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Posts Tagged ‘Libertad’

TrabajadoresTextiles

Cuando El Corte Inglés está de luto por la reciente muerte de su presidente, debemos recordar que también esta corporación debería guardar luto por los trabajadores en régimen de esclavitud que esta empresa, Inditex y Cortefiel tienen en la India según el informe Captured by Cotton del Centre for Research on Multinational Corporations. Evidentemente, no son exclusivamente ellas quienes explotan despiadadamente a sus trabajadores. Nike, Umbro, Mizuno, Disney, H&M, Kappa, Puma, Adidas, Mango, Lotto o Reebok y, así una infinidad de estas compañías, que abarcan todos los sectores productivos, no sólo el textil. Esta situación es posible únicamente porque las instituciones supranacionales dirigidas por las grandes potencias capitalistas al servicio de estas transnacionales han dado lugar a la construcción política de esta Globalización.

La Unión Europea recibió el premio Nobel de la Paz en el año 2012, si hubiera un Nobel que premiara la defensa y el cumplimiento de los Derechos Humanos, la UE no podría optar a él. Si es muy discutible que la UE defienda la paz, es más fácil confirmar que los Derechos Humanos le dan urticaria. El pasado junio unos cuantos países europeos: Reino Unido, Francia, Austria, Estonia, República Checa, Alemania, Italia e Irlanda; junto con Estados Unidos, Japón y Corea del Sur, entre otros, que se llenan continuamente la boca de defender la libertad y la democracia por todo el mundo votaron contra una resolución presentada por Ecuador y Sudáfrica en la ONU para dotar de mecanismos legales e institucionales que obliguen a las corporaciones transnacionales a respetar los Derechos Humanos.

Parece que las cínicas “democracias” seguirán permitiendo a sus empresas transnacionales una especie de “barra libre” legal cuando actúan fuera de sus fronteras nacionales y continuarán explotando sin compasión – pero por su “bienestar” y “progreso” – a sus trabajadores, que son, sobre todo mujeres y niños, en Bangladesh, Marruecos, India, Vietnam, Camboya, Tailandia, China, Bulgaria, Honduras, México, Turquía o Indonesia. Jornadas maratonianas de 12 horas o más, llegando a realizar 150 horas semanales, sin seguridad social, sin derecho a baja por maternidad, sin derecho a ir a la escuela, sin condiciones de seguridad, ni higiénicas, incluso, llegando a dormir en los mismos talleres; sin derecho a sindicarse, sindicalistas asesinados por pedir derechos y condiciones laborales dignas; familias indígenas expulsadas de sus tierras; trabajadores sin derechos civiles, social o económicos y, mucho menos todavía, Humanos. Centenares de miles de trabajadores dependientes de estas corporaciones mueren cada año por el sobreesfuerzo y la falta de seguridad e higiene.

Los europeos todavía ven este sistema esclavista como algo lejano, incluso, necesario y progresista, pero la directiva europea de las 65 horas laborales a la semana (con semanas que podrían alcanzar las 78 horas laborales) es seguro que volverá a recuperarse hasta que un día no muy lejano se apruebe. Y cuando se imponga la libre negociación entre empresario y trabajador llegará a ser legal que podamos trabajar hasta 65 horas semanales. Supondría un retroceso a 1919 y dinamitar el derecho laboral que reconoce que la relación laboral no se realiza en un plano de igualdad. Es más fácil aún que se pueda adoptar antes la legislación británica que permite desde 1993 trabajar por encima de las 48 horas semanales a los trabajadores que pacten “libremente” estas condiciones con sus empleadores. Entonces, la esclavitud de las transnacionales no nos será algo tan ajeno ni alejado de nuestras sociedades. Se podrán generalizar y legalizar situaciones que están ya presentes entre nosotros.

La situación actual es el caldo de cultivo ideal para que se cumplan estos objetivos. En España el deterioro de las condiciones laborales y el aumento de la jornada laboral progresan rápidamente. Lo importante es tener un trabajo dicen, y el salario y las horas son algo secundario. Se aprovecha la situación de necesidad y desamparo que viven muchos trabajadores. Seguimos el camino de los Estados Unidos donde hay decenas de millones de trabajadores pobres con salarios que no dan para vivir. Es luego el estado y los clientes quienes subsidian los salarios de estos trabajadores pobres que no pueden vivir de ellos y, que no tienen acceso a sanidad, al derecho a sindicarse o a vacaciones pagadas. Los gritos de auxilio (bit.ly/1ycaP5z) de todos estos trabajadores siguen perdiéndose en el vacío.

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En suma, los beneficios del común permitían a los menos favorecidos librarse de la dependencia exclusiva del jornal perseguida por el emergente régimen protocapitalista […]. La gentry, especialmente tras la Revolución [de 1688], acumulará tierra y abandonará el viejo régimen de open field. Decididos a someter los campos al “yugo de la mejora”,… los nuevos terratenientes han sido conscientes de ello muy pronto–, para construir el nuevo orden era necesario eliminar este elemento extraño, este código resistente de los territorios sociales precapitalistas, las tierras y derechos comunales. […]

A partir del XVII el Parlamento promueve el cercamiento a través de enclosure actsla propia ley se convierte en vehículo para desposeer al pueblo de la tierra (K. Marx). […]… especialmente durante el s. XVIII. Las leyes de cercamiento eran mucho más rápidas y fiables, asegurando además el reparto de la tierra comunal entre los propietarios locales […]… la práctica se alejaba bastante de la limpieza aparente de este modelo teórico. La iniciativa correspondía a menudo al propietario mayoritario, que preparaba el plan sin conocimiento de sus vecinos y lo presentaba antes de enviarlo al Parlamento como cosa hecha para que éstos lo firmaran. Eran habituales las irregularidades en el cómputo de la propiedad y, hasta 1801, los interesados podían ser miembros de la comisión que evaluaba la iniciativa. En 1880, más de un siglo después de la fijación del requisito de publicidad del proceso, se presentó en el Parlamento una moción para establecer medidas capaces de hacer efectiva la obligación en los condados –la mayoría– en que aún no era cumplida.

El mayor golpe a la participación era la traslación de la sede del debate de la asamblea parroquial al Parlamento y su codificación según procesos ajenos a la costumbre de los aldeanos. Como indicaron irónicamente los Hammond, cualquier campesino podía oponerse a una iniciativa de enclosure: sólo tenía que aprender a leer, contratar un letrado, desplazarse a Londres durante varias semanas y enfrentarse a la presión de los poderosos de su aldea; en algunas comisiones se aprobaron leyes concláusulas que condenaban a pena de muerte a los opositores al cercamiento (Hammond & Hammond, 1912, p. 64).

Álvaro Buitrago Sevilla, es Doctor Arquitecto y Profesor Asociado de la Universidad Politécnica de Madrid.

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