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Archive for the ‘Mercado de Trabajo’ Category

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Cuando El Corte Inglés está de luto por la reciente muerte de su presidente, debemos recordar que también esta corporación debería guardar luto por los trabajadores en régimen de esclavitud que esta empresa, Inditex y Cortefiel tienen en la India según el informe Captured by Cotton del Centre for Research on Multinational Corporations. Evidentemente, no son exclusivamente ellas quienes explotan despiadadamente a sus trabajadores. Nike, Umbro, Mizuno, Disney, H&M, Kappa, Puma, Adidas, Mango, Lotto o Reebok y, así una infinidad de estas compañías, que abarcan todos los sectores productivos, no sólo el textil. Esta situación es posible únicamente porque las instituciones supranacionales dirigidas por las grandes potencias capitalistas al servicio de estas transnacionales han dado lugar a la construcción política de esta Globalización.

La Unión Europea recibió el premio Nobel de la Paz en el año 2012, si hubiera un Nobel que premiara la defensa y el cumplimiento de los Derechos Humanos, la UE no podría optar a él. Si es muy discutible que la UE defienda la paz, es más fácil confirmar que los Derechos Humanos le dan urticaria. El pasado junio unos cuantos países europeos: Reino Unido, Francia, Austria, Estonia, República Checa, Alemania, Italia e Irlanda; junto con Estados Unidos, Japón y Corea del Sur, entre otros, que se llenan continuamente la boca de defender la libertad y la democracia por todo el mundo votaron contra una resolución presentada por Ecuador y Sudáfrica en la ONU para dotar de mecanismos legales e institucionales que obliguen a las corporaciones transnacionales a respetar los Derechos Humanos.

Parece que las cínicas “democracias” seguirán permitiendo a sus empresas transnacionales una especie de “barra libre” legal cuando actúan fuera de sus fronteras nacionales y continuarán explotando sin compasión – pero por su “bienestar” y “progreso” – a sus trabajadores, que son, sobre todo mujeres y niños, en Bangladesh, Marruecos, India, Vietnam, Camboya, Tailandia, China, Bulgaria, Honduras, México, Turquía o Indonesia. Jornadas maratonianas de 12 horas o más, llegando a realizar 150 horas semanales, sin seguridad social, sin derecho a baja por maternidad, sin derecho a ir a la escuela, sin condiciones de seguridad, ni higiénicas, incluso, llegando a dormir en los mismos talleres; sin derecho a sindicarse, sindicalistas asesinados por pedir derechos y condiciones laborales dignas; familias indígenas expulsadas de sus tierras; trabajadores sin derechos civiles, social o económicos y, mucho menos todavía, Humanos. Centenares de miles de trabajadores dependientes de estas corporaciones mueren cada año por el sobreesfuerzo y la falta de seguridad e higiene.

Los europeos todavía ven este sistema esclavista como algo lejano, incluso, necesario y progresista, pero la directiva europea de las 65 horas laborales a la semana (con semanas que podrían alcanzar las 78 horas laborales) es seguro que volverá a recuperarse hasta que un día no muy lejano se apruebe. Y cuando se imponga la libre negociación entre empresario y trabajador llegará a ser legal que podamos trabajar hasta 65 horas semanales. Supondría un retroceso a 1919 y dinamitar el derecho laboral que reconoce que la relación laboral no se realiza en un plano de igualdad. Es más fácil aún que se pueda adoptar antes la legislación británica que permite desde 1993 trabajar por encima de las 48 horas semanales a los trabajadores que pacten “libremente” estas condiciones con sus empleadores. Entonces, la esclavitud de las transnacionales no nos será algo tan ajeno ni alejado de nuestras sociedades. Se podrán generalizar y legalizar situaciones que están ya presentes entre nosotros.

La situación actual es el caldo de cultivo ideal para que se cumplan estos objetivos. En España el deterioro de las condiciones laborales y el aumento de la jornada laboral progresan rápidamente. Lo importante es tener un trabajo dicen, y el salario y las horas son algo secundario. Se aprovecha la situación de necesidad y desamparo que viven muchos trabajadores. Seguimos el camino de los Estados Unidos donde hay decenas de millones de trabajadores pobres con salarios que no dan para vivir. Es luego el estado y los clientes quienes subsidian los salarios de estos trabajadores pobres que no pueden vivir de ellos y, que no tienen acceso a sanidad, al derecho a sindicarse o a vacaciones pagadas. Los gritos de auxilio (bit.ly/1ycaP5z) de todos estos trabajadores siguen perdiéndose en el vacío.

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 Me impresionó un titular del día de la tragedia de Bangladesh: ‘Vivir con 38 euros al mes’. Esto es lo que pagaban a los que murieron… ¡Eso se llama trabajo esclavo!”.

 Papa Francisco, 1 de mayo de 2013.

 El doctor Farre se expresaba [ante la Cámara de los Comunes] en términos todavía más crudos: La intervención del legislador es asimismo necesaria para prevenir la muerte en todas las formas en que puede sobrevenir prematuramente, y éste (el régimen fabril) es, sin ningún género de dudas, uno de los métodos más crueles que la ocasionan.El mismo parlamento [británico] “reformado”, que, apiadándose de los señores fabricantes, seguía reteniendo durante unos cuantos años a niños menores de 13 [años] en el infierno de 72 horas de trabajo fabril a la semana, prohibía a los plantadores, en la ley de emancipación, ley que administraba también la libertad con cuentagotas, que hiciesen trabajar a ningún enclavo negro más de 45 horas semanales.”

 Karl Marx, El Capital, capítulo VIII, 1867.

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Todos podemos tener algunos indicios para sospechar que las grandes transnacionales de la moda explotan laboralmente a sus trabajadores. En algunos casos podemos constatar que son más que simples indicios como ha podido experimentar en las últimas semanas una clienta galesa, Rebecca Gallagher, de la firma irlandesa Primark, que ha encontrado un mensaje de denuncia, un grito de auxilio, en la etiqueta de su blusa adquirida en ese establecimiento: Force to work exhauting hours” (“Forzados a trabajar durante horas agotadoras”). Esto nos debería hacer pensar sobre las condiciones inhumanas que favorecemos con nuestros comportamientos, como cuando compramos “barato” en estas tiendas. Y exigir a nuestros gobiernos que castigue a estas empresas por fomentar activa y conscientemente la explotación de seres humanos. Pero, esta denuncia no ha sido la única, pues, ha tenido el efecto de sacar a la luz varias más en las últimas semanas.

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Es el caso de otra clienta galesa de Primark, Rebecca Jones, que ha encontrado otra etiqueta de denuncia en sus pantalones comprados en las tiendas de esta misma transnacional: «“Degrading” sweatshop conditions»(«“degradando” las condiciones de explotación»). Este último mensaje ha dado lugar a que Amnistía Internacional nos haya recordado otra denuncia que tuvo lugar en 2011, cuando karen, residente en Irlanda del Norte, se encontró una nota de auxilio en el bolsillo de sus pantalones Primark: “We work 15 hours every day and eat food that wouldn’t even be fed to pigs and dogs. We’re (forced to) work like oxen” (Nosotros trabajamos 15 horas cada día y comemos la comida con la que incluso no serían alimentados cerdos y perros. Somos forzados a trabajar como bueyes). Todo ese sufrimiento – el trabajo hasta el desfallecimiento – sale a £10 libras la pieza, unos 12 euros y medio: una “ganga”.

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“En las últimas semanas del mes de junio de 1863, toda la prensa de Londres publicaba una noticia encabezada con este epígrafe “sensacional”: «Death from simple Overwork»[“Muerta por simple exceso de trabajo”]. Tratábase de la muerte de la modista Mary Anne Walkley, de veinte años, empleada en un honorabilísimo taller de modistería de lujo que explotaba una dama con el idílico nombre de Elisa. Gracias a ese episodio, se descubría como cosa nueva la vieja y resabida historia de las pobres muchachas obligadas a trabajar, un día con otro, 16 horas y media, y durante la temporada hasta 30 horas seguidas sin interrupción, para lo cual había que mantener muchas veces en tensión su “fuerza de trabajo”, cuando fallaba, por medio de sorbos de jerez, vino de Oporto o café. […] Y este taller era uno de los mejores talleres de modas de Londres. […] El médico Mr. Keys…, informa…, con palabras secas: «Mary Anne Walkley murió por exceso de horas de trabajo en un taller abarrotado de obreras y en una alcoba estrechísima y mal ventilada.». […] Nuestros “esclavos blancos”, exclamaba al día siguiente el Morning Star,…, «nuestros esclavos blancos son lanzados a la tumba a fuerza de trabajo y agonizan y mueren en silencio».”

 Karl Marx, El Capital, capítulo VIII, 1867.

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Cuando se ponen claramente de manifiesto las agotadoras y maratonianas jornadas de trabajo a las que son sometidos, la crueles condiciones de explotación y los ínfimos sueldos de estos trabajadores, los defensores e ideólogos de este sistema económico de explotación argumentan que sino fuera por el trabajo y las inversiones que estas transnacionales proporcionan, estas personas vivirían muchísimo peor. La justificación a la explotación siempre tiene sus publicistas, muchos de ellos – ardientes defensores del progreso que supone el trabajo infantil – tan “prestigiosos” como estas marcas de ropa. En el mejor de los casos tratan a los trabajadores como a menores de edad, niños a los que hay que educar, que deben sentirse afortunados por haber sido tocados con la varita de la economía y el progreso.  Y debemos estar atentos a este tipo de razonamientos porque son los mismos que justifican y animan aquí a que la gente trabaje por 300 o 400 euros – mejor eso que nada, dicen – salarios de miseria, deteriorando las condiciones laborales hasta límites extremos y empobreciendo al conjunto de la población. Prácticas que nos devuelve al presente la realidad del trabajador pobre y la precariedad social. El abismo de la exclusión social no está tan alejado. Cuando las personas son una mercancía, se cosifican, no puede esperarse que sean tratadas de otra manera.

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En los países en vías de desarrollo, ramas enteras de la industria que producían para el mercado interno han sido empujadas a la quiebra por orden del Banco Mundial y el FMI. El sector urbano informal, que históricamente ha desempeñado un papel importante como fuente de creación de empleos, ha sidosocavado como consecuencia de las devaluaciones de la moneda, la liberalización de las importaciones y el dumping.En el África subsahariana, por ejemplo, el sector informal de la industria del vestido ha sido destruido y sustituido por el mercado de prendas usadas (importadas de Occidente a 80 dólares la tonelada).

 Michel Chossudovsky “Globalización de la pobreza y nuevo orden mundial”.

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Las empresas se enmascaran en que la “falta” ha sido realizada por sus proveedores como si no supieran que los costes de producción y los plazos de entrega que exigen, la subcontratación de los servicios a sus proveedores y las exigencias a las que los someten son los que determinan las condiciones laborales de los trabajadores. Buscan todos los subterfugios posibles para saltarse la Ley, los tratados internacionales de Derechos Humanos y del Niño y, sus publicitadas y farisaicas campañas de responsabilidad social corporativa. Como si ellas no pidieran – exigieran  – constantemente, la reducción de costes y salarios a  los gobiernos y no dispusieran de sus propios brazos armados en los organismos internacionales como el FMI, el Banco Mundial o la OMC. Como si los planes de ajuste y las reformas estructurales que han impulsado durante las últimas décadas no hubieran incidido en el deterioro de los salarios, las cargas sociales y las condiciones de seguridad y salubridad de los trabajadores. Esas mismas empresas que incitan a la desaparición de los derechos laborales y sindicales y que dan vía libre a sus “subcontratistas” y a gobiernos represivos para que intimiden y asesinen a los sindicalistas o a cualquiera que se oponga a su sistema. En lugar de combatir la injusticia del sistema, apostar por un consenso en materia de condiciones laborales y un respeto al medio ambiente profundizan la explotación y la degradación a nivel global. Nos dicen que no hay alternativa, es inevitable. Otro camino es la utopía.

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Lo que ha hecho Primark es una conducta normal y racional dentro de la lógica económica del “mercado”. No es sólo Primark sino también: El Corte Inglés, Inditex (Zara, etc.), Mango, H&M, C&A Loblaw, Cato, JC Penney, Iconix, Lee Cooper, Benetton, Carrefour, Walmart, Children’s Place, Gap y un largo etcétera más.  Todas ellas implicadas en la tragedia del Rana Plaza que costó la vida a 1.129 trabajadores. Asimismo, no son únicamente las empresas textiles. Apple y sus subcontratas son famosas por someter a los trabajadores a extenuantes jornadas de trabajo que llegan incluso a que muchos de ellos se suiciden. Foxcon, subcontrata de Apple, ha tenido que poner rejas en sus fábricas para evitar que los trabajadores se tiren al vacío. No se puede decir que Apple desconozca esta forma de actuar de su proveedor, todo lo contrario, lo fomenta si nos atenemos a las opiniones del divinizado Steve Jobs, que veía este tratamiento a los trabajadores como un ejemplo a exportar a los Estados Unidos. Tenemos que cuidarnos de quienes son nuestros ídolos, sobre todo, cuando los ídolos que adora esta sociedad tienen unas conductas morales tan laxas. Tenemos una sociedad que celebra la libertad, los derechos de todos y cada uno: el árbol, el perro, la niña, el niño, el abuelo, hasta los del “perro piloto”. Tenemos un día al año para cada uno, pero a la hora de la verdad ahí están las tasas de pobreza y exclusión, las degradantes condiciones laborales, la destrucción ambiental y la espiral de empobrecimiento y autoritarismo que estamos sufriendo. La autocelebración de lo buenos que somos oculta todas las muestras de una absoluta hipocresía social.

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La industria textil mueve miles de millones de euros, da trabajo a millones de personas, sí. Y por eso nos dicen que es intocable. Cualquier intervención tendría unas consecuencias aún peores. Pero esto es una absoluta falacia que persigue, simplemente, justificar la explotación de millones de personas. El trabajo barato, los precios baratos, el “low cost” tienen sus costes, morales y sociales. A lo mejor no los vemos porque nos quedamos en la superficie, en  el precio de la prenda, en los anuncios de la marca. Pero, además, tiene unos costes económicos, que un país con casi 6 millones de parados debería plantearse. La industria textil global no sólo crea millones de empleos sino que también destruye millones de empleos. El caso de España es paradigmático: la industria textil española tenía a fecha de 2012, 19.763 empresas casi un 50% menos que hace apenas 10 años; muchísima mayor sería la caída si echáramos la mirada a la década de los 90. Por ejemplo, en el caso del empleo este ha retrocedido de cerca de los 400.000 trabajadores de esta década a los 113.201, que sobreviven hoy. Seguimos comprando barato y seguimos perdiendo empleo, destruyendo tejido productivo y social, excluyendo a millones de personas y, además, permitimos que se explote impunemente a decenas de millones más. Qué buen negocio estamos haciendo.

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Económicamente la actuación política del actual y del anterior gobierno es muy clara. Estamos ante una crisis capitalista típica, de las de siempre. Siempre se han “solucionado” igual desde el poder político: Restablecer la tasa de ganancia que permita rentabilizar de nuevo la inversión del capital. El camino para ello ha sido dar un “mordisco” a las rentas del trabajo directas (salarios e indemnizaciones) e indirectas (pensiones y gasto social).

Además, para mantener en el tiempo estas ganancias es preciso que exista un porcentaje amplio de la población activa excluida del mercado laboral y dispuesta a vender el único medio de obtener ingresos (su fuerza de trabajo) cada vez por menor retribución.

Carlos Sánchez Mato.

 

Postdata: No deja de ser curioso que los defensores del capitalismo ignoren absolutamente qué es el capitalismo.

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Donde no hay ley no hay libertad. Pues la libertad ha de ser el estar libre de las restricciones y la violencia de otros, lo cual no puede existir si no hay ley; y no es, como se nos dice, “una libertad para que todo hombre haga lo que quiera”. Pues ¿quién pudiera estar libre al estar dominado por los caprichos de todos los demás?

John Locke  (1632–1704)

 

MuralTrabajoInfantil

En 1819, entre gran polémica, el Parlamento británico aprobaba una legislación para prohibir el trabajo de los niños más pequeños – menores de 9 años – aunque sólo en las fábricas de algodón, que eran excepcionalmente peligrosas”. Para los mayores de 10 años la jornada se reducía a únicamente 12 horas.

Los defensores del libre mercado arremetieron contra la propuesta porque socavaba la santidad de la libertad de contratación y destruía los cimientos del libre mercado”. Algunos Lores esgrimían que tiene que haber libertad laboral”. Si los niños quieren (y necesitan) trabajar y los dueños de las fábricas quieren darles trabajo. ¿Dónde está el problema?”.

CapitalismoCoste

Hasta finales del S.XIX, no empezó a reglamentarse sensatamente el trabajo infantil ni la jornada laboral y, sólo en los países más ricos donde los sindicatos eran poderosos. Aunque muchas personas respetables veían su legislación como algo contrario a los principios del libre mercado”. Parece que para los defensores del libre mercado, todas las acciones y medidas en pos de la necesidad de restringir las acciones que perjudican a los demás, intencionadamente o no, curiosamente, van contra la libertad…

Estos hechos parecen encontrarse lejos en el tiempo, pero, no es así. Las corporaciones se han exiliado a países donde se les permite explotar el trabajo infantil, donde pueden explotar a los trabajadores, donde la necesidad de la personas para ellos es virtud. La esclavitud existe en muchos lugares alentada por “respetables” dirigentes corporativos. Esto se hace con la complicidad de nuestros gobiernos y de grandes economistas – nobeles y futuros nobeles –, incluso, patrios; que justifican el trabajo infantil como una mejora para la economía familiar. Como vemos barbaridades que muchos creen antiguas siguen muy presentes en el libre mercado. Algunos, en nombre de la libertad y la rentabilidad, parecen querer justificar los abusos de poder más abyectos.

MundoNike

A lo largo de estos años, tras muchísimas luchas – y muchísimos asesinados – se consiguió proteger – mal que bien – a los trabajadores. Se intentó someter la rentabilidad empresarial a la libertad y la dignidad de las personas. Pero, se está perdiendo toda la libertad por la que tanto lucharon algunos. Se ha creado la escasez y la indefensión necesarias para que las personas tengan que aceptar la explotación laboral para sobrevivir. Mientras, en los países más ricos las condiciones sociales de la mayoría se deterioran – en España, a pasos agigantados – en los países más pobres y en desarrollo los dirigentes sociales, campesinos y sindicales son amedrentados y, en última instancia, asesinados.

Cuando se habla de la máxima rentabilidad y eficacia debemos traducir al lenguaje llano y claro lo que significan estas palabras. Rentabilidad ¿para quién? ¿Qué tipo de rentabilidad? ¿Quién soporta los costes? ¿Pasando por encima de qué y de quién? ¿Cómo se calcula esa rentabilidad? Vemos que en pos de la rentabilidad unos pocos se están comiendo el presente y el futuro de todos, de nuestra generación y de las generaciones futuras. Los mares están siendo esquilmados ante la falta de regulación, los bosques deforestados, los trabajadores explotados, los consumidores estafados, los ciudadanos desheredados, los recursos finitos y no renovables menoscabados, el aire y el agua contaminados, etc. El planeta pronto será un enorme vertedero. Es una rentabilidad falaz, sus cálculos son espurios, tan sesudos matemáticos y economistas externalizan unos costes que recaen sobre la mayoría y sobre el planeta para que unos pocos se enriquezcan.

EsclavoVertedero

Puesto que no hemos sido unos consumidores informados y responsables ¿cuándo vamos a abandonar nuestra infantilidad? ¿Cuándo vamos a ser unos ciudadanos? Ciudadanos adultos y críticos. La crisis financiera – más correctamente, estafa financiera – nos ha explotado en las manos. La crisis energética y medioambiental – si no ponemos los medios necesarios para evitarla o limitarla – está a las puertas. 


Postdata: Si queréis saber más de este tema: “23 cosas que no te cuentan sobre el capitalismo” Ha–Joon Chang.

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Anteayer fue un día dorado para la propaganda neoliberal. Los mitos y las mentiras sostenidas sobre la nada tuvieron amplio eco. Primero, por la mañana, en Radio Nacional de España. El presidente de Mercadona, Juan Roig, nos contó que los españoles debíamos trabajar más. Lo que no nos contó es si debíamos trabajar todos o solo los necesarios para aumentar los beneficios empresariales. Juan Roig es partidario de que trabajemos “como chinos”, espero que no se refiera a que trabajemos bajo su nivel de explotación y sus salarios de miseria – aunque con la nueva reforma laboral que pisotea los derechos de los trabajadores tengo mis dudas – Imagino que no quiere eso, porque él se ha subido el sueldo un 73% este año y, lo que no quieres para ti no debes imponérselo a los demás.

Los datos desmienten que debamos trabajar más. O por lo menos no trabajar más en el sentido que ellos quieren. Los griegos son los europeos que trabajan más horas, eso no les libró de la crisis y tampoco parece que vaya a hacer mejorar su situación…

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No solo la productividad no tiene que ver con trabajar más horas, sino que, en España la productividad no está alejada de la alemana, por poner un ejemplo. Todo lo contrario la productividad española en términos reales ha sido mayor que la alemana. Lo que ha lastrado la productividad española es la inflación…

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Una inflación que ha crecido por encima de la media europea debido a los altos beneficios empresariales. A los altos precios y bajos salarios, que han permitido amplios márgenes de beneficios, que han hundido el poder adquisitivo de las familias españolas. Desde la llegada de euro los precios han subido el triple que los sueldos. La cesta de la compra subió un 48% y el salario medio un 14%…

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Está vertiginosa subida de los precios nos ha igualado con los países europeos más caros…

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Pero, sólo en precios, porque nuestros salarios siguen estando a la cola de Europa. Teniendo el ejemplo de un salario mínimo ridículo, que te permite, al mismo tiempo, trabajar y ser pobre…

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Como podemos observar hemos vivido una época para la mayoría de la población de precios disparados y salarios cayendo. Los asalariados han perdido 12 puntos de renta real solo durante los cinco años de crisis. Pero es que, además, los salarios vienen bajando en términos reales, contra lo que dice la propaganda neoliberal, desde hace muchos años. Incluso, en la época de ilusión crediticia los salarios cayeron…

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Esta caída prolongada en el tiempo y cada vez más acusada ha llevado a los salarios – que, a principios de los 80, constituían el 53% del PIB – a equivaler, en la actualidad, al 46% y, bajando…

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Las ‘reformas estructurales’ – eufemismo que esconde el desmantelamiento del Estado de bienestar y el enriquecimiento de una poderosa minoría – no han llevado a la salida de la crisis ni lo harán, pero si han conducido el crecimiento de la desigualdad, en España, a tasas 5 veces superiores que la UE-15. Países que poseen unos servicios del bienestar más desarrollados y un gasto social mucho más alto que el español…

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Descaradamente, vemos que, con los salarios en caída libre desde hace 30 años, la pobreza y la desigualdad disparada porque unos pocos se quedan con la productividad y el beneficio del trabajo de todos y, los derechos en franco retroceso; se hace recaer en todos la responsabilidad de una crisis que no es tal. Asistimos a como multimillonarios, banqueros, políticos y grupos privilegiados nos dicen que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. Hemos vivido tan por encima de nuestras posibilidades que nos hemos tenido que endeudar para acceder a un bien básico y garantizado por la Constitución, que tanto enarbolan a conveniencia nuestras élites, para beneficio de especuladores, grandes fortunas, corruptos y banqueros. Un bien inaccesible para la mayoría de la población…

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Como la mayoría de las justificaciones que rodean la falacia neoliberal, la productividad es un engaño, una cortina de humo. Se quiere vincular el salario de los trabajadores a la productividad. Pero, eso no es cierto, los trabajadores, a pesar del enorme crecimiento de la productividad no se han beneficiado de ella. Todo lo contrario, han visto sus salarios caer y caer, aunque la productividad ha crecido mucho en las últimas décadas…

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Hemos visto como el sistema financiero tan productivo ha dilapidado miles de millones de euros. Pero, los directivos, no han sido castigados, como se ha hecho con los trabajadores, por tanta incompetencia que traspasa la línea del delito. Sin ir más lejos han sido premiados, con indemnizaciones y sueldos multimillonarios, por el ‘logro’ de dilapidar cientos de miles de millones de euros y destruir la vida de millones de personas. Al Estado le puede costar sólo en dinero entregado a los bancos el 31,7% de la riqueza nacional…

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Otro ejemplo aberrante, de la falacia de la productividad es el sueldo de los directivos de las grandes empresas. Vaya la empresa mal o bien siempre ven aumentar sus sueldos, que no guardan relación con la realidad de la empresa. Se suben el sueldo y lo celebran con miles despidos. Es paradigmático el caso de SEAT, con el mercado del automóvil en caída libre, los directivos de esta empresa se han subido el sueldo un 60% este año, mientras amenazan a los trabajadores con despidos y ERES…

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Nuestra oligarquía esgrime, cínica e hipócritamente, la cultura del trabajo y el esfuerzo, pero únicamente se aprovechan del esfuerzo ajeno. Una cosa es enriquecerse y otra crear riqueza. Las ‘reformas estructurales están llevando al empobrecimiento masivo de los españoles y el enriquecimiento de los mismos que apoyan y aplican esas reformas. Los mismos responsables de la crisis. Muchas personas crédulas y confiadas – carentes de los datos necesarios – creen que nos quieren sacar de la crisis. Pero, realmente, ellos no están en crisis e, incluso, tienen mucho más poder y dinero del que tenían antes de la crisis, que ellos provocaron con sus codiciosas acciones. El lujo está en auge, creció un 25% en 2011. Y, mientras las ventas de coches cayeron un 18% el pasado año, los coches de lujo aumentaron en un 83% sus ventas…

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Tenemos ejemplos de sobra para conocer el verdadero objetivo que buscan estas ‘reformas estructurales’. No obrarán el milagro de sacarnos de la crisis, pero sí obraran el milagro de la multiplicación de los sueldos de una casta privilegiada. Las diferencias salariales entre trabajadores y directivos se han multiplicado. Los directivos más importantes ganan 90 veces más que sus trabajadores. La media está en casi 25 veces más. Pero, algunos, gracias a indemnizaciones millonarias, han ganado 1.000 veces más, 266 veces más, 233 veces más, etc. ¿Estas ganancias guardan relación con los beneficios y la productividad? Ni mucho menos. Para los privilegiados no rigen las mismas leyes. Veamos ejemplos de productividad premiada: En 2007, el beneficio de Endesa se redujo un 10%, la retribución de sus consejeros creció un 300%; Acerinox vio caer sus beneficios un 40%, sus consejeros se aumentaron el sueldo un 200%; Iberia aumentó el sueldo a sus trabajadores un 8%, los directivos se aumentaron el suyo un 63%; Iberdrola redujo el sueldo medio de sus trabajadores un 14%, el consejo se subió el suyo un 60%. Todo el dinero para unos pocos…

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PRISA ha caído en Bolsa, desde el comienzo de la crisis, un 96%. El año pasado tuvo unas pérdidas de 451 millones. El negocio de la prensa escrita está en crisis y la empresa se encuentra ahogada por las deudas. Su consejo se ha subido el sueldo en 2012 un 31%. Juan Luís Cebrián ha ganado 8,2 millones…

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En 1930, John Maynard Keynes predijo que, en el año 2030, las horas de trabajo remunerado se reducirían a 3 horas diarias, una semana laboral de 15 horas, porque gracias al crecimiento y la productividad de las economías desarrolladas la gente, ya “tendría suficiente” para llevar “una buena vida”. Este crecimiento de la economía sería “suficiente” para que los seres humanos dirigieran su atención a cosas “más agradables”. Esta menor necesidad de trabajar se utilizaría para mejorar y enriquecer las relaciones personales y sociales, tender a una mayor cooperación y ayuda mutua. Hace más de 80 años Keynes abogaba por potenciar “vínculos u obligaciones o lazos” ahogados en el culto al crecimiento y el dinero. “Vinculos”, para él, fundamentales en el desarrollo de las comunidades y las personas. Pero, los supuestos ‘expertos’ contradicen a la ‘solución humana’ de Keynes. Lo importante para ellos es la movilidad de los trabajadores. Movilidad, que no se dice, destruye comunidades, vínculos familiares y relaciones. Movilidad que multiplica las enfermedades mentales en las personas y la inseguridad en los barrios.

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Pero, los planteamientos de Keynes han chocado con la realidad imperante. Lo que para él era “suficiente” para otros no es, ni será, de hecho, bastante. A pesar, del crecimiento constante de la productividad y la riqueza, el desempleo, la jornada laboral, la pobreza y la desigualdad social no han parado de aumentar desde los años 80. Desde la imposición del neoliberalismo; que no es sino, la última máscara del sueño de algunos por dominar y explotar en provecho propio a la mayoría de los seres humanos; el crecimiento de la productividad y la riqueza no se han repartido entre todos. No es que la productividad sea baja ni que seamos pobres, es que unos pocos se quedan con el esfuerzo de todos. La avaricia y la codicia extrema de una minoría les han llevado a apropiarse de los beneficios del trabajo y el conocimiento de todos.

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En un año tan temprano como 1848, John Stuart Mill ya escribía “El estado estacionario de la población y de la riqueza no implica el estancamiento del progreso humano. Habría más espacio que nunca para todo tipo de cultura moral y de progreso moral y social; mucha más disponibilidad para mejorar el arte de vivir y muchas más probabilidades de verlo realmente mejorado si los espíritus quedasen libres del afán de adquirir riquezas. Las artes industriales podrían ser cultivadas de manera tan seria y con el mismo éxito que ahora, con la única diferencia de que, en lugar de no tener otra finalidad que la adquisición de la riqueza, los perfeccionamientos de esas artes alcanzarían su objetivo, que es la disminución del trabajo”.

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Los sueños se han truncado… Nuestra sociedad ha optado por obviar el progreso moral y humano. Se ha embarcado en una carrera suicida hacia el abismo de la productividad. No importa que producir ni cómo sino, simplemente, producir, producir y producir a cualquier precio humano y natural para vender y vender. No importa cómo vender, simplemente, importa vender. Los engaños y las estafas, sus consecuencias en la vida de las personas, son secundarias. Se ha creado una parafernalia que enmascara con bellas palabras – libertad, responsabilidad y esfuerzo – los objetivos y las acciones de los mismos seres reaccionarios y voraces que, siempre han aborrecido estas palabras, que lo siguen haciendo y, que han pisado y continúan pisando la libertad y derechos de la mayoría de los seres humanos. En sus bocas las palabras se pervierten: la libertad es libertinaje, que pisotea los derechos de los seres humanos; la responsabilidad es irresponsabilidad, que no asume el coste ni las consecuencias de sus acciones; y, el esfuerzo es explotación de los seres humanos y los recursos naturales.

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Han creado una sociedad tan inmoral como lo son ellos. En la sociedad de consumo se ha impuesto el insaciable apetito de ganar más y más dinero. Este apetito voraz destruye vidas y el planeta. Se fomenta la superficialidad, el egoísmo y la competitividad. Una competitividad que no entiende de normas. Unos se enriquecen y se apropian de todo a costa del dolor y la humillación de otros. Se usa a las personas como si no tuvieran valor ni dignidad. Privatizan la naturaleza y disponen de la vida de las personas. Crean escasez para después vender su remedio a quien pueda pagarlo. Han tomado la educación, la universidad y las instituciones para vender las virtudes de la empresa privada. Una iniciativa privada que esconde su verdadero rostro y sus crímenes. Se promete un trabajo y la felicidad a cambio de no pensar, ser servil y comprar… Se inyecta en vena la cultura de la empresa – secta. Desde todos sitios se nos inculca cual es ‘la vida perfecta’. Una vida donde las necesidades materiales – gracias al poder de la publicidad y su capacidad para vender ilusiones –se multiplican y no dejan de crearse constantemente otras nuevas para inducir a la gente a trabajar y ganar dinero para satisfacerlas. Pero, esta sociedad consiste en una carrera sin llegada porque su secreto es no acabar de satisfacer nunca esas necesidades.

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