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Archive for the ‘Guerras’ Category

Las viejas élites dirigentes, privadas de otros recursos, se sentían tentadas a recurrir a los radicales extremistas, como lo hicieron los liberales italianos con los fascistas de Mussolini en 1920-1922.”

Eric Hobsbawm, Historia del siglo XX.

Podemos31EneLleva tiempo circulando una “broma” sobre Pablo Iglesias y Podemos y sus supuestos parecidos con los movimientos fascistas liderados por una personalidad carismática. Es fácil saber si Pablo Iglesias tiene algún parecido con Benito Mussolini: si, por ejemplo, Pablo Iglesias fuera apoyado por los liberales y nombrado jefe de Gobierno por el rey, entonces, sí podríamos afirmar que tiene claras reminiscencias fascistas. Es así como llegó al poder Mussolini, líder de un partido no representativo – ultraminoritario –, que llega a la jefatura del gobierno por designación del rey Víctor Manuel III formando una coalición con notables liberales y conservadores: un gobierno sin escrúpulos para una situación de excepción.

Si luego empezara a encarcelar y asesinar a socialistas y comunistas asegurando los beneficios económicos y las libertades de los magnates. Si asegurara la paz del Orden social y la estabilidad del régimen político imperante eliminando al resto de partidos políticos y sindicatos creando un Senado donde los notables liberales y conservadores pudieran dormitar apaciblemente con su posesiones a buen recaudo. Si su formación política y sus actividades estuvieran financiadas por eminentes grupos industriales y de comunicación; entonces, sí nos estaríamos acercando peligrosamente a la figura del Duce.

Más pistas podríamos tener si además escucháramos a eminentes economistas liberales decir que Pablo Iglesias está salvando a la civilización europea de los peligrosos populismos e izquierdismos que amenazan con romper la sociedad y destruir la civilización europea. Si leyéramos que medios económicos de la City londinense alabaran su programa político y económico. Si viéramos a la clase media y alta de Inglaterra, a su mismo rey, a la práctica totalidad del entablishment británico – esta afirmación se podría hacer extensible al resto de la oligarquía europea – profesar indisimulada admiración por su figura.

PabloIglesiasMussolini

¿Qué más podría apoyar nuestra hipótesis sobre las supuestas reminiscencias fascistas de Pablo Iglesias? Pues que escucháramos en un héroe sin tacha del imaginario liberal–conservador y posterior jefe del gobierno británico palabras tales como estas:

El genio romano personificado por Mussolini, el más grande legislador vivo, ha demostrado a muchas naciones cómo se puede resistir al avance del socialismo y ha señalado el camino que puede seguir una nación cuando es dirigida valerosamente. Con el régimen fascista, Mussolini ha establecido un centro de orientación por el que no deben dudar en dejarse guiar los países que están comprometidos en la lucha cuerpo a cuerpo con el socialismo”

Winton Churchill, discurso ante la Liga Antisocialista británica, 18 de febrero de 1933.

Y es que para Churchill, internacionalmente, el movimiento de Mussolini: ha prestado sus servicios a toda la humanidad”.

Si, por ejemplo, también nos atuviéramos a otra repetida comparación: la realizada con José Antonio Primo de Rivera; deberíamos fijarnos en las siguientes pistas: si su padre hubiera sido un general llamado a ejercer como dictador por el rey de España; si fuera un ferviente católico; si el rey le hubiera otorgado el título de Grande de España – como, por ejemplo, sí es Esperanza Aguirre –; si hubiera estado siempre vinculado a movimientos políticos monárquicos; si abogara por “los puños y las pistolas” como herramientas de acción política; si tuviera las simpatías de la prensa conservadora y liberal española – por ejemplo, sí algún periodista como Eduardo García Serrano hubiera encabezado la Marcha por el Cambio –; o, si hubiera estado conspirando para derrocar el régimen democrático junto con militares y partidos políticos católicos y de derechas desembocando posteriormente en una sangrienta guerra incivil. Si tuviéramos todas esas pistas, entonces sí, nos estaríamos acercando en demasía.

PodemosMussolini

Tampoco viene a ser tan malo que te comparen con Mussolini. Podría ser peor. Sería peor si te comparasen con otro héroe del ideario conservador: Francisco Franco. Por cada asesinato que cometió Mussolini, el general Franco poniendo en práctica las formas genocidas de la guerra colonial en la península ibérica y la subsiguiente represión asesinó a 10.000 y, proporcionalmente, mató a tanta gente como Iósif Stalin. Pero todavía podría ser aún peor. Podría ser comparado con otro personaje histórico muy admirado por Henry Ford: Adolf Hitler. Ford incluso recibió una alta condecoración de la Alemania nazi. No sólo Ford ni, únicamente, otros muchos industriales y financieros occidentales profesaban una entusiasta admiración por el líder nazi, sino, nuevamente, la “upper and middle class” británica que consideraban a Hitler “un tipo que tenía algunas muy buenas ideas”. Tanto su rey, su prensa, como David Lloyd George, Primer ministro liberal que calificó a Hitler en 1936 como un “gran hombre”, un “líder natural de los hombres”, hacedor de un milagro y dueño de una “personalidad magnética y dinámica, con un decidido propósito”, una “voluntad resuelta” y un “valeroso corazón”. No sólo Lloyd George y otros políticos y diplomáticos tanto británicos, estadounidenses o franceses le profesaban rendida admiración, sino también, Winton Churchill, campeón liberal y Primer ministro británico que opinaba que Adolf Hitler era un político “extremadamente competente”, “ponderado”, “bien informado”, de “modos galantes” y “sonrisa desarmante” con un “sutil magnetismo personal”. Incluso llegó a rendirle servil adulación:

La historia de esa lucha no puede ser leída sin admiración por la valentía, la perseverancia, la fuerza vital que le permitió (a Hitler) desafiar, retar, conciliar, vencer, a todas las autoridades o resistencias que bloqueaban su camino… Yo siempre he dicho que si Gran Bretaña fuera derrotada en la guerra, espero que nosotros podamos encontrar un Hitler que nos llevara de regreso a nuestra legítima posición entre las naciones”.

Winston Churchill, Grandes Contemporáneos, 1937–39.

AlbertRiveraPacifico

El recurso al golpe de estado de excepción en el imaginario liberal–conservador no está únicamente circunscrita a los años 20 y 30. Es un recurso que ya fue esgrimido por un clásico del liberalismo como Alexis de Tocqueville en la primera mitad del siglo XIX. Y fue tomando cada vez mas carta de naturaleza con la irrupción de las masas en la política y el fracaso del régimen liberal para afrontar los problemas sociales y políticos a los que se enfrentó: dos masacres mundiales, el ascenso de los fascismos, la conflictividad y revolución social dan prueba de ello. Olvidada la Segunda Mundial, fuera de Europa se siguió apoyando el recurso de excepción mediante golpes de estado, dictaduras y diversos genocidios. Las dictaduras promovidas en el cono sur americano tan admiradas entre otros por Friedrich Hayek, Milton Friedman, Margaret Thatcher o Ronald Reagan no son más que una prueba más de ello.

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“Abrumados por la vergüenza” de Soledad Gallego Díaz: 

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Ocurrió tal y como lo mostraron algunos vídeos aficionados. Agentes de la Guardia Civil dispararon pelotas de goma, balas de fogueo y botes de gases para impedir que un grupo de personas alcanzara a nado la playa del Tarajal, en Ceuta. Doce de esas personas murieron ahogadas. Es exactamente tan espantoso como suena. Se disparó para impedir que personas que estaban en el mar, algunas de ellas agarradas a precarios flotadores, pudieran llegar a tierra.

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El relato era tan terrible que primero fue negado por el delegado del Gobierno y luego por el director de la Guardia Civil. Finalmente, el ministro del Interior admitió ayer, en el Congreso, que efectivamente se utilizó material antidisturbios contra personas que estaban en el mar, con la aparente intención de aterrorizarlas para que regresaran a nado a la costa marroquí. “Las órdenes fueron que hubiera varios metros entre el impacto de las balas y los inmigrantes”, explicó. Balas de goma, disparos de fogueo que suenan exactamente igual que las balas de verdad…. ¿Cómo creyeron que reaccionarían esas personas que buscaban desesperadamente la playa? Reaccionaron como se esperaba que lo hicieran: con miedo, con pánico. Ahogándose.

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El ministro dice que las personas que intentaban llegar a la playa tenían una actitud violenta. ¿Cómo se aprecia una actitud violenta en una persona que está nadando o que se aferra a un mísero flotador? Deberíamos sentirnos, todos, abrumados por la vergüenza“.

Soledad Gallego-Díaz.

Escuchar esta columna en:

http://www.cadenaser.com/espana/articulo/mirada-soledad-abrumados-verguenza/csrcsrpor/20140214csrcsrnac_1/Tes

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Pero existe una categoría de extranjeros malhechores que fabrican opio y lo traen a nuestro país para venderlo, incitando a los necios a destruirse a sí mismos, simplemente con el fin de sacar provecho. […] ahora el vicio se ha extendido por todas partes y el veneno va penetrando cada vez más profundamente (…) Por este motivo, hemos decidido castigar con penas muy severas a los mercaderes y a los fumadores de opio, con el fin de poner término definitivamente a la propagación de este vicio. […] Todo opio que se descubre en China se echa en aceite hirviendo y se destruye. En lo sucesivo, todo barco extranjero que llegue con opio a bordo será incendiado (…)”.

Lin Hse Tsu, Carta enviada a la reina Victoria requiriéndole que dejara de traficar con drogas y respetara las normas del comercio internacional, 1839.

 

Millones de personas murieron, no porque estaban fuera del “sistema mundial moderno”, sino porque fueron violentamente incorporadas en sus estructuras económicas y políticas. Murieron en la época dorada del capitalismo liberal; de hecho, muchas fueron asesinadas, como veremos, por la aplicación teológica, de los principios sagrados de Smith, Bentham y Mill

Mike Davis, profesor de Historia de la Universidad de California en Riverside.

 

Si no fuera porque se poseen armas perfeccionadas, la muchedumbre de gente famélica podría haber causado serias perturbaciones políticas

Parte de un Oficial consular estadounidense en Pekín, 1879.

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En la conciencia colectiva ha quedado el fracaso del cruento intento de industrialización llevado a cabo en China por Mao a finales de la década de los 50 y principios de los 60. La obsesión por la industrialización, la modernización y el progreso; la artificialidad de los movimientos de población y la colectivizaciones agrarias con el consiguiente abandono del campo en favor de la manufactura y la industria llevaron a que catástrofes climáticas severas – pero, recurrentes – se convirtieran en auténticos desastres humanos con millones de muertos. La cifra de muertos para este periodo oscila según diferentes expertos entre los 18 millones y 32,5 millones de muertos.

En cambio, hay otro Gran Salto Adelante que dio China que no ha quedado impreso en la conciencia colectiva. Que haya ocurrido así no es gratuito ni inocente. Sabemos que los vencedores son quienes escriben la historia y muchas veces esta historia está idealizada o directamente ocultada cayendo en el olvido para escarnio de sus víctimas. Y hoy el vencedor de la historia es el capitalismo liberal anglosajón… Este otro “Salto Adelante” se produjo a mediados del S.XIX cuando la negativa de China a integrarse “libremente” en el “mercado mundial” construido bajo los auspicios del “libre comercio” británico y occidental llevó a una serie de guerras de agresión coloniales y revueltas civiles con consecuencias devastadoras para la población y el país.

RepartoChina

La negativa de China, más tarde, a permitir una mayor liberalización comercial y nuevas concesiones en su territorio a Reino Unido y Francia, y, primero, su repulsa a favorecer que se extendiera por él el lucrativo negocio del comercio ilegal de opio – perseguido por los funcionarios imperiales debido a las terribles consecuencias sociales que provocaba de corrupción pública y adicción – único producto que podía competir con la superior manufactura china, que venían realizando los mercaderes británicos desde la India dieron lugar a dos guerras. Son las conocidas como Guerras del Opio: la primera se produjo entre 1839 y 1842, dando lugar a un período de inestabilidad y guerras civiles que llevó a entre otras a la Rebelión Taiping (1851 – 1864). La segunda transcurrió entre 1856 y 1860. Las muertes directamente causadas por estas guerras oscilan entre los 15 y los 60 millones de personas. A esto debemos sumarle las muertes causadas por las guerras civiles que varían entre los 20 y los 50 millones de personas.

Este terrible período de la historia de China se coronó con la Gran Hambruna de 1876–1878 que provocó la muerte en el norte de China de entre 8 y 20 millones de personas. Esta espantosa devastación también fue la consecuencia de la aplicación de unas reformas económicas que barrieron los cimientos de la sociedad tradicional en pos de la modernización y el beneficio económico, dejando unos campesinos empobrecidos y sobreendudados; unos mercados locales destruidos, que ante el advenimiento de una catástrofe climática tuvo como consecuencia evitable la muerte de millones de personas. Fue el mercado y la fe ciega en el capitalismo liberal lo que convirtió un grave – pero, habitual – fenómeno climático en una hambruna devastadora. Durante el S.XVIII estos mismos fenómenos se produjeron, pero las políticas redistributivas de los gobiernos – tanto en China como en la India – evitaron que tuvieran consecuencias humanas tan terribles.

FumadoresOpio

Durante el mandato británico se dejó morir a la gente sin prestarle el diligente auxilio como había sido la norma bajo los antiguos gobiernos locales. Dentro de la lógica del libre mercado – una lógica marcada entonces por el racismo, el maltusianismo y la codicia – la cosecha debía exportarse para obtener cuantiosos beneficios aunque fuera al precio de millones de muertos. Además se imponía sobre el gobierno la doctrina teológica maltusiana de que cualquier intervención del gobierno para aliviar las penurias del hambre sería contraproducente. En palabras del ministro de Finanzas, sir Evelyn Baring: “Cada intento bienintencionado de mitigar los efectos de la hambruna y la salubridad deficiente no sirve más que para aumentar los males que resultan de la sobrepoblación” o, en un informe oficial de 1881 se mantiene que: “… si el gobierno gastase una mayor parte de sus ingresos en aliviar la hambruna, se aumentaría la proporción de la población que está en la penuria”.

En sólo cuatro décadas (1839–1878) la inclusión forzosa de China en el capitalismo liberal se hizo al precio de un máximo de 130 millones de muertos y un mínimo de 43 millones. Además de alrededor de 15 millones de drogadictos y la perdida de Hong Kong. Como ocurriera luego en el S.XX, este fue otro carísimo proceso de ingeniería social desde el poder – éste, en cambio, liberal y capitalista – guiado por la extrema codicia que reportó unos beneficios económicos astronómicos. Para China el “libre comercio” – como para todos los países que lo han “adoptado” – fue catastrófico. Hacia la última década del S.XIX su población no era superior a la que tenía en 1820 y el ingreso per capita había retrocedido a principios de siglo. Con la llegada de los británicos comenzaría – como ocurrió antes en la India o en Irlanda; por las mismas fechas, en Iberoamérica y África – un periodo de guerras, dependencia económica, perdida de soberanía, tratados desiguales, imposición de la losa de la deuda externa, desindustrialización e inestabilidad política y social nunca antes conocido.

FumaderoOpio

Postdata: De ese comercio del opio que tantos millones de muertos provocó queda todavía hoy como vestigio el gran banco HSBC (The Hong Kong and Shanghai Banking Corporation) fundado en 1865 con la finalidad de administrar los enormes beneficios obtenidos por el comercio de esta droga. Banco que, por cierto, no ha perdido su afición a los negocios ilícitos…

* (1785– 1850) Funcionario imperial chino que prohibió y trató de luchar contra el contrabando y el comercio ilegal de opio de los mercaderes (narcotraficantes) británicos, estadounidenses y occidentales. Asimismo luchó contra la corrupción de los funcionarios públicos sobornados con el dinero del opio británico. Estas acciones tuvieron como respuesta la agresión del Imperio británico en las conocidas como Guerras del Opio en su afán de proteger a los comerciantes británicos y los enormes beneficios que le generaba el tráfico de drogas.

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 “El *holocausto nació y fue ejecutado en nuestra moderna sociedad racional, en un alto estadio de nuestra civilización y en la cima del logro cultural humano, y por eso es un problema de nuestra sociedad, civilización y cultura”.

“[El holocausto] se produjo en medio del ensordecedor silencio de gente que creía ser decente y ética, y que sin embargo no entendía por qué las víctimas, que mucho tiempo antes habían dejado de ser consideradas miembros de la familia humana, eran merecedoras de su empatía moral y su compasión”.

Zigmunt Bauman, sociólogo polaco.

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El domingo estuve viendo la película El Pianista (Roman Polanski, 2002). No la había visto antes. Mientras veía la película estuve haciendo una pequeña búsqueda de información histórica acerca del gueto de Varsovia y el alzamiento.  Los crímenes nazis son de todos conocidos. La violencia que puede ejercer el ser humano sobre otros de su misma especie nunca podrá dejar de sorprendernos y no podrá ser equiparable a cualquier otra especie animal.

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Esto nos debería llevar a descartar los análisis y opiniones etnocéntricas, nacionalistas o localistas llenas de prejuicios y estereotipadas. La violencia y las masacres son algo inherente a toda raza, imperio o nación que haya existido sobre la faz de la tierra. Como ha escrito Zigmunt Bauman: “Para lo que significa la modernidad, el genocidio no es una anomalía ni una disfunción”. Los nazis no inventaron el genocidio, ni fueron los primeros, ni han sido los últimos en perpetrar uno. Si hay algo particular en su genocidio es la meticulosidad industrial y de fábrica que lo caracteriza.

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Sus fundamentos tampoco eran nuevos. El odio racial o religioso, la superioridad de unas razas o personas sobre otras, el darwinismo social, la eugenesia o eliminación de los seres más débiles o poco útiles de la sociedad, la búsqueda de un chivo expiatorio al que cargar los problemas sociales y económicos, los reiterados pogromos contra minoría étnicas y religiosas, las invasiones militares y las políticas expansionistas propias del imperialismo, la explotación colonial, las guerras de conquista y exterminio. Nada nuevo. Nada que haya perdido vigencia. Nada que no formara parte y práctica de los siglos más recientes de Occidente. Nada que no fuera respetable y razonable entre finales del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX.

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Pero volviendo al tema que nos ha traído aquí. La destrucción de Varsovia y la consiguiente deuda moral y económica contraída. Una meticulosa destrucción que se dio tras sofocar y reprimir brutalmente el alzamiento de la ciudad contra las tropas invasoras alemanas en agosto de 1944. La posterior venganza de Hitler fue terrible tanto en víctimas humanas como materiales. La ciudad fue arrasada. Absolutamente devastada. Cada edificio destruido, uno a uno, con explosivos y lanzallamas. La idea – nueva locura – era crear un lago sobre las ruinas de Varsovia.

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Esta sistemática destrucción tenía toda la idea simbólica de borrar de la faz de la tierra lo que antes había sido el orgullo de Polonia. No solo bastaba con exterminar a su población sino también cualquier vestigio de su antiguo esplendor. Se prestó especial atención en la destrucción de la cultura y la historia polaca: los monumentos y los archivos nacionales fueron barridos. La historia de una nación o de un pueblo está en su memoria y está tenía que ser destruida.

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Las pérdidas materiales podemos resumirlas así: el 94% de los edificios históricos fueron demolidos piedra a piedra. Entre ellos, 25 iglesias, 923 edificios, la Biblioteca Nacional y otras 13 bibliotecas más, 81 escuelas primarias, 64 escuelas secundarias y las dos universidades; A principios de 1945, ya había sido devastado el 85% de la ciudad, alrededor de 10.455 edificios. Obras de arte y ciencia, libros históricos, arquitectura y escultura, la historia de Varsovia quedó absolutamente arrasada.

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La práctica totalidad de los ciudadanos sobrevientes de Varsovia habían perdido sus propiedades. El ayuntamiento de Varsovia hizo, en 2004, un cálculo de las pérdidas acumuladas por tamaña destrucción de propiedades municipales y privadas situándolas en unos 45.000 millones de dólares de ese año. En 2005, la cantidad ascendía ya a 54.600 millones de dólares. El valor de lo que se perdió en términos humanos y materiales es incalculable. Todavía hoy la ciudad de Varsovia reclama a Alemania una indemnización nunca pagada, unos daños materiales y morales nunca subsanados.

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Sin embargo, la deuda alemana fue en gran parte condonada en el año 1953. Como bien ha analizado Eric Touissant, los acuerdos de Londres de 1953 suponían para Alemania unas condiciones muy ventajosas en el pago de su deuda y su reconstrucción: 

Alemania veía reducida su deuda un 62,6%, situándose en 3.450 millones de dólares [el 25% de su PIB entonces];

Se posponía el abono de las indemnizaciones y las deudas de guerra contraídas con los países y regiones invadidas, agredidas o anexionadas y sus poblaciones;

Alemania podía suspender el pago de la deuda y renegociar las condiciones si se presentaba algún cambio significativo en la situación económica propia;  

El pago de la deuda tenía que ser compatible con un alto crecimiento y una mejora de las condiciones de vida de la población;

Reembolsaría la deuda en su propia moneda – muy devaluada – con la ventaja de que su banco central emitía la misma [hoy Grecia se encuentra a expensas del BCE que puede estrangularla económicamente y no tiene posibilidades de emitir su propia moneda para pagar la deuda];

Los países condonantes permitían a Alemania sustituir importaciones por producción propia y elevar las exportaciones para mantener una balanza comercial positiva [se fomentaba la reindustrialización alemana y el control gubernamental de la economía];

Alemania no tendría que dedicar más que una vigésima parte – un 5% –  de sus ingresos por exportaciones al pago de la deuda [hoy Grecia dedica entre el 25 y 30% de sus exportaciones al pago de la deuda];

La deuda alemana quedaba bajo la jurisdicción de los tribunales alemanes que podían rechazar las sentencias de las instancias de otros países;

Alemania gozó de un tipo de interés excepcionalmente reducido de entre el 0% y el 5% [en este caso Grecia también goza de un tipo de interés relativamente bajo, el 2,2%, aunque no tan bajo como podría ser si el BCE quisiera… El problema es que con las políticas de austeridad que ahondan la depresión económica la deuda no se reducirá sustancialmente e, incluso, seguirá creciendo;

Por último, Alemania recibiría cuantiosas donaciones por valor de 1.373 millones de dólares dentro del Plan Marshall [es como si Grecia recibiera el 40% del importe de su deuda actual en inversiones para reindustrializar el país: 127.000 millones de euros].

No es este el trato que Alemania ha dispensado a sus vecinos. En la guerra franco prusiana del S.XIX, una Francia ocupada y derrotada tuvo que pagar a la Alemania imperial unas reparaciones de guerra formidables para la época: 1.000 millones de francos oro. Y lo hizo. Una Alemania derrotada en la I Guerra Mundial pagó cantidades irrisorias en reparaciones de guerra. Se negó a pagar postergándolo indefinidamente. Tras la II Guerra Mundial se le condonó gran parte de la deuda y pagó en cómodos plazos en una moneda devaluada. No es el mismo trato dado a unos y a otros. No es el mismo trato que Alemania da a los ciudadanos del sur de Europa – constantemente criminalizados e injuriados – asolados por unas políticas de austeridad y el peso de una deuda contraída de forma fraudulenta por la especulación financiera de las oligarquías financieras, que les condenan a la miseria, la crisis y la revuelta social.

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¿Es la deuda algo sagrado como algunos nos cuentan? En absoluto. La deuda es una cuestión de poder. Si eres débil pagas. Si eres fuerte eliges quien paga por ti. En este asunto simplemente reina la asimetría y la injusticia más absolutas. No existe ningún tipo de justicia internacional. Únicamente, la coacción del fuerte sobre el débil. **Alemania no está investida de ningún tipo de superioridad moral para reclamar una deuda formada a raíz de la corrupción del sistema financiero internacional. Una corrupción tanto del sistema financiero alemán como del estadounidense, el griego o el español. Los países débiles pagan. Los ciudadanos corrientes pagan o son desahuciadas. Ellos no serán rescatados. Banqueros y plutócratas ven como sus deudas son asumidas por los ciudadanos corrientes. ¿Cómo puede investirse con algún tipo de superioridad moral quien ampara la mayor corrupción internacional?

Solo nos queda el consuelo de que nos estamos sacrificando por un bien superior: ¿el fin de la crisis? No. El bienestar de los más ricos.

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* El holocausto conllevo el asesinato sistemático y premeditado de 20 millones de seres humanos. De los cuales 6 millones eran judíos.

**Alemania como representación de la élite político – financiera que gobierna el país. No como la totalidad del país y sus ciudadanos.

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“Presumo que todos saben quién soy. Soy el humilde Abraham Lincoln. Mi programa es breve y dulce como el baile de una mujer vieja. Estoy a favor de la banca nacional, del sistema de mejoras internas y de una aduana proteccionista

Abraham Lincoln, decimosexto presidente de los Estados Unidos, 1861 – 1865. 

 

“Nosotros recomendamos esa política de intercambios nacionales, que asegura un buen salario al trabajador, unos precios remuneradores a la agricultura, a los mecánicos y fabricantes una recompensa adecuada a sus habilidades, trabajo y capacidad empresarial y a la nación, la prosperidad comercial y la independencia”

Compromiso electoral del Partido Republicano en 1860.

 

“El arancel de 1816 fue seguido por algunos años de expansión económica, particularmente para Nueva Inglaterra, que prosperó detrás de la muralla aduanera a medida que pasó del comercio a la industria

Isaac Asimov, Los Estados Unidos desde 1816 hasta la Guerra Civil.

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Existe una enorme brecha entre la historia real y la que algunos cuentan. Según los ideólogos del “libre mercado” o “libre comercio” que, actualmente, se encuentran representados en entidades como el FMI o la Unión Europea, además de en numerosos gobiernos y otros organismos internacionales, el “libre comercio”, la apertura comercial, la desregulación financiera, la “libre” circulación de capitales y las instituciones “libres” son el secreto del crecimiento y la prosperidad. Todo ello se puede englobar en las famosas “reformas estructurales”. Inevitablemente aplicables si se quiere alcanzar un alto grado de desarrollo económico.

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La historia nos cuenta que esto no es cierto. Los países desarrollados – un grupo muy reducido – no llegaron de esta forma a sus actuales niveles de desarrollo. En cambio, la realidad es que la historia del desarrollo económico es la historia del proteccionismo y la intervención estatal. Estados Unidos e Inglaterra fueron los países más proteccionistas que jamás existieron. Un proteccionismo reforzado por los enormes costes de transporte de la época. Estados Unidos se desarrolló bajo unas políticas calcadas a las de su “madre patria”, Inglaterra, basadas en altos aranceles, obras públicas y un sistema financiero nacional. El objetivo era proteger a sus industrias nacientes de la poderosa industria manufacturera británica.

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Para la clase dirigente estadounidense esta política estaba clara. En palabras de su decimooctavo presidente, Ulises S. Grant: Durante siglos, Inglaterra confió y aplicó medidas de protección, la llevó al extremo y obtuvo resultados satisfactorios. No cabe duda de que a este sistema debe su fortaleza actual. Tras dos siglos, Inglaterra ha encontrado conveniente adoptar el libre comercio porque la protección ya no tiene nada que ofrecer. Muy bien, caballeros, mi conocimiento de nuestro país me lleva a pensar que en un par de siglos, cuando los Estados Unidos hayan obtenido todo lo posible de la protección, adoptará el libre comercio”. Palabras premonitorias de Grant, aunque los Estados Unidos alcanzaron la preeminencia mundial un siglo antes de lo que él vaticinaba, tras vencer en dos guerras mundiales al resto de potencias capitalistas.

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Los estadounidenses sabían perfectamente de lo que hablaban. Como nos cuenta el prestigioso historiador económico Paul Bairoch: Preocupada por no favorecer en absoluto a los competidores potenciales de su industria, Inglaterra prohibió hasta 1843 la exportación de máquinas textiles y otros equipos”. Asimismo, la prohibición a la exportación de las máquinas de vapor sólo se levantó en 1820, la prohibición a la emigración de técnicos y trabajadores cualificados británicos no fue derogada hasta bien entrado el S.XIX y el proteccionismo no fue abandonado hasta 1846, cien años después del inicio de su revolución industrial. Todo ello acompañado de un inmenso imperio colonial donde sólo los británicos podían fabricar y comerciar libremente.

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Sólo el pragmatismo y una dominación del mundo nunca antes alcanzada por ninguna nación en la historia hicieron avanzar a Gran Bretaña hacia lo que se supone es el “libre mercado”. Bairoch nos recuerda que: “Inglaterra producía 50 veces más hierro, 75 veces más carbón y 100 veces más telas de algodón por habitante que el resto del mundo”. Eric Hobsbawm nos da otra clave de la nueva época que se avecinaba: “En 1860, […] la mitad de todas las exportaciones de África, Asia y América Latina convergían en un solo país, Gran Bretaña. […], la City londinense, era […], el centro de las transacciones internacionales […]. [Reino Unido era el] principal acreedor mundial debido a sus importantísimas inversiones en el extranjero”. Sólo unos pocos decenios después los británicos debatían si haber derogado sus medidas proteccionistas no era la razón de su relativo declive económico.

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Esa tradición económica fue la que adoptaron a su independencia la parte norte de los Estados Unidos. Esa tradición iniciada por Alexander Hamilton y continuada por Abraham Lincoln, Thomas Jefferson, Henry Clay, Henry Carey o el mismo Partido Republicano, entre otros. A esta doctrina económica – claramente, de ascendencia británica – se le llamo el Sistema Americano. Y como la historia demuestra, Estados Unidos se parapetó tras una “muralla aduanera” para que su industria pudiera desarrollarse sin miedo a que fuera arrasada por la mucho más avanzada y superior industria británica que podía proveer de productos mejores y más baratos.  El gobierno financió la construcción de infraestructuras – canales, carreteras, ferrocarriles, etc. –, instituciones educativas, subsidió a los agricultores, creó una moneda y un sistema financiero nacional.

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Este camino hacia la independencia y el desarrollo económico no fue, ni fácil, ni libre. Estados Unidos tuvo que enfrentarse a tres guerras en su territorio. La de la independencia, en 1776; la guerra de 1812, nuevamente, contra el imperialismo británico; y, una guerra civil. La idea era clara: no querían ser como la repúblicas iberoamericanas y ser dominados, como la máxima de la política imperial británica rezaba, por el comercio. No querían caer víctimas, como Henry Carey advertía, de una política económica que sólo servía a los intereses imperialistas británicos. Y esta fue la principal razón de la Guerra de Secesión. Como bien analizó, el economista alemán del S.XIX, Friedrich List, el libre comercio únicamente beneficia a los exportadores de materias primas agrícolas nacionales, perjudicando gravemente a los “fabricantes nacionales” y “la prosperidad económica nacional a largo plazo”.

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Estas dos formas económicas se enfrentaron en la Guerra de Secesión estadounidense. La mentalidad de los terratenientes sureños – la misma que caracteriza a los terratenientes y latifundistas iberoamericanos – partidarios de una economía agraria semi–feudal y esclavista, muy lucrativa y rentable para ellos, enfrentados a los proteccionistas industriales del Norte. Los intereses eran totalmente opuestos. Al Sur le interesaba poder exportar sus materias primas agrícolas al Reino Unido e importar los productos y bienes británicos, mejores y más baratos que los nacionales. Al Norte no le interesaba ver inundado el mercado nacional con productos británicos que acabarían con el tejido industrial nacional.

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Hay lecciones que es peligroso olvidar. La economía cuasiesclavista intensiva en la extracción de materias primas y la economía industrial son las dos caras de una misma moneda y se complementan: el “libre” comercio o  “libre” mercado. Los caballos de batalla del sur, plasmados en su Constitución, eran: esclavitud, libre comercio y austeridad. Como es lógico, los grandes terratenientes no necesitan realizar grandes inversiones públicas en una población que desprecian y a la que someten a la explotación más despiadada. Otra lección muy peligrosa de olvidar es el imperialismo.  Hemos adoptado un nombre nuevo – neoliberalismo – para denominar una antigua política – el imperialismo –. Esto es muy peligroso porque olvidamos como acabó esa carrera por el reparto del mundo: 2 guerras mundiales y decenas de genocidios.

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“Por una vez, tenemos que usar el máximo poder de este país contra ese pequeño país de mierda [Vietnam] para ganar la guerra. […] Henry, no tienes ni idea. Lo único en lo que tú y yo no coincidimos es en los bombardeos. A ti te preocupan mucho los civiles y a mí me importan un bledo. […] Sigo pensando que deberíamos destrozar las presas. […] prefiero usar una bomba nuclear. ¿Lo has entendido, Henry? […] Una bomba nuclear, ¿te preocupa? Quiero que pienses a lo grande de una vez, Henry”.

Richard Nixon en conversaciones con Henry Kissinger sobre las acciones a tomar en la guerra de Vietnam.

 “[…] Me di cuenta de que nunca más podría alzar mi voz contra la violencia de los oprimidos en los guetos si no le hablaba primero claramente al principal proveedor de violencia en el mundo actual: mi propio gobierno”

Martin Luther King, Más allá de Vietnam, 1967. 

No entiendo este rechazo sobre el uso de las armas químicas. Definitivamente hemos adoptado la posición en la Conferencia de Paz de argumentar a favor de las armas de gas como una forma permanente de la guerra […]. Estoy totalmente a favor del uso de gas venenoso contra tribus incivilizadas

Winston Churchill, en Consejo de Ministros, 1920.

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A raíz de los últimos acontecimientos que se están sucediendo en el escenario político internacional – el muy probable ataque a Siria, la persecución de Edward Snowden o la condena a Bradley Manning – no es muy complicado para quien tenga un mínimo interés en la investigación histórica que le vengan a la mente el caso del golfo de Tonkín o el nombre de Daniel Ellsberg. Si a esto le unimos el reciente de las supuestas armas de destrucción masiva en Iraq tenemos un mismo tipo de casos que se repiten recurrentemente en la historia. Todos ellos – sin detenernos en los muchos más que hay – se caracterizan por el cinismo y la hipocresía de los distintos gobiernos occidentales. No es que sea una característica única y propia de ellos, es que en teoría son el culmen de la civilización: el progreso, la libertad y la democracia. De ellos no debería o no podría esperarse acciones tan depravadas según lo que presumen y dicen representar.

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Los incidentes se demostraron como inventados – una pura engañifa – para entrar en sendas guerras – Iraq y Vietnam – y las personas se jugaron sus vidas para que la verdad se supiera y se conociera la verdadera entidad criminal de sus gobiernos. Tristemente quienes denunciaron el cinismo y los crímenes de los poderosos fueron y son acusados de traición y de poner en peligro la seguridad nacional. Bajo el alto secreto, bajo las premisas de interés y seguridad nacional se esconden los crímenes más abyectos de personas e intereses privados. Quien engañando y mintiendo manda a sus jóvenes a morir y a asesinar, quien comete gravísimos crímenes contra la humanidad por pura ambición personal es enterrado con todos los honores, recibe premios, ponen su nombre a calles y es reconocido socialmente. Quienes se enfrentan a estos crímenes, luchan por la paz, la justicia o los derechos humanos son perseguidos, encarcelados, coaccionados, acosados, investigados, retirado su pasaporte, etc.  Imagen

Es obsceno rasgarse las vestiduras por el uso de armas químicas, simplemente, porque han salido de la inventiva de Occidente. Porque aquí son fabricadas. Porque la venta de armas convencionales – éstas son las que más matan – es uno de los negocios más lucrativos de Francia, EEUU, Alemania, España o Gran Bretaña. Porque ha sido Occidente quien más ha hecho y hace uso y abuso de todas ellas. Porque es Occidente quien ha cometido los más atroces genocidios. Porque parece ser que el límite para ser considerado un genocida  – o un sátrapa como ahora gusta decir – no son los crímenes sino la derrota en dos guerras: la del campo de batalla y la de la propaganda.

¿Qué es esto?

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La primera bomba nuclear – Little Boy – lanzada sobre Hiroshima. El resultado fueron una ciudad arrasada y unas estimaciones – siempre difíciles – de 140.000 muertos.

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¿Y esto otro?

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Es fácil. La segunda bomba nuclear – Fat Man – lanzada sobre la ciudad de Nagasaki. Murieron más de 80.000 seres humanos.

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Se puede justificar asesinar a civiles inocentes dependiendo de qué bando sean y quién lo haga. EEUU justificó la cuestionable moralidad del lanzamiento de estas dos bombas nucleares sobre población civil argumentando que el fin era superior: evitar las supuestas 500.000 muertes de soldados estadounidenses en una invasión de Japón. Ocultaron – nuevamente la mentira como práctica habitual para justificar crímenes atroces – a sus conciudadanos que los informes oficiales cifraban, realmente, estas muertes en 31.000. Los Estados Unidos todavía no han pedido perdón, los gobiernos de Estados Unidos nunca piden perdón por los medios usados para llevar a buen puerto un “fin superior”.

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La Segunda Guerra Mundial como la Primera fue un enfrentamiento entre grandes potencias imperialistas. Estos enfrentamientos imperialistas continuaron finalizadas las mismas. Por ejemplo, la guerra de Vietnam fue una carnicería con más de 2.500.000 de civiles asesinados en un nuevo genocidio colonial que duró 30 años. Para Vietnam – como para la India, Argelia o Corea – los valores de libertad y democracia no eran aplicables. A los ciudadanos de Occidente estas guerras se les vendían como una lucha entre el bien y el mal, ocultando el apoyo a dictadores atroces que les eran afines a sus gobiernos y corporaciones.

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De por sí la razón de invadir estos países era obscena. Pero aún más obsceno fue el bombardeo de aldeas y el asesinato de civiles. EEUU lanzó alrededor de 80 millones de litros de material químico sobre los vietnamitas: Napalm y defoliantes. Un uso y abuso de las armas químicas nunca repetido. Pero no sólo eso, el bombardeo sobre el país equivalía a ¡Una bomba de Hiroshima por semana! Más de 1 millón de vietnamitas sufrieron secuelas debidas a las armas químicas lanzadas cuyas secuelas todavía perviven entre la población.

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Corea no se libró tampoco de ser arrasada por el poderío militar del imperio estadounidense. Las aldeas y ciudades sufrieron ataques y bombardeos con armas químicas, aunque su caso sea menos conocido. La carnicería fue tal que en tan solo 3 años de guerra murieron 1.850.000 civiles. Sin contar a los soldados, muchos de ellos niños y adolescentes – como en todas las guerras – llevados al frente para alargar la matanza. No hubo ninguna defensa de la democracia y la libertad, los Estados Unidos y sus aliados apoyaban a un dictador y continuaban una política colonial.

Imagen  En la foto: Un B-26 ataca con napalm una aldea de Corea del Norte, 10 de mayo de 1951. (Eurowon.com)

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Para los árabes y kurdos de Iraq después de la Primera Guerra Mundial no llegó la libertad y la independencia que Gran Bretaña decía encarnar. La caída del Imperio Otomano les deparó la invasión del Imperio británico. Sustituir la agresión de un imperio por otro. Ante la negativa a ser nuevamente subyugados, Churchill se vio “obligado”, en 1920, a bombardear y quemar las poblaciones de Iraq y gasear a sus moradores para aplacar las diferencias que mantenían con el Imperio británico. El amor de Winston Churchill por el crimen y las armas químicas venía de más lejos, pues también, quiso utilizarlas sobre las ciudades alemanas en 1919: “La política de utilizar armas químicas es una gran cosa y sólo puede ser descartado por una gran razón”.

RumsfeldSaddamHussein

En la década de 1980 un aliado de los Estados Unidos y Occidente en las mismas tierras, Saddam Hussein, atacó un país llamado Irán y gaseó con armas químicas vendidas por Occidente sus aldeas y ejércitos. En la ONU  el cinismo y la hipocresía de EEUU, Gran Bretaña o Francia quedó nuevamente al descubierto: el 21 de marzo de 1986, EEUU vetó – con la abstención de Reino Unido, Francia, Australia y Dinamarca – una resolución de condena contra el Iraq de Saddam Hussein por el ataque químico sobre la aldea iraní de Sardasht. Tampoco nada dijo entonces de los ataques contra la población kurda. En 7 años Iraq realizó más de 200 ataques con armas químicas con Irán apoyado por sus aliados occidentales.

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Antes de finalizar con la cruelmente sacrificada población iraquí no podemos dejar de detenernos en la última guerra de Iraq. Una agresión fabricada como siempre sobre una mentira: la existencia de armas de destrucción masiva. Nunca se encontraron porque no existían. Las supuestas pruebas fueron fabricadas por EEUU. El único país que usó armas químicas en esa guerra fueron los Estados Unidos acompañado por sus aliados. Estados Unidos lanzó sobre la población civil iraquí toneladas de uranio enriquecido y fósforo blanco. Los casos de cánceres, malformaciones genéticas en los recién nacidos se han multiplicado espectacularmente. Estados Unidos simplemente actuó como viene haciendo siempre pues también lanzó estas bombas durante 1991 y 2003 sobre Iraq. El mismo uso han hecho de estas armas sus aliados: Reino Unido e Israel.

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Un país laico que vivía con un alto grado de bienestar – a pesar de tener un régimen autoritario que caracteriza también a aliados de los EEUU como Arabia Saudí o Catar entre otros muchos – ha sido arrasado por los intereses petroleros de Occidente. Parece que nuestro sistema económico para subsistir tiene que trasladar los costes en forma de muerte y destrucción a otros seres humanos del planeta. En más de 20 años de agresión a Iraq la cifra de iraquíes que han muerto puede alcanzar los 3.000.000. El brutal bloqueo occidental que siguió a la primera guerra del golfo asesinó a 1.500.000 de iraquíes en 13 años, de ellos más de 600.000 eran niños menores de 5 años, según los datos de la ONU. Desde la invasión en 2003 – aunque está rodeado de gran polémica – el número de asesinados se sitúa entre 600.000 y 1.500.000 de seres humanos según las fuentes consultadas.  Ellos son los derrotados. Los olvidados…

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Hay pocos países occidentales que no hayan usado armas químicas en sus guerras coloniales. Por ejemplo, en Marruecos, España junto con Francia – con la inestimable colaboración técnica de Alemania – gasearon a escala masiva aldeas y campos de cultivos. Portugal utilizó armas químicas en Angola. Los supuestamente civilizados occidentales, simplemente, han puesto en práctica en todos los lugares una guerra de exterminio y devastación contra el supuesto “salvaje incivilizado”. Torturas, decapitaciones, genocidios, campos de concentración, violaciones, bombardeos, gaseamientos o quemas de aldeas han sido práctica común a todas ellas. No es que les hayamos liberado de sus sátrapas es que les hemos condenado a las muertes más crueles. Algunos dirán que “los otros” son iguales, pero es que nosotros decimos defender unos valores superiores.

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Los ricos se esforzarán para establecer su dominio y esclavizar al resto. Siempre lo han hecho. Siempre lo harán… Tendrán el mismo efecto aquí como en cualquier otro lugar, si no conseguimos [mediante el poder del] gobierno, mantenerlos dentro de sus propias esferas de actuación

Governeur Morris, considerado como uno de los Padres Fundadores de los Estados Unidos, 1752 –1816.  

 

La historia registra que los cambistas han hecho uso de toda forma de abuso, intriga, engaño y todo medio violento a su alcance para mantener el control sobre los gobiernos controlando el dinero y su emisión

James Madison, 4º presidente de los Estados Unidos, considerado uno de los Padres Fundadores de la nación.

El Congreso debe tener el poder de acuñar moneda y regular el valor de la misma

Constitución Americana, Artículo 1, sección 8, párrafo 5; Filadelfia, 1787.

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Es posible que muy pocas personas conozcan la principal razón de la Revolución Americana que supuso la independencia de las 13 colonias de Norteamérica del Imperio Británico. Es lógico. La mayor preocupación que tienen las personas que deciden la información que debemos recibir es la tergiversación, la manipulación y la ocultación de la historia en provecho propio. Esta actuación provoca que nuestro conocimiento esté condicionado a los prejuicios e intereses de unos pocos. Pocos, pero muy poderosos. Después que este falso conocimiento aparezca en los grandes canales de información por ellos controlados, que se extienda de forma viral convirtiéndose en una verdad absoluta no entraña mayor dificultad. Simplemente se deben controlar los canales primarios de comunicación.

Como verdad absoluta ha quedado que la Revolución se produjo por la negativa de las colonias británicas de Norteamérica a pagar impuestos. Sabemos que para el actual pensamiento dominante la idea de la injusticia y el robo que supone el pago de impuestos – como idea simple sin entrar en su complejidad – es algo así como mentar al diablo. La cosa no es tan simple. Ese estallido revolucionario, simplemente fue un punto de no retorno producido por una grave crisis de austeridad que venían sufriendo las colonias americanas desde hacía una década.

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Las colonias norteamericanas habían descubierto hacía tiempo el secreto del dinero: no importaba lo que respaldara el dinero sino quien controlaba su emisión y su cantidad. Este mismo secreto también fue descubierto por la República Romana casi dos milenios atrás. La República suministraba a sus ciudadanos un dinero barato y abundante acuñado en bronce y cobre. Este dinero abundante evitaba que sufrieran una escasez del mismo y la economía pudiera gozar de una buena salud. En otros lugares – como la Inglaterra del año 1100 – el gobierno simplemente recurrió a hacer su dinero legal para el pago de impuestos y deudas, aunque éste fueran palos de madera tallada. Todo cambió en ambos lugares cuando se implantó el patrón oro. Cuando sólo podía pagarse en moneda de oro o respaldada por él. Y el oro tiene el inconveniente de que es escaso y se encuentra en manos de unas pocas personas privadas que pueden controlar su valor.

Una de las características de estos sistemas monetarios es que el dinero era emitido por el propio gobierno sin deuda. Este hecho supuso arrebatar el monopolio del dinero a los plutócratas – los muy ricos – que eran quienes poseían el oro. Por tanto se lograba beneficiar con este sistema a las personas trabajadoras, no a los rentistas y usureros. En las colonias británicas de Norteamérica la escasez de metales que sufrían evitó todo acercamiento al patrón oro. En el uso del dinero éste podía tomar la forma de pieles, tabaco o, incluso, papel moneda. Estas son las experiencias que trasladó uno de los Padres Fundadores de los Estados Unidos a sus compatriotas británicos en las distintas ocasiones que estuvo en Londres.

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En palabras de Benjamin Franklin era imposible encontrar una población más feliz y más prospera en toda la superficie del globo que la que habitaba las colonias de Norteamérica. Afirmaciones como ésta y las noticias que llegaban de esa prosperidad a Londres intrigaban a los funcionarios ingleses, que preguntaron a Franklin cuáles eran las razones a las que se debían tanta prosperidad en aquellas tierras. Franklin les respondió emitimos nuestro propio dinero. Se llama Colonial Scrip. Lo emitimos en la proporción justa que demanda el comercio y la industria para que los productos circulen fácilmente desde los productores a los consumidores. De esta manera, creando para nosotros nuestro propio dinero, controlamos su poder de compra, y no debemos pagarle interés a nadie”. Él mismo Franklin era el encargado de emitir y controlar ese papel moneda.

Esta política de las colonias norteamericanas iba directamente en contra de los presupuestos de la política imperial británica fundada en unas colonias que sólo debían ser abastecedoras de materias primas baratas y receptoras de los productos manufacturados de Inglaterra. E iba en contra de los intereses de los grandes financieros europeos que querían continuar controlando el monopolio de la emisión de moneda. Este dinero que era, simplemente, un papel moneda, libre de deuda, impreso con la garantía del gobierno y sin respaldo de oro o plata hacía tambalear ambos monopolios. Un dinero basado en la confianza y de una simpleza pasmosa proveía de prosperidad a las colonias. Esta idea era terrible porque los grandes financieros perdían su control, el monopolio, su capacidad para someter a gobiernos y pueblos enteros y, enriquecerse con su trabajo.

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Ante esta peligrosa idea, el Parlamento inglés decidió en 1764 que las colonias debían plegarse al patrón oro. A partir de ese momento para comprar productos y pagar impuestos era necesario poseer oro. En poco tiempo las colonias se quedaron sin sus reservas de oro, la población no podía comprar los productos ante la escasez de este metal. El comercio se detuvo y las colonias entraron en una profunda depresión. Ante las fatales consecuencias de la austeridad Franklin escribió En un año, las condiciones fueron tan adversas que la era de la prosperidad terminó, y se instaló la depresión, de tal manera que las calles de las colonias está repletas de desempleados”. Las colonias se encontraban estranguladas financieramente. El oro y la plata habían volado a los bolsillos de los grandes financieros europeos.

Esta época de crisis profunda, aumento de los gastos de guerra británicos y el expolio colonial llevaron a las 13 colonias a rebelarse contra el Imperio Británico. Las negociaciones llevadas a cabo por Franklin fueron infructuosas. Éste escribiría más tarde Las colonias habrían aceptado gustosamente los pequeños impuestos sobre el té y otras materias primas si Inglaterra no hubiera extraído a las colonias su dinero, lo que creó desempleo e insatisfacción. La imposibilidad para los colonos de recuperar el poder de emitir su propio dinero de forma permanente, lejos del control de Jorge III y los banqueros internacionales fue la razón fundamental de la guerra revolucionaria”. Es el mismo Franklin quien niega la historia dominante. Es él quien desmiente los actuales lugares comunes. Con el tiempo la historia se olvida, o bien, se falsifica y maneja según los intereses de algunos. Es importante adaptarla para que sustente ciertas ideologías fundamentadas en intereses y prejuicios.

La lucha contra las instituciones bancarias y los plutócratas siempre estuvo en la esencia de los revolucionarios norteamericanos. Una lucha que no finalizó con la independencia sino que continuó y continúa en la historia de los Estados Unidos. Thomas Jefferson escribió Creo sinceramente que las instituciones bancarias son más peligrosas para nuestras libertades que los ejércitos en armas. El poder de emisión debe ser rescatado de los bancos y restaurado a sus dueño legítimo, el pueblo”. La lucha de Jefferson siempre estuvo dedicada a devolver la emisión de la moneda a su único poseedor en un régimen democrático de libertades: la soberanía popular. Si esto no se conseguía se cernirían sobre la población de los Estados Unidos los males habituales provocados por los banqueros Si el pueblo americano permite alguna vez a los banqueros privados el control de la emisión de su moneda, primero por inflación, luego por deflación, los bancos y las corporaciones que crecerán a su alrededor privarán a la gente de todas sus propiedades hasta que un día sus hijos se despierten sin hogar en el continente que sus padres conquistaron”.

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La lucha contra la imposición de un nuevo banco central privado controlado en su mayor parte por financieros internacionales llevó a la guerra contra Gran Bretaña de 1812–1814. Siempre Jefferson lamentó la instauración del primer banco central de los Estados Unidos Aunque hemos tan ingenuamente permitido que el poder [de emitir nuestro propio dinero sin deuda] sea robado por individuos privados, creo que podemos recuperarlo… A los estados se les debe pedir que transfieran el derecho de emitir dinero de papel al Congreso, a perpetuidad. O que se permitiera en la redacción de la Constitución que el Gobierno pudiera coger prestado a entidades o individuos privados, en lugar de continuar emitiendo su moneda libre de deuda Desearía que fuera posible obtener sólo una única enmienda a nuestra Constitución… Quitándole al gobierno federal el poder de coger prestado”.

La lucha contra los plutócratas continuó con Andrew Jackson al que intentaron asesinar. Continuó con Abraham Lincoln al que asesinaron. Esta lucha fue retomada por James Garfield que fue asesinado y, finalmente, el último presidente de los Estados Unidos que se enfrentó a las corporaciones privadas que monopolizan la emisión del dinero fue John F. Kennedy que murió asesinado, también ¿Todos estos hechos pueden ser considerados casualidades? Tal vez. Pero todos estos presidentes intentaron devolver la soberanía nacional al pueblo. Andrew Jackson tenía una opinión firmemente asentada de los banqueros internacionales presentes en el Segundo Banco de los Estados Unidos Sois un nido de víboras, tengo la intención de arrancaros de nuestro país y por el Dios eterno juro que lo haré”. Porque la razón de perseguir el banco privado y negarle el monopolio del dinero siempre fue la misma: salvaguardar la soberanía nacional y el bienestar de los ciudadanos.

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Es fácil imaginar que grandes males pueden venir a nuestro país y sus instituciones de tal concentración de poder en las manos de unos pocos [que son] irresponsables ante la gente… ¿No constituye un peligro para nuestra libertad e independencia el tener un banco que tiene tan poco en común con nuestra nación? ¿No representa el mismo una causa de temor al pensar en la pureza y la paz de nuestro proceso electoral y en la independencia de nuestro país en guerra?… Al controlar nuestra moneda, al recibir nuestro dinero público, mantiene a miles de nuestros ciudadanos en un estado de dependencia… Sería algo más temible y peligroso que el poder militar de un enemigoAndrew Jackson, 7º presidente de los Estados Unidos, 1832.

Por tanto, en momentos como los actuales, debemos aprender mucho de una historia que se repite con tal asiduidad en la vida de los hombres. Es demasiado malintencionado e interesado hablar de déficit o deuda pública. De gasto público. Cuando, en realidad, lo importante es centrarse en quién controla cuánto dinero tenemos y por qué. Y deberíamos saber que esas personas privadas que controlan el dinero, que lo manipulan y nos manipulan, sólo buscan inmolarnos en el altar de un beneficio para ellos aún mayor. Sabemos que es una lucha, siempre ha sido así y siempre lo será. EEUU ganó a los financieros y al Imperio su Revolución, pero sólo fue temporal. Desde entonces, esta batalla se continúa librando, una lucha ininterrumpida entre el despotismo y la libertad. La libertad contra el vasallaje. Unas veces gana el pueblo, otras los déspotas. Actualmente, los déspotas están venciendo. Europa, el BCE, estrangula a las naciones en beneficio de los intereses corporativos y financieros. Somete a los gobiernos al haber perdido éstos el derecho y la obligación a emitir su propio dinero. Hoy la soberanía del pueblo ha sido de nuevo subyugada. 

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