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Archive for the ‘Italia’ Category

El movimiento de Hitler era el único de la derecha que ofrecía una visión idealista de una sociedad nueva en una Alemania renacida. […] Se le daba mejor que a ningún otro partido […], a medida que la crisis se acentuaba, atraer a una panoplia de grupos de interés, principalmente de las clases medias, mediante las suborganizaciones que creó, desde el “Aparato Agrario” […], hasta organizaciones destinadas a abordar los problemas específicos de obreros, funcionarios, médicos, farmacéuticos, maestros, profesores universitarios, estudiantes,…, pequeños comerciantes… [e] incorporarlos a una invocación al interés supremo de la nación.

Ian Kershaw, Hitler 1889-1936.

Si volviese a brillar el sol una vez más sobre la economía alemana, los votos de Hitler se fundirían como la nieve.

Helmuth Gerlach, 1930.

 

El «bonapartismo» – es decir, el interclasismo demagógico, seductor, casi irresistible, respecto a las masas menos politizadas y al mismo tiempo sólidamente fijado en una relación de mutuo apoyo con las clases propietarias … es, el nacimiento desde el seno mismo de la Revolución, de la llamada «tercera vía» entre la democracia y la reacción, es decir, el bonapartismo, que no es más que la misma «segunda vía» (la reacción) con formas modernas y seudorevolucionarias. Su continuación en el siglo XX fue el fascismo… Este modelo era el «cesarismo».

Luciano Canfora, La democracia. Historia de una ideología.

 

No hay mayor estupidez que banalizar un fenómeno político tan crucial como el fascismo convirtiéndolo en un indescifrable significante apto para el insulto. Como demostraron historiadores y politólogos, el fascismo fue un proyecto político autoritario de clase para tiempos de excepción

Pablo Iglesias Turrión.

Las viejas élites dirigentes, privadas de otros recursos, se sentían tentadas a recurrir a los radicales extremistas, como lo hicieron los liberales italianos con los fascistas de Mussolini en 1920-1922.

Eric Hobsbawm, Historia del siglo XX

Adolf Hitler & Paul Von Hindenburg in Potsdam

Adolf Hitler llegó al poder en un momento histórico concreto. A su progreso y subida al poder en un tiempo record colaboraron diferentes causas e intereses. Pudo ser frenado y no lo fue. Su movimiento podría haber sido siempre el partido marginal que había sido siempre. Pero, detrás de su ascenso había un odio visceral a un régimen democrático, el de Weimar, que nunca fue deseado por la oligarquía y que siempre estuvo contra las cuerdas como muchas de las esporádicas democracias que nacieron tras la Primera Guerra Mundial. Tan pronto como en 1930 el Reichstag pasó a ser secundario, tras la dimisión del canciller socialdemócrata Hermann Muller en marzo, el presidente alemán empezó a gobernar por decreto y dieron a su fin los gobiernos parlamentarios. En los seis de meses anteriores a la victoria de Hitler hubo únicamente 3 sesiones parlamentarias. La democracia alemana estaba herida de muerte.

Los mayores caladeros de voto del partido NAZI fueron:

  1. Las capas medias de la sociedad, predominantes en el partido, que anteriormente votaban a los partidos liberal-conservadores.
  2. Los jóvenes y las masas despolitizadas, aterradas por la inestabilidad social y económica, desencantados con el sistema político y que, anteriormente, en su mayoría no votaban. Muchos cayeron hipnotizados bajo la ilusión del discurso demagógico e interclasista de Hitler basado en la unidad espiritual del pueblo alemán.

Los partidos que aguantaron mejor el embate NAZI fueron:

  1. Los partidos socialista y comunista. A pesar de eso el SPD no pudo captar a la gran bolsa de electorado absentista que, finalmente apoyó al NSDAP. Posiblemente por haber tenido responsabilidades de gobierno durante la accidentada república de Weimar y encontrarse alejados ideológicamente del movimiento obrero. En cambio, los parados se decantaron en su mayoría por el partido comunista (KPD).
  2. El partido católico, el Zentrum. A pesar de haber gestionado nefastamente la situación económica y haberse acercado peligrosamente al NSDAP y al autoritarismo.
  3. Pequeños partidos regionalistas o particularistas irrelevantes a nivel nacional.

 Resultados electorales de los partidos liberales en Weimar

El ascenso del partido NAZI fue fulgurante y sorprendente. Un ascenso impensable sin la crisis económica de 1929 y su posterior gestión. Su desastrosa e ideológica gestión. El desempleo oficial creció de 1,6 millones a finales de 1929 a 6,12 millones a primeros de 1932. Pero el «paro invisible», no contabilizado en los registros oficiales, podría ascender a cerca de 8,5 millones de alemanes. Si añadimos las personas que dependían de estos trabajadores, la cifra de personas afectadas por esta situación podría situarse en los 23 millones. La prestación por desempleo sólo cubría a 900.000 de estas personas. Además se redujeron las ayudas a los pensionistas entre otras medidas de austeridad económica.

No es posible que Hitler se hubiera mantenido en el poder – incluso, que hubiera llegado a al mismo – si no hubiera sido por el apoyo de los Junkers (los grandes terratenientes y la nobleza), los industriales y el ejército, cuyos intereses clásicos confluían en gran medida con el proyecto de Hitler: eliminación de los sindicatos y partidos obreros, mayores beneficios económicos, propiedad privada, rearme e imperialismo.

PrimerGobiernoHitler

En un primer momento, 1932-33, los líderes de los partidos liberal-conservadores, el Zentrum católico y la oligarquía dominante pensaron, que sin perder el poder, podrían usarle como el instrumento que transformara la democracia de Weimar en un estado autoritario más dúctil a sus intereses, pero hicieron un cálculo erróneo. En su descargo,  tenemos que tener en cuenta que en su mejor momento el NSDAP sólo recibió el 37% de los votos totales. No fue apoyado por una inmensa mayoría de los ciudadanos: un 63% no apostó por él. Y, tres meses después, tras su estratégico apoyo al paro obrero, cayó hasta el 33%. A pesar de esto formó su primer gobierno de coalición que sólo contó con dos ministros nazis. En cuestión de meses todo se vino abajo para los partidos liberal-conservadores.

La ideas que movían a los votantes y miembros del partido NAZI eran el conservadurismo, el pangermanismo, la solidaridad social” dentro de la «comunidad étnica» germánica, el ultranacionalismo, el sentimiento de humillación nacional, un odio elemental y visceral a la república de Weimar, el antisemitismo y una infinidad de prejuicios.

Pero, sobre todo, había un idea predominante entre sus votantes y era el odio al socialismo y el marxismo. En la últimas elecciones democráticas alemanas antes de la llegada de Hitler al gobierno en partido NAZI perdió 2 millones de votos, que fueron recuperados principalmente por los partidos burgueses liberal-conservadores. Esta derrota se debió al apoyo del NSDAP a la huelga de transportistas en Berlín. Era una estrategia costosa, pero que había que asumir según Goebbels: «Estamos en una posición nada envidiable […]. Muchos círculos burgueses se han asustado por nuestra participación en la huelga, pero esto no es definitivo. Se puede recuperar más tarde muy fácilmente a esos círculos, pero si hubiésemos perdido una vez a los obreros, los habríamos perdido para siempre». Evidentemente, tenía razón, pues una vez alcanzado el poder y barridos los movimientos obreros esos apoyos fueron fácilmente recuperados.

HitlerMussolini

Asimismo, el ascenso al poder de Mussolini en Italia una década antes guarda enormes similitudes con el de Hitler. Benito Mussolini era el líder de un pírrico movimiento con sólo 35 diputados obtenidos en una coalición formada por conservadores y liberales – el Bloque Nacional – en la elecciones de mayo de 1921 (hasta finales de ese año no crearía su propio partido, el PNF). Aún con este pequeño peso político y social es llamado a formar gobierno por Víctor Manuel III a finales de 1922. En las elecciones de abril de 1924 arrasa presentándose en coalición – la Lista Nacional – con los conservadores y la práctica mayoría de los liberales. Esta victoria electoral es conseguida tras año y medio de violencia sistemática y terrorismo de las escuadras de acción fascista apoyadas por las fuerzas del orden. Según la impresión del político y periodista italiano Giacinto Serrati: vivimos jornadas de angustia, nuestros asuntos y nuestra vida misma no valen un céntimo”. Asimismo, la aprobación de la ansiada ley ultra mayoritaria, Ley Acerbo, un deseo de los fascistas y los liberales, que con la llegada del sufragio universal y la representación proporcional perdieron su fuerza electoral y ya no les bastaba el sistema clientelar de compra de votos y el fraude electoral para ganar las elecciones; unido al fraude electoral, el apoyo financiero de los sectores de la alta burguesía italiana y la gran prensa a su servicio fueron indispensables.

Como en Alemania el instrumento para mantener el orden social quitó el poder político a liberales y conservadores. El insigne liberal italiano Benedetto Croce justificó la connivencia con los fascistas en la necesidad transitoria de restaurar el orden”. Según sus palabras del 9 de julio de 1924, el fascismo: no puede y no debe ser más que un puente a la restauración de un estricto régimen liberal. Luego desde su cómoda posición en el Senado fascista se convertiría en uno de sus mayores críticos, no sin antes haberlo apoyado e ir en una breve coalición de gobierno con él y, votado a favor de Mussolini una moción de confianza el 24 de junio de 1924, como un gesto de prudente y patriótico”, tras el asesinato del ardiente crítico y luchador antifascista Giacomo Matteotti. Luego, tras la persecución de comunistas y socialistas, incluso, democratacristianos, vendría la ilegalización de todos los partidos políticos y el reparto de cargos de prestigio a los notables liberal-consevadores.

A modo de conclusión podemos finalizar con las palabras que dedica Ian Kershaw en su excelente biografía sobre Hitler (Hitler 1889–1936) y el ascenso del Tercer Reich a la caída de la “odiada” república de Weimar:

«La democracia se entregó sin lucha. Fue así sobre todo en el caso del hundimiento de la gran coalición en 1930. Volvió a serlo en la falta de resistencia al golpe de [Von] Papen [Zentrum] contra Prusia en julio de 1932… revelaron lo endebles que eran las bases en que se apoyaba la democracia… había grupos poderosos que nunca habían llegado a aceptarla y estaban buscando por entonces echarla abajo. Durante la Depresión, la democracia fue, más que entregada, deliberadamente socavada por grupos elitistas que perseguían sus propios fines. No se trataba de residuos preindustriales, sino (y pese a lo reaccionario de sus objetivos políticos) de grupos de presión modernos que trabajaban para promover sus intereses encubiertos en un sistema autoritario. Influyeron más en el drama final los intereses agrarios y el ejército que los empresariales y financieros en la preparación de la toma del poder por Hitler. …] Pero los intereses empresariales y financieros, también miopes y egoístas, habían contribuido significativamente a socavar la democracia, que fue el preludio necesario del triunfo de Hitler.

[…] La clase obrera estaba acobardada y destrozada por la Depresión, con sus organizaciones debilitadas e impotentes. Pero los grupos dirigentes no tenían el apoyo masivo necesario para ampliar al máximo su supremacía y acabar con el poder de las organizaciones obreras. Introdujeron a Hitler para que les hiciese ese trabajo. El que pudiera hacer más que eso,… y ampliar inmensamente su propio poder y a costa de ellos mismos,… se considero que era algo sumamente improbable. La infravaloración de Hitler y de su movimiento… continúa siendo un elemento principal de las intrigas que le situaron en el cargo de canciller».

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