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Archive for the ‘Revolución’ Category

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La bebida no era la única muestra de desmoralización. El infanticidio, la prostitución, el suicidio y el desequilibrio mental han sido relacionados con aquel cataclismo económico y social…, incapacidad… para contener los terremotos sociales que estaban destrozando las vidas de los hombres… La alternativa de la evasión o la derrota era la rebelión… La rebelión no sólo fue posible, sino casi obligada… Ningún observador razonable negaba que la condición de los trabajadores pobres, entre 1815 y 1848 era espantosa.

Eric Hobsbawm, La era de la revolución.

 

 Al igual que en los distritos fabriles ingleses, en los distritos rurales se extiende día a día el consumo del opio entre los obreros y obreras adultos.El principal objetivo de algunos mayoristas emprendedores es… promover la venta de opiáceos. Los farmacéuticos los consideran como el artículo más solicitado.Los lactantes a los que se suministraban opiáceos, “se contraían, convirtiéndose en canijos viejecitos, o quedaban arrugados como monitos”. Véase cómo la India y China se vengan de Inglaterra.

 Karl Marx, El Capital, 1867.

 

El comienzo del capitalismo liberal fue una época brutal de colapso social sin precedentes. Las sociedades dirigidas por “gobiernos representativos” de las oligarquías sociales y económicas ejercieron sobre las personas un “poder totalitario” nunca visto hasta entonces. El poder del estado liberal sobre la vida y la muerte de las personas no había tenido parangón en épocas ni culturas supuestamente oscuras y atrasadas. Fue un proceso de ingeniería social llevado a cabo desde los mecanismos del nuevo poder estatal que conllevo unos enormes costes humanos.

No se caracterizó esta época por el progreso social sino por la depauperación creciente de la mayoría. Los campesinos fueron expoliados, los ajusticiamientos por nimiedades contra la “propiedad” crecieron exponencialmente, el trabajo–esclavitud infantil (incluso, desde los 3 años de edad) se hizo la norma, los niños tenían que ser útiles y tratados ahora como maquina–mercancía trabajaban en jornadas laborales extenuantes, incluso, hasta la muerte. En muchos de los casos en condiciones de hambre y desnutrición crónicas:

 

El alimento indigesto de los obreros es enteramente impropio para la sustentación de los niños; y, sin embargo, el trabajador no tiene ni el tiempo ni los medios de dar a sus hijos un sustento más adecuado. A ello hay que añadir la costumbre todavía muy extendida que consiste en dar a los niños aguardiente, y hasta opio…. Los niños que en el momento preciso en que les es más necesaria la alimentación pueden matar el hambre solamente a medias (y sabe Dios cuántos de ellos hay en cada crisis, e incluso durante los períodos económicos más florecientes), llegarán a ser fatalmente en gran proporción, niños débiles, escrofulosos y raquíticas.

Friedrich Engels, La situación de la clase obrera en Inglaterra, 1845.

 

Las torturas, los castigos, la reclusión forzosa y el trabajo coercitivo tomaron nuevas y enormes dimensiones, la jornada laboral creció bajo una disciplina asfixiante. Se alzó una barrera racial infranqueable, hubo deportaciones masivas; aculturación y apatía; miseria y desarrollo incontrolado; se procedió a la criminalización, deshumanización y persecución de las capas más humildes de la población.

Esto se hizo única y exclusivamente para colmar la extrema codicia de unas personas privadas. No había ningún plan premeditado para llegar a la situación de bienestar actual alcanzada por, únicamente, un 20% de la población mundial. Fue una sociedad y un sistema construido fundamental e indispensablemente sobre un inmenso sistema esclavista. Únicamente, la organización, la rebelión y las revoluciones de los trabajadores fueron capaces de posibilitar el avance social. Asimismo, el miedo de las poderosas clases dirigentes a que las consecuencias del colapso social se volviera contra ellos hizo posibles los progresos sociales. Y es eso lo que nos cuenta Eric Hobsbawm en la época de las revoluciones:

 

Había muchos más que, enfrentados con una catástrofe social que no entendían, empobrecidos, explotados, hacinados en suburbios en donde se mezclaban el frío y la inmundicia,… se hundían en la desmoralización. Privados de las tradicionales instituciones y guías de conducta, muchos caían en el abismo de la existencia precaria. Las familias empeñaban las mantas cada semana hasta el día de paga. El alcohol era «la salida más rápida de Manchester» (o Lille o Borinage). El alcoholismo en masa – compañero casi invariable de una industrialización y urbanización bruscas e incontroladas – expandía «una pestilencia de fuertes licores» por toda Europa.

Las ciudades y zonas industriales crecían rápidamente, sin plan ni supervisión, y los más elementales servicios de la vida de la ciudad no conseguían ponerse a su paso. Faltaban casi por completo los de limpieza en la vía pública, abastecimiento de agua, sanidad y vivienda para la clase trabajadora. La consecuencia más patente de este abandono urbano fue la reaparición de grandes epidemias de enfermedades contagiosas…, como el cólera, que reconquistó a Europa desde 1831 y barrió el continente de Marsella a San Petersburgo en 1832 y otra vez más tarde… Al tifus en Glasgow «no se le dio consideración de epidemia grave hasta 1818». Luego aumentó. En la ciudad hubo dos grandes epidemias (tifus y cólera) en la década de 1830 y 1840, tres (tifus, cólera y paludismo) en la siguiente, dos en la década de 1850,… Los terribles efectos de ese descuido fueron tremendos, pero las clases media y alta no los sintieron.

El desarrollo urbano en nuestro período fue un gigantesco proceso de segregación de clases, que empujaba a los nuevos trabajadores pobres a grandes concentraciones de miseria alejadas de los centros del gobierno y los negocios, y de las nuevas zonas residenciales de la burguesía… ¿Y qué instituciones sociales salvo la taberna y si acaso la capilla se crearon en aquellas nuevas aglomeraciones obreras, salvo las de iniciativa de los mismos trabajadores? Sólo a partir de 1848, cuando las nuevas epidemias desbordando los suburbios empezaron a matar también a los ricos, y las desesperadas masas que vivían en ellos asustaron a los poderosos, se emprendió a una sistemática reconstrucción y mejora urbana.

 

Eric Hobsbawm La era de la revolución, 1789-1848”.

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¿Cómo se explica que los más estridentes gritos de dolor por la libertad los escuchemos elevarse en las voces de los cazadores de negros?

Samuel Johnson

 

Nosotros, los orgullosos Campeones de la Libertad y los declarados Abogados de los Derechos naturales de la Humanidad, nos empeñamos en este comercio inhumano y criminal más profundamente que cualquier otra nación… Los Abogados del republicanismo y de la supuesta igualdad de la humanidad deberían ser los primeros en sugerir algún sistema humano de abolición de la peor de todas las esclavitudes

Josiah Tucker.

 

 

Las revoluciones liberales acontecidas en Holanda, Inglaterra y EEUU, en los siglos XVI, XVII y XVIII, respectivamente, no trajeron la libertad anunciada. No para todos. Únicamente, fue la libertad de los “señores”. Protegidos tanto del “absolutismo monárquico” como del “absolutismo democrático”. El triunfo parcial de las nuevas fuerzas sociales representadas por la oligarquía burguesa en meteórico ascenso supuso el deterioro del poder de los monarcas absolutos, pero fue para que surgiera un poder aún más absoluto sobre la sociedad y la Humanidad en su conjunto. Las nuevas democracias representativas, que limitaban el poder real, surgidas tras las revoluciones burguesas fueron el gobierno único y absoluto de las poderosas oligarquías emergentes.

Estos nuevos regímenes se lanzaron a la expansión colonial más feroz, desposeyeron de toda propiedad tanto a sus compatriotas como a los pueblos repartidos alrededor del globo, la esclavitud tomó proporciones nunca vistas y los trabajadores fueron convertidos en algo peor que siervos. La libertad para todo el que no fuera miembro de la oligarquía propietaria era inexistente. La limitación al poder absoluto y la preciada libertad liberal, realmente, fue el auténtico desenfreno de la codicia que dio rienda suelta a las ambiciones más viles de terratenientes y mercaderes. Ninguna limitación e injerencia gubernamental podría cruzarse ya en su camino. Ahora ellos eran el gobierno y el poder absoluto. Sus filósofos e ideólogos convirtieron en justificación moral lo que adolecía de una falta de moral absoluta.

A manos de los nuevos estados liberales fueron esclavizados y explotados millones de seres humanos. Se procedió al sometimiento, el robo y el exterminio sistemático de los habitantes no blancos de nuestro planeta. Antes de todo se procedió a su deshumanización, a su placentera conversión en diablos, idolatras, bestias feroces y seres subhumanos, que hiciera más digeribles los crímenes que tenían el único objetivo del beneficio. No sólo fueron doblegados y asesinados los seres humanos de distinto color, sino que, también, los irlandeses católicos dejaron de merecer la compasión del nuevo estado liberal inglés. Tampoco los campesinos, los pobres y los vagabundos tuvieron mejor suerte: su libertad acababa bajo la bota del amo o el patrón. Los que alguna vez tuvieron acceso a  la propiedad bajo la forma comunal fueron despojados de todo bajo la violencia permanente de los nuevos gobernantes. Parecen crímenes lejanos, pero no lo son. Parecieran imposibles de repetirse, pero 400 años ininterrumpidos, millones de seres humanos asesinados los contemplan…

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Esta “paradoja” entre la nueva fe de la libertad y sus actos concretos es lo que pone de manifiesto Domenico Losurdo en su “Contrahistoria del liberalismo” que nos muestra esta ideología con todas sus contradicciones y realidades:

 

Limitación del “poder absoluto” y surgimiento de un poder absoluto sin precedentes: Para que esta paradoja pueda ser explicada, primero tiene que exponerse en toda su radicalidad. La esclavitud no es algo que permanezca a pesar del éxito de las tres revoluciones liberales [Países Bajos, Inglaterra y EEUU]; al contrario, conoce su máximo desarrollo con posterioridad a tal éxito: “El total de la población esclava en el continente americano ascendía a cerca de 330.000 en 1700, a casi 3 millones en 1800, para alcanzar finalmente el pico de los más de 6 millones en los años 50 del siglo XIX”’. Lo que contribuye de manera decisiva al ascenso de esta institución, sinónimo de poder absoluto del hombre sobre el hombre, es el mundo liberal. 

A mediados del siglo XVIII era Gran Bretaña la que poseía el mayor número de esclavos (878.000). El dato está lejos de ser exacto. A pesar de que el imperio de España tiene una extensión mucho mayor, le sigue a una buena distancia. Quien ocupa el segundo lugar es Portugal, que posee 700.000 esclavos, pero que a su vez es una especie de semi-colonia de la Gran Bretaña: una gran parte del oro que extraen los esclavos brasileños termina en Londres. Y por lo tanto, no hay dudas de que, quien se distingue en este campo por su posición absolutamente eminente es el país que, al mismo tiempo, está a la cabeza del movimiento liberal y que ha conquistado supremacía en el comercio y en la posesión de esclavos negros a partir, precisamente, de la Revolución Gloriosa. Por otro lado, es el propio [William] Pitt el joven quien, al intervenir en abril de 1792 en la Cámara de los comunes sobre el tema de la esclavitud y de la trata negrera, reconoce que “ninguna nación en Europa […] está tan profundamente sumida en esta culpa como Gran Bretaña”.

Y eso no es todo. En las colonias españolas y portuguesas, en mayor o menor medida, sobrevive la “esclavitud doméstica”, que debe distinguirse claramente de la “esclavitud sistémica, vinculada a las plantaciones y a la producción de mercancías”; y es este segundo tipo de esclavitud -—que se afianza sobre todo en el siglo XVIII (a partir de la revolución liberal de 1688-89) y que predomina claramente en las colonias inglesas— el que explica de manera más completa la deshumanización de aquellos que ya son solo instrumentos de trabajo y mercancías, objeto de compraventa regular en el mercado… La servidumbre a tiempo determinado…, en vigor hasta ese momento, tiende a ceder el lugar a la esclavitud propiamente dicha, a la condena perpetua y hereditaria de todo un pueblo, al que se le niega…, cualquier esperanza de libertad… Ya está en curso el proceso que reduce cada vez más al esclavo a pura mercancía y proclama [su] carácter racial… Una casta hereditaria de esclavos, definida y reconocible ya por el color de la piel…, a los ojos de John Wesley, la “esclavitud norteamericana”, es “la más vil nunca antes aparecida sobre la tierra”. 

Domenico Losurdo Contrahistoria del liberalismo

 

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Los ricos se esforzarán para establecer su dominio y esclavizar al resto. Siempre lo han hecho. Siempre lo harán… Tendrán el mismo efecto aquí como en cualquier otro lugar, si no conseguimos [mediante el poder del] gobierno, mantenerlos dentro de sus propias esferas de actuación

Governeur Morris, considerado como uno de los Padres Fundadores de los Estados Unidos, 1752 –1816.  

 

La historia registra que los cambistas han hecho uso de toda forma de abuso, intriga, engaño y todo medio violento a su alcance para mantener el control sobre los gobiernos controlando el dinero y su emisión

James Madison, 4º presidente de los Estados Unidos, considerado uno de los Padres Fundadores de la nación.

El Congreso debe tener el poder de acuñar moneda y regular el valor de la misma

Constitución Americana, Artículo 1, sección 8, párrafo 5; Filadelfia, 1787.

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Es posible que muy pocas personas conozcan la principal razón de la Revolución Americana que supuso la independencia de las 13 colonias de Norteamérica del Imperio Británico. Es lógico. La mayor preocupación que tienen las personas que deciden la información que debemos recibir es la tergiversación, la manipulación y la ocultación de la historia en provecho propio. Esta actuación provoca que nuestro conocimiento esté condicionado a los prejuicios e intereses de unos pocos. Pocos, pero muy poderosos. Después que este falso conocimiento aparezca en los grandes canales de información por ellos controlados, que se extienda de forma viral convirtiéndose en una verdad absoluta no entraña mayor dificultad. Simplemente se deben controlar los canales primarios de comunicación.

Como verdad absoluta ha quedado que la Revolución se produjo por la negativa de las colonias británicas de Norteamérica a pagar impuestos. Sabemos que para el actual pensamiento dominante la idea de la injusticia y el robo que supone el pago de impuestos – como idea simple sin entrar en su complejidad – es algo así como mentar al diablo. La cosa no es tan simple. Ese estallido revolucionario, simplemente fue un punto de no retorno producido por una grave crisis de austeridad que venían sufriendo las colonias americanas desde hacía una década.

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Las colonias norteamericanas habían descubierto hacía tiempo el secreto del dinero: no importaba lo que respaldara el dinero sino quien controlaba su emisión y su cantidad. Este mismo secreto también fue descubierto por la República Romana casi dos milenios atrás. La República suministraba a sus ciudadanos un dinero barato y abundante acuñado en bronce y cobre. Este dinero abundante evitaba que sufrieran una escasez del mismo y la economía pudiera gozar de una buena salud. En otros lugares – como la Inglaterra del año 1100 – el gobierno simplemente recurrió a hacer su dinero legal para el pago de impuestos y deudas, aunque éste fueran palos de madera tallada. Todo cambió en ambos lugares cuando se implantó el patrón oro. Cuando sólo podía pagarse en moneda de oro o respaldada por él. Y el oro tiene el inconveniente de que es escaso y se encuentra en manos de unas pocas personas privadas que pueden controlar su valor.

Una de las características de estos sistemas monetarios es que el dinero era emitido por el propio gobierno sin deuda. Este hecho supuso arrebatar el monopolio del dinero a los plutócratas – los muy ricos – que eran quienes poseían el oro. Por tanto se lograba beneficiar con este sistema a las personas trabajadoras, no a los rentistas y usureros. En las colonias británicas de Norteamérica la escasez de metales que sufrían evitó todo acercamiento al patrón oro. En el uso del dinero éste podía tomar la forma de pieles, tabaco o, incluso, papel moneda. Estas son las experiencias que trasladó uno de los Padres Fundadores de los Estados Unidos a sus compatriotas británicos en las distintas ocasiones que estuvo en Londres.

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En palabras de Benjamin Franklin era imposible encontrar una población más feliz y más prospera en toda la superficie del globo que la que habitaba las colonias de Norteamérica. Afirmaciones como ésta y las noticias que llegaban de esa prosperidad a Londres intrigaban a los funcionarios ingleses, que preguntaron a Franklin cuáles eran las razones a las que se debían tanta prosperidad en aquellas tierras. Franklin les respondió emitimos nuestro propio dinero. Se llama Colonial Scrip. Lo emitimos en la proporción justa que demanda el comercio y la industria para que los productos circulen fácilmente desde los productores a los consumidores. De esta manera, creando para nosotros nuestro propio dinero, controlamos su poder de compra, y no debemos pagarle interés a nadie”. Él mismo Franklin era el encargado de emitir y controlar ese papel moneda.

Esta política de las colonias norteamericanas iba directamente en contra de los presupuestos de la política imperial británica fundada en unas colonias que sólo debían ser abastecedoras de materias primas baratas y receptoras de los productos manufacturados de Inglaterra. E iba en contra de los intereses de los grandes financieros europeos que querían continuar controlando el monopolio de la emisión de moneda. Este dinero que era, simplemente, un papel moneda, libre de deuda, impreso con la garantía del gobierno y sin respaldo de oro o plata hacía tambalear ambos monopolios. Un dinero basado en la confianza y de una simpleza pasmosa proveía de prosperidad a las colonias. Esta idea era terrible porque los grandes financieros perdían su control, el monopolio, su capacidad para someter a gobiernos y pueblos enteros y, enriquecerse con su trabajo.

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Ante esta peligrosa idea, el Parlamento inglés decidió en 1764 que las colonias debían plegarse al patrón oro. A partir de ese momento para comprar productos y pagar impuestos era necesario poseer oro. En poco tiempo las colonias se quedaron sin sus reservas de oro, la población no podía comprar los productos ante la escasez de este metal. El comercio se detuvo y las colonias entraron en una profunda depresión. Ante las fatales consecuencias de la austeridad Franklin escribió En un año, las condiciones fueron tan adversas que la era de la prosperidad terminó, y se instaló la depresión, de tal manera que las calles de las colonias está repletas de desempleados”. Las colonias se encontraban estranguladas financieramente. El oro y la plata habían volado a los bolsillos de los grandes financieros europeos.

Esta época de crisis profunda, aumento de los gastos de guerra británicos y el expolio colonial llevaron a las 13 colonias a rebelarse contra el Imperio Británico. Las negociaciones llevadas a cabo por Franklin fueron infructuosas. Éste escribiría más tarde Las colonias habrían aceptado gustosamente los pequeños impuestos sobre el té y otras materias primas si Inglaterra no hubiera extraído a las colonias su dinero, lo que creó desempleo e insatisfacción. La imposibilidad para los colonos de recuperar el poder de emitir su propio dinero de forma permanente, lejos del control de Jorge III y los banqueros internacionales fue la razón fundamental de la guerra revolucionaria”. Es el mismo Franklin quien niega la historia dominante. Es él quien desmiente los actuales lugares comunes. Con el tiempo la historia se olvida, o bien, se falsifica y maneja según los intereses de algunos. Es importante adaptarla para que sustente ciertas ideologías fundamentadas en intereses y prejuicios.

La lucha contra las instituciones bancarias y los plutócratas siempre estuvo en la esencia de los revolucionarios norteamericanos. Una lucha que no finalizó con la independencia sino que continuó y continúa en la historia de los Estados Unidos. Thomas Jefferson escribió Creo sinceramente que las instituciones bancarias son más peligrosas para nuestras libertades que los ejércitos en armas. El poder de emisión debe ser rescatado de los bancos y restaurado a sus dueño legítimo, el pueblo”. La lucha de Jefferson siempre estuvo dedicada a devolver la emisión de la moneda a su único poseedor en un régimen democrático de libertades: la soberanía popular. Si esto no se conseguía se cernirían sobre la población de los Estados Unidos los males habituales provocados por los banqueros Si el pueblo americano permite alguna vez a los banqueros privados el control de la emisión de su moneda, primero por inflación, luego por deflación, los bancos y las corporaciones que crecerán a su alrededor privarán a la gente de todas sus propiedades hasta que un día sus hijos se despierten sin hogar en el continente que sus padres conquistaron”.

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La lucha contra la imposición de un nuevo banco central privado controlado en su mayor parte por financieros internacionales llevó a la guerra contra Gran Bretaña de 1812–1814. Siempre Jefferson lamentó la instauración del primer banco central de los Estados Unidos Aunque hemos tan ingenuamente permitido que el poder [de emitir nuestro propio dinero sin deuda] sea robado por individuos privados, creo que podemos recuperarlo… A los estados se les debe pedir que transfieran el derecho de emitir dinero de papel al Congreso, a perpetuidad. O que se permitiera en la redacción de la Constitución que el Gobierno pudiera coger prestado a entidades o individuos privados, en lugar de continuar emitiendo su moneda libre de deuda Desearía que fuera posible obtener sólo una única enmienda a nuestra Constitución… Quitándole al gobierno federal el poder de coger prestado”.

La lucha contra los plutócratas continuó con Andrew Jackson al que intentaron asesinar. Continuó con Abraham Lincoln al que asesinaron. Esta lucha fue retomada por James Garfield que fue asesinado y, finalmente, el último presidente de los Estados Unidos que se enfrentó a las corporaciones privadas que monopolizan la emisión del dinero fue John F. Kennedy que murió asesinado, también ¿Todos estos hechos pueden ser considerados casualidades? Tal vez. Pero todos estos presidentes intentaron devolver la soberanía nacional al pueblo. Andrew Jackson tenía una opinión firmemente asentada de los banqueros internacionales presentes en el Segundo Banco de los Estados Unidos Sois un nido de víboras, tengo la intención de arrancaros de nuestro país y por el Dios eterno juro que lo haré”. Porque la razón de perseguir el banco privado y negarle el monopolio del dinero siempre fue la misma: salvaguardar la soberanía nacional y el bienestar de los ciudadanos.

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Es fácil imaginar que grandes males pueden venir a nuestro país y sus instituciones de tal concentración de poder en las manos de unos pocos [que son] irresponsables ante la gente… ¿No constituye un peligro para nuestra libertad e independencia el tener un banco que tiene tan poco en común con nuestra nación? ¿No representa el mismo una causa de temor al pensar en la pureza y la paz de nuestro proceso electoral y en la independencia de nuestro país en guerra?… Al controlar nuestra moneda, al recibir nuestro dinero público, mantiene a miles de nuestros ciudadanos en un estado de dependencia… Sería algo más temible y peligroso que el poder militar de un enemigoAndrew Jackson, 7º presidente de los Estados Unidos, 1832.

Por tanto, en momentos como los actuales, debemos aprender mucho de una historia que se repite con tal asiduidad en la vida de los hombres. Es demasiado malintencionado e interesado hablar de déficit o deuda pública. De gasto público. Cuando, en realidad, lo importante es centrarse en quién controla cuánto dinero tenemos y por qué. Y deberíamos saber que esas personas privadas que controlan el dinero, que lo manipulan y nos manipulan, sólo buscan inmolarnos en el altar de un beneficio para ellos aún mayor. Sabemos que es una lucha, siempre ha sido así y siempre lo será. EEUU ganó a los financieros y al Imperio su Revolución, pero sólo fue temporal. Desde entonces, esta batalla se continúa librando, una lucha ininterrumpida entre el despotismo y la libertad. La libertad contra el vasallaje. Unas veces gana el pueblo, otras los déspotas. Actualmente, los déspotas están venciendo. Europa, el BCE, estrangula a las naciones en beneficio de los intereses corporativos y financieros. Somete a los gobiernos al haber perdido éstos el derecho y la obligación a emitir su propio dinero. Hoy la soberanía del pueblo ha sido de nuevo subyugada. 

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