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Posts Tagged ‘Karl Marx’

 Me impresionó un titular del día de la tragedia de Bangladesh: ‘Vivir con 38 euros al mes’. Esto es lo que pagaban a los que murieron… ¡Eso se llama trabajo esclavo!”.

 Papa Francisco, 1 de mayo de 2013.

 El doctor Farre se expresaba [ante la Cámara de los Comunes] en términos todavía más crudos: La intervención del legislador es asimismo necesaria para prevenir la muerte en todas las formas en que puede sobrevenir prematuramente, y éste (el régimen fabril) es, sin ningún género de dudas, uno de los métodos más crueles que la ocasionan.El mismo parlamento [británico] “reformado”, que, apiadándose de los señores fabricantes, seguía reteniendo durante unos cuantos años a niños menores de 13 [años] en el infierno de 72 horas de trabajo fabril a la semana, prohibía a los plantadores, en la ley de emancipación, ley que administraba también la libertad con cuentagotas, que hiciesen trabajar a ningún enclavo negro más de 45 horas semanales.”

 Karl Marx, El Capital, capítulo VIII, 1867.

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Todos podemos tener algunos indicios para sospechar que las grandes transnacionales de la moda explotan laboralmente a sus trabajadores. En algunos casos podemos constatar que son más que simples indicios como ha podido experimentar en las últimas semanas una clienta galesa, Rebecca Gallagher, de la firma irlandesa Primark, que ha encontrado un mensaje de denuncia, un grito de auxilio, en la etiqueta de su blusa adquirida en ese establecimiento: Force to work exhauting hours” (“Forzados a trabajar durante horas agotadoras”). Esto nos debería hacer pensar sobre las condiciones inhumanas que favorecemos con nuestros comportamientos, como cuando compramos “barato” en estas tiendas. Y exigir a nuestros gobiernos que castigue a estas empresas por fomentar activa y conscientemente la explotación de seres humanos. Pero, esta denuncia no ha sido la única, pues, ha tenido el efecto de sacar a la luz varias más en las últimas semanas.

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Es el caso de otra clienta galesa de Primark, Rebecca Jones, que ha encontrado otra etiqueta de denuncia en sus pantalones comprados en las tiendas de esta misma transnacional: «“Degrading” sweatshop conditions»(«“degradando” las condiciones de explotación»). Este último mensaje ha dado lugar a que Amnistía Internacional nos haya recordado otra denuncia que tuvo lugar en 2011, cuando karen, residente en Irlanda del Norte, se encontró una nota de auxilio en el bolsillo de sus pantalones Primark: “We work 15 hours every day and eat food that wouldn’t even be fed to pigs and dogs. We’re (forced to) work like oxen” (Nosotros trabajamos 15 horas cada día y comemos la comida con la que incluso no serían alimentados cerdos y perros. Somos forzados a trabajar como bueyes). Todo ese sufrimiento – el trabajo hasta el desfallecimiento – sale a £10 libras la pieza, unos 12 euros y medio: una “ganga”.

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“En las últimas semanas del mes de junio de 1863, toda la prensa de Londres publicaba una noticia encabezada con este epígrafe “sensacional”: «Death from simple Overwork»[“Muerta por simple exceso de trabajo”]. Tratábase de la muerte de la modista Mary Anne Walkley, de veinte años, empleada en un honorabilísimo taller de modistería de lujo que explotaba una dama con el idílico nombre de Elisa. Gracias a ese episodio, se descubría como cosa nueva la vieja y resabida historia de las pobres muchachas obligadas a trabajar, un día con otro, 16 horas y media, y durante la temporada hasta 30 horas seguidas sin interrupción, para lo cual había que mantener muchas veces en tensión su “fuerza de trabajo”, cuando fallaba, por medio de sorbos de jerez, vino de Oporto o café. […] Y este taller era uno de los mejores talleres de modas de Londres. […] El médico Mr. Keys…, informa…, con palabras secas: «Mary Anne Walkley murió por exceso de horas de trabajo en un taller abarrotado de obreras y en una alcoba estrechísima y mal ventilada.». […] Nuestros “esclavos blancos”, exclamaba al día siguiente el Morning Star,…, «nuestros esclavos blancos son lanzados a la tumba a fuerza de trabajo y agonizan y mueren en silencio».”

 Karl Marx, El Capital, capítulo VIII, 1867.

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Cuando se ponen claramente de manifiesto las agotadoras y maratonianas jornadas de trabajo a las que son sometidos, la crueles condiciones de explotación y los ínfimos sueldos de estos trabajadores, los defensores e ideólogos de este sistema económico de explotación argumentan que sino fuera por el trabajo y las inversiones que estas transnacionales proporcionan, estas personas vivirían muchísimo peor. La justificación a la explotación siempre tiene sus publicistas, muchos de ellos – ardientes defensores del progreso que supone el trabajo infantil – tan “prestigiosos” como estas marcas de ropa. En el mejor de los casos tratan a los trabajadores como a menores de edad, niños a los que hay que educar, que deben sentirse afortunados por haber sido tocados con la varita de la economía y el progreso.  Y debemos estar atentos a este tipo de razonamientos porque son los mismos que justifican y animan aquí a que la gente trabaje por 300 o 400 euros – mejor eso que nada, dicen – salarios de miseria, deteriorando las condiciones laborales hasta límites extremos y empobreciendo al conjunto de la población. Prácticas que nos devuelve al presente la realidad del trabajador pobre y la precariedad social. El abismo de la exclusión social no está tan alejado. Cuando las personas son una mercancía, se cosifican, no puede esperarse que sean tratadas de otra manera.

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En los países en vías de desarrollo, ramas enteras de la industria que producían para el mercado interno han sido empujadas a la quiebra por orden del Banco Mundial y el FMI. El sector urbano informal, que históricamente ha desempeñado un papel importante como fuente de creación de empleos, ha sidosocavado como consecuencia de las devaluaciones de la moneda, la liberalización de las importaciones y el dumping.En el África subsahariana, por ejemplo, el sector informal de la industria del vestido ha sido destruido y sustituido por el mercado de prendas usadas (importadas de Occidente a 80 dólares la tonelada).

 Michel Chossudovsky “Globalización de la pobreza y nuevo orden mundial”.

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Las empresas se enmascaran en que la “falta” ha sido realizada por sus proveedores como si no supieran que los costes de producción y los plazos de entrega que exigen, la subcontratación de los servicios a sus proveedores y las exigencias a las que los someten son los que determinan las condiciones laborales de los trabajadores. Buscan todos los subterfugios posibles para saltarse la Ley, los tratados internacionales de Derechos Humanos y del Niño y, sus publicitadas y farisaicas campañas de responsabilidad social corporativa. Como si ellas no pidieran – exigieran  – constantemente, la reducción de costes y salarios a  los gobiernos y no dispusieran de sus propios brazos armados en los organismos internacionales como el FMI, el Banco Mundial o la OMC. Como si los planes de ajuste y las reformas estructurales que han impulsado durante las últimas décadas no hubieran incidido en el deterioro de los salarios, las cargas sociales y las condiciones de seguridad y salubridad de los trabajadores. Esas mismas empresas que incitan a la desaparición de los derechos laborales y sindicales y que dan vía libre a sus “subcontratistas” y a gobiernos represivos para que intimiden y asesinen a los sindicalistas o a cualquiera que se oponga a su sistema. En lugar de combatir la injusticia del sistema, apostar por un consenso en materia de condiciones laborales y un respeto al medio ambiente profundizan la explotación y la degradación a nivel global. Nos dicen que no hay alternativa, es inevitable. Otro camino es la utopía.

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Lo que ha hecho Primark es una conducta normal y racional dentro de la lógica económica del “mercado”. No es sólo Primark sino también: El Corte Inglés, Inditex (Zara, etc.), Mango, H&M, C&A Loblaw, Cato, JC Penney, Iconix, Lee Cooper, Benetton, Carrefour, Walmart, Children’s Place, Gap y un largo etcétera más.  Todas ellas implicadas en la tragedia del Rana Plaza que costó la vida a 1.129 trabajadores. Asimismo, no son únicamente las empresas textiles. Apple y sus subcontratas son famosas por someter a los trabajadores a extenuantes jornadas de trabajo que llegan incluso a que muchos de ellos se suiciden. Foxcon, subcontrata de Apple, ha tenido que poner rejas en sus fábricas para evitar que los trabajadores se tiren al vacío. No se puede decir que Apple desconozca esta forma de actuar de su proveedor, todo lo contrario, lo fomenta si nos atenemos a las opiniones del divinizado Steve Jobs, que veía este tratamiento a los trabajadores como un ejemplo a exportar a los Estados Unidos. Tenemos que cuidarnos de quienes son nuestros ídolos, sobre todo, cuando los ídolos que adora esta sociedad tienen unas conductas morales tan laxas. Tenemos una sociedad que celebra la libertad, los derechos de todos y cada uno: el árbol, el perro, la niña, el niño, el abuelo, hasta los del “perro piloto”. Tenemos un día al año para cada uno, pero a la hora de la verdad ahí están las tasas de pobreza y exclusión, las degradantes condiciones laborales, la destrucción ambiental y la espiral de empobrecimiento y autoritarismo que estamos sufriendo. La autocelebración de lo buenos que somos oculta todas las muestras de una absoluta hipocresía social.

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La industria textil mueve miles de millones de euros, da trabajo a millones de personas, sí. Y por eso nos dicen que es intocable. Cualquier intervención tendría unas consecuencias aún peores. Pero esto es una absoluta falacia que persigue, simplemente, justificar la explotación de millones de personas. El trabajo barato, los precios baratos, el “low cost” tienen sus costes, morales y sociales. A lo mejor no los vemos porque nos quedamos en la superficie, en  el precio de la prenda, en los anuncios de la marca. Pero, además, tiene unos costes económicos, que un país con casi 6 millones de parados debería plantearse. La industria textil global no sólo crea millones de empleos sino que también destruye millones de empleos. El caso de España es paradigmático: la industria textil española tenía a fecha de 2012, 19.763 empresas casi un 50% menos que hace apenas 10 años; muchísima mayor sería la caída si echáramos la mirada a la década de los 90. Por ejemplo, en el caso del empleo este ha retrocedido de cerca de los 400.000 trabajadores de esta década a los 113.201, que sobreviven hoy. Seguimos comprando barato y seguimos perdiendo empleo, destruyendo tejido productivo y social, excluyendo a millones de personas y, además, permitimos que se explote impunemente a decenas de millones más. Qué buen negocio estamos haciendo.

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La bebida no era la única muestra de desmoralización. El infanticidio, la prostitución, el suicidio y el desequilibrio mental han sido relacionados con aquel cataclismo económico y social…, incapacidad… para contener los terremotos sociales que estaban destrozando las vidas de los hombres… La alternativa de la evasión o la derrota era la rebelión… La rebelión no sólo fue posible, sino casi obligada… Ningún observador razonable negaba que la condición de los trabajadores pobres, entre 1815 y 1848 era espantosa.

Eric Hobsbawm, La era de la revolución.

 

 Al igual que en los distritos fabriles ingleses, en los distritos rurales se extiende día a día el consumo del opio entre los obreros y obreras adultos.El principal objetivo de algunos mayoristas emprendedores es… promover la venta de opiáceos. Los farmacéuticos los consideran como el artículo más solicitado.Los lactantes a los que se suministraban opiáceos, “se contraían, convirtiéndose en canijos viejecitos, o quedaban arrugados como monitos”. Véase cómo la India y China se vengan de Inglaterra.

 Karl Marx, El Capital, 1867.

 

El comienzo del capitalismo liberal fue una época brutal de colapso social sin precedentes. Las sociedades dirigidas por “gobiernos representativos” de las oligarquías sociales y económicas ejercieron sobre las personas un “poder totalitario” nunca visto hasta entonces. El poder del estado liberal sobre la vida y la muerte de las personas no había tenido parangón en épocas ni culturas supuestamente oscuras y atrasadas. Fue un proceso de ingeniería social llevado a cabo desde los mecanismos del nuevo poder estatal que conllevo unos enormes costes humanos.

No se caracterizó esta época por el progreso social sino por la depauperación creciente de la mayoría. Los campesinos fueron expoliados, los ajusticiamientos por nimiedades contra la “propiedad” crecieron exponencialmente, el trabajo–esclavitud infantil (incluso, desde los 3 años de edad) se hizo la norma, los niños tenían que ser útiles y tratados ahora como maquina–mercancía trabajaban en jornadas laborales extenuantes, incluso, hasta la muerte. En muchos de los casos en condiciones de hambre y desnutrición crónicas:

 

El alimento indigesto de los obreros es enteramente impropio para la sustentación de los niños; y, sin embargo, el trabajador no tiene ni el tiempo ni los medios de dar a sus hijos un sustento más adecuado. A ello hay que añadir la costumbre todavía muy extendida que consiste en dar a los niños aguardiente, y hasta opio…. Los niños que en el momento preciso en que les es más necesaria la alimentación pueden matar el hambre solamente a medias (y sabe Dios cuántos de ellos hay en cada crisis, e incluso durante los períodos económicos más florecientes), llegarán a ser fatalmente en gran proporción, niños débiles, escrofulosos y raquíticas.

Friedrich Engels, La situación de la clase obrera en Inglaterra, 1845.

 

Las torturas, los castigos, la reclusión forzosa y el trabajo coercitivo tomaron nuevas y enormes dimensiones, la jornada laboral creció bajo una disciplina asfixiante. Se alzó una barrera racial infranqueable, hubo deportaciones masivas; aculturación y apatía; miseria y desarrollo incontrolado; se procedió a la criminalización, deshumanización y persecución de las capas más humildes de la población.

Esto se hizo única y exclusivamente para colmar la extrema codicia de unas personas privadas. No había ningún plan premeditado para llegar a la situación de bienestar actual alcanzada por, únicamente, un 20% de la población mundial. Fue una sociedad y un sistema construido fundamental e indispensablemente sobre un inmenso sistema esclavista. Únicamente, la organización, la rebelión y las revoluciones de los trabajadores fueron capaces de posibilitar el avance social. Asimismo, el miedo de las poderosas clases dirigentes a que las consecuencias del colapso social se volviera contra ellos hizo posibles los progresos sociales. Y es eso lo que nos cuenta Eric Hobsbawm en la época de las revoluciones:

 

Había muchos más que, enfrentados con una catástrofe social que no entendían, empobrecidos, explotados, hacinados en suburbios en donde se mezclaban el frío y la inmundicia,… se hundían en la desmoralización. Privados de las tradicionales instituciones y guías de conducta, muchos caían en el abismo de la existencia precaria. Las familias empeñaban las mantas cada semana hasta el día de paga. El alcohol era «la salida más rápida de Manchester» (o Lille o Borinage). El alcoholismo en masa – compañero casi invariable de una industrialización y urbanización bruscas e incontroladas – expandía «una pestilencia de fuertes licores» por toda Europa.

Las ciudades y zonas industriales crecían rápidamente, sin plan ni supervisión, y los más elementales servicios de la vida de la ciudad no conseguían ponerse a su paso. Faltaban casi por completo los de limpieza en la vía pública, abastecimiento de agua, sanidad y vivienda para la clase trabajadora. La consecuencia más patente de este abandono urbano fue la reaparición de grandes epidemias de enfermedades contagiosas…, como el cólera, que reconquistó a Europa desde 1831 y barrió el continente de Marsella a San Petersburgo en 1832 y otra vez más tarde… Al tifus en Glasgow «no se le dio consideración de epidemia grave hasta 1818». Luego aumentó. En la ciudad hubo dos grandes epidemias (tifus y cólera) en la década de 1830 y 1840, tres (tifus, cólera y paludismo) en la siguiente, dos en la década de 1850,… Los terribles efectos de ese descuido fueron tremendos, pero las clases media y alta no los sintieron.

El desarrollo urbano en nuestro período fue un gigantesco proceso de segregación de clases, que empujaba a los nuevos trabajadores pobres a grandes concentraciones de miseria alejadas de los centros del gobierno y los negocios, y de las nuevas zonas residenciales de la burguesía… ¿Y qué instituciones sociales salvo la taberna y si acaso la capilla se crearon en aquellas nuevas aglomeraciones obreras, salvo las de iniciativa de los mismos trabajadores? Sólo a partir de 1848, cuando las nuevas epidemias desbordando los suburbios empezaron a matar también a los ricos, y las desesperadas masas que vivían en ellos asustaron a los poderosos, se emprendió a una sistemática reconstrucción y mejora urbana.

 

Eric Hobsbawm La era de la revolución, 1789-1848”.

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MarxEngelsEscribiendo

Para la filosofía dialéctica no existe nada definitivo, absoluto, consagrado; en todo pone de relieve lo que tiene de perecedero, y no deja en pie más que el proceso ininterrumpido del devenir y perecer, un ascenso sin fin de lo inferior a lo superior, cuyo mero reflejo en el cerebro pensante es esta misma filosofía.

Friedrich Engels, Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana, 1886.

 

Se ha criticado a Marx porque se parte de que sus posiciones son dogmáticas e inamovibles. Pero esto no es realmente cierto. Marx escribió no desde el dogmatismo sino desde el estudio de infinidad de autores desde Adam Smith a David Ricardo y muchos otros hoy olvidados. Su lugar de trabajo fue la mayor biblioteca de su época, la biblioteca del Museo Británico, y largas noches de vigilia en su casa. Marx evolucionó y cambió de posición cuando sus estudios demostraron que no estaba en lo cierto. Aparte de hablar francés e inglés, aprendió ruso para poder investigar la situación de aquel país. También evolucionó sus posiciones eurocentricas sobre la India cuando profundizó la situación de aquella región sometida al atroz saqueo del Imperio Británico y no creyó que el capitalismo fuera una etapa determinada y necesaria en la evolución de las sociedades humanas. Tampoco se puede creer que Marx deba dar respuesta a todas las preguntas e interrogantes ni a la totalidad del mundo. Eso sería un error. Marx no era un dogmático, era en extremo autocrítico y exigente. Por esta razón sólo tenemos tres partes de El Capital. Por esta razón fue un autor tremendamente insatisfecho con su obra, a pesar de su enorme tamaño e importancia.

Contra Marx juega el hecho de ser un filósofo que denunció la extrema crueldad del sistema imperante. Renunció a un cómoda carrera en la docencia universitaria. Se metió en política y estaba decidido a derribarlo. Fue un antisistema. Un autor incomodo para las oligarquías. No fue el típico filósofo, economista y escritor dedicado a loar las bondades de las clases dominantes y esto siempre ha jugado en su contra. Asimismo, muchos de sus críticos nunca han leído sus escritos y critican simplemente de oídas con los prejuicios que han construido sus adversarios ideológicos.

Hoy queremos centrarnos en una creencia que supone que Marx era un dogmático que creía en el determinismo histórico o la infalibilidad de su método científico para estudiar (y profetizar) el desarrollo histórico. Marx lo deja bien claro. No cree que su método ni ningún otro valga para determinar la historia, no cree en la unilinealidad e inevitabilidad de la historia. Su método de estudio e investigación, simplemente, es un método abierto para estudiar contextos históricos particulares que no tienen un fin predeterminado de antemano. Y para ello pone como ejemplo la evolución del capitalismo agrícola en la antigua Roma:

MarxEscribiendo

El capítulo sobre la acumulación primitiva no pretende más que trazar el camino por el cual surgió el orden económico capitalista, en Europa Occidental, del seno del régimen económico feudal. Por ello describe el movimiento histórico… En esa historia hacen época todas las revoluciones que sirven de palanca al avance de la clase capitalista en formaciónEsto sólo se ha cumplido radicalmente en Inglaterra…pero todos los países del Occidente Europeo están yendo por el mismo camino”, etc. (El Capital, edición francesa, 1879, p. 315). Al final del capítulo se resume de esta manera la tendencia histórica de la producción…,que la propiedad capitalista, al fundarse como ya lo hace en realidad, sobre una forma de la producción colectiva, no puede hacer otra cosa que transformarse en propiedad social. En este punto no he aportado ninguna prueba, por la simple razón de que esta afirmación no es más que el breve resumen de largos desarrollos dados anteriormente en los capítulos que tratan de la producción capitalista.

Ahora bien, ¿qué aplicación a Rusia puede hacer mi crítico de este bosquejo histórico? Únicamente esta: si Rusia tiende a transformarse en una nación capitalista a ejemplo de los países de la Europa Occidental – y por cierto que en los últimos años ha estado muy agitada por seguir esta dirección – no lo logrará sin transformar primero en proletarios a una buena parte de sus campesinos; y en consecuencia, una vez llegada al corazón del régimen capitalista, experimentará sus despiadadas leyes, como las experimentaron otros pueblos profanos. Eso es todo. Pero no lo es para mi crítico. Se siente obligado a metamorfosear mi esbozo histórico de la génesis del capitalismo en el Occidente europeo en una teoría histórico-filosófica de la marcha general que el destino le impone a todo pueblo, cualesquiera sean las circunstancias históricas en que se encuentre,… Pero le pido a mi crítico que me dispense. (Me honra y me avergüenza a la vez demasiado). Tomemos un ejemplo.

En diversos pasajes de El Capital aludo al destino que les cupo a los plebeyos de la antigua Roma. En su origen habían sido campesinos libres, cultivando cada cual su propia fracción de tierra. En el curso de la historia romana fueron expropiados. El mismo movimiento que los divorció de sus medios de producción y subsistencia trajo consigo la formación, no sólo de la gran propiedad fundiaria, sino también del gran capital financiero. Y así fue que una linda mañana se encontraron con que, por una parte, había hombres libres despojados de todo a excepción de su fuerza de trabajo, y por la otra, para que explotasen este trabajo, quienes poseían toda la riqueza adquirida. ¿Qué ocurrió?. Los proletarios romanos se transformaron, no en trabajadores asalariados, sino en una chusma de desocupados más abyectos que los “pobres blancos” que hubo en el Sur de los Estados Unidos, y junto con ello se desarrolló un modo de producción que no era capitalista sino que dependía de la esclavitud. Así, pues, sucesos notablemente análogos pero que tienen lugar en medios históricos diferentes conducen a resultados totalmente distintos. Estudiando por separado cada una de estas formas de evolución y comparándolas luego, se puede encontrar fácilmente la clave de este fenómeno, pero nunca se llegará a ello mediante el pasaporte universal de una teoría histórico-filosófica general cuya suprema virtud consiste en ser suprahistórica”.

Karl Marx, Carta al director de “Otiechéstvennie Zapiski”, 1877

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El sentir mucho por los demás y poco por nosotros mismos, el restringir nuestros impulsos egoístas y fomentar los benevolentes, constituye la perfección de la naturaleza humana

Adam Smith.

La felicidad es el único objeto de la sociedad” Saint–Just.

Sostenemos como evidentes por sí mismas dichas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos hechos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad;… que cuando quiera que una forma de gobierno se vuelva destructora de estos principios, el pueblo tiene derecho a reformarla o abolirla, e instituir un nuevo gobierno que base sus cimientos en dichos principios, y que organice sus poderes en forma tal que a ellos les parezca más probable que genere su seguridad y felicidad” Declaración de independencia de EEUU, 1776.

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Como con muchos otros temas con el capitalismo nos ocurre que los arboles no nos dejan ver el bosque. Creemos que capitalismo y democracia son sinónimos, que son compatibles de manera universal. Igualmente nos ocurre con libertad y liberalismo, creemos que abrir las puertas acríticamente a un liberalismo extremo implica consecuentemente una mayor libertad. Pero, en realidad, nada tiene que ver la sociedad preindustrial de pequeños productores de Adam Smith, David Hume o John Locke – hoy arrasados por el capitalismo – con la actual. El espectro presente de liberales va del egoísmo más infantil e ilusorio a los movimientos reaccionarios antiliberales de toda la vida. Ha sido la misma evolución natural del capitalismo lo que ha llevado a aquella naciente sociedad de pequeños productores – el panadero, el carnicero o el fabricante de agujas – a desaparecer a manos de los oligopolios.

El liberalismo que nació en el S.XVIII era un movimiento de crítica y análisis social. Un pensamiento progresista y optimista en constante búsqueda de la mejor sociedad posible. Encuadrado dentro de la Ilustración basaba sus principios fundamentales en el humanismo y la supeditación a la razón. Por tanto, su aparición en el seno del antiguo régimen – que todavía, regía en gran parte de Europa – tenía como objetivo enfrentarse a los privilegios, los dogmas, las injusticias, la superstición y garantizar a los hombres unos derechos inalienables que no podían estar al capricho de los déspotas y poderosos. Unos derechos como la vida, la igualdad, la libertad o la felicidad que los gobiernos tenían la obligación de proveer a sus ciudadanos y éstos a exigir, sino el gobierno podía ser depuesto. Ninguno de estos valores se pueden observar en los nuevos liberales tan preocupados por el enriquecimiento de los nuevos déspotas.

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Quizás quien mejor entendió la forma de funcionar del capitalismo fue Karl Marx. Para él, el crecimiento en la dinámica capitalista implicaba una generación de contradicciones dentro del mismo. Unas contradicciones que eran como interminables arrebatos de tensiones y resoluciones temporales, crecimiento abocado a la crisis y al cambio, todos produciendo concentración económica cada vez más globalizada”. Por tanto, Marx hace ya más de un siglo llegó a la conclusión de que el capitalismo tendía a una inevitable y desorbitada concentración de los recursos terrestres. Probablemente, entendió que la codicia extrema y la búsqueda del beneficio ilimitado llevarían irremisiblemente a esta conclusión. Por tanto, los que se excusan diciendo que este no es un verdadero capitalismo, evidentemente, no entienden que es el capitalismo. Una fuerza en cambio y evolución constante en su búsqueda del beneficio perpetuo.

Marx no era un detractor del capitalismo en sí. Admiraba su productividad. El crecimiento material que conllevaba. Quería aprovechar o encauzar su estructura productiva poniendo ésta en manos de los trabajadores, que eran los verdaderos creadores del beneficio que los capitalistas les robaban. El fin era la posesión colectiva de los medios de producción. La futura sociedad socialista de Marx no podía carecer de abundancia material. Sin embargo, Adam Smith, prácticamente, no conoció el capitalismo industrial y como hombre de su tiempo nunca aceptó las sociedades anónimas – las sociedades de responsabilidad limitada – como los directores de semejantes compañías no manejan más que el fondo ajeno sin tener parte inmediata en sus intereses, no es regular prometerse el que pongan en su negociación la vigilancia que cualquiera miembro de una compañía que vela sobre su caudal propio”. Marx, en cambio, vio en estas nuevas sociedades un futuro progreso inusitado. La evolución lógica del capitalismo en su acumulación de riqueza  y un primer paso hacia el socialismo una vez colectivizadas éstas.

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El capitalismo en su nacimiento ya era global. Siempre ha sido un fenómeno mundializado porque nació con los descubrimientos y conquistas de ultramar, porque creció mediante la exacción y el expolio colonial de América. Porque continuó su desarrollo con el imperialismo en África. En Europa creció a través de la desposesión de los campesinos y los cercamientos de las tierras comunales. Mientras en el siglo XX y principios del XXI el capitalismo exporta democracia y libertad, en el S.XIX exportaba civilización y progreso y en sus comienzos llevó la salvación y la religión verdadera a las tierras allende del mar. Cuando vemos como el capitalismo nació de la sangre, la esclavitud, el expolio o el chivo expiatorio de la caza de brujas se hace más evidente la burda tergiversación tendente a hacer capitalismo y democracia indisolubles como una forma de esconder sus mecanismos de reproducción. El capitalismo – y hay decenas de ejemplos que lo atestiguan – se encuentra cómodo en cualquier tipo de régimen donde controla los resortes del poder.

Hace tiempo la palabra liberal volvió a ponerse de moda. Muchas personas gustan de calificarse así porque tiene connotaciones positivas. Liberal suena bien. Ser liberal es sinónimo de ser moderado y abierto. Liberal es libertad. Y libertad es un término en sí bueno. Un término que provoca que los demás puedan llegar a bajar la guardia. De ahí a convertir la palabra en liberalizar hay solo un paso, aunque sea un término falaz. Porque liberalizar no es sinónimo de libertad sino de privatizar. Y privatizar es sinónimo de desposesión no de libertad. Y la desposesión no supone una mayor libertad sino una mayor dependencia. Entonces no podemos caer en la trampa. No podemos confundir los términos. El liberalismo nació en una época de absolutismo, nació para enfrentarse a los reaccionarios. Él mismo tuvo que evolucionar para que los derechos que alentaba fueran, realmente, universales. Sin embargo, hace tiempo que este término ha sido secuestrado por los reaccionarios. A estos supuestos seguidores y admiradores de Adam Smith la empatía y la preocupación por el bienestar de los seres humanos que le sobraban a éste no puede haber una sociedad floreciente y feliz cuando la mayor parte de sus miembros son pobres y desdichados, a ellos ni se les supone.

Entonces tenemos a unas personas sumamente egoístas y codiciosas que toman la libertad para convertirla en el disfraz que esconde el objetivo de someter a las personas. El mismo Adam Smith ya nos previno contra este tipo de personas que actúan de forma que Todo para nosotros y nada para los demás parece haber sido la ruin máxima de los amos de la humanidad en las diversas épocas de la historia. Los grandes propietarios de nuestra época prefieren tener un par de hebillas de zapatos con diamantes o algo igual de frívolo e inútil a proporcionar [] el mantenimiento de mil hombres al año. Nos advirtió de las consecuencias que conllevaban la actitud de estas personas codiciosas donde hay una gran riqueza esta manera de actuar forma parte de la naturaleza de los seres humanos. Así como también forma parte de la condición humana la búsqueda de la justicia, la igualdad y la felicidad para todos.

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Adam Smith fue quien, también, nos recomendó en nuestra búsqueda de la felicidad que tomáramos la virtud de la prudencia; la preocupación por los demás, las virtudes de la justicia y la beneficencia, que en un caso nos impide que perjudiquemos y en el otro nos impulsa a promover dicha felicidad. Adam Smith nunca fue el economista racional y egoísta que nos presentan los nuevos liberales, primero porque nunca fue economista, fue un filósofo humanista, un hombre de la Ilustración. Y segundo porque nunca fue el ultraliberal reaccionario defensor de las frívolas políticas y disposiciones de “los amos de la humanidad. Porque su preocupación nunca fue el crecimiento ilimitado y la búsqueda del enriquecimiento sino que fue la felicidad de la sociedad. La felicidad de las personas sin tener que estas sometidas a las arbitrariedades de nadie. Se olvida fácilmente o se desconoce que liberal proviene del término clásico liberalidad, que implicaba humanidad, generosidad y apertura de mente. Y de esta manera era usado en la época de A. Smith.

Visto lo que opinaba Adam Smith de estos nuevos liberales protectores de los déspotas, deberemos ponernos en guardia contra ellos. En guardia ni más ni menos cuando estos liberales acérrimos deciden sobre la pureza del liberalismo y arrinconan y excluyen del Olimpo liberal a John Stuart Mill y otros que les resultan incómodos; en guardia cuando se defienden de las críticas diciendo que lo que existe actualmente no es liberalismo ni capitalismo sino un corporativismo estatistay, al mismo tiempo defienden y prometen un supuesto verdadero capitalismo – suponemos que un inexistente capitalismo arcaico idealizado – no dándose cuenta, o no queriendo darse, en las contradicciones en las que irremediablemente incurren. El capitalismo lleva en sí mismo la semilla del monopolio porque tiende a la máxima concentración de riqueza en pos de la consecución de un beneficio ilimitado cada vez mayor. Capitalismo significa competencia y no cooperación. Por tanto, derrota y absorción del más débil por el más fuerte sea una persona, una empresa  o un país. Y como dijo Marx – como creo que es evidente – necesita del control del gobierno para llevar a cabo sus objetivos El ejecutivo del Estado moderno no es otra cosa que un comité de administración de los negocios de la burguesía”. El capitalismo siempre ha crecido al calor del poder.

Es ineludible que entendamos la dinámica capitalista. Su propia dinámica niega la libertad y la igualdad de las personas. Todo lo contrario. Necesita de la sumisión de las personas para crecer ¿Por qué? Pues, porque el capitalismo supone una ingente externalización de costes sobre la sociedad y el entorno. Para que una parte de la sociedad pueda extraer enormes beneficios deriva los costes a la sociedad mediante la sobreexplotación de trabajo, el medio ambiente; la familia, porque gran parte de los costes, los cuidados y el trabajo no remunerado recae en la mujer al mismo tiempo que este esencial trabajo se le desvaloriza; a las generaciones futuras, etc. Para que el capital obtenga la mano de obra que necesita se desposee a ésta de cualquier otra posibilidad de supervivencia. Esto ocurre a nivel social, pero a nivel global se repercuten los costes en los países pobres y los países pobres en sus ciudadanos. Siempre se repercuten los costes en el eslabón más débil. El crecimiento y la productividad per se no son intrínsecamente buenos. Este crecimiento ilimitado conllevará inevitablemente el colapso. El capitalismo lleva implícita su destrucción en su propio éxito productivo porque carece de frenos.

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El mismo capitalismo destruye los propios fundamentos del liberalismo al no tener límites. Su razón de ser es crecer de forma infinita y eso no es realizable en este mundo. El liberalismo es empirismo. Es ciencia y observación.  No dogma. No es simpleza de pensamiento ni codicia. Se ha producido una apropiación espuria. Una manipulación intolerable. En el propio Adam Smith podemos encontrar que la persecución de los intereses individuales están limitados por la estrechez de [su] compresión del hombre y el plan liberal de igualdad, libertad y justicia”. Adam Smith o J. S. Mill entendían de la necesidad para el progreso de una sociedad que el estado proveyera de educación pública. John Locke entendía que el estado debía cuidar entre otras cosas de la salud de sus ciudadanos. Además, éste concebía la libertad en toda su complejidad, entendiendo que ésta solo se puede obtener dentro de la ley Donde no hay ley no hay libertad”. Asimismo la libertad no puede estar supeditada a los caprichos de otros pues la libertad ha de ser el estar libre de la violencia de otros, pero nos indica que no es una libertad para que todo hombre haga lo que quiera y esta libertad solo se puede alcanzar dentro de la protección de la sociedad porque el hombre es un animal sociable, con la inclinación y bajo la necesidad de convivir con los seres de sus propia especie”. Si el capitalismo destruye la sociedad, aniquila la libertad.

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Cuando los nuevos liberalesatacan la tiranía del estado y el gobierno en cualquiera de sus formas políticas en favor de la libertad de los mercados o desprestigian la política están cayendo en una contradicción irresoluble. Primero porque su plan es enteramente político. Segundo porque es una total impostura intentar separar los mercados de estados y gobiernos. Los mercados no son posibles sin la actuación de un poder – sin una acción política – que los dirija y construya. Es irreal pensar que el capitalismo de libre mercado es alcanzable sin el control del poder. Es imposible porque para que tenga éxito se tiene que imponer el marco político y social donde sea posible su crecimiento y desarrollo, porque tendrá que detentar el poder para imponerse y destruir la anterior forma social y política que existía. El capitalismo tuvo que superar la consideración antinatural que se tenía de la propiedad privada y para eso implantó las leyes que hicieron posible la privatización de la propiedad de la tierra. Los mercados libres”, no son naturales porque si no siempre hubieran existido, tendrían miles de años y no cientos como tienen en realidad. Los mercados no son naturales, son políticos y sociales. Ninguna construcción humana puede ser natural por pura lógica.

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Sin embargo, lo más grave, es su alejamiento de los valores liberales e ilustrados porque esconden que los mercados capitalistas coartan la libertad, la justicia y la igualdad. Al perseguir como fin supremo el enriquecimiento se apartan del objetivo final de la Ilustración: la felicidad humana. Un valor que nunca conseguirá proveer el mercado – ni al más rico de sus participantes – porque su mismo mecanismo de perpetuación implica crear una insatisfacción constante. Un mercado que no es ideal, ni natural, ni libre, ni democrático. En el mercado sólo existe la ley del más fuerte. Ni es una abstracción como intentan hacernos creer para desarmarnos. Porque el mercado no somos todos, ni el capitalismo es popular como dijo Margaret Thatcher. Todo lo contrario. El capitalismo popular de Thatcher y Reagan pusó más del 80% del mercadoaccionarial en manos del 10% más rico. El milagro del “libre mercado” es la antítesis del milagro de los panes y los peces. Lo que el último multiplicaba, el primero quitaba. El mercado está poniendo contra las cuerdas a los ciudadanos, se está apropiando de los bienes públicos, está multiplicando la pobreza, está negando la salud y la educación. El mercado se endeudó en grado sumo para especular y está endosando sus pérdidas a los estados. El mercado son las grandes fortunas y corporaciones. El estado si debemos ser todos, pero antes deberemos expulsar a los mercadosdejando de pagar las facturas de sus desmanes.

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En realidad cuando se lee con detenimiento a estos nuevos liberales se ve que su única preocupación el exceso de inversión en el bienestar de las personas y la existencia de los bienes comunes. El humanismo frena el beneficio. Su inquietud es la existencia de un ciudadano ilustrado que participe en la vida pública, preocupado por la deriva política y social, que pueda reclamar lo que es suyo y que pueda poner límites al enriquecimiento extremo de una minoría. Estos defensores a ultranza de la libertad no han tenido ningún problema moral para recurrir a los movimientos fascistasel estado corporativo en su más sublime expresión – y autoritarios para preservar”  la libertad. En verdad para defender sus privilegios corporativos de clase. Sinceramente creo que su desasosiego no radica en que el gobierno pueda coartar la libertad sino que el gobierno pueda escapar a su control. No deja de ser paradigmático que estos nuevos liberales patrios entronquen con la mejor tradición antiliberal católica y nacionalista española. Al igual que sus maestros foráneos descienden del pensamiento reaccionario conservador y ultranacionalista profundamente antiliberal.

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Ciertamente para ellos la democracia es un mal menor mientras tengan un férreo control del poder y los gobiernos. De esta manera no tendrán que recurrir a los regímenes autoritarios o totalitarios. La libertad en su boca y en su pluma pierde su significado, es una palabra vacía. No esconde otra cosa que el abuso de poder. No es libertad es libertinaje. Palabras que empiezan por la misma letra pero no significan lo mismo. Se apropian de términos y movimientos sociales para vaciarlos. Los simplifican hasta el absurdo con el objetivo de que dejen de ser las herramientas que un pueblo necesita para hacerse consciente de sí mismo, analizar su realidad y enfrentarse al poder de la oligarquía corporativista y sus siervos. La sumisión es lo que buscan creando una sociedad ignorante de su pasado, infantil y caprichosa en sus comportamientos. El uso de términos para catalogarse a sí mismos que van desde el espectro liberal al anarcocapitalista no implica nada más que el objetivo de contaminar, ensuciar cualquier tipo de ideología libertaria e igualitaria. Confundir. El anarquismo, una ideología eminentemente libertaria, cooperativista y social, es tergiversado por un movimiento que persigue un individualismo desenfrenado que provoque la descomposición social y la desunión para desarticular cualquier oposición al dominio de las élites y su permanente explotación de los otros.

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Es inexcusable, por tanto, alzarnos contra esta muy peligrosa y publicitada propaganda. Debemos entender que es imposible la libertad sin la igualdad, la justicia, el respeto o la sociedad. Y es imposible la sociedad sin la cooperación, la responsabilidad y la solidaridad. Son valores opuestos totalmente a los de los nuevos liberales. Son valores plenamente sociales frente a valores antisociales como el individualismo intransigente o el egoísmo avasallador que implican en algún modo una personalidad narcisista con una marcada voluble inmadurez. La libertad no se da cuando te desposeen de todo, cuando unos pocos se apropian de todo y tienes que venderte a ellos para sobrevivir. Nuestro mundo que es complejo y eminentemente social, no puede estar sometido a un pensamiento simple. Unas personas libres no pueden quedar a merced de unos depredadores sociales.

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