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Archive for the ‘Subvenciones’ Category

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Las subvenciones a la agricultura no son más que otra dimensión del macabro juego de cómo los poderosos hacen responsables de las consecuencias que sus acciones provocan a las propias víctimas de ellas. Curiosamente, se esgrime, constantemente, la cortina de humo que acusa al grueso de la sociedad trabajadora de vivir subvencionada, gratuitamente sin trabajar. En cambio, orquestadamente, se oculta quienes son los verdaderos beneficiarios de todo tipo de ayudas y subvenciones.

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El uso que se hace de estas subvenciones – cuidadosamente diseñadas para favorecer los intereses de una poderosa minoría – tiene unas consecuencias bien visibles para el bienestar de la sociedad: acaparamiento de bienes por esa minoría, destrucción de empleo, creación de mano de obra barata y precaria, empobrecimiento del mundo rural, falta de oportunidades, desigualdad, destrucción del medio ambiente y de la biodiversidad, ineficiencia energética, subida del precio y cuestionable calidad de los alimentos, etc. En realidad, ¿qué ocurre con las ayudas y subvenciones agrícolas europeas?

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1.    El dinero que recibe España en concepto de ayudas de la Política Agraria Común (PAC) son 6.500 millones de euros anuales, que aumentarán hasta los 7.000 millones en 2013.

2.    Se ha extendido el malicioso bulo de que la mayoría de estas ayudas van a parar a manos de trabajadores del campo que se aprovechan de ellas para no trabajar. Nada más lejos de la realidad, porque, prácticamente, el monto total de las subvenciones – un 80% – son destinadas al 18% de los beneficiarios.

3.    De estas ayudas solo un tercio de ellas caen en manos de agricultores profesionales. La mayoría de las ayudas se dan por el mero hecho de la posesión de la tierra y no por el uso ni el trabajo que se realiza en ella. El 50% de los beneficiarios de las ayudas ha recibido menos de 1.250 euros. La misma UE estipula que una pequeña explotación familiar sólo recibirá 500 euros anuales.

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4.    Esta es la realidad que se oculta a los ciudadanos. Quienes se hacen poseedores de las subvenciones agrícolas son unas minorías privilegiadas – transnacionales, grandes terratenientes y distribuidoras –  que no trabajan la tierra.

5.    Los datos son de una claridad meridiana: en España, 126 grandes terratenientes reciben la misma cantidad de dinero que otros 480.000 pequeños agricultores y ganaderos. En Extremadura, únicamente, 18 ganaderos recibieron lo mismo que 64.000 agricultores.

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6.    Para hacernos una pequeña idea de la situación debemos saber que, únicamente, los 7 principales terratenientes reciben 15 millones de euros. Esta cifra equivale a la misma cantidad que reciben 12.700 pequeñas explotaciones.

7.    Además, los 303 mayores agraciados con las subvenciones agrícolas reciben 398 millones de euros. Podemos hacer un esclarecedor cálculo: mientras, una pequeña explotación familiar – que trabaja la tierra con sus propias manos – recibe entre 500 y 1.000 euros, un gran terrateniente – que nunca ha tocado una azada – recibirá 1 millón de euros.

8.    Entre estos terratenientes están: la Casa de Alba – entre otras familias aristocráticas – que recibe más de 3 millones de euros; la familia Mora-Figueroa Domecq, 3,6 millones; o, los dueños de Ebro-Puleva que obtienen en subvenciones 2,5 millones, a sumar a los más de 20 millones que recibe su empresa.

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9.    Pero, aún hay más: Alberto Alcocer, José Manuel Entrecanales, Mario Conde, el actual ministro de Agricultura y Medio Ambiente y otros muchos financieros, especuladores y constructores residentes en Madrid – hasta 5.000 supuestos ‘grandes agricultores madrileños’ de Serrano, la Moraleja o Aravaca – reciben millonarias subvenciones por sus enormes fincas de recreo y cotos de caza, evidentemente, ganadas con el sudor de su frente.

10. Muchas de las ayudas dadas al no estar supeditado su uso a la producción, a la modernización o la creación de empleo se dedican por los grandes terratenientes y empresas a la especulación inmobiliaria y a la compra de nuevas tierras para extender sus dominios. Ayudas que sirven para ampliar sus enormes lugares de ocio donde lavan ingentes cantidades de dinero negro.

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11.  Este uso fraudulento de las ayudas tiene como consecuencia la expulsión del campo de muchos pequeños agricultores que ni pueden competir con los grandes terratenientes ni pueden acceder a la tierra: una hectárea puede alcanzar el precio de más de 30.000 euros, incluso, 80.000 euros si su uso está previsto que sea inmobiliario.

12.  La gravedad de la situación de esta política se refleja en la precaria situación de la población rural, que podemos medir en la pérdida de 147.000 explotaciones entre 1999 y 2003. Además, desde esa última fecha se han perdido otros 140.000 empleos en el mundo rural. Lo mismo ha ocurrido con las explotaciones lácteas que han descendido a razón de 24 diarias desde 1994. Asimismo, la renta agraria ha caído un 27,4% desde ese mismo año.

13.  Si miramos estos hechos con más perspectiva podremos descubrir una consecuencia de un alcance mayor: la disminución de la renta rural no ha tenido consecuencias en la consiguiente disminución del precio de los alimentos. Desde la entrada del euro el pan ha subido un 85%, los huevos, un 114%; la leche, un 48%; el arroz, un 45%; las patatas, un 116%; el aceite de oliva, un 33%; etc.

14.  No solo eso, el precio de los alimentos se encarece una media del 436% del campo al consumidor. Por ejemplo, los limones, un 3.225% más caro; las berenjenas, un 744%; las cebollas, un 869%; o las alcachofas; un 1.000%; etc.

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15.  La razón principal por la que ocurre esto se encuentra en el monopolio: en el enorme poder de las grandes empresas y distribuidoras. Que son, además, grandes beneficiarias de las subvenciones agrícolas: Mercadona recibe 2,6 millones; Lidl, 691.00 euros; Carrefour, 126.000 euros; o Alcampo, casi 53.000 euros.

16.  Este poder dominante de los supermercados se refleja en el control que 7 de ellos ejercen de más del 75% de los canales de intermediación, distribución y venta de alimentos, por lo que imponen un control absoluto de los precios, que pactan entre ellos; no dejando apenas salidas a las pequeñas explotaciones familiares, que desaparecen.

17.  Los beneficios de los supermercados son 11 veces mayores a los que obtenían en 1987 y las grandes empresas ganan 4,5 veces más. En la fase de distribución que controlan estas megaempresas se queda entre el 70 y 90% de los beneficios. Como ejemplo, solo dos supermercados – Mercadona y Carrefour – controlan el 40% de las ventas.

18.  Además, contra lo que muchas personas creen, los productos de los supermercados son, un 20% de media, más caros, que en el pequeño comercio. No nos puede extrañar cuando vemos que han destruido a la competencia controlando la oferta y los precios.

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19.  Se ha ocultado a la población que una de las consecuencias del ascenso de los supermercados ha sido la destrucción de empleo y tejido productivo en la economía local con el consecuente empobrecimiento de barrios y comarcas: por cada empleo precario creado en una gran superficie se han destruido 5 empleos estables en el pequeño comercio. Cerrándose cada día 11 negocios familiares en los últimos 10 años.

20.  Unos alimentos que pueden estar obligados a recorrer hasta 7.000km., cuando, fácilmente, podemos encontrarlos a menos de 100km., de nuestro hogar. Esta acción facilitaría la creación de empleo, mejorando el nivel de vida de las poblaciones locales y la calidad del medio donde viven.

Por tanto, podemos sencillamente concluir que el objetivo de las ayudas no se centra en una mejora de las condiciones del mundo rural y sus habitantes. Tampoco, en una mejora de nuestra agricultura, de la calidad de nuestros alimentos o una agricultura más sostenible y respetuosa con el medio ambiente, tendente a un modelo ecológico – con unos costes considerablemente más bajos – para el medio y las personas. Todo lo contrario.

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En la actualidad, prácticamente, la totalidad de las ayudas va a parar a la agroindustria – o a complementar el alto nivel de vida de los más privilegiados – que realiza un uso intensivo del petróleo y sus derivados, como los fertilizantes y los plásticos con las nefastas consecuencias ambientales que tienen; con un bajo uso de mano de obra con el consiguiente aumento del desempleo. Del mismo modo, la gestión de las ayudas no tiene un elevado compromiso con el cuidado de la salud, por ejemplo, el 60% de las ayudas se destinan al tabaco.

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La muestra más palmaria de la cruel ineficiencia de un modelo, que crea ciudadanos caprichosos, y que despilfarra una enorme cantidad de recursos valiosísimos e irremplazables, podemos observarla en que casi la mitad de la comida que compramos acaba en la basura, cuando cientos de miles de personas pasan hambre en nuestro país; o, aún más atroz, asiste impasible al asesinato por hambre de 36 millones de seres humanos al año en medio de terribles dolores.

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Ahora, he elegido predicar de la guerra en Vietnam porque estoy de acuerdo con Dante, en que los lugares más calientes del infierno están reservados para aquellos que en un periodo de crisis moral mantuvieron su neutralidad. Llega un momento en que el silencio se convierte en traición”.

Martin Luther King. 

Si eres neutral en situaciones de injusticia has elegido el lado del opresor

Desmond Tutu.

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Uno de los problemas existentes en España que recibe un trato más vejatorio es el problema agrario en Andalucía y Extremadura, regiones recurrentemente vilipendiadas por los más privilegiados – depositarios de enormes posesiones e intereses en esas zonas – y sus medios de comunicación. La lucha ideológica y propagandística – a la que han destinado millones de euros – llevada a cabo por estas élites en los últimos años se ha centrado en dar por cerrado varios problemas que siguen estando latentes: el reparto de la tierra y la existencia de clases sociales. En el tema reina un enorme cinismo e hipocresía que acusa a los campesinos – cuando no a toda la población – de estas regiones de vagos subsidiados movidos solo por recibir las dadivas del ‘Papa Estado’. En cambio, se oculta, maliciosamente, que el problema del subdesarrollo económico de estas regiones radica en la propiedad de la tierra y la enorme desigualdad social: el 2% de los propietarios posee el 50% de la tierra recibiendo, además, del 80% de las subvenciones agrícolas.

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Aviesamente se olvida que estas regiones han sufrido durante siglos como ninguna otras la explotación y la servidumbre. Comarcas que – a pesar de su inherente holgazanería – han exportado cientos de miles de trabajadores a América, Europa, las regiones industrializadas de España y otros muchos núcleos urbanos de la geografía nacional. Si los ciudadanos de estas regiones fueran realmente como cuentan, se habrían quedado en sus hogares, viviendo de la sopa boba. Pero, como podemos ver con infinidad de ejemplos, no es el caso; en cuanto han tenido oportunidad han emigrado en busca de condiciones de vida dignas y un futuro que se les ha negado por esas mismas élites privilegiadas – que arremeten constantemente contra ellos – en sus lugares de origen. Una emigración – que ha supuesto el despoblamiento de estas comarcas – provocada por el hambre endémica y la pobreza que ha asolado desde siglos estas regiones. Ambas provocadas por un régimen feudal o caciquil de servidumbre gobernado por el analfabetismo, las coacciones, los pucherazos electorales y el terror. 

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El problema de estas regiones está anclado muchos siglos atrás.  En la Reconquista – durante el régimen feudal – cuando se dieron enormes extensiones tierra – latifundios – a señores, caballeros y al clero como botín de guerra. Enormes extensiones de tierras con sus siervos incluidos en la dote. El problema siguió agravándose con la desamortización de Mendizábal, que concentró aún más la tierra y, se cronificó a comienzos del S.XX, cuando el 4% de los propietarios llegó a concentrar el 70% de la tierra. La lucha por la tierra y la agitación social suscitada en el campo en busca de la deseada Reforma Agraria fue uno de los detonantes del levantamiento militar de 1936 y el posterior genocidio que la oligarquía terrateniente y el ejército fascista perpetró en esas zonas rurales. Tras el lapso de la dictadura fascista, este problema llegó, prácticamente, inalterado a nuestra democracia, puesto que, aún un 2% de los propietarios poseía el 50% de la tierra. Sorprendentemente, en los años de democracia el problema ha permanecido inalterado, incluso, ha empeorado. En Andalucía, el 1,6% de las explotaciones agrarias aglutina el 58,1% de la tierra y, en Extremadura, el 3,6% reúne el 64,5% de la tierra.

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En cuanto a las acusaciones referentes a los subsidios es evidente, simplemente, analizando los datos que, verdaderamente, la gran beneficiaria – aunque estemos en el S.XXI – es la aristocracia terrateniente. En Andalucía, el 1,1% de los agraciados recibieron el 28,4% de las ayudas agrícolas europeas. En Extremadura, únicamente, 18 ganaderos obtuvieron lo mismo que otros 64.000 pequeños agricultores. A nivel estatal, no hay mayores variaciones puesto que 126 grandes terratenientes disfrutan de la misma cantidad que otros 480.000 beneficiarios de la PAC. Con una sorprendente continuidad histórica las antiguas familias terratenientes mantienen la propiedad de la tierra, hoy en día, disimulada con la creación de sociedades mercantiles. Sus privilegios se reflejan en la constante elusión y fraude fiscal de la que hacen gala y, la opacidad que sigue rodeando a las verdaderas dimensiones de sus propiedades. La impunidad con la que siempre se han movido les permite haber ocupado el 80% de las vías pecuarias – que son terrenos públicos – sin sanción alguna; mientras, se persigue y mete en la cárcel a los jornaleros por ocupar tierras abandonadas e improductivas.

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Ante todos estos hechos que demuestran la asimetría y las injusticias a las que son sometidos los pequeños campesinos, nos rasgamos las vestiduras porque los jornaleros ganen 426 euros al mes no sin antes haber alcanzado los 35 jornales necesarios – la Casa de Alba recibe 3 millones de euros en subsidios agrícolas con independencia de su trabajo – para cobrarlo. No parece tan fácil cobrar el PER – siglas del Plan de Empleo Rural – cuando sólo un 40% de los jornaleros lo hace. A pesar de estas dificultades y los continuos ataques fundados en bulos y mentiras, en el pueblo de Coronil – como ha señalado – Diego Cañamero, de 5.000 habitantes solo 600 cobran el PER. En realidad, los campesinos y jornaleros no quieren vivir subsidiados – en cuanto pudieron huyeron a la construcción – sino que quieren las tierras para poder trabajarlas. No obstante, cuando en manos de muy pocas personas se encuentran fincas de decenas de miles de hectáreas – decenas de miles de campos de fútbol – abandonados e improductivos, hay cientos de miles de jornaleros y pequeños agricultores reclamando la posibilidad de acceder a la tierra y al trabajo consiguiente.

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La propaganda ha conseguido que la oligarquía absentista, que ha utilizado esas regiones como lugares de ociosidad – con sus grandes cortijos y sus fincas destinadas a la caza – tenga ganada la fama de gente de bien, de ley y trabajadora. En cambio, los que para sobrevivir siempre han trabajado la tierra de sol a sol por un salario de miseria son unos perezosos y maleantes. Sin embargo, son esos terratenientes – y todos los gobiernos que siempre les han apoyado y protegido – que reciben millonarios subsidios, quienes condenan a estas regiones al subdesarrollo dedicando el dinero a la especulación tanto con los alimentos como con la tierra renunciando a crear un verdadero tejido productivo. Un pequeño campesino nunca podrá salir adelante cuando el precio de una hectárea de tierra agrícola supera los 20.000 euros, llegando la de regadío a más de 30.000 euros; no pudiendo, además, acceder a las ayudas necesarias. Aunque, finalmente, lo más grave sea que los precios de venta no cubren los costes de producción. A todos los que critican la cultura del subsidio – curiosamente, son los mayores beneficiarios de esos subsidios – realmente les interesa tener unas regiones atrasadas que produzcan a precio de saldo las materias primas que alimenten sus industrias, no haciéndoles al mismo tiempo la competencia. Evidentemente, cuando se acusa al PER de fomentar la vagancia se oculta que este sistema consigue dar solución a uno de los problemas que más han preocupado desde siempre a los terratenientes: atar al campo mano de obra barata que trabaje sus explotaciones cuando ellos deseen. No importa si esa mano de obra precaria y explotada es autóctona o extranjera.

Desde hace mucho tiempo en esas regiones se ha luchado por una reforma de la propiedad de la tierra, una reforma que nunca ha llegado condenando a sus ciudadanos a la precariedad paliada solo por el trabajo estacional. Los terratenientes han recurrido a toda clase de artimañas legales o no, para impedirlo. Y si ha hecho falta han defendido la sagrada propiedad de la tierra – una tierra ociosa e improductiva en sus manos – con las mismas armas con las que la consiguieron, el asesinato. Cuando escuchamos hablar a Cayetano de Alba diciendo que desearía pasar de la justicia y arreglar cara a cara con los jornaleros los asuntos que se dirimen en los tribunales, nos damos cuenta que son los mismos terratenientes de siempre. Aquellos señoritos falangistas que al comienzo del golpe militar del 36 asesinaban a los jornaleros que reclamaban la Reforma Agraria y el derecho a acceder a la tierra y, mientras, les daban su ‘trozo de tierra’ se referían burlonamente a él, como la ‘Reforma Agraria’. Aún hoy, podemos asistir al espectáculo diario de ver como nuestras cunetas están llenas de aquellos asesinados.

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