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Posts Tagged ‘Capitalismo’

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¿Cómo se explica que los más estridentes gritos de dolor por la libertad los escuchemos elevarse en las voces de los cazadores de negros?

Samuel Johnson

 

Nosotros, los orgullosos Campeones de la Libertad y los declarados Abogados de los Derechos naturales de la Humanidad, nos empeñamos en este comercio inhumano y criminal más profundamente que cualquier otra nación… Los Abogados del republicanismo y de la supuesta igualdad de la humanidad deberían ser los primeros en sugerir algún sistema humano de abolición de la peor de todas las esclavitudes

Josiah Tucker.

 

 

Las revoluciones liberales acontecidas en Holanda, Inglaterra y EEUU, en los siglos XVI, XVII y XVIII, respectivamente, no trajeron la libertad anunciada. No para todos. Únicamente, fue la libertad de los “señores”. Protegidos tanto del “absolutismo monárquico” como del “absolutismo democrático”. El triunfo parcial de las nuevas fuerzas sociales representadas por la oligarquía burguesa en meteórico ascenso supuso el deterioro del poder de los monarcas absolutos, pero fue para que surgiera un poder aún más absoluto sobre la sociedad y la Humanidad en su conjunto. Las nuevas democracias representativas, que limitaban el poder real, surgidas tras las revoluciones burguesas fueron el gobierno único y absoluto de las poderosas oligarquías emergentes.

Estos nuevos regímenes se lanzaron a la expansión colonial más feroz, desposeyeron de toda propiedad tanto a sus compatriotas como a los pueblos repartidos alrededor del globo, la esclavitud tomó proporciones nunca vistas y los trabajadores fueron convertidos en algo peor que siervos. La libertad para todo el que no fuera miembro de la oligarquía propietaria era inexistente. La limitación al poder absoluto y la preciada libertad liberal, realmente, fue el auténtico desenfreno de la codicia que dio rienda suelta a las ambiciones más viles de terratenientes y mercaderes. Ninguna limitación e injerencia gubernamental podría cruzarse ya en su camino. Ahora ellos eran el gobierno y el poder absoluto. Sus filósofos e ideólogos convirtieron en justificación moral lo que adolecía de una falta de moral absoluta.

A manos de los nuevos estados liberales fueron esclavizados y explotados millones de seres humanos. Se procedió al sometimiento, el robo y el exterminio sistemático de los habitantes no blancos de nuestro planeta. Antes de todo se procedió a su deshumanización, a su placentera conversión en diablos, idolatras, bestias feroces y seres subhumanos, que hiciera más digeribles los crímenes que tenían el único objetivo del beneficio. No sólo fueron doblegados y asesinados los seres humanos de distinto color, sino que, también, los irlandeses católicos dejaron de merecer la compasión del nuevo estado liberal inglés. Tampoco los campesinos, los pobres y los vagabundos tuvieron mejor suerte: su libertad acababa bajo la bota del amo o el patrón. Los que alguna vez tuvieron acceso a  la propiedad bajo la forma comunal fueron despojados de todo bajo la violencia permanente de los nuevos gobernantes. Parecen crímenes lejanos, pero no lo son. Parecieran imposibles de repetirse, pero 400 años ininterrumpidos, millones de seres humanos asesinados los contemplan…

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Esta “paradoja” entre la nueva fe de la libertad y sus actos concretos es lo que pone de manifiesto Domenico Losurdo en su “Contrahistoria del liberalismo” que nos muestra esta ideología con todas sus contradicciones y realidades:

 

Limitación del “poder absoluto” y surgimiento de un poder absoluto sin precedentes: Para que esta paradoja pueda ser explicada, primero tiene que exponerse en toda su radicalidad. La esclavitud no es algo que permanezca a pesar del éxito de las tres revoluciones liberales [Países Bajos, Inglaterra y EEUU]; al contrario, conoce su máximo desarrollo con posterioridad a tal éxito: “El total de la población esclava en el continente americano ascendía a cerca de 330.000 en 1700, a casi 3 millones en 1800, para alcanzar finalmente el pico de los más de 6 millones en los años 50 del siglo XIX”’. Lo que contribuye de manera decisiva al ascenso de esta institución, sinónimo de poder absoluto del hombre sobre el hombre, es el mundo liberal. 

A mediados del siglo XVIII era Gran Bretaña la que poseía el mayor número de esclavos (878.000). El dato está lejos de ser exacto. A pesar de que el imperio de España tiene una extensión mucho mayor, le sigue a una buena distancia. Quien ocupa el segundo lugar es Portugal, que posee 700.000 esclavos, pero que a su vez es una especie de semi-colonia de la Gran Bretaña: una gran parte del oro que extraen los esclavos brasileños termina en Londres. Y por lo tanto, no hay dudas de que, quien se distingue en este campo por su posición absolutamente eminente es el país que, al mismo tiempo, está a la cabeza del movimiento liberal y que ha conquistado supremacía en el comercio y en la posesión de esclavos negros a partir, precisamente, de la Revolución Gloriosa. Por otro lado, es el propio [William] Pitt el joven quien, al intervenir en abril de 1792 en la Cámara de los comunes sobre el tema de la esclavitud y de la trata negrera, reconoce que “ninguna nación en Europa […] está tan profundamente sumida en esta culpa como Gran Bretaña”.

Y eso no es todo. En las colonias españolas y portuguesas, en mayor o menor medida, sobrevive la “esclavitud doméstica”, que debe distinguirse claramente de la “esclavitud sistémica, vinculada a las plantaciones y a la producción de mercancías”; y es este segundo tipo de esclavitud -—que se afianza sobre todo en el siglo XVIII (a partir de la revolución liberal de 1688-89) y que predomina claramente en las colonias inglesas— el que explica de manera más completa la deshumanización de aquellos que ya son solo instrumentos de trabajo y mercancías, objeto de compraventa regular en el mercado… La servidumbre a tiempo determinado…, en vigor hasta ese momento, tiende a ceder el lugar a la esclavitud propiamente dicha, a la condena perpetua y hereditaria de todo un pueblo, al que se le niega…, cualquier esperanza de libertad… Ya está en curso el proceso que reduce cada vez más al esclavo a pura mercancía y proclama [su] carácter racial… Una casta hereditaria de esclavos, definida y reconocible ya por el color de la piel…, a los ojos de John Wesley, la “esclavitud norteamericana”, es “la más vil nunca antes aparecida sobre la tierra”. 

Domenico Losurdo Contrahistoria del liberalismo

 

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La supresión de los monzones desde 1876 hasta 1879 provocó una sequía inusualmente grave en la mayor parte de Asia. Su impacto en la sociedad agricultora del momento fue inmenso. Por lo que sabemos, la hambruna que se apoderó de la región fue la peor de las que castigaron a la especie humana”.

John Hidore, Global Environmental Change, 1996.

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La mortalidad total de estas tres oleadas de sequía, hambre y enfermedades no pudo haber sido menor de 30 millones de víctimas. Podría llegar a 50 millones de muertos”.

Fue realmente un desastre de magnitud planetaria, con sequía y hambrunas documentadas en Java, las Islas Filipinas, Nueva Caledonia, Corea, Brasil, el sur de África y el Magreb. Hasta la fecha, nadie había imaginado que un clima tan extremo y sincrónico fuese posible en una escala que incluía el cinturón tropical monzónico completo, más el norte de China y de África. Ni tampoco había registros históricos de hambrunas que hubiesen tenido un impacto simultáneo en áreas tan distantes unas de otras. […]

Pero la gran sequía de 1876-79 fue tan sólo la primera de las tres crisis de subsistencia global de la segunda mitad de la era victoriana. Los años secos de 1889-91 llevaron de nuevo el hambre a la India, Corea, Brasil y Rusia; aunque los peores sufrimientos fueron en Etiopía y Sudán, donde es posible que pereciese un tercio de la población. En 1896-1902 se presenció, de nuevo, la supresión repetida de los monzones a lo largo de los trópicos y del norte de China. Las epidemias de malaria, disentería, peste bubónica, viruela y cólera, enormemente destructivas, provocaron millones de víctimas en las filas de los debilitados por la hambruna.

Los imperios europeos, conjuntamente con Japón y Estados Unidos, explotaron salvajemente esta oportunidad para arrebatar nuevas colonias, expropiar las tierras comunales y reclutar más mano de obra para sus plantaciones y minas. Lo que, desde una perspectiva metropolitana, parecía el resplandor último de la gloria imperial del siglo diecinueve fue, desde el punto de vista asiático o africano, tan sólo la luz odiosa de una gigantesca pira funeraria“.

Mike Davis, Los Holocaustos de la Era Victoriana tardía. El Niño, las hambrunas y la formación del Tercer Mundo.

Postdada:

[Cuando] Dentro de cincuenta años los historiadores revisen el papel jugado por el Imperio Británico durante el siglo diecinueve, las muertes innecesarias de millones de indios serán su monumento principal y más celebre.

William Rigby, “Prosperous” British India: A revelation from Official Records, 1901.

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Pero existe una categoría de extranjeros malhechores que fabrican opio y lo traen a nuestro país para venderlo, incitando a los necios a destruirse a sí mismos, simplemente con el fin de sacar provecho. […] ahora el vicio se ha extendido por todas partes y el veneno va penetrando cada vez más profundamente (…) Por este motivo, hemos decidido castigar con penas muy severas a los mercaderes y a los fumadores de opio, con el fin de poner término definitivamente a la propagación de este vicio. […] Todo opio que se descubre en China se echa en aceite hirviendo y se destruye. En lo sucesivo, todo barco extranjero que llegue con opio a bordo será incendiado (…)”.

Lin Hse Tsu, Carta enviada a la reina Victoria requiriéndole que dejara de traficar con drogas y respetara las normas del comercio internacional, 1839.

 

Millones de personas murieron, no porque estaban fuera del “sistema mundial moderno”, sino porque fueron violentamente incorporadas en sus estructuras económicas y políticas. Murieron en la época dorada del capitalismo liberal; de hecho, muchas fueron asesinadas, como veremos, por la aplicación teológica, de los principios sagrados de Smith, Bentham y Mill

Mike Davis, profesor de Historia de la Universidad de California en Riverside.

 

Si no fuera porque se poseen armas perfeccionadas, la muchedumbre de gente famélica podría haber causado serias perturbaciones políticas

Parte de un Oficial consular estadounidense en Pekín, 1879.

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En la conciencia colectiva ha quedado el fracaso del cruento intento de industrialización llevado a cabo en China por Mao a finales de la década de los 50 y principios de los 60. La obsesión por la industrialización, la modernización y el progreso; la artificialidad de los movimientos de población y la colectivizaciones agrarias con el consiguiente abandono del campo en favor de la manufactura y la industria llevaron a que catástrofes climáticas severas – pero, recurrentes – se convirtieran en auténticos desastres humanos con millones de muertos. La cifra de muertos para este periodo oscila según diferentes expertos entre los 18 millones y 32,5 millones de muertos.

En cambio, hay otro Gran Salto Adelante que dio China que no ha quedado impreso en la conciencia colectiva. Que haya ocurrido así no es gratuito ni inocente. Sabemos que los vencedores son quienes escriben la historia y muchas veces esta historia está idealizada o directamente ocultada cayendo en el olvido para escarnio de sus víctimas. Y hoy el vencedor de la historia es el capitalismo liberal anglosajón… Este otro “Salto Adelante” se produjo a mediados del S.XIX cuando la negativa de China a integrarse “libremente” en el “mercado mundial” construido bajo los auspicios del “libre comercio” británico y occidental llevó a una serie de guerras de agresión coloniales y revueltas civiles con consecuencias devastadoras para la población y el país.

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La negativa de China, más tarde, a permitir una mayor liberalización comercial y nuevas concesiones en su territorio a Reino Unido y Francia, y, primero, su repulsa a favorecer que se extendiera por él el lucrativo negocio del comercio ilegal de opio – perseguido por los funcionarios imperiales debido a las terribles consecuencias sociales que provocaba de corrupción pública y adicción – único producto que podía competir con la superior manufactura china, que venían realizando los mercaderes británicos desde la India dieron lugar a dos guerras. Son las conocidas como Guerras del Opio: la primera se produjo entre 1839 y 1842, dando lugar a un período de inestabilidad y guerras civiles que llevó a entre otras a la Rebelión Taiping (1851 – 1864). La segunda transcurrió entre 1856 y 1860. Las muertes directamente causadas por estas guerras oscilan entre los 15 y los 60 millones de personas. A esto debemos sumarle las muertes causadas por las guerras civiles que varían entre los 20 y los 50 millones de personas.

Este terrible período de la historia de China se coronó con la Gran Hambruna de 1876–1878 que provocó la muerte en el norte de China de entre 8 y 20 millones de personas. Esta espantosa devastación también fue la consecuencia de la aplicación de unas reformas económicas que barrieron los cimientos de la sociedad tradicional en pos de la modernización y el beneficio económico, dejando unos campesinos empobrecidos y sobreendudados; unos mercados locales destruidos, que ante el advenimiento de una catástrofe climática tuvo como consecuencia evitable la muerte de millones de personas. Fue el mercado y la fe ciega en el capitalismo liberal lo que convirtió un grave – pero, habitual – fenómeno climático en una hambruna devastadora. Durante el S.XVIII estos mismos fenómenos se produjeron, pero las políticas redistributivas de los gobiernos – tanto en China como en la India – evitaron que tuvieran consecuencias humanas tan terribles.

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Durante el mandato británico se dejó morir a la gente sin prestarle el diligente auxilio como había sido la norma bajo los antiguos gobiernos locales. Dentro de la lógica del libre mercado – una lógica marcada entonces por el racismo, el maltusianismo y la codicia – la cosecha debía exportarse para obtener cuantiosos beneficios aunque fuera al precio de millones de muertos. Además se imponía sobre el gobierno la doctrina teológica maltusiana de que cualquier intervención del gobierno para aliviar las penurias del hambre sería contraproducente. En palabras del ministro de Finanzas, sir Evelyn Baring: “Cada intento bienintencionado de mitigar los efectos de la hambruna y la salubridad deficiente no sirve más que para aumentar los males que resultan de la sobrepoblación” o, en un informe oficial de 1881 se mantiene que: “… si el gobierno gastase una mayor parte de sus ingresos en aliviar la hambruna, se aumentaría la proporción de la población que está en la penuria”.

En sólo cuatro décadas (1839–1878) la inclusión forzosa de China en el capitalismo liberal se hizo al precio de un máximo de 130 millones de muertos y un mínimo de 43 millones. Además de alrededor de 15 millones de drogadictos y la perdida de Hong Kong. Como ocurriera luego en el S.XX, este fue otro carísimo proceso de ingeniería social desde el poder – éste, en cambio, liberal y capitalista – guiado por la extrema codicia que reportó unos beneficios económicos astronómicos. Para China el “libre comercio” – como para todos los países que lo han “adoptado” – fue catastrófico. Hacia la última década del S.XIX su población no era superior a la que tenía en 1820 y el ingreso per capita había retrocedido a principios de siglo. Con la llegada de los británicos comenzaría – como ocurrió antes en la India o en Irlanda; por las mismas fechas, en Iberoamérica y África – un periodo de guerras, dependencia económica, perdida de soberanía, tratados desiguales, imposición de la losa de la deuda externa, desindustrialización e inestabilidad política y social nunca antes conocido.

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Postdata: De ese comercio del opio que tantos millones de muertos provocó queda todavía hoy como vestigio el gran banco HSBC (The Hong Kong and Shanghai Banking Corporation) fundado en 1865 con la finalidad de administrar los enormes beneficios obtenidos por el comercio de esta droga. Banco que, por cierto, no ha perdido su afición a los negocios ilícitos…

* (1785– 1850) Funcionario imperial chino que prohibió y trató de luchar contra el contrabando y el comercio ilegal de opio de los mercaderes (narcotraficantes) británicos, estadounidenses y occidentales. Asimismo luchó contra la corrupción de los funcionarios públicos sobornados con el dinero del opio británico. Estas acciones tuvieron como respuesta la agresión del Imperio británico en las conocidas como Guerras del Opio en su afán de proteger a los comerciantes británicos y los enormes beneficios que le generaba el tráfico de drogas.

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El sentir mucho por los demás y poco por nosotros mismos, el restringir nuestros impulsos egoístas y fomentar los benevolentes, constituye la perfección de la naturaleza humana

Adam Smith.

La felicidad es el único objeto de la sociedad” Saint–Just.

Sostenemos como evidentes por sí mismas dichas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos hechos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad;… que cuando quiera que una forma de gobierno se vuelva destructora de estos principios, el pueblo tiene derecho a reformarla o abolirla, e instituir un nuevo gobierno que base sus cimientos en dichos principios, y que organice sus poderes en forma tal que a ellos les parezca más probable que genere su seguridad y felicidad” Declaración de independencia de EEUU, 1776.

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Como con muchos otros temas con el capitalismo nos ocurre que los arboles no nos dejan ver el bosque. Creemos que capitalismo y democracia son sinónimos, que son compatibles de manera universal. Igualmente nos ocurre con libertad y liberalismo, creemos que abrir las puertas acríticamente a un liberalismo extremo implica consecuentemente una mayor libertad. Pero, en realidad, nada tiene que ver la sociedad preindustrial de pequeños productores de Adam Smith, David Hume o John Locke – hoy arrasados por el capitalismo – con la actual. El espectro presente de liberales va del egoísmo más infantil e ilusorio a los movimientos reaccionarios antiliberales de toda la vida. Ha sido la misma evolución natural del capitalismo lo que ha llevado a aquella naciente sociedad de pequeños productores – el panadero, el carnicero o el fabricante de agujas – a desaparecer a manos de los oligopolios.

El liberalismo que nació en el S.XVIII era un movimiento de crítica y análisis social. Un pensamiento progresista y optimista en constante búsqueda de la mejor sociedad posible. Encuadrado dentro de la Ilustración basaba sus principios fundamentales en el humanismo y la supeditación a la razón. Por tanto, su aparición en el seno del antiguo régimen – que todavía, regía en gran parte de Europa – tenía como objetivo enfrentarse a los privilegios, los dogmas, las injusticias, la superstición y garantizar a los hombres unos derechos inalienables que no podían estar al capricho de los déspotas y poderosos. Unos derechos como la vida, la igualdad, la libertad o la felicidad que los gobiernos tenían la obligación de proveer a sus ciudadanos y éstos a exigir, sino el gobierno podía ser depuesto. Ninguno de estos valores se pueden observar en los nuevos liberales tan preocupados por el enriquecimiento de los nuevos déspotas.

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Quizás quien mejor entendió la forma de funcionar del capitalismo fue Karl Marx. Para él, el crecimiento en la dinámica capitalista implicaba una generación de contradicciones dentro del mismo. Unas contradicciones que eran como interminables arrebatos de tensiones y resoluciones temporales, crecimiento abocado a la crisis y al cambio, todos produciendo concentración económica cada vez más globalizada”. Por tanto, Marx hace ya más de un siglo llegó a la conclusión de que el capitalismo tendía a una inevitable y desorbitada concentración de los recursos terrestres. Probablemente, entendió que la codicia extrema y la búsqueda del beneficio ilimitado llevarían irremisiblemente a esta conclusión. Por tanto, los que se excusan diciendo que este no es un verdadero capitalismo, evidentemente, no entienden que es el capitalismo. Una fuerza en cambio y evolución constante en su búsqueda del beneficio perpetuo.

Marx no era un detractor del capitalismo en sí. Admiraba su productividad. El crecimiento material que conllevaba. Quería aprovechar o encauzar su estructura productiva poniendo ésta en manos de los trabajadores, que eran los verdaderos creadores del beneficio que los capitalistas les robaban. El fin era la posesión colectiva de los medios de producción. La futura sociedad socialista de Marx no podía carecer de abundancia material. Sin embargo, Adam Smith, prácticamente, no conoció el capitalismo industrial y como hombre de su tiempo nunca aceptó las sociedades anónimas – las sociedades de responsabilidad limitada – como los directores de semejantes compañías no manejan más que el fondo ajeno sin tener parte inmediata en sus intereses, no es regular prometerse el que pongan en su negociación la vigilancia que cualquiera miembro de una compañía que vela sobre su caudal propio”. Marx, en cambio, vio en estas nuevas sociedades un futuro progreso inusitado. La evolución lógica del capitalismo en su acumulación de riqueza  y un primer paso hacia el socialismo una vez colectivizadas éstas.

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El capitalismo en su nacimiento ya era global. Siempre ha sido un fenómeno mundializado porque nació con los descubrimientos y conquistas de ultramar, porque creció mediante la exacción y el expolio colonial de América. Porque continuó su desarrollo con el imperialismo en África. En Europa creció a través de la desposesión de los campesinos y los cercamientos de las tierras comunales. Mientras en el siglo XX y principios del XXI el capitalismo exporta democracia y libertad, en el S.XIX exportaba civilización y progreso y en sus comienzos llevó la salvación y la religión verdadera a las tierras allende del mar. Cuando vemos como el capitalismo nació de la sangre, la esclavitud, el expolio o el chivo expiatorio de la caza de brujas se hace más evidente la burda tergiversación tendente a hacer capitalismo y democracia indisolubles como una forma de esconder sus mecanismos de reproducción. El capitalismo – y hay decenas de ejemplos que lo atestiguan – se encuentra cómodo en cualquier tipo de régimen donde controla los resortes del poder.

Hace tiempo la palabra liberal volvió a ponerse de moda. Muchas personas gustan de calificarse así porque tiene connotaciones positivas. Liberal suena bien. Ser liberal es sinónimo de ser moderado y abierto. Liberal es libertad. Y libertad es un término en sí bueno. Un término que provoca que los demás puedan llegar a bajar la guardia. De ahí a convertir la palabra en liberalizar hay solo un paso, aunque sea un término falaz. Porque liberalizar no es sinónimo de libertad sino de privatizar. Y privatizar es sinónimo de desposesión no de libertad. Y la desposesión no supone una mayor libertad sino una mayor dependencia. Entonces no podemos caer en la trampa. No podemos confundir los términos. El liberalismo nació en una época de absolutismo, nació para enfrentarse a los reaccionarios. Él mismo tuvo que evolucionar para que los derechos que alentaba fueran, realmente, universales. Sin embargo, hace tiempo que este término ha sido secuestrado por los reaccionarios. A estos supuestos seguidores y admiradores de Adam Smith la empatía y la preocupación por el bienestar de los seres humanos que le sobraban a éste no puede haber una sociedad floreciente y feliz cuando la mayor parte de sus miembros son pobres y desdichados, a ellos ni se les supone.

Entonces tenemos a unas personas sumamente egoístas y codiciosas que toman la libertad para convertirla en el disfraz que esconde el objetivo de someter a las personas. El mismo Adam Smith ya nos previno contra este tipo de personas que actúan de forma que Todo para nosotros y nada para los demás parece haber sido la ruin máxima de los amos de la humanidad en las diversas épocas de la historia. Los grandes propietarios de nuestra época prefieren tener un par de hebillas de zapatos con diamantes o algo igual de frívolo e inútil a proporcionar [] el mantenimiento de mil hombres al año. Nos advirtió de las consecuencias que conllevaban la actitud de estas personas codiciosas donde hay una gran riqueza esta manera de actuar forma parte de la naturaleza de los seres humanos. Así como también forma parte de la condición humana la búsqueda de la justicia, la igualdad y la felicidad para todos.

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Adam Smith fue quien, también, nos recomendó en nuestra búsqueda de la felicidad que tomáramos la virtud de la prudencia; la preocupación por los demás, las virtudes de la justicia y la beneficencia, que en un caso nos impide que perjudiquemos y en el otro nos impulsa a promover dicha felicidad. Adam Smith nunca fue el economista racional y egoísta que nos presentan los nuevos liberales, primero porque nunca fue economista, fue un filósofo humanista, un hombre de la Ilustración. Y segundo porque nunca fue el ultraliberal reaccionario defensor de las frívolas políticas y disposiciones de “los amos de la humanidad. Porque su preocupación nunca fue el crecimiento ilimitado y la búsqueda del enriquecimiento sino que fue la felicidad de la sociedad. La felicidad de las personas sin tener que estas sometidas a las arbitrariedades de nadie. Se olvida fácilmente o se desconoce que liberal proviene del término clásico liberalidad, que implicaba humanidad, generosidad y apertura de mente. Y de esta manera era usado en la época de A. Smith.

Visto lo que opinaba Adam Smith de estos nuevos liberales protectores de los déspotas, deberemos ponernos en guardia contra ellos. En guardia ni más ni menos cuando estos liberales acérrimos deciden sobre la pureza del liberalismo y arrinconan y excluyen del Olimpo liberal a John Stuart Mill y otros que les resultan incómodos; en guardia cuando se defienden de las críticas diciendo que lo que existe actualmente no es liberalismo ni capitalismo sino un corporativismo estatistay, al mismo tiempo defienden y prometen un supuesto verdadero capitalismo – suponemos que un inexistente capitalismo arcaico idealizado – no dándose cuenta, o no queriendo darse, en las contradicciones en las que irremediablemente incurren. El capitalismo lleva en sí mismo la semilla del monopolio porque tiende a la máxima concentración de riqueza en pos de la consecución de un beneficio ilimitado cada vez mayor. Capitalismo significa competencia y no cooperación. Por tanto, derrota y absorción del más débil por el más fuerte sea una persona, una empresa  o un país. Y como dijo Marx – como creo que es evidente – necesita del control del gobierno para llevar a cabo sus objetivos El ejecutivo del Estado moderno no es otra cosa que un comité de administración de los negocios de la burguesía”. El capitalismo siempre ha crecido al calor del poder.

Es ineludible que entendamos la dinámica capitalista. Su propia dinámica niega la libertad y la igualdad de las personas. Todo lo contrario. Necesita de la sumisión de las personas para crecer ¿Por qué? Pues, porque el capitalismo supone una ingente externalización de costes sobre la sociedad y el entorno. Para que una parte de la sociedad pueda extraer enormes beneficios deriva los costes a la sociedad mediante la sobreexplotación de trabajo, el medio ambiente; la familia, porque gran parte de los costes, los cuidados y el trabajo no remunerado recae en la mujer al mismo tiempo que este esencial trabajo se le desvaloriza; a las generaciones futuras, etc. Para que el capital obtenga la mano de obra que necesita se desposee a ésta de cualquier otra posibilidad de supervivencia. Esto ocurre a nivel social, pero a nivel global se repercuten los costes en los países pobres y los países pobres en sus ciudadanos. Siempre se repercuten los costes en el eslabón más débil. El crecimiento y la productividad per se no son intrínsecamente buenos. Este crecimiento ilimitado conllevará inevitablemente el colapso. El capitalismo lleva implícita su destrucción en su propio éxito productivo porque carece de frenos.

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El mismo capitalismo destruye los propios fundamentos del liberalismo al no tener límites. Su razón de ser es crecer de forma infinita y eso no es realizable en este mundo. El liberalismo es empirismo. Es ciencia y observación.  No dogma. No es simpleza de pensamiento ni codicia. Se ha producido una apropiación espuria. Una manipulación intolerable. En el propio Adam Smith podemos encontrar que la persecución de los intereses individuales están limitados por la estrechez de [su] compresión del hombre y el plan liberal de igualdad, libertad y justicia”. Adam Smith o J. S. Mill entendían de la necesidad para el progreso de una sociedad que el estado proveyera de educación pública. John Locke entendía que el estado debía cuidar entre otras cosas de la salud de sus ciudadanos. Además, éste concebía la libertad en toda su complejidad, entendiendo que ésta solo se puede obtener dentro de la ley Donde no hay ley no hay libertad”. Asimismo la libertad no puede estar supeditada a los caprichos de otros pues la libertad ha de ser el estar libre de la violencia de otros, pero nos indica que no es una libertad para que todo hombre haga lo que quiera y esta libertad solo se puede alcanzar dentro de la protección de la sociedad porque el hombre es un animal sociable, con la inclinación y bajo la necesidad de convivir con los seres de sus propia especie”. Si el capitalismo destruye la sociedad, aniquila la libertad.

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Cuando los nuevos liberalesatacan la tiranía del estado y el gobierno en cualquiera de sus formas políticas en favor de la libertad de los mercados o desprestigian la política están cayendo en una contradicción irresoluble. Primero porque su plan es enteramente político. Segundo porque es una total impostura intentar separar los mercados de estados y gobiernos. Los mercados no son posibles sin la actuación de un poder – sin una acción política – que los dirija y construya. Es irreal pensar que el capitalismo de libre mercado es alcanzable sin el control del poder. Es imposible porque para que tenga éxito se tiene que imponer el marco político y social donde sea posible su crecimiento y desarrollo, porque tendrá que detentar el poder para imponerse y destruir la anterior forma social y política que existía. El capitalismo tuvo que superar la consideración antinatural que se tenía de la propiedad privada y para eso implantó las leyes que hicieron posible la privatización de la propiedad de la tierra. Los mercados libres”, no son naturales porque si no siempre hubieran existido, tendrían miles de años y no cientos como tienen en realidad. Los mercados no son naturales, son políticos y sociales. Ninguna construcción humana puede ser natural por pura lógica.

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Sin embargo, lo más grave, es su alejamiento de los valores liberales e ilustrados porque esconden que los mercados capitalistas coartan la libertad, la justicia y la igualdad. Al perseguir como fin supremo el enriquecimiento se apartan del objetivo final de la Ilustración: la felicidad humana. Un valor que nunca conseguirá proveer el mercado – ni al más rico de sus participantes – porque su mismo mecanismo de perpetuación implica crear una insatisfacción constante. Un mercado que no es ideal, ni natural, ni libre, ni democrático. En el mercado sólo existe la ley del más fuerte. Ni es una abstracción como intentan hacernos creer para desarmarnos. Porque el mercado no somos todos, ni el capitalismo es popular como dijo Margaret Thatcher. Todo lo contrario. El capitalismo popular de Thatcher y Reagan pusó más del 80% del mercadoaccionarial en manos del 10% más rico. El milagro del “libre mercado” es la antítesis del milagro de los panes y los peces. Lo que el último multiplicaba, el primero quitaba. El mercado está poniendo contra las cuerdas a los ciudadanos, se está apropiando de los bienes públicos, está multiplicando la pobreza, está negando la salud y la educación. El mercado se endeudó en grado sumo para especular y está endosando sus pérdidas a los estados. El mercado son las grandes fortunas y corporaciones. El estado si debemos ser todos, pero antes deberemos expulsar a los mercadosdejando de pagar las facturas de sus desmanes.

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En realidad cuando se lee con detenimiento a estos nuevos liberales se ve que su única preocupación el exceso de inversión en el bienestar de las personas y la existencia de los bienes comunes. El humanismo frena el beneficio. Su inquietud es la existencia de un ciudadano ilustrado que participe en la vida pública, preocupado por la deriva política y social, que pueda reclamar lo que es suyo y que pueda poner límites al enriquecimiento extremo de una minoría. Estos defensores a ultranza de la libertad no han tenido ningún problema moral para recurrir a los movimientos fascistasel estado corporativo en su más sublime expresión – y autoritarios para preservar”  la libertad. En verdad para defender sus privilegios corporativos de clase. Sinceramente creo que su desasosiego no radica en que el gobierno pueda coartar la libertad sino que el gobierno pueda escapar a su control. No deja de ser paradigmático que estos nuevos liberales patrios entronquen con la mejor tradición antiliberal católica y nacionalista española. Al igual que sus maestros foráneos descienden del pensamiento reaccionario conservador y ultranacionalista profundamente antiliberal.

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Ciertamente para ellos la democracia es un mal menor mientras tengan un férreo control del poder y los gobiernos. De esta manera no tendrán que recurrir a los regímenes autoritarios o totalitarios. La libertad en su boca y en su pluma pierde su significado, es una palabra vacía. No esconde otra cosa que el abuso de poder. No es libertad es libertinaje. Palabras que empiezan por la misma letra pero no significan lo mismo. Se apropian de términos y movimientos sociales para vaciarlos. Los simplifican hasta el absurdo con el objetivo de que dejen de ser las herramientas que un pueblo necesita para hacerse consciente de sí mismo, analizar su realidad y enfrentarse al poder de la oligarquía corporativista y sus siervos. La sumisión es lo que buscan creando una sociedad ignorante de su pasado, infantil y caprichosa en sus comportamientos. El uso de términos para catalogarse a sí mismos que van desde el espectro liberal al anarcocapitalista no implica nada más que el objetivo de contaminar, ensuciar cualquier tipo de ideología libertaria e igualitaria. Confundir. El anarquismo, una ideología eminentemente libertaria, cooperativista y social, es tergiversado por un movimiento que persigue un individualismo desenfrenado que provoque la descomposición social y la desunión para desarticular cualquier oposición al dominio de las élites y su permanente explotación de los otros.

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Es inexcusable, por tanto, alzarnos contra esta muy peligrosa y publicitada propaganda. Debemos entender que es imposible la libertad sin la igualdad, la justicia, el respeto o la sociedad. Y es imposible la sociedad sin la cooperación, la responsabilidad y la solidaridad. Son valores opuestos totalmente a los de los nuevos liberales. Son valores plenamente sociales frente a valores antisociales como el individualismo intransigente o el egoísmo avasallador que implican en algún modo una personalidad narcisista con una marcada voluble inmadurez. La libertad no se da cuando te desposeen de todo, cuando unos pocos se apropian de todo y tienes que venderte a ellos para sobrevivir. Nuestro mundo que es complejo y eminentemente social, no puede estar sometido a un pensamiento simple. Unas personas libres no pueden quedar a merced de unos depredadores sociales.

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