historia”.

Ludwig Von Mises.

Mi preferencia personal se inclina a una dictadura liberal y no a un gobierno democrático donde todo liberalismo esté ausente.

Fiedrich Von Hayek, declaraciones al diario El Mercurio, 12 de abril de 1981.

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En Chile desde el año 2011 los movimientos sociales han vuelto a tomar las calles ante el desprestigio que sufre el actual sistema político. El sistema chileno adolece de una enorme falta de representatividad. Sus políticos no toman en consideración las necesidades de grandes capas de la población que se sienten abandonadas y han perdido la confianza en sus representantes legales. Esto puede observarse fácilmente en la participación en las elecciones democráticas que no alcanza a más del 40% del electorado.

El caso chileno no es muy diferente a lo que se está viviendo en España durante los últimos años o en otros países caracterizados por sus regímenes de democracias constitucionales. La población no se siente representada, se siente ignorada y sus actuales representantes políticos han caído en un absoluto descrédito que se refleja tanto en encuestas como en votaciones. El sistema está tan desprestigiado que muchos no votan o lo hacen con absoluto cinismo o desesperanza. Las tasas de abstención en democracias totalmente asentadas y, supuestamente, ejemplares sólo pueden provocar asombro y preocupación. Pero es lógico ante una población que ve como la corrupción y la connivencia entre los poderes representativos y económicos está carcomiendo los cimientos del estado Social.

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Entre muchos chilenos que han protagonizado las recientes protestas se encuentra la certeza de la falta de legitimidad del sistema constitucional. Es una democracia otorgada por una dictadura militar. Su Constitución data de 1980, los redactores fueron elegidos por el gobierno militar, el plebiscito que lo aprobó está sembrado de dudas ciertas acerca de su limpieza y las reformas que ha sufrido no han tocado la esencia de una Constitución donde la protección de los monopolios privados y las oligarquías es absoluta.

A Chile como a España y otros países que han protagonizado las reformas neoliberales de las últimas cuatro décadas les ocurre que se encuentran bajo un sistema de gobierno bancario – corporativo por ponerle un nombre que no tiene la pretensión de ser científico, pero que se acerca totalmente a la realidad. La connivencia entre el Estado y las empresas privadas es total. Los lobbies o grupos de presión empresarial como ocurre en Europa o EEUU tienen una responsabilidad directa en las políticas que toman los gobiernos del país.

Entre las principales quejas de los chilenos se encuentran las tasas y precios usureros que sufren a manos de los monopolios que controlan el agua, la banca, la electricidad, la alimentación y otros servicios básicos. Los abusos a los ciudadanos no son corregidos y éstos sienten una enorme desprotección. Pero, es obvio, que esta enorme concentración de la propiedad y el control que ejercen los poderes económicos sobre el regulador faciliten los abusos que cometen estas corporaciones. Las mismas son las que se apropian de la mayor parte del crecimiento económico que ha vivido Chile en estos últimos años donde el 85% de la facturación de ventas pertenece únicamente al 1% de las empresas o que el 95% de las exportaciones lo realicen igualmente el 1% de las empresas.

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Por tanto, a pesar del crecimiento económico – éste se ha cuadruplicado en los últimos veintitrés años – el país se encuentra sumido en enormes problemas sociales. Problemas, totalmente, silenciados y olvidados tanto por la prensa como por el Parlamento. Cuando puede haber visos de un cambio político la oligarquía y sus medios sacan la bandera del miedo, el peligro de la polarización social y el recuerdo de la dictadura militar. De todas maneras, es muy complicado que pueda darse este cambio social y político porque en la Constitución se ha blindado que cualquier cambio de calado pueda ser vetado por un tercio del Parlamento. Por tanto, prácticamente, con poco más de un 15% del censo electoral chileno. De cualquier modo, los chilenos no pueden distinguir en su actual bipartidismo al que conduce su sistema binominal carente de representatividad entre la izquierda y la derecha.

Las carencias del sistema se pueden mostrar en las tasas de pobreza que sufre Chile, aunque estas tasas dependen siempre de cómo se midan. La pobreza medida según la metodología del gobierno alcanza al 14,4% de la población. Está bastante bien. Pero, el problema se avecina si lo medimos según la metodología estadounidense donde alcanzaría al 35% o la europea que nos daría una cifra cercana al 47% de la población. Por tanto, el gobierno – como buen alumno neoliberal – sólo contabilizaría una pobreza que raya la indigencia.

Chile podría decirse que es el perfecto laboratorio neoliberal. El paraíso soñado por Friedman, Hayek o Mises. Un espejo en el que podemos mirarnos para conocer nuestro futuro. No hay ningún derecho garantizado. Por ejemplo, el sistema de pensiones está privatizado y pertenece a 4 empresas financieras. Es un sistema de capitalización que cobra altísimas comisiones cercanas al 14%. El rendimiento para los trabajadores es bajo, puesto que, al 70% de los trabajadores les quedará una pensión de jubilación de menos de 100.000 pesos mensuales, alrededor de 158 euros. Por tanto, con esa pensión se puede considerar que en la próxima década habrá 5,6 millones de pensionistas pobres. La pensión promedio son 150.000 pesos que poco más da para sobrevivir.

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Las familias dedican mensualmente el 70% de sus rentas a pagos bancarios. Un sistema financiero oligopólico que, también, está controlado por 4 bancos. Como en muchos otros lugares las familias son esclavas de la deuda. Es lógico. La educación no está garantizada y 500.000 estudiantes tienen una deuda en préstamos para cursar sus estudios de 3.000 millones de dólares en un sistema altamente segregador y elitista. Una educación carísima herencia de una dictadura que redujo el gasto público en educación del 7% del PIB al 3%. Un sistema que como la sanidad y las pensiones son el negocio de unas pocas empresas y que ha visto como varios rectores han acabado en los tribunales por tráfico de influencias y sobornos.

Los abusos a los trabajadores también son habituales. No hay un derecho a la huelga, existen enormes problemas para sindicarse, el código del trabajo es el de la dictadura militar cuando los trabajadores fueron severamente “castigados” y sólo el 10% de los trabajadores tiene derecho a la negociación colectiva. Los bajos salarios fomentan el pluriempleo y la precariedad social en una gran mayoría de la población. El 76% de los trabajadores no superan el equivalente a dos salarios mínimos que no son complementados con transferencias sociales dado que el Estado tiene pocos ingresos y los bienes y servicios públicos, los recursos naturales están en manos privadas.

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Pero en Chile hay paz. No hay polarización social. Este es legado de la dictadura. La dictadura legó tranquilidad. No importa que haya tal cantidad de pobres ni tal cantidad de población precaria. No importan los problemas de vivienda ni la formación de guetos. Ni una sanidad dual que permite que el sistema privado se lleve casi la mitad de los recursos económicos mientras sólo atiende al 20% de la población. Ni que un tratamiento contra el cáncer cueste 40 millones de pesos, 15 salarios medios anuales. Lógicamente sin ayuda te puedes dar por muerto. Ni que haya una transferencia brutal de riqueza hacia el 1% de la población, ni que las transnacionales – extranjeras –  se lleven los recursos de los chilenos y estén exentas de pagar impuestos. Este es el precio de la paz social. Este es el precio de estar tranquilos.

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 Es el sistema británico – el libre comercio – el más gigantesco sistema de esclavitud que el mundo haya visto jamás, y por tanto es la libertad lo que gradualmente desaparece de cada país sobre el cual Inglaterra pretende obtener el control

Adoptando el libre comercio, o sistema británico, nos colocamos a nosotros mismos junto a los hombres que han arruinado a Irlanda y la India, y están ahora envenenando y esclavizando al pueblo chino

Henry C. Carey, economista estadounidense partidario del proteccionista Sistema Americano y asesor económico del presidente Abraham Lincoln, 1793 – 1879.

Los abogados del capitalismo son muy propensos a apelar a los sagrados principios de la libertad, los cuales están personificados en una máxima: los afortunados no deben ser refrenados en el ejercicio de la tiranía sobre los desafortunados

Bertrand Russell, filosofo, matemático y escritor británico, 1872 – 1970

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El pensamiento neoliberal es el presente valedor de la ideología del libre comercio. Su pensamiento es por ellos mismos calificado como único y carente de alternativas válidas. Es el que, actualmente, se enseña e impone en medios de comunicación y universidades. Supuestamente ha alcanzado la preeminencia intelectual porque siendo contrastado con todas sus alternativas se ha demostrado superior. Nada más lejos de la realidad. Si se hubiera contrastado con los datos reales, se hubiera llegado a la conclusión que ninguna nación hoy industrializada lo puso en práctica en su desarrollo económico. No se a cierta a comprender desde la buena fe a qué responde la imposición de una ideología nunca usada para el progreso económico y social.

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Dado este déficit de realidad que sufre el actual pensamiento único es lógico que nos enfrentemos a tan grande precariedad intelectual entre nuestros “expertos”. Parece que el intelecto haya sido nuevamente asolado por esa especie  conservadurismo montaraz – teñidas muy habitualmente sus visiones de un dogmatismo acérrimo impenetrable al discurso lógico y a la fuerza de las pruebas. De esta forma se ha sembrado la ignorancia en los últimos decenios. Y nada mejor para extender el obscurantismo que hurtar a la sociedad y a nuestros estudiantes de las pruebas y los datos empíricos, los hechos históricos, que dejarían desnudo y desacreditarían de plano, un pensamiento – el neoliberalismo o libre mercado – que es fácilmente rebatible.

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El neoliberalismo es una ideología, no una ciencia. Nuestros alumnos están siendo educados en un conocimiento parcial. Van a ser técnicos sin ningún tipo de perspectiva general ni ninguna capacidad de valorar las consecuencias de sus acciones. En la universidad se está haciendo común el rechazo al conocimiento histórico – bien se entorpece su enseñanza o se mitifica su realidad –, a la interdisciplinariedad en pos de enseñar la verdadera economía. Nada hay de verdadero en un pensamiento que falsifica la realidad histórica, política y social. Un pensamiento contenido en una burbuja al resguardo de su exposición a la realidad. Lo que se está enseñando son los intereses de una clase social, una determinada forma de ver el mundo y actuar sobre él donde el enriquecimiento individual, la codicia y el afán de conquista – competencia – tienen unas consecuencias terribles para la mayoría de la sociedad y el desarrollo económico y social de las diferentes naciones.

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Realmente ¿Qué nos están hurtando? ¿Cuál es la historia del desarrollo capitalista? ¿Son los mercados libres? ¿Es la mano invisible? ¿Es un Estado alejado de la vida económica? Podemos decir sin temor a equivocarnos, con el respaldo de los hechos, que no. Verdaderamente es una historia de intervención estatal, proteccionismo, conquistas, agresiones militares, imperialismo, desposesiones, colonialismo, tratados desiguales, esclavitud, trabajo infantil, explotación sin igual de los seres humanos y el medio natural. Volviendo a citar a Bertrand Russell: [El capitalismo] es una sociedad en la cual una minoría muy pequeña de propietarios somete a la explotación al resto de la población, arremete contra la naturaleza y despilfarra los recursos naturales del planeta”.

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Por tanto, si la historia y sus hechos no dicen que los países desarrollados han llegado a ser ricos gracias al libre comercio”, sino debido al proteccionismo y la intervención estatal ¿por qué somos bombardeados con una información radicalmente diferente? ¿Existe una grave deshonestidad intelectual? ¿Únicamente estamos aprendiendo un pensamiento lleno de prejuicios y dogmatismo? No se puede obviar que Reino Unido, por ejemplo, basó en gran parte su expansión industrial y comercial en la destrucción de industrias y mercados que le hacían la competencia como la manufactura de la lana irlandesa, el algodón indio, o las guerras del opio contra China. Una práctica de imponer bajo coacción, agresión o tratados desiguales una apertura comercial de nuevos mercados que todavía es usada en nuestros días.

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¿La “mano invisible”? La realidad a pesar de lo que nos cuentan los teóricos neoliberales es bien distinta. La mano era bien visible. Reino Unido se desarrolló con políticas intervencionistas y proteccionistas. Sus gobernantes – el primero, Enrique VII – se dieron cuenta que tenían que dar un enorme giro a sus políticas para dejar de ser una nación relativamente atrasada en la última década del S.XV. Más tarde – con Isabel I – logró el monopolio de los mares con el fin de conquistar nuevos mercados y colonias. Monopolio logrado con una ingente inversión estatal en construcción naval. A partir de 1721, Robert Walpole comenzó a impulsar las nuevas industrias manufactureras que darían a Inglaterra mediante su promoción y protección la hegemonía tecnológica antes de mediar el S.XIX.

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A pesar de eso se considera a Inglaterra la cuna del laissez – faire y a Francia del proteccionismo, cuando el grado de proteccionismo británico había sido mucho mayor que el francés hasta 1860. Nos enfrentamos, por tanto, a un pensamiento ilusorio. Una propaganda muy poderosa y muy dañina. Reino Unido alcanzó la primacía tecnológica [detrás de unas altas y duraderas barreras arancelarias P. Bairoch], sólo entonces viró su política hacia un régimen de libre comercio que sólo 20 años después de su adopción se tambaleaba ante la competencia de otras potencias. Tuvo que ser la dura bofetada que recibió Francia de realidad, cuando el retraso tecnológico se hacía cada vez más evidente, que Napoleón III se vio obligado a girar a una política más proteccionista e intervencionista.

[Inglaterra] adoptó el Libre Comercio con una lentitud dolorosa: 84 años hubieron de transcurrir desde la publicación de La Riqueza de las Naciones hasta el presupuesto Gladstone de 1860; 31 desde Waterloo hasta la victoria ritual de 1846… En 1848, el Reino Unido tenía 1.146 artículos sujetos a derechos arancelarios; en 1860 tenía 48, siendo todos ellos, menos 12, artículos de lujo o semi–lujo. Habiendo sido [el sistema arancelario británico] el más complejo de Europa…K. Fielden.

Todas estas medidas auspiciadas por todos los Estados fueron acompañadas de otras encaminadas a la creación y el fortalecimiento de instituciones sociales. No era ellibre emprendimiento individual lo que llevaba al desarrollo económico sino las política públicas y las instituciones sociales fuertes. Esto se refleja en el pensamiento estadounidense de la escuela americana que bebía directamente del proteccionismo británico:Por más industriosos, ahorrativos, creativos e inteligentes que sean los individuos, no pueden compensar la falta de instituciones libres. La historia también enseña que la mayor parte de las capacidades productivas de los individuos provienen de las instituciones sociales y de las condiciones bajo las cuales se sitúan Friedrich List. Tanto copió Estados Unidos el proteccionismo de sus hermanos británicos que el historiador Paul Bairoch los llamó: la madre patria y bastión moderno del proteccionismo”.

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Para concluir ¿Qué más deberíamos saber? ¿Qué políticas aplicaron realmente las naciones actualmente hoy más ricas en sus procesos de industrialización y desarrollo económico? El especialista en desarrollo económico de la Universidad de Cambridge Ha–Joon Chang nos enumera las siguientes políticas verdaderamente realizadas por Reino Unido, Alemania, Francia, EEUU, Suecia, Bélgica, Países Bajos, Japón o Suiza para alcanzar la industrialización y la preponderancia tecnológica:

  • Protección arancelaria para ayudar a la creación de nuevas industrias mediante una política de promoción activa y coherente.
  • Concesión de monopolios, incluso, cárteles.
  • Implicación del Estado en industrias clave.
  • Subsidios y subvenciones a la industria, a la agricultura y a la exportación.        
  • Prohibición de exportación de materias primas sin manufacturar, es decir, sin tratar y aportarles un valor.
  • Controlar la calidad de los productos manufacturados para la exportación. Búsqueda continuada de una alta calidad y valor añadido en los productos.
  • Prohibición de importaciones de productos que se puedan realizar dentro del país.
  • Atracción de trabajadores extranjeros cualificados y capacitación de los trabajadores nacionales. Reino Unido, por ejemplo, en un principio importó trabajadores cualificados flamencos, holandeses y alemanes. Y, más tarde, prohibió la emigración de trabajadores nacionales cualificados.
  • Apoyo al espionaje industrial, robo de tecnología, copia de maquinaria, etc. No reconocimiento de las patentes extranjeras.
  • Favorecimiento de la importación e introducción de maquinaría y tecnología avanzada extranjera para su copia.
  • Prohibición de exportar tecnología avanzada a los competidores.
  • Inversión en educación pública  – primaria y universitaria – Construcción de escuelas y universidades. Alemania, además, reorientó su educación desde la teología a la ciencia en el S.XIX.
  • Inversión en “mejoras internas”, es decir, obras públicas e infraestructuras – carreteras, transportes, canalizaciones, teléfono, telégrafo, ferrocarril, electricidad, irrigación agrícola, etc. –  con menor o mayor colaboración privada.
  • Creación de institutos de investigación gubernamentales. Financiación de las políticas de investigación y ciencia. Concesión de becas para el estudio en el extranjero y la investigación.
  • Asunción de una política social en menor o mayor medida según cada país.

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Esta es la historia del libre mercado”. En ningún lugar encontramos la libertad o el desarrollo autónomo e independiente. Por todos lados, está la mano del Estado, el intervencionismo, las subvenciones, los aranceles, etc. Se nos niega conocer que los economistas clásicos eran partidarios de la intervención estatal con el fin de destruir la producción rural a pequeña escala convirtiendo a los campesinos en precarios trabajadores a sueldo de las fábricas. Asistimos bien a una tergiversación y manipulación de la historia que pone en entredicho la honradez profesional de ciertas personas, o bien, a un gravísimo desconocimiento de la realidad que pone en duda la competencia intelectual de algunos.

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Por último ¿El Estado reducido? ¿Los mercados naturales? ¿De verdad? No guardan eso los hechos históricos:

No había nada natural en el laissez–faire; los libres mercados nunca pudieron haber existido simplemente permitiendo que las cosas siguieran su curso. De la misma manera que las fábricas de algodón – la principal industria de libre comercio – fueron creadas con la ayuda de aranceles proteccionistas, ayudas a la exportación y subsidios indirectos a los salarios, el propio laissez–faire fue aplicado por el Estado. En los años 30 y 40 tuvo lugar no solo una explosión de leyes que anulaban reglamentos restrictivos, sino también un enorme aumento de las funciones administrativas del Estado, que pasó a estar dotado de una burocracia central capaz de cumplir con las tareas impuestas por los partidarios del liberalismo. Para el utilitarista típico… el laissez–faire no era un método para obtener una cosa, era la cosa que quería obtenerseKarl Polanyi.

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El sentir mucho por los demás y poco por nosotros mismos, el restringir nuestros impulsos egoístas y fomentar los benevolentes, constituye la perfección de la naturaleza humana

Adam Smith.

La felicidad es el único objeto de la sociedad” Saint–Just.

Sostenemos como evidentes por sí mismas dichas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos hechos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad;… que cuando quiera que una forma de gobierno se vuelva destructora de estos principios, el pueblo tiene derecho a reformarla o abolirla, e instituir un nuevo gobierno que base sus cimientos en dichos principios, y que organice sus poderes en forma tal que a ellos les parezca más probable que genere su seguridad y felicidad” Declaración de independencia de EEUU, 1776.

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Como con muchos otros temas con el capitalismo nos ocurre que los arboles no nos dejan ver el bosque. Creemos que capitalismo y democracia son sinónimos, que son compatibles de manera universal. Igualmente nos ocurre con libertad y liberalismo, creemos que abrir las puertas acríticamente a un liberalismo extremo implica consecuentemente una mayor libertad. Pero, en realidad, nada tiene que ver la sociedad preindustrial de pequeños productores de Adam Smith, David Hume o John Locke – hoy arrasados por el capitalismo – con la actual. El espectro presente de liberales va del egoísmo más infantil e ilusorio a los movimientos reaccionarios antiliberales de toda la vida. Ha sido la misma evolución natural del capitalismo lo que ha llevado a aquella naciente sociedad de pequeños productores – el panadero, el carnicero o el fabricante de agujas – a desaparecer a manos de los oligopolios.

El liberalismo que nació en el S.XVIII era un movimiento de crítica y análisis social. Un pensamiento progresista y optimista en constante búsqueda de la mejor sociedad posible. Encuadrado dentro de la Ilustración basaba sus principios fundamentales en el humanismo y la supeditación a la razón. Por tanto, su aparición en el seno del antiguo régimen – que todavía, regía en gran parte de Europa – tenía como objetivo enfrentarse a los privilegios, los dogmas, las injusticias, la superstición y garantizar a los hombres unos derechos inalienables que no podían estar al capricho de los déspotas y poderosos. Unos derechos como la vida, la igualdad, la libertad o la felicidad que los gobiernos tenían la obligación de proveer a sus ciudadanos y éstos a exigir, sino el gobierno podía ser depuesto. Ninguno de estos valores se pueden observar en los nuevos liberales tan preocupados por el enriquecimiento de los nuevos déspotas.

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Quizás quien mejor entendió la forma de funcionar del capitalismo fue Karl Marx. Para él, el crecimiento en la dinámica capitalista implicaba una generación de contradicciones dentro del mismo. Unas contradicciones que eran como interminables arrebatos de tensiones y resoluciones temporales, crecimiento abocado a la crisis y al cambio, todos produciendo concentración económica cada vez más globalizada”. Por tanto, Marx hace ya más de un siglo llegó a la conclusión de que el capitalismo tendía a una inevitable y desorbitada concentración de los recursos terrestres. Probablemente, entendió que la codicia extrema y la búsqueda del beneficio ilimitado llevarían irremisiblemente a esta conclusión. Por tanto, los que se excusan diciendo que este no es un verdadero capitalismo, evidentemente, no entienden que es el capitalismo. Una fuerza en cambio y evolución constante en su búsqueda del beneficio perpetuo.

Marx no era un detractor del capitalismo en sí. Admiraba su productividad. El crecimiento material que conllevaba. Quería aprovechar o encauzar su estructura productiva poniendo ésta en manos de los trabajadores, que eran los verdaderos creadores del beneficio que los capitalistas les robaban. El fin era la posesión colectiva de los medios de producción. La futura sociedad socialista de Marx no podía carecer de abundancia material. Sin embargo, Adam Smith, prácticamente, no conoció el capitalismo industrial y como hombre de su tiempo nunca aceptó las sociedades anónimas – las sociedades de responsabilidad limitada – como los directores de semejantes compañías no manejan más que el fondo ajeno sin tener parte inmediata en sus intereses, no es regular prometerse el que pongan en su negociación la vigilancia que cualquiera miembro de una compañía que vela sobre su caudal propio”. Marx, en cambio, vio en estas nuevas sociedades un futuro progreso inusitado. La evolución lógica del capitalismo en su acumulación de riqueza  y un primer paso hacia el socialismo una vez colectivizadas éstas.

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El capitalismo en su nacimiento ya era global. Siempre ha sido un fenómeno mundializado porque nació con los descubrimientos y conquistas de ultramar, porque creció mediante la exacción y el expolio colonial de América. Porque continuó su desarrollo con el imperialismo en África. En Europa creció a través de la desposesión de los campesinos y los cercamientos de las tierras comunales. Mientras en el siglo XX y principios del XXI el capitalismo exporta democracia y libertad, en el S.XIX exportaba civilización y progreso y en sus comienzos llevó la salvación y la religión verdadera a las tierras allende del mar. Cuando vemos como el capitalismo nació de la sangre, la esclavitud, el expolio o el chivo expiatorio de la caza de brujas se hace más evidente la burda tergiversación tendente a hacer capitalismo y democracia indisolubles como una forma de esconder sus mecanismos de reproducción. El capitalismo – y hay decenas de ejemplos que lo atestiguan – se encuentra cómodo en cualquier tipo de régimen donde controla los resortes del poder.

Hace tiempo la palabra liberal volvió a ponerse de moda. Muchas personas gustan de calificarse así porque tiene connotaciones positivas. Liberal suena bien. Ser liberal es sinónimo de ser moderado y abierto. Liberal es libertad. Y libertad es un término en sí bueno. Un término que provoca que los demás puedan llegar a bajar la guardia. De ahí a convertir la palabra en liberalizar hay solo un paso, aunque sea un término falaz. Porque liberalizar no es sinónimo de libertad sino de privatizar. Y privatizar es sinónimo de desposesión no de libertad. Y la desposesión no supone una mayor libertad sino una mayor dependencia. Entonces no podemos caer en la trampa. No podemos confundir los términos. El liberalismo nació en una época de absolutismo, nació para enfrentarse a los reaccionarios. Él mismo tuvo que evolucionar para que los derechos que alentaba fueran, realmente, universales. Sin embargo, hace tiempo que este término ha sido secuestrado por los reaccionarios. A estos supuestos seguidores y admiradores de Adam Smith la empatía y la preocupación por el bienestar de los seres humanos que le sobraban a éste no puede haber una sociedad floreciente y feliz cuando la mayor parte de sus miembros son pobres y desdichados, a ellos ni se les supone.

Entonces tenemos a unas personas sumamente egoístas y codiciosas que toman la libertad para convertirla en el disfraz que esconde el objetivo de someter a las personas. El mismo Adam Smith ya nos previno contra este tipo de personas que actúan de forma que Todo para nosotros y nada para los demás parece haber sido la ruin máxima de los amos de la humanidad en las diversas épocas de la historia. Los grandes propietarios de nuestra época prefieren tener un par de hebillas de zapatos con diamantes o algo igual de frívolo e inútil a proporcionar [] el mantenimiento de mil hombres al año. Nos advirtió de las consecuencias que conllevaban la actitud de estas personas codiciosas donde hay una gran riqueza esta manera de actuar forma parte de la naturaleza de los seres humanos. Así como también forma parte de la condición humana la búsqueda de la justicia, la igualdad y la felicidad para todos.

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Adam Smith fue quien, también, nos recomendó en nuestra búsqueda de la felicidad que tomáramos la virtud de la prudencia; la preocupación por los demás, las virtudes de la justicia y la beneficencia, que en un caso nos impide que perjudiquemos y en el otro nos impulsa a promover dicha felicidad. Adam Smith nunca fue el economista racional y egoísta que nos presentan los nuevos liberales, primero porque nunca fue economista, fue un filósofo humanista, un hombre de la Ilustración. Y segundo porque nunca fue el ultraliberal reaccionario defensor de las frívolas políticas y disposiciones de “los amos de la humanidad. Porque su preocupación nunca fue el crecimiento ilimitado y la búsqueda del enriquecimiento sino que fue la felicidad de la sociedad. La felicidad de las personas sin tener que estas sometidas a las arbitrariedades de nadie. Se olvida fácilmente o se desconoce que liberal proviene del término clásico liberalidad, que implicaba humanidad, generosidad y apertura de mente. Y de esta manera era usado en la época de A. Smith.

Visto lo que opinaba Adam Smith de estos nuevos liberales protectores de los déspotas, deberemos ponernos en guardia contra ellos. En guardia ni más ni menos cuando estos liberales acérrimos deciden sobre la pureza del liberalismo y arrinconan y excluyen del Olimpo liberal a John Stuart Mill y otros que les resultan incómodos; en guardia cuando se defienden de las críticas diciendo que lo que existe actualmente no es liberalismo ni capitalismo sino un corporativismo estatistay, al mismo tiempo defienden y prometen un supuesto verdadero capitalismo – suponemos que un inexistente capitalismo arcaico idealizado – no dándose cuenta, o no queriendo darse, en las contradicciones en las que irremediablemente incurren. El capitalismo lleva en sí mismo la semilla del monopolio porque tiende a la máxima concentración de riqueza en pos de la consecución de un beneficio ilimitado cada vez mayor. Capitalismo significa competencia y no cooperación. Por tanto, derrota y absorción del más débil por el más fuerte sea una persona, una empresa  o un país. Y como dijo Marx – como creo que es evidente – necesita del control del gobierno para llevar a cabo sus objetivos El ejecutivo del Estado moderno no es otra cosa que un comité de administración de los negocios de la burguesía”. El capitalismo siempre ha crecido al calor del poder.

Es ineludible que entendamos la dinámica capitalista. Su propia dinámica niega la libertad y la igualdad de las personas. Todo lo contrario. Necesita de la sumisión de las personas para crecer ¿Por qué? Pues, porque el capitalismo supone una ingente externalización de costes sobre la sociedad y el entorno. Para que una parte de la sociedad pueda extraer enormes beneficios deriva los costes a la sociedad mediante la sobreexplotación de trabajo, el medio ambiente; la familia, porque gran parte de los costes, los cuidados y el trabajo no remunerado recae en la mujer al mismo tiempo que este esencial trabajo se le desvaloriza; a las generaciones futuras, etc. Para que el capital obtenga la mano de obra que necesita se desposee a ésta de cualquier otra posibilidad de supervivencia. Esto ocurre a nivel social, pero a nivel global se repercuten los costes en los países pobres y los países pobres en sus ciudadanos. Siempre se repercuten los costes en el eslabón más débil. El crecimiento y la productividad per se no son intrínsecamente buenos. Este crecimiento ilimitado conllevará inevitablemente el colapso. El capitalismo lleva implícita su destrucción en su propio éxito productivo porque carece de frenos.

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El mismo capitalismo destruye los propios fundamentos del liberalismo al no tener límites. Su razón de ser es crecer de forma infinita y eso no es realizable en este mundo. El liberalismo es empirismo. Es ciencia y observación.  No dogma. No es simpleza de pensamiento ni codicia. Se ha producido una apropiación espuria. Una manipulación intolerable. En el propio Adam Smith podemos encontrar que la persecución de los intereses individuales están limitados por la estrechez de [su] compresión del hombre y el plan liberal de igualdad, libertad y justicia”. Adam Smith o J. S. Mill entendían de la necesidad para el progreso de una sociedad que el estado proveyera de educación pública. John Locke entendía que el estado debía cuidar entre otras cosas de la salud de sus ciudadanos. Además, éste concebía la libertad en toda su complejidad, entendiendo que ésta solo se puede obtener dentro de la ley Donde no hay ley no hay libertad”. Asimismo la libertad no puede estar supeditada a los caprichos de otros pues la libertad ha de ser el estar libre de la violencia de otros, pero nos indica que no es una libertad para que todo hombre haga lo que quiera y esta libertad solo se puede alcanzar dentro de la protección de la sociedad porque el hombre es un animal sociable, con la inclinación y bajo la necesidad de convivir con los seres de sus propia especie”. Si el capitalismo destruye la sociedad, aniquila la libertad.

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Cuando los nuevos liberalesatacan la tiranía del estado y el gobierno en cualquiera de sus formas políticas en favor de la libertad de los mercados o desprestigian la política están cayendo en una contradicción irresoluble. Primero porque su plan es enteramente político. Segundo porque es una total impostura intentar separar los mercados de estados y gobiernos. Los mercados no son posibles sin la actuación de un poder – sin una acción política – que los dirija y construya. Es irreal pensar que el capitalismo de libre mercado es alcanzable sin el control del poder. Es imposible porque para que tenga éxito se tiene que imponer el marco político y social donde sea posible su crecimiento y desarrollo, porque tendrá que detentar el poder para imponerse y destruir la anterior forma social y política que existía. El capitalismo tuvo que superar la consideración antinatural que se tenía de la propiedad privada y para eso implantó las leyes que hicieron posible la privatización de la propiedad de la tierra. Los mercados libres”, no son naturales porque si no siempre hubieran existido, tendrían miles de años y no cientos como tienen en realidad. Los mercados no son naturales, son políticos y sociales. Ninguna construcción humana puede ser natural por pura lógica.

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Sin embargo, lo más grave, es su alejamiento de los valores liberales e ilustrados porque esconden que los mercados capitalistas coartan la libertad, la justicia y la igualdad. Al perseguir como fin supremo el enriquecimiento se apartan del objetivo final de la Ilustración: la felicidad humana. Un valor que nunca conseguirá proveer el mercado – ni al más rico de sus participantes – porque su mismo mecanismo de perpetuación implica crear una insatisfacción constante. Un mercado que no es ideal, ni natural, ni libre, ni democrático. En el mercado sólo existe la ley del más fuerte. Ni es una abstracción como intentan hacernos creer para desarmarnos. Porque el mercado no somos todos, ni el capitalismo es popular como dijo Margaret Thatcher. Todo lo contrario. El capitalismo popular de Thatcher y Reagan pusó más del 80% del mercadoaccionarial en manos del 10% más rico. El milagro del “libre mercado” es la antítesis del milagro de los panes y los peces. Lo que el último multiplicaba, el primero quitaba. El mercado está poniendo contra las cuerdas a los ciudadanos, se está apropiando de los bienes públicos, está multiplicando la pobreza, está negando la salud y la educación. El mercado se endeudó en grado sumo para especular y está endosando sus pérdidas a los estados. El mercado son las grandes fortunas y corporaciones. El estado si debemos ser todos, pero antes deberemos expulsar a los mercadosdejando de pagar las facturas de sus desmanes.

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En realidad cuando se lee con detenimiento a estos nuevos liberales se ve que su única preocupación el exceso de inversión en el bienestar de las personas y la existencia de los bienes comunes. El humanismo frena el beneficio. Su inquietud es la existencia de un ciudadano ilustrado que participe en la vida pública, preocupado por la deriva política y social, que pueda reclamar lo que es suyo y que pueda poner límites al enriquecimiento extremo de una minoría. Estos defensores a ultranza de la libertad no han tenido ningún problema moral para recurrir a los movimientos fascistasel estado corporativo en su más sublime expresión – y autoritarios para preservar”  la libertad. En verdad para defender sus privilegios corporativos de clase. Sinceramente creo que su desasosiego no radica en que el gobierno pueda coartar la libertad sino que el gobierno pueda escapar a su control. No deja de ser paradigmático que estos nuevos liberales patrios entronquen con la mejor tradición antiliberal católica y nacionalista española. Al igual que sus maestros foráneos descienden del pensamiento reaccionario conservador y ultranacionalista profundamente antiliberal.

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Ciertamente para ellos la democracia es un mal menor mientras tengan un férreo control del poder y los gobiernos. De esta manera no tendrán que recurrir a los regímenes autoritarios o totalitarios. La libertad en su boca y en su pluma pierde su significado, es una palabra vacía. No esconde otra cosa que el abuso de poder. No es libertad es libertinaje. Palabras que empiezan por la misma letra pero no significan lo mismo. Se apropian de términos y movimientos sociales para vaciarlos. Los simplifican hasta el absurdo con el objetivo de que dejen de ser las herramientas que un pueblo necesita para hacerse consciente de sí mismo, analizar su realidad y enfrentarse al poder de la oligarquía corporativista y sus siervos. La sumisión es lo que buscan creando una sociedad ignorante de su pasado, infantil y caprichosa en sus comportamientos. El uso de términos para catalogarse a sí mismos que van desde el espectro liberal al anarcocapitalista no implica nada más que el objetivo de contaminar, ensuciar cualquier tipo de ideología libertaria e igualitaria. Confundir. El anarquismo, una ideología eminentemente libertaria, cooperativista y social, es tergiversado por un movimiento que persigue un individualismo desenfrenado que provoque la descomposición social y la desunión para desarticular cualquier oposición al dominio de las élites y su permanente explotación de los otros.

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Es inexcusable, por tanto, alzarnos contra esta muy peligrosa y publicitada propaganda. Debemos entender que es imposible la libertad sin la igualdad, la justicia, el respeto o la sociedad. Y es imposible la sociedad sin la cooperación, la responsabilidad y la solidaridad. Son valores opuestos totalmente a los de los nuevos liberales. Son valores plenamente sociales frente a valores antisociales como el individualismo intransigente o el egoísmo avasallador que implican en algún modo una personalidad narcisista con una marcada voluble inmadurez. La libertad no se da cuando te desposeen de todo, cuando unos pocos se apropian de todo y tienes que venderte a ellos para sobrevivir. Nuestro mundo que es complejo y eminentemente social, no puede estar sometido a un pensamiento simple. Unas personas libres no pueden quedar a merced de unos depredadores sociales.

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