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Posts Tagged ‘Amancio Ortega’

TrabajoInfantil

A la pregunta de por qué razón Zara (Inditex) no trasladaba sus fábricas a España y dejaba de lucrarse con la explotación infantil en terceros países la réplica del directivo de Zara es:

“Los españoles son unos vagos que no quieren trabajar”.

Esta es la respuesta que recibió el activista pakistaní contra la esclavitud infantil, perseguido en su país y exiliado en Suecia, Ehsan Ullah Khan*.

No cuenta el directivo de Inditex que las prácticas generalizadas de ese “creador” de riqueza que es su “caritativo” jefe han reducido en un 90% la industria textil española, incapaz de competir con la mano de obra explotada de esos países a donde han trasladado sus fábricas las grandes transnacionales, porque allí luchar contra sus prácticas lleva implicito graves problemas contra la persona.

Es, tristemente, cierto para estos directivos del textil que los españoles puedan todavía permitirse ser “más vagos” que otros seres humanos sometidos a jornadas de trabajo agotadoras que se prolongan 16 horas al día, seis días a la semana – en el mejor de los casos – a razón de entre 9 y 13 céntimos la hora. Es una realidad contra la que luchan a diario con el objetivo de someter a la misma situación de dominación a todos los trabajadores del globo.

Los datos que maneja Ehsan Ullah Khan sobre las prácticas de Zara y otras grandes empresas textiles son desalentadores:

“El 100% de la producción de Zara en Asia es trabajo infantil… Comprar un niño en Pakistán es muy barato y una vez que lo has hecho, puedes hacer con él lo que quieras… Por eso siempre digo que no compren en empresas como Zara, Mango, Ikea o H&M, porque con el dinero que les entregas, ellos compran 5 esclavos más… Este es un gran problema político, social, económico y militar pero a ninguno de ellos les interesa cambiar el sistema”.

Roshni

A pesar de la gravedad que suponen estas prácticas siempre nos encontramos con humanitarios y progresistas defensores de ellas. Liberales y defensores de la industria nos cuentan siempre que sino estos niños estarían peor, morirían de hambre, vivirían en la extrema pobreza. Por tanto, si acabamos con estas prácticas las consecuencias van a ser mucho más graves para nuestros esclavos. Por sus cabezas regidas por el determinismo económico y el etnocentrismo cultural occidental no pasan acciones, mejoras y regulaciones para acabar con estas inmorales y deleznables conductas. Los niños sufren agresiones, vejaciones y torturas obligados a trabajar jornadas interminables. Tampoco que este trabajo hace desear a muchos niños – y mayores – la muerte e, incluso, a cometer suicidio. Ciertas morales son muy laxas y el crudo utilitarismo continúa bien presente. Kailash Satyarthi, también activista contra la explotación infantil y Premio Nobel de la Paz 2014, les invita a hacerse una reflexión:

“¿Enviarías a tus niños, tus hijas, tus hermanos, a trabajar en una mina? ¿Por qué es diferente si son los niños de otro?”

En el mundo, alrededor de 168 millones de niños y niñas trabajan en granjas, campos, fábricas, calles, casas y campos de batalla. Enfrentados al hambre, la enfermedad, la extenuación y la pobreza.

De ellos 85 millones lo hacen en condiciones extremadamente peligrosas e insalubres.

Hay 5 millones y medio de niños condenados a sufrir esclavitud.

Los niños representan el 26% de todas las víctimas que sufren el trabajo forzoso.

Los niños también representan el 21% de los seres humanos explotados sexualmente: obligados a prostituirse.

Un millón de niños trabajan en las minas de oro, diamantes o coltán para proveer a nuestras industrias de materias primas que se han vuelto indispensables para manterner nuestro estilo de vida, nuestro ocio y actos de ostentación.

Minero

Casi el 60% de los niños son empleados en la agricultura y el 32,3% se ven obligados a trabajar en la industria. En los servicios y el personal doméstico se emplea al 7% de los menores.

El trabajo infantil condena a los niños no sólo a carecer de libertad, sino también, a no tener infancia, a abandonar la escuela, a un deteriorado desarrollo físico y mental. Y a un futuro desalentador.

En la mayoría de los casos también priva a los niños de sus familias, que al no poder mantenerlos los venden o los dejan al cuidado de los patronos con el único fin de que los alimente.

Todavía hay datos para la esperanza: el trabajo infantil ha descendido en los últimos 15 años desde los 260 millones de niños donde se encontraba (si podemos fiarnos aún de las cifras dada la falta de transparencia que rodea a estas actividades).

El absentismo escolar también ha descendido de 130 a 58 millones de niños.

Y la esclavitud infantil ha caído desde los 8 millones de niños que había hace una década.

Pero estos progresos – que se pueden revertir en un corto espacio de tiempo – no han sido logrados gracias a nuestros actos consumistas sino a activistas de esos países que se han jugado la vida, que han tenido que exiliarse, sufrir torturas, palizas y muchos de ellos han sido asesinados por los proveedores de la moda y el comercio internacional.

 RopaSangre

* Ehsan Ullah Khan fundador del Frente de Liberación del Trabajo Forzado y la Marcha Global para eliminar la esclavitud infantil.

** Las tres primeras fotografías son del informe de Save the Children “Rompamos las cadenas de la esclavitud infantil” (http://nubr.co/EokhhH) del gran fotoperiodista bangladesí GMB Akash: http://nubr.co/VAa14J

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 Me impresionó un titular del día de la tragedia de Bangladesh: ‘Vivir con 38 euros al mes’. Esto es lo que pagaban a los que murieron… ¡Eso se llama trabajo esclavo!”.

 Papa Francisco, 1 de mayo de 2013.

 El doctor Farre se expresaba [ante la Cámara de los Comunes] en términos todavía más crudos: La intervención del legislador es asimismo necesaria para prevenir la muerte en todas las formas en que puede sobrevenir prematuramente, y éste (el régimen fabril) es, sin ningún género de dudas, uno de los métodos más crueles que la ocasionan.El mismo parlamento [británico] “reformado”, que, apiadándose de los señores fabricantes, seguía reteniendo durante unos cuantos años a niños menores de 13 [años] en el infierno de 72 horas de trabajo fabril a la semana, prohibía a los plantadores, en la ley de emancipación, ley que administraba también la libertad con cuentagotas, que hiciesen trabajar a ningún enclavo negro más de 45 horas semanales.”

 Karl Marx, El Capital, capítulo VIII, 1867.

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Todos podemos tener algunos indicios para sospechar que las grandes transnacionales de la moda explotan laboralmente a sus trabajadores. En algunos casos podemos constatar que son más que simples indicios como ha podido experimentar en las últimas semanas una clienta galesa, Rebecca Gallagher, de la firma irlandesa Primark, que ha encontrado un mensaje de denuncia, un grito de auxilio, en la etiqueta de su blusa adquirida en ese establecimiento: Force to work exhauting hours” (“Forzados a trabajar durante horas agotadoras”). Esto nos debería hacer pensar sobre las condiciones inhumanas que favorecemos con nuestros comportamientos, como cuando compramos “barato” en estas tiendas. Y exigir a nuestros gobiernos que castigue a estas empresas por fomentar activa y conscientemente la explotación de seres humanos. Pero, esta denuncia no ha sido la única, pues, ha tenido el efecto de sacar a la luz varias más en las últimas semanas.

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Es el caso de otra clienta galesa de Primark, Rebecca Jones, que ha encontrado otra etiqueta de denuncia en sus pantalones comprados en las tiendas de esta misma transnacional: «“Degrading” sweatshop conditions»(«“degradando” las condiciones de explotación»). Este último mensaje ha dado lugar a que Amnistía Internacional nos haya recordado otra denuncia que tuvo lugar en 2011, cuando karen, residente en Irlanda del Norte, se encontró una nota de auxilio en el bolsillo de sus pantalones Primark: “We work 15 hours every day and eat food that wouldn’t even be fed to pigs and dogs. We’re (forced to) work like oxen” (Nosotros trabajamos 15 horas cada día y comemos la comida con la que incluso no serían alimentados cerdos y perros. Somos forzados a trabajar como bueyes). Todo ese sufrimiento – el trabajo hasta el desfallecimiento – sale a £10 libras la pieza, unos 12 euros y medio: una “ganga”.

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“En las últimas semanas del mes de junio de 1863, toda la prensa de Londres publicaba una noticia encabezada con este epígrafe “sensacional”: «Death from simple Overwork»[“Muerta por simple exceso de trabajo”]. Tratábase de la muerte de la modista Mary Anne Walkley, de veinte años, empleada en un honorabilísimo taller de modistería de lujo que explotaba una dama con el idílico nombre de Elisa. Gracias a ese episodio, se descubría como cosa nueva la vieja y resabida historia de las pobres muchachas obligadas a trabajar, un día con otro, 16 horas y media, y durante la temporada hasta 30 horas seguidas sin interrupción, para lo cual había que mantener muchas veces en tensión su “fuerza de trabajo”, cuando fallaba, por medio de sorbos de jerez, vino de Oporto o café. […] Y este taller era uno de los mejores talleres de modas de Londres. […] El médico Mr. Keys…, informa…, con palabras secas: «Mary Anne Walkley murió por exceso de horas de trabajo en un taller abarrotado de obreras y en una alcoba estrechísima y mal ventilada.». […] Nuestros “esclavos blancos”, exclamaba al día siguiente el Morning Star,…, «nuestros esclavos blancos son lanzados a la tumba a fuerza de trabajo y agonizan y mueren en silencio».”

 Karl Marx, El Capital, capítulo VIII, 1867.

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Cuando se ponen claramente de manifiesto las agotadoras y maratonianas jornadas de trabajo a las que son sometidos, la crueles condiciones de explotación y los ínfimos sueldos de estos trabajadores, los defensores e ideólogos de este sistema económico de explotación argumentan que sino fuera por el trabajo y las inversiones que estas transnacionales proporcionan, estas personas vivirían muchísimo peor. La justificación a la explotación siempre tiene sus publicistas, muchos de ellos – ardientes defensores del progreso que supone el trabajo infantil – tan “prestigiosos” como estas marcas de ropa. En el mejor de los casos tratan a los trabajadores como a menores de edad, niños a los que hay que educar, que deben sentirse afortunados por haber sido tocados con la varita de la economía y el progreso.  Y debemos estar atentos a este tipo de razonamientos porque son los mismos que justifican y animan aquí a que la gente trabaje por 300 o 400 euros – mejor eso que nada, dicen – salarios de miseria, deteriorando las condiciones laborales hasta límites extremos y empobreciendo al conjunto de la población. Prácticas que nos devuelve al presente la realidad del trabajador pobre y la precariedad social. El abismo de la exclusión social no está tan alejado. Cuando las personas son una mercancía, se cosifican, no puede esperarse que sean tratadas de otra manera.

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En los países en vías de desarrollo, ramas enteras de la industria que producían para el mercado interno han sido empujadas a la quiebra por orden del Banco Mundial y el FMI. El sector urbano informal, que históricamente ha desempeñado un papel importante como fuente de creación de empleos, ha sidosocavado como consecuencia de las devaluaciones de la moneda, la liberalización de las importaciones y el dumping.En el África subsahariana, por ejemplo, el sector informal de la industria del vestido ha sido destruido y sustituido por el mercado de prendas usadas (importadas de Occidente a 80 dólares la tonelada).

 Michel Chossudovsky “Globalización de la pobreza y nuevo orden mundial”.

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Las empresas se enmascaran en que la “falta” ha sido realizada por sus proveedores como si no supieran que los costes de producción y los plazos de entrega que exigen, la subcontratación de los servicios a sus proveedores y las exigencias a las que los someten son los que determinan las condiciones laborales de los trabajadores. Buscan todos los subterfugios posibles para saltarse la Ley, los tratados internacionales de Derechos Humanos y del Niño y, sus publicitadas y farisaicas campañas de responsabilidad social corporativa. Como si ellas no pidieran – exigieran  – constantemente, la reducción de costes y salarios a  los gobiernos y no dispusieran de sus propios brazos armados en los organismos internacionales como el FMI, el Banco Mundial o la OMC. Como si los planes de ajuste y las reformas estructurales que han impulsado durante las últimas décadas no hubieran incidido en el deterioro de los salarios, las cargas sociales y las condiciones de seguridad y salubridad de los trabajadores. Esas mismas empresas que incitan a la desaparición de los derechos laborales y sindicales y que dan vía libre a sus “subcontratistas” y a gobiernos represivos para que intimiden y asesinen a los sindicalistas o a cualquiera que se oponga a su sistema. En lugar de combatir la injusticia del sistema, apostar por un consenso en materia de condiciones laborales y un respeto al medio ambiente profundizan la explotación y la degradación a nivel global. Nos dicen que no hay alternativa, es inevitable. Otro camino es la utopía.

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Lo que ha hecho Primark es una conducta normal y racional dentro de la lógica económica del “mercado”. No es sólo Primark sino también: El Corte Inglés, Inditex (Zara, etc.), Mango, H&M, C&A Loblaw, Cato, JC Penney, Iconix, Lee Cooper, Benetton, Carrefour, Walmart, Children’s Place, Gap y un largo etcétera más.  Todas ellas implicadas en la tragedia del Rana Plaza que costó la vida a 1.129 trabajadores. Asimismo, no son únicamente las empresas textiles. Apple y sus subcontratas son famosas por someter a los trabajadores a extenuantes jornadas de trabajo que llegan incluso a que muchos de ellos se suiciden. Foxcon, subcontrata de Apple, ha tenido que poner rejas en sus fábricas para evitar que los trabajadores se tiren al vacío. No se puede decir que Apple desconozca esta forma de actuar de su proveedor, todo lo contrario, lo fomenta si nos atenemos a las opiniones del divinizado Steve Jobs, que veía este tratamiento a los trabajadores como un ejemplo a exportar a los Estados Unidos. Tenemos que cuidarnos de quienes son nuestros ídolos, sobre todo, cuando los ídolos que adora esta sociedad tienen unas conductas morales tan laxas. Tenemos una sociedad que celebra la libertad, los derechos de todos y cada uno: el árbol, el perro, la niña, el niño, el abuelo, hasta los del “perro piloto”. Tenemos un día al año para cada uno, pero a la hora de la verdad ahí están las tasas de pobreza y exclusión, las degradantes condiciones laborales, la destrucción ambiental y la espiral de empobrecimiento y autoritarismo que estamos sufriendo. La autocelebración de lo buenos que somos oculta todas las muestras de una absoluta hipocresía social.

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La industria textil mueve miles de millones de euros, da trabajo a millones de personas, sí. Y por eso nos dicen que es intocable. Cualquier intervención tendría unas consecuencias aún peores. Pero esto es una absoluta falacia que persigue, simplemente, justificar la explotación de millones de personas. El trabajo barato, los precios baratos, el “low cost” tienen sus costes, morales y sociales. A lo mejor no los vemos porque nos quedamos en la superficie, en  el precio de la prenda, en los anuncios de la marca. Pero, además, tiene unos costes económicos, que un país con casi 6 millones de parados debería plantearse. La industria textil global no sólo crea millones de empleos sino que también destruye millones de empleos. El caso de España es paradigmático: la industria textil española tenía a fecha de 2012, 19.763 empresas casi un 50% menos que hace apenas 10 años; muchísima mayor sería la caída si echáramos la mirada a la década de los 90. Por ejemplo, en el caso del empleo este ha retrocedido de cerca de los 400.000 trabajadores de esta década a los 113.201, que sobreviven hoy. Seguimos comprando barato y seguimos perdiendo empleo, destruyendo tejido productivo y social, excluyendo a millones de personas y, además, permitimos que se explote impunemente a decenas de millones más. Qué buen negocio estamos haciendo.

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