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Archive for the ‘Privilegios’ Category

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¿Cómo se explica que los más estridentes gritos de dolor por la libertad los escuchemos elevarse en las voces de los cazadores de negros?

Samuel Johnson

 

Nosotros, los orgullosos Campeones de la Libertad y los declarados Abogados de los Derechos naturales de la Humanidad, nos empeñamos en este comercio inhumano y criminal más profundamente que cualquier otra nación… Los Abogados del republicanismo y de la supuesta igualdad de la humanidad deberían ser los primeros en sugerir algún sistema humano de abolición de la peor de todas las esclavitudes

Josiah Tucker.

 

 

Las revoluciones liberales acontecidas en Holanda, Inglaterra y EEUU, en los siglos XVI, XVII y XVIII, respectivamente, no trajeron la libertad anunciada. No para todos. Únicamente, fue la libertad de los “señores”. Protegidos tanto del “absolutismo monárquico” como del “absolutismo democrático”. El triunfo parcial de las nuevas fuerzas sociales representadas por la oligarquía burguesa en meteórico ascenso supuso el deterioro del poder de los monarcas absolutos, pero fue para que surgiera un poder aún más absoluto sobre la sociedad y la Humanidad en su conjunto. Las nuevas democracias representativas, que limitaban el poder real, surgidas tras las revoluciones burguesas fueron el gobierno único y absoluto de las poderosas oligarquías emergentes.

Estos nuevos regímenes se lanzaron a la expansión colonial más feroz, desposeyeron de toda propiedad tanto a sus compatriotas como a los pueblos repartidos alrededor del globo, la esclavitud tomó proporciones nunca vistas y los trabajadores fueron convertidos en algo peor que siervos. La libertad para todo el que no fuera miembro de la oligarquía propietaria era inexistente. La limitación al poder absoluto y la preciada libertad liberal, realmente, fue el auténtico desenfreno de la codicia que dio rienda suelta a las ambiciones más viles de terratenientes y mercaderes. Ninguna limitación e injerencia gubernamental podría cruzarse ya en su camino. Ahora ellos eran el gobierno y el poder absoluto. Sus filósofos e ideólogos convirtieron en justificación moral lo que adolecía de una falta de moral absoluta.

A manos de los nuevos estados liberales fueron esclavizados y explotados millones de seres humanos. Se procedió al sometimiento, el robo y el exterminio sistemático de los habitantes no blancos de nuestro planeta. Antes de todo se procedió a su deshumanización, a su placentera conversión en diablos, idolatras, bestias feroces y seres subhumanos, que hiciera más digeribles los crímenes que tenían el único objetivo del beneficio. No sólo fueron doblegados y asesinados los seres humanos de distinto color, sino que, también, los irlandeses católicos dejaron de merecer la compasión del nuevo estado liberal inglés. Tampoco los campesinos, los pobres y los vagabundos tuvieron mejor suerte: su libertad acababa bajo la bota del amo o el patrón. Los que alguna vez tuvieron acceso a  la propiedad bajo la forma comunal fueron despojados de todo bajo la violencia permanente de los nuevos gobernantes. Parecen crímenes lejanos, pero no lo son. Parecieran imposibles de repetirse, pero 400 años ininterrumpidos, millones de seres humanos asesinados los contemplan…

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Esta “paradoja” entre la nueva fe de la libertad y sus actos concretos es lo que pone de manifiesto Domenico Losurdo en su “Contrahistoria del liberalismo” que nos muestra esta ideología con todas sus contradicciones y realidades:

 

Limitación del “poder absoluto” y surgimiento de un poder absoluto sin precedentes: Para que esta paradoja pueda ser explicada, primero tiene que exponerse en toda su radicalidad. La esclavitud no es algo que permanezca a pesar del éxito de las tres revoluciones liberales [Países Bajos, Inglaterra y EEUU]; al contrario, conoce su máximo desarrollo con posterioridad a tal éxito: “El total de la población esclava en el continente americano ascendía a cerca de 330.000 en 1700, a casi 3 millones en 1800, para alcanzar finalmente el pico de los más de 6 millones en los años 50 del siglo XIX”’. Lo que contribuye de manera decisiva al ascenso de esta institución, sinónimo de poder absoluto del hombre sobre el hombre, es el mundo liberal. 

A mediados del siglo XVIII era Gran Bretaña la que poseía el mayor número de esclavos (878.000). El dato está lejos de ser exacto. A pesar de que el imperio de España tiene una extensión mucho mayor, le sigue a una buena distancia. Quien ocupa el segundo lugar es Portugal, que posee 700.000 esclavos, pero que a su vez es una especie de semi-colonia de la Gran Bretaña: una gran parte del oro que extraen los esclavos brasileños termina en Londres. Y por lo tanto, no hay dudas de que, quien se distingue en este campo por su posición absolutamente eminente es el país que, al mismo tiempo, está a la cabeza del movimiento liberal y que ha conquistado supremacía en el comercio y en la posesión de esclavos negros a partir, precisamente, de la Revolución Gloriosa. Por otro lado, es el propio [William] Pitt el joven quien, al intervenir en abril de 1792 en la Cámara de los comunes sobre el tema de la esclavitud y de la trata negrera, reconoce que “ninguna nación en Europa […] está tan profundamente sumida en esta culpa como Gran Bretaña”.

Y eso no es todo. En las colonias españolas y portuguesas, en mayor o menor medida, sobrevive la “esclavitud doméstica”, que debe distinguirse claramente de la “esclavitud sistémica, vinculada a las plantaciones y a la producción de mercancías”; y es este segundo tipo de esclavitud -—que se afianza sobre todo en el siglo XVIII (a partir de la revolución liberal de 1688-89) y que predomina claramente en las colonias inglesas— el que explica de manera más completa la deshumanización de aquellos que ya son solo instrumentos de trabajo y mercancías, objeto de compraventa regular en el mercado… La servidumbre a tiempo determinado…, en vigor hasta ese momento, tiende a ceder el lugar a la esclavitud propiamente dicha, a la condena perpetua y hereditaria de todo un pueblo, al que se le niega…, cualquier esperanza de libertad… Ya está en curso el proceso que reduce cada vez más al esclavo a pura mercancía y proclama [su] carácter racial… Una casta hereditaria de esclavos, definida y reconocible ya por el color de la piel…, a los ojos de John Wesley, la “esclavitud norteamericana”, es “la más vil nunca antes aparecida sobre la tierra”. 

Domenico Losurdo Contrahistoria del liberalismo

 

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[La psicopatía] es un problema universal, igual en todas partes, solo que en algunos países se tolera más… en Estados Unidos, comportamientos que hace 15 años no se aceptaban, ahora sí. Comportamientos claramente psicopáticos y que aparecen continuamente en el cine y la televisión. Violencia, maldad, premeditación, sangre fría, falta de remordimientos…

[Los psicópatas] parecen inteligentes, pero en realidad no son especialmente brillantes. Algunos sí, claro. Y cuando son inteligentes son más peligrosos. […] Nunca podrán sentir empatía, ponerse en el lugar de otra persona, tener sentimientos hacia alguien. Ni siquiera por los seres más próximos, padres, hermanos, pareja, hijos… Los psicópatas no tienen emociones, y no es posible enseñárselas.

… La mayoría de los psicópatas no son asesinos. Están en la política o en los negocios… Están en todas partes. Son personas que saben controlar a los demás pero parecen muy buenos. Tienen carisma y son líderes. Carisma sin conciencia. […] por ejemplo, en los grandes escándalos financieros, con pérdidas para miles de personas. Detrás hay una mente psicópata. En los grandes negocios la psicopatía no es una excepción. ¿Qué tipo de persona cree usted que es capaz de robar a miles de inversores, de arruinarles aunque después se suiciden?… Es incluso peor que lo que hacen muchos asesinos.

… la política es un medio fantástico para que se desarrollen, el mejor ambiente, el ideal. Igual que los negocios,… Ahí los psicópatas se desenvuelven como pez en el agua. […] Es prácticamente imposible para la sociedad defenderse de eso. Porque son ellos los que, además, hacen las reglas, dictan los principios y gastan millones para explicar al mundo que lo que hacen es fantástico. No sé lo que podríamos hacer. Para esto las elecciones no sirven… No quiero decir que todo el mundo en esas posiciones sea psicópata, pero sí digo que el porcentaje entre ellos es muy superior al 1% general.

Robert Hare, profesor emérito de psicología de la University of British Columbia de Canadá. Experto en psicología criminal, psicopatología y psicofisiología.

Postdata: Por desgracia, tenemos a los psicópatas al volante miremos a donde miremos. Esto, también, explica muchas cosas y nos hace más sencillo la repuesta a la pregunta que muchos nos hacemos ¿Por qué provocar tanto daño innecesario a millones de personas? Fanatismo y psicopatía, sazonado todo con una alta dosis de codicia…

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La empresa moderna era y es ciega. Sabemos que efectivamente produjo la revolución industrial, pero este no era el objetivo de los empresarios. Tales hombres, codiciosos y ansiosos de acumular la máxima ganancia no son raros – de todos modos no lo fueron en Europa desde las Cruzadas en adelante – ni su comportamiento es muy recóndito. La empresa privada estimulará el desarrollo económico y la revolución industrial si, y solo si, los beneficios a obtenerse de ese modo son mayores a los que se logren por otros medios. Si no lo son, no lo hará”.

Eric HobsbawmEn torno a los orígenes de la revolución industrial.

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Echando la vista atrás al comienzo de la crisis, no podemos por más que pensar que la gestión de ésta está siendo buena. Incluso, podríamos decir excelente. El objetivo del sistema económico actual es el beneficio y las ganancias, la acumulación capitalista y el enriquecimiento. La competitividad, la codicia y el dinero son los becerros de oro que dan sentido al sistema capitalista que nos domina. Por tanto, cuando observamos que el número de millonarios crece un 13% durante el último año, el beneficio de la gran banca un 79% hasta septiembre, la bolsa española sube más de un 16% durante este año y, además, más de 6 millones de personas deben pelear por empleos cada vez más precarios y con peores salarios, no podemos por más que congratularnos. Solo podemos llegar a una conclusión: la gestión de la crisis está siendo excelente. Y todavía podemos obtener éxitos aun más grandiosos porque el número de millonarios amenaza con crecer un 110% más hasta 2017.

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El fin del sistema capitalista es el beneficio, el enriquecimiento. Ni la libertad, ni la democracia, ni el progreso social. Si éste no se consigue mediante la innovación tecnológica o productiva, debe conseguirse por otros medios. Los medios son coyunturales, lo importante es el fin. Y el fin es obtener la máxima ganancia. Nunca ha importado que se haga a costa de la explotación de otros seres humanos sino que ha sido y es imprescindible. Por tanto, si el sistema no alcanza sus objetivos por unos medios utilizará otros, se adaptará en la búsqueda de sus fines. El capitalismo no es un sistema inmóvil, es un sistema en constante evolución, sus métodos y formas pueden variar, pero el objetivo que guía a éstos es siempre el mismo. Entonces, una vez que conocemos su esencia no puede sorprendernos que vuelva repetidamente a usar la explotación y la desposesión de las personas para reproducirse.

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Si hoy en día la ganancia capitalista se ha recuperado en España – y en el mundo – ha sido a costa de evolucionar hacia una mayor explotación de las personas y una constante expulsión del personal sobrante. Sumados a los millones de parados que nunca volverán al mercado laboral están los 3 millones de españoles que se encuentran en situación de “pobreza severa”, el doble que al principio de la crisis. Pero la pobreza no es una situación novedosa de la crisis, es estable y estructural, aunque agudizada por ésta, la pobreza infantil se eleva a casi al 27%, sólo 3 puntos más que al comienzo de la misma. Y es que es una situación lógica porque para que una minoría pueda tener mucho, poseer todo, otros no pueden acceder a nada. Esta es la naturaleza de las “reformas estructurales” que están aplicándose en España, ahora, si cabe con más saña que nunca. Guardando las formas democráticas del bien común se dice que son necesarias para crecer, acabar con la crisis y el desempleo. En realidad su función es concentrar aún más la riqueza y la propiedad, aumentar las rentas y salvar fortunas en peligro.

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Es la oligarquía dominante mundial, depredadora y extractiva, quien mediante sus diversos instrumentos e instituciones, el FMI o la Unión Europea, siempre bajo la tutela de Washington, trasvasa enormes cantidades de riqueza y recursos a sus carteras. Los métodos son numerosos y se adaptan a las diferentes situaciones y características de cada país. En España, por ejemplo, la usura bancaria mediante los intereses de una deuda – pública* y privada – desproporcionada y unas comisiones bancarias que han crecido un 186%** entre 2007 y 2012; la rebaja salarial de los trabajadores desde la última reforma laboral que supera el 10%, pero es simplemente continuar una tendencia, porque entre 1994 y 2011, los salarios ya habían caído también otro 10%; unido al aumento de la jornada laboral; los rescates a la banca mediante ayudas directas, avales, estafa a los preferentistas, el ‘banco malo’; el rescate a las concesionarias de autopistas; el rescate encubierto a las eléctricas mediante subidas de la luz que superan el 70% en los últimos 7 años, a pesar de tener sobrecapacidad eléctrica; las privatizaciones de los bienes y servicios públicos de ayuntamientos y Comunidades Autónomas; etc.

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Para esta oligarquía, las empresas, los trabajadores, los seres humanos, el gobierno, los partidos políticos, las instituciones son instrumentos utilizados según la coyuntura histórica, social y económica y están supeditados a alcanzar sus objetivos de máximo beneficio y acumulación. Para la gran burguesía y la aristocracia hace ya casi dos siglos unidas indisolublemente y siempre tendentes a unas relaciones endogámicas, la democracia de masas – la única y verdadera democracia – es algo nunca deseado, siempre despreciada. Todavía, la democracia parlamentaria burguesa era un mal menor en cuanto a que sólo una mínima parte de la población podía participar en ella. Pero, el radicalismo democrático era dar cabida en su mundo – dominado por el darwinismo social, el racismo y la eugenesia científica – a esa “multitud detestable” que tanto habían despreciado siempre. Y cuya única función vital dada su objetiva inferioridad era ser explotada.

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Entonces las palabras dichas por Vladimir Ilich ‘Lenin’ hace ya más de cien años vuelven a tomar una vigencia sorprendente: “Las crisis demuestran que los obreros no se pueden limitar a luchar por obtener de los capitalistas concesiones parciales, ya que, cuando se produzca el crac, éstos no sólo arrebatarán a los trabajadores los derechos conquistados sino que los harán todavía más precarios. Y así continuará sucediendo inevitablemente”. Y es así como nuevamente se repite en la historia que las crisis sí son una oportunidad para aumentar la explotación y la desposesión de la mayoría por una minoría cuya codicia no tiene freno, ni límites. Una minoría que pasará por encima de cualquiera y avasallará a todos los que se le opongan.

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La democracia no es un derecho natural, nunca fue otorgada, fue conquistada, siempre fue una lucha, los derechos individuales y sociales nunca fueron concedidos por convencimiento de la igualdad de todas las personas. Cuando en una sociedad se acepta que se puede explotar a las personas, es decir, trabajar 12 horas por menos de 500 euros o hacer millones de horas extras gratis, la democracia no existe, mucho menos el respeto a los Derechos Humanos, la libertad o la igualdad. Cuando a una persona se le quitan sus medios de subsistencia y se hace dependiente de otros, nunca puede haber libertad. Lo que hay es miedo, necesidad y hambre. Ese es el proyecto de la Unión Europea de las corporaciones: la jornada laboral de 65 horas, el trabajador pobre, la generalización de la pobreza. Este es el actual sistema globalizado que tanto ha colaborado a construir. Una involución social para Europa, los países desarrollados, una vuelta al capitalismo que colapsó en 1929, pero una constante realidad para los países subdesarrollados, siempre dominados por la explotación colonial de las potencias capitalistas.

DegradaciónMoral

Hacia 1500 comenzó el proceso de transición al capitalismo industrial, marcado por un nivel de explotación de los seres humanos que no había tenido parangón en la historia. Sus víctimas no tienen cabida en la Historia. Hubo que esperar hasta el S.XX para que en la mayoría de los países industrializados se alcanzaran un mínimo de derechos democráticos, que, sin embargo, conllevaban la expulsión de determinados grupos humanos. En Suiza, las mujeres no pudieron votar hasta 1971; los negros, los chinos, otras minorías étnicas y sociales o los pueblos autóctonos, los “no blancos”, nunca estuvieron considerados como sujetos dignos de tales derechos democráticos hasta la segunda mitad del S.XX. Como nos dice Eric Hobsbawm, la cuna de la democracia liberal, el Reino Unido de la segunda mitad del S.XIX “era sin duda menos restrictivo que, por ejemplo, Bélgica, […], pero ni era democrático ni lo intentaba ser”. El voto censitario determinado por la posición de poder y la fortuna personal era la norma. Identificar capitalismo y democracia es ilusorio. El capitalismo no es democrático, nunca lo ha sido, nunca lo será, porque su razón de ser no es esa. Lo que está marcado por el afán de dominación y explotación en pos del máximo beneficio nunca podrá salvaguardar una verdadera democracia.

Los bancos han ganado con los intereses de la deuda pública 17.300 millones.

** Según un estudio realizado por ADICAE, las comisiones bancarias han crecido un 265,57% entre 2004 y 2012.

 

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“Era frecuente ver, en esos primeros días [del golpe militar], curas y religiosos con su fusil al hombro, su pistola y su cartuchera sobre la negra sotana

Mariano Ayerra, sacerdote de Alsasua, 1936.

“Con los sacerdotes han marchado a la guerra nuestros seminaristas. ¡Es guerra santa! Un día volverán al seminario mejorados. Toda esta gloriosa diócesis, con su dinero, con sus edificios, con todo cuanto es y tiene, concurre a esta gigantesca cruzada”.

Marcelino Olaechea Loizaga, 6 de noviembre de 1936.

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Aprovechando la última masiva beatificación dominical de Tarragona, no estaría mal recordar que los dos partidos presentes en la misma, PP y CiU, descendientes de la oligarquía franquista y monárquica, también fueron de la mano en la Guerra Civil. Es importante saberlo para que ahora la gente no se deje arrastrar por los mismos en la sinrazón y el enfrentamiento nacionalista. En la guerra civil, tristemente como en todas las guerras, fueron asesinadas miles de personas inocentes injusta y cruelmente. Pero es fundamental que sepamos que ese velo de santidad e inocencia que presume la Iglesia es falso. La Iglesia no es víctima de esta guerra, sino un bando activo, que aprovechó la guerra para alcanzar unos objetivos materiales, políticos e ideológicos. En palabras del arzobispo de Toledo y primado de España, Isidro Gomá y Tomás: “Una restauración totalitaria de la vida cristiana”. Lo que vendría a derivar en una involución social bajo un represivo régimen fascista–católico.

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El golpe militar fue desde un principio apoyado y jaleado por la Iglesia católica. La posterior guerra y dictadura contó con su ferviente colaboración. No fue el anticlericalismo violento el que hizo a la Iglesia tomar partido. Antes de conocerse los pormenores de éste, el arzobispo de Zaragoza, Rigoberto Domenech, poco más de veinte días después de la sedición militar justifica el mismo porque “no se hace en servicio de la anarquía, sino en beneficio del orden, la patria y la religión”. A los dos meses, el cardenal primado de España, Isidro Gomá, describía lo que era para él la guerra en una alocución radiofónica con motivo de la caída de Toledo a manos del ejército fascista: “El choque de la civilización contra la barbarie, del infierno contra Cristo, debían sucumbir primero,…, los adalides de la civilización cristiana, los abanderados de Cristo… Gloria a los mártires”.

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La Iglesia católica fue un bando, claramente, beligerante en la guerra civil española, una facción que animó y participó en el exterminio y la persecución. Que colaboró activamente en las venganzas y los asesinatos. Nunca la Iglesia católica trabajó en pos de la paz y la unidad de los españoles. Todo lo contrario. Desde el advenimiento de la República rechazó abiertamente sus instituciones y nunca estuvo dispuesta a renunciar a sus privilegios propios del Antiguo Régimen. Cuando en julio de 1936 se produjo el golpe de estado corrió rauda y gozosa a empuñar las armas en una nueva y, en sus palabras, “santa Cruzada”. Nunca mostró piedad cristiana y se lanzó a un sanguinario y cruel revanchismo convirtiéndose en uno de los pilares sobresalientes de la represión, la ingeniería social y la venganza fascista. Ni ha buscado nunca la reconciliación pidiendo perdón por sus crímenes. El orgullo y la soberbia, graves pecados, es lo que ha guiado la conducta de su cúpula.

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Como recordaría, más tarde, el cardenal Vicente Enrique y Tarancón, que se encontraba en Tuy en julio de 1936: “todos los sacerdotes del lugar aceptaron la sublevación militar con alegría y apoyaban al ejército como un deber de conciencia”. Esta dinámica fue habitual en Navarra, donde miles fueron asesinados sin que se diera ningún tipo de enfrentamiento armado. El fanatismo religioso que impregnaba lo que consideraban una guerra santa se dejaba ver en los actos del contingente de requetés donde se encontraban numerosos religiosos combatiendo.  A poco menos de un mes del golpe militar, durante la procesión de la Virgen del Sagrario en Pamplona, milicianos falangistas y requetés asesinaron a decenas de presos, entre ellos, curas supuestamente nacionalistas “los sacerdotes dieron la absolución en masa a los restantes, las ejecuciones se llevaron a cabo y los camiones volvieron a Pamplona, a tiempo para que los requetés se incorporaran a la procesión que estaba entrando en la catedral”. 

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Y es que el ardor guerrero había infectado el discurso y los actos de la plana mayor de la jerarquía católica española. Palabras como “cristianísimo Imperio español”, “judío–masónico”, “liberación”, “santa Cruzada” o “plebíscito armado” tenían sus oraciones. En la Pastoral de 30 de septiembre de 1936, “Las dos ciudades”, el obispo de Salamanca, Enrique Pla y Deniel deja bien a las claras que lo que se vive es una “santa Cruzada” para la Iglesia española: “Enhorabuena que los ciudadanos españoles, haciendo uso de un derecho natural, se hayan alzado para derrocar un gobierno que llevaba la nación a la anarquía […]. El carácter de la actual lucha que convierte a España en espectáculo para el mundo entero. Reviste, sí, la forma externa de una guerra civil, pero en realidad es una cruzada. Fue una sublevación, pero no para perturbar, sino para restablecer el orden […]. Una cruzada por la religión y por la patria y por la civilización”.

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Evidentemente, no todos los religiosos actuaron de esta manera. Seguro que muchos que no estaban de acuerdo con estas consignas perecieron injusta y cruentamente. A todos ellos nuestra admiración y respeto como seres humanos vilmente asesinados. Pero, entre la jerarquía católica esto fue un desierto. Hasta el obispo de Pamplona, Marcelino Olaechea que alababa la bondad de esta guerra santa “vivimos una hora histórica en la que se ventilan los sagrados intereses de la religión y de la patria, una contienda entre la civilización y la barbarie” y bendijo a sus cruzados, se horrorizó de los crímenes y venganzas de los suyos: “Ni una gota más de sangre de venganza”. Pero sus palabras no tuvieron eco entre sus filas. Ya era demasiado tarde. La sangre de venganza corría por toda España. Asimismo, no importaba que se fuera religioso. Era muy importante ser religioso del bando fascista – tradicionalista, porque si no, se corría el riesgo de ser fusilado como a decenas de curas supuestamente nacionalistas o, si se protestaba contra estas infames acciones ser amenazado de muerte como le ocurrió al obispo de Vitoria, monseñor Mateo Múgica.

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En cambio, la jerarquía católica y Franco fueron uña y carne. Unidos por una férrea cohesión ideológica y unos mismos objetivos. El obispo de Vic, Joan Perelló, quería una “profilaxis social, sabía que se necesitaba un “bisturí para sacar la pus de las entraña de España”. La pus, evidentemente, eran las personas con una ideas políticas opuestas a las suyas. Para regocijo suyo, Francisco Franco, pensaba lo mismo que él y declaraba sentirse dispuesto a exterminar si fuese necesario a toda esa media España que no me es afecta” con el propósito de “la restauración de la clásica y cristiana unidad de las ciencias, destruida en el siglo XVIII”. Y el cardenal primado, arzobispo de Toledo, Isidro Gomá, seguía tenazmente la línea ideológica del Movimiento Nacional: “Judíos y masones, envenenaron el alma nacional con doctrinas absurdas, con cuentos tártaros o mongoles aderezados y convertidos en sistema político y social en las sociedades tenebrosas manejadas por el internacionalismo semita”. Discurso histórico de la Iglesia Católica que tras la derrota nazi y el descubrimiento del Genocidio hubo que maquillar y hasta ocultar.

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No solo el catolicismo español apoyó el golpe militar, cuando ya los crímenes eran bien conocidos y el nuevo régimen afirmaba sus postulados fascistas y totalitarios, el arzobispo de Westminster, cardenal Arthur Hinsley, en una carta remitida a Franco el 28 de marzo de 1939, en agradecimiento al envío de una foto autografiada por éste, le expresaba su admirada devoción: “Le considero el gran defensor de la verdadera España, el país de los principios católicos donde la justicia social católica y la caridad se aplicarán al bien común bajo un gobierno firme y pacífico”. El Vaticano mostró una extraña ambivalencia y pragmatismo político. Pío XI reconoció a Franco en mayo de 1938, aunque no tuviera una gran afinidad con él. Igualmente contradictorio fue su bendición de las tropas fascistas italianas que marchaban a invadir Abisinia en 1935. Luego Pío XII felicitaría efusivamente al general Franco en un telegrama, el 1 de abril de 1939: “Levantando nuestro corazón al señor, agradecemos sinceramente, con V.E, deseada victoria católica España”. Y, unos días más tarde, el 16 de abril de 1939, en un radiomensaje a los fieles de España se expresaba de tal forma: “Con inmenso gozo nos dirigimos a vosotros, hijos queridísimos de la Católica España, para expresaros nuestra paterna congratulación por el don de la Paz y de la victoria, con que Dios se ha dignado coronar el heroísmo cristiano de vuestra fe y caridad, probado en tantos y tan generosos sufrimientos”. Cierto es que hubo sufrimientos, pero por ningún sitio se atisbó un poco de “caridad” o “paz”. Y en ningún caso “piedad” o “perdón”. 

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1. Se reconoce el derecho a la protección de la salud.

2. Compete a los poderes públicos organizar y tutelar la salud pública a través de medidas preventivas y de las prestaciones y servicios necesarios. La ley establecerá los derechos y deberes de todos al respecto.

Constitución Española, art. 43.

 1. 2 Son titulares del derecho a la protección de la salud y a la atención sanitaria todos los españoles y los ciudadanos extranjeros que tengan establecida su residencia en el territorio nacional.

3. 2 La asistencia sanitaria pública se extenderá a toda la población española. El acceso y las prestaciones sanitarias se realizarán en condiciones de igualdad efectiva.

Ley 14/1986, General de Sanidad.

ImagenCuando la viceconsejera de Sanidad de Madrid, Patricia Flores, dijo hace un tiempo: “¿Tiene sentido que un [enfermo] crónico viva gratis del sistema?”, creo que mucha gente no podía dar crédito a sus palabras. No podía ser que hubiera tal nivel de crueldad en las altas instancias de un supuesto régimen democrático garante de los Derechos Humanos. Con el tiempo estos pensamientos clasistas y desalmados – mantenidos por tanto tiempo en secreto en círculos muy íntimos – van tomando forma y se abren paso apoyados en la coartada perfecta para todos los desmanes actuales: la crisis. La última desventura de la viceconsejera madrileña ha sido dejar a 30.000 mujeres sin la mamografía preventiva del cáncer de mama porque no había llegado a un acuerdo económico con las clínicas privadas. Como si no hubiera hospitales públicos en Madrid para realizar tal prueba.

Con esta excusa falaz se está desmantelando el Sistema Nacional de Salud – uno de los más admirados, eficientes y baratos del mundo – para convertir los derechos ciudadanos en beneficencia o mercantilismo y las joyas del sistema sanitario en la fuente de riqueza de unos pocos: políticos corruptos y familia, banqueros, constructores, aseguradoras, farmacéuticas y fondos de inversión. A la viceconsejera se la escuchó atentamente en Moncloa y, ahora, los enfermos crónicos: cáncer, tumores cerebrales, artritis, esclerosis múltiple, hepatitis, riñón o leucemia; las personas discapacitadas o dependientes, los ancianos, los desempleados, los inmigrantes “sin papeles”, quienes tengan necesidad de algún tipo de prótesis o traslado ambulatorio, etc., no vivirán gratis, sino que tendrán que enfrentarse a algún tipo de (re)pago sanitario. Parece que al Partido Popular sí le gustan los impuestos al dolor y la enfermedad. Cebarse con el más débil está en su idiosincrasia. Las personas podrán volver a morir en España por no poder acceder a medicamentos o atención médica.

En las actuales medidas no hay ninguna búsqueda del ahorro y la eficiencia. A no ser que consideremos ahorro recortar el gasto en personal sanitario y elevar un 15% la partida salarial de los directivos madrileños. O eficiencia que Dolores de Cospedal aumente un 170% el presupuesto para los altos cargos manchegos, mientras despide a 7.000 profesores y médicos. Todo lo contrario. En palabras del doctor Víctor Gutiérrez Millet, durante mucho tiempo jefe de nefrología del hospital Doce de Octubre, jubilado por orden de la Comunidad de Madrid a pesar de la falta de médicos y el crecimiento continuo de las listas de espera: “Yo soy un hombre de derechas. Yo he votado siempre al PP. Pero la Comunidad de Madrid, la consejería de Sanidad está gobernada por la ultraderecha más radical. Algunos casi rozan la esvástica. Ignacio González y el señor Lasquetty – gran intoxicador de los medios – están haciendo barbaridades. En la sanidad de Madrid lo que han hecho es una auténtica salvajada. El problema asistencial real que han creado con los enfermos es auténticamente inadmisible. Eso es una autentica barbaridad. Eso no se puede tolerar. Madrid está gobernado por la ultraderecha más extrema en todas sus estructuras”.

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Esta es la realidad que se vive en la sanidad madrileña: venganzas personales; pacientes que no son atendidos; coacciones y venganzas contra pacientes que rechazan el traslado a centros privados, aunque se ponga en grave riesgo su vida; médicos que no se reponen, creando un déficit de 1.300 médicos en los próximos cinco años; abandono de los gestores públicos, que prefieren desviar los fondos públicos a la sanidad privada – casi 1.000 millones en el último año –; profesionales de gran valía que son despedidos; etc. Una realidad que podemos ampliar a otras regiones de España y a las acciones del mismo gobierno de la nación. Y es que cuando las listas de espera se elevan un 125% la vida de miles de personas corre un grave riesgo. Unos gobiernos que, en cambio, están teniendo un éxito rotundo en la gestión de la crisis para los suyos. Pues, las políticas para millonarios que implementan han aumentado los mismos en un 13% desde mediados de 2012. Ya son un alegre grupo de 402.000 millonarios que han sabido aprovechar la oportunidad de la crisis.

Como ha demostrado la doctora de la London School y su equipo, Helena Legido–Quigley: “Muchas de las medidas adoptadas para ahorrar dinero no se basan en la evidencia. Hemos visto cómo los recortes tienen un efecto perjudicial sobre la salud de los españoles y, si no se aplican medidas correctivas, la situación podría empeorar, con un aumento del sida y la tuberculosis, –tal como hemos visto en Grecia, donde también ha habido importantes recortes en el sistema sanitario– así como el riesgo de una escalada de los problemas con las drogas y la propagación de enfermedades”. Además, añade: La evidencia científica es muy clara, que el copago es malo para la salud”. Sin ir más lejos Alemania recientemente ha suprimido el copago en sanidad por sus efectos perversos.

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La crisis como una oportunidad. Es así como ellos lo ven. La oportunidad de deshacerse de los débiles. Del personal sobrante. Quien no pueda pagarse un seguro privado está condenado. Y además ese seguro privado tendrá que hacerse en sus empresas. Ese es el carroñero afán de lucro y negocio a costa de la salud y el bolsillo de millones de personas que persiguen con ahínco. Que se ponga en peligro la vida o se condene a la muerte a miles de personas es un simple daño colateral que se puede asumir gustosamente, porque, en el fondo se lo merecen: son débiles, no han trabajado lo suficiente, son vagos y pedigüeños, etc. Los datos del desastre humano que están provocando con sus políticas están bien claros. Según Médicos del Mundo que ha lanzado la campaña “Nadie Desechado”: 

  • Más de 873.000 personas han perdido la tarjeta sanitaria.
  • Existen miles de personas con cáncer sin acceso a tratamiento médico.
  • Las enfermedades de transmisión se encuentran sin seguimiento.
  • Cada día – en la nueva España eugenésica – 2.392 personas son desechadas.

Simplemente, parece inconcebible que en nuestro país se pueda incumplir vilmente la Ley poniendo en peligro la vida de cientos de miles de personas o, violar los Derechos Humanos. La Ley 14/1986, General de Sanidad, desarrolla el artículo constitucional concretando que la protección de la salud es universal, gratuita y financiada por los poderes públicos. Cuando se habla de gratuita no se utiliza el término “gratis” de forma peyorativa y falseada como hacen Esperanza Aguirre y los suyos, sino que se financia con los impuestos de muchos tipos que todos los residentes en suelo español pagamos. Por tanto, este supuesto ahorro es, simplemente, una nueva subida de impuestos encubierta a los españoles. Porque quien no paga impuestos como debe en España es Esperanza Aguirre y los suyos. Es la clase de Mariano y Esperanza quien no paga impuestos. Son las grandes fortunas y empresas quienes viven en un paraíso fiscal y evaden más de 88.500 millones cada año. Dinero suficiente para pagarnos la sanidad, la educación y demás servicios públicos. Dinero sumado a la enorme extracción de riqueza que perpetran sobre la población española que nos haría ser un país rico.

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“Dos cosas son infinitas: la estupidez humana y el universo; y no estoy seguro de lo segundo”

“Todos somos muy ignorantes. Lo que ocurre es que no todos ignoramos las mismas cosas”

“La mente es como un paracaídas… Sólo funciona si la tenemos abierta”

*Albert Einstein,  científico alemán, 1879–1955. 

 

En estos días he vuelto a escuchar afirmaciones de este tipo: “España tiene muchas universidades” o “España ha construido demasiadas universidades”. Hoy mismo he escuchado a la periodista Isabel San Sebastián decir que “producimos” demasiados titulados universitarios. O que gastamos demasiado en ellos. Parece que la norma es hacer todo tipo de analogías con el ladrillo, la cadena de montaje – mientras más, deshumanicemos a las personas y a la sociedad, mejor – o con ese otro pegadizo eslogan, que dice que “Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”.

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En realidad, la vida es cuestión de prioridades. En España, los banqueros o las grandes fortunas van por delante del resto de mortales. Entonces, la prioridad es dedicar los recursos disponibles a ellos, el resto de seres humanos son un gasto. Y es muy importante que se den cuenta de que lo son y lo interioricen. De todas formas, retomando el tema de la educación, ésta, también, tiene mucho que ver con prioridades. Por ejemplo, si queremos ser un país de limpiabotas y criados, sí, es cierto, tenemos demasiadas universidades. En cambio, si tenemos otras aspiraciones futuras podríamos hacer algunas comparaciones muy esclarecedoras:

  • Estados Unidos tiene 1 universidad por cada 96.000 habitantes. Más de 3.277 universidades.
  • California, 1 universidad por cada 253.000 habitantes. 146 universidades.

*Según el ministro de educación, José Ignacio Wert, tenía solo 10 universidades. Bueno esta no es sino otra de las mentiras en las que ha incurrido este ministro y este gobierno para justificar medidas muy dañinas para el futuro de España. También, atacó a los estudiantes diciendo que el 30% abandonaba los estudios universitarios, cuando, en realidad, no llega al 12%

  • Alemania, tiene 1 universidad por cada 223.000 habitantes. 368 universidades.
  • Reino Unido, 1 universidad por cada 261.000 habitantes. 241 universidades.

*El brutal incremento de tasas que se viene produciendo durante los últimos años está expulsando a los estudiantes británicos de las aulas, viéndose obligados a marchar a otros lugares de Europa. Como por ejemplo, Alemania, donde la gratuidad está muy extendida y hay un amplio debate en hacerla universal. En cambio, España junto con otros países no es que estén mercantilizando la educación, es que la están bancarizando. Haciendo a los estudiantes esclavos de las deudas bancarias.

  • España tiene 1 universidad por cada 500.000 habitantes. 79 universidades.
  • Francia, tiene 1 universidad por cada 691.000 habitantes. 95 universidades.

*Aunque dispone de alrededor del doble de campus y escuelas superiores que España y 83 de las universidades son públicas. En cambio, en España solo 50 son públicas.

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El debate que se ha abierto en España tiene más de ideológico e interesado que de constructivo. El nivel de nuestros estudiantes es bueno, es tan bueno, que por esta razón son reclamados para trabajar en otros países. Cuando vemos que nuestras universidades no aparecen en los primeros lugares de los rankings que se hacen a nivel mundial, deberíamos pensar que en ellos tiene mucho peso la investigación científica y en España la investigación científica esta subfinanciada.

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No sólo no está financiada adecuadamente sino que ahora mismo se está desmantelando. Si esto no se impide, las consecuencias que se avecinan para España serán catastróficas. España gasta casi 4 veces menos que Finlandia en investigación y desarrollo, casi 3 veces que los Estados Unidos o la mitad que Alemania. Y luego nos preguntamos por qué no aparecemos entre los primeros en las listas, o porque nuestra competitividad y productividad son bajas.

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Y aquí nos encontramos con el principal problema de España. Algo que no se discute abiertamente. La mentalidad clasista y semi–feudal de la oligarquía extractiva que controla el poder. Es esta mentalidad acompañada de la estructura socio–económica que determina, lo que condena a la mayoría de los españoles a no tener futuro en su país. Es la misma forma de vida parasitaria basada en la explotación de amplias capas de la sociedad a un mínimo coste de inversión que les ha caracterizado siempre. Cuando ellos consiguen grandes rendimientos a base de explotar más y más y, están cada vez más integrados dentro en la estructura capitalista mundial – su dinero duerme en Suiza, no en España –, España y los españoles cada vez nos alejamos más de los países desarrollados.

Para finalizar, quería dejar una última reflexión. Cuando los Estados Unidos acercándose el año 1980 tenían viviendo en su suelo al 97% de los científicos de todos los tiempos, se estarían haciendo la pregunta de si tenían a lo mejor demasiadas mentes maravillosas. Aventuraría a que no. No son españoles, no creo que tengan esa capacidad tan nuestra de tirarse piedras contra su propio tejado. No son tan cainitas.

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“Si (mi hijo) fuera tonto, o disminuido físico o psíquico, con perdón para éstos, y no hubiera en donde enchufarlo… pero tiene su carrera y su destino final (presidente de la Diputación)”

“Ya todo el mundo sabe que soy un cacique, pero a mí me siguen votando y a ellos no”

“A mí no me echan unas elecciones. Me voy cuando yo quiero”

José Luís Baltar, ex – presidente de la Diputación de Ourense

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A raíz del último escándalo acecido con las diputaciones – la imputación del ex – presidente de la diputación de Ourense, José Luís Baltar – debemos retomar el tema del que ya hablamos en el último artículo de los supuestamente necesarios recortes de gasto público que se están llevando a cabo. Primero, debemos tener claro ante la propaganda que nos bombardea incesantemente, que estos recortes no son necesarios, que son asimétricos y contraproducentes. Son, totalmente, injustos porque se producen solo en un sentido, no atacan los verdaderos problemas del despilfarro, la malversación de fondos públicos, los privilegios de un reducido grupo y están estratégicamente diseñados mediante una política mediática de manipulación y ocultación de la realidad para desviar la atención de las verdaderas causas de la crisis.

Desde que salió a la superficie el movimiento de indignación y desafección con el sistema – conocido como el 15-M – que se encontraba latente en gran parte de la sociedad, ya no es que no hayamos tenido ningún indicio ni el menor atisbo de una mayor democracia directa y participativa o, una modesta regeneración democrática, sino que la imperfecta democracia representativa actual – dado el total desprestigio de sus partidos políticos – está siendo cada día más mutilada con el objetivo de apartar del espacio público a los ciudadanos y privatizar la participación política. Caso de Cospedal en su señorío manchego, que pretende – tras un gesto teatral – que solo se dediquen a la política las “personas de bien y con posibles” como en épocas pasadas de infausto recuerdo. Un nuevo golpe a unos ciudadanos que ya están sobradamente expulsados de la política ante el desencanto que les producen las actuaciones de sus representantes electos.

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Aprovechando el descrédito del actual sistema democrático y adelantándose a potenciales descalabros electorales sus actuales dirigentes – utilizando un hipócrita populismo e ilimitadas argucias – están cercenando los mecanismos de representación popular mediante una burda propaganda, que tergiversa los hechos, que pretende afianzar aun más un régimen caciquil de democracia censitaria. Las demagógicas medidas impulsadas por el PP pretenden apropiarse del actual clima de indignación – como si ellos no fueran responsables del descrédito de las instituciones – en provecho propio para ocultar las verdaderas intenciones de unas reformas que desvirtúan y coartan la representación popular en favor de la perpetuación en el poder de la actual oligarquía.

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Los cambios acaecidos – una huida hacia adelante para tapar las grietas del sistema – comenzaron hace año y medio cuando los dos grandes partidos, PP y PSOE, impulsaron cambios en la Ley Electoral que, prácticamente, imposibilitaban la concurrencia electoral de los pequeños partidos. La continuación fue la negativa a la reforma de la Ley Electoral para que ésta fuera más representativa y proporcional. No sólo eso, sino que han conseguido que sea aún más complicado conseguir representación electoral. Lo siguiente fue el ataque a la función pública y los servicios públicos que han sido condenados como responsables de la crisis y criminalizados. Lo último la  reforma de los entes locales que reducen en un 31% el número de concejales electos y reducen el número de ayuntamientos. Todas ellas son medidas que consolidan el bipartidismo, la desigualdad social y territorial y, dificulta cualquier tipo de regeneración moral y democrática de un sistema que, actualmente, está corroído por la corrupción y el mayor descaro.

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Las preguntas son claras ¿por qué atacar a los ayuntamientos? ¿Por qué a los funcionarios? ¿Por qué arrasar los servicios públicos? ¿Por qué no, puestos a acabar con las duplicidades, suprimimos las diputaciones provinciales que cuestan 22.000 millones? Las respuestas son, igualmente, evidentes, pero se niegan a los ciudadanos. Los objetivos son ocultados: la expulsión de los ciudadanos de la vida pública; que no puedan ejercer ningún tipo de control de los cargos elegidos por una minoría; y, la privatización del patrimonio público a manos de la misma reducida oligarquía que controla los resortes del poder. Además, el impulso de órganos no elegibles como las diputaciones facilita que se pueda hacer un uso discrecional de los prepuestos públicos, la colocación a dedo de todo tipo de personas, sin ningún tipo de prueba como la que es obligatoria para muchos empleados públicos que están siendo despedidos. Uno de los ejemplos más claros del tipo de reformas que se están impulsando es José Luís Baltar, imputado por un delito de prevaricación continuada en la contratación que convirtió la diputación en la segunda empresa con más empleados de Ourense y dejó a su hijo como heredero de la misma.

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Con estas reformas en la Administración se pretenden ahorrar 6.315 millones. De ellos 3.500 millones en los entes locales. Pero, en realidad lo que se hace es afianzar los mecanismos y las conductas que posibilitan la malversación de fondos públicos. Ni cambian las personas ni sus formas de actuar. Es un gesto de cara a la galería con perversas intenciones. La corrupción urbanística en los ayuntamientos fue fomentada por la Ley del Suelo de José María Aznar y sus gobiernos, en total, connivencia con el PSOE. Fue impulsada desde el gobierno central y nunca se pusieron límites. Todo lo contrario porque favorecía los pelotazos urbanísticos de grandes terratenientes, poderes financieros y empresariales y, poseedores de suelo. Ejemplos tenemos muchos. Uno de los muchos fue colocar la estación del AVE de Guadalajara a una decena de kilómetros de esta ciudad para favorecer a la familia de Esperanza Aguirre. Ella y su familia han dado diversos pelotazos urbanísticos por la geografía nacional por valor de decenas de millones de euros. 

Nadie se para a pensar en las consecuencias de este aparente futuro ahorro. Ese ahorro no calcula los variados costes sociales de dejar abandonados y sin servicios a los habitantes de esos municipios. El empobrecimiento de los trabajadores públicos que acentúa más la depresión. El desmantelamiento de los servicios públicos que supondrán una enorme merma en la calidad de vida de los españoles. Además, de una sustancial subida de precios que empobrecerá aun más a los trabajadores y una brutal perdida de riqueza y patrimonio común. No se paran a pensar que el 70% de los concejales no cobran y que los desmanes serían muy fácilmente atajados con un control más estricto ¡Pero, si la mayoría son de sus propios partidos! ¡Son sus compañeros! ¡Pero, es que, quien está haciendo todas estas “reformas”, es quien ha permitido e impulsado todas esas tropelías! y, como hemos dicho, no desde los entes locales sino desde el gobierno central y el sistema financiero. Los ambiciosos sin escrúpulos que se han corrompido acabarán colocados de asesores, conductores, secretarios, “emprendedores” o algún otro cargo.

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Debemos tomar perspectiva y analizar los datos en conjunto, no dejándonos llevar por ejemplos aislados que fomentan una visión sensacionalista e interesada de la realidad. En España, existen unos 8.116 ayuntamientos que acercan la administración y los servicios públicos a los ciudadanos. Estos ayuntamientos solo son responsables del 3,5% de la deuda pública española. Solo uno de ellos – Madrid – es responsable del 22,5% del total de esta deuda gracias a los sueños megalómanos – con una alta dosis de corrupción constructora – del actual ministro de justicia Alberto Ruíz Gallardón. El segundo responsable, a una gran distancia, es el de Barcelona con el 3,9% de la deuda total. Solo 10 ayuntamientos aglutinan el 40% de la deuda. Dados estos datos objetivos arrasamos con el resto de los ayuntamientos. Pero, es que, ahora, Madrid con una deuda que dobla – más de 6.300 millones sin sumar los intereses a perpetuidad – el supuesto ahorro que se pretende realizar en la reforma de los entes locales, quiere gastarse otros 1.670 millones – que luego, evidentemente, se multiplicaran vía dádivas –  en los JJ.OO de 2020.

El ahorro no está en la supresión de los ayuntamientos – y menos entrando a golpe de motosierra – sino en mejorar la gestión y acabar con la corrupción. Suprimiendo ayuntamientos no se atajan los problemas porque se seguirá manejando el patrimonio común como si fuera el cortijo de unos cuantos terratenientes, banqueros, caciques, empresarios, advenedizos, nobles, religiosos, etc. que se encuentran en total connivencia. Lo fundamental es que ningún político tenga más privilegios que un ciudadano cualquiera, es decir, ninguno; que sea obligatorio que tengan que usar todos los servicios públicos que deben gestionar de forma honrada, honesta, eficiente y eficaz. Necesitamos servidores públicos, no como hasta ahora, empleados al servicio de la élite económica a la que pertenecen o aspiran a pertenecer, del medro, que están permanente prevaricando contra el interés general. Sabemos que todo esto es, ahora mismo, una utopía, pero es una de las utopías por las que debemos luchar y para eso nos tenemos que implicar en los asuntos que nos conciernen a todos.

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Las actuales reformas son el golpe definitivo a la democracia española. Ante la desafección ciudadana y el desprestigio de unos partidos mayoritarios en caída libre, el gobierno del PP quiere reducir concejales y diputados autonómicos electos por los ciudadanos y dar un poder mayor a las Diputaciones provinciales. En donde no existe ningún tipo de control, siendo dirigidas de forma arbitraria y discrecional. Un lugar donde se pueden “enchufar” a todos los familiares, compañeros, amigos, etc., y pagar todo tipo de favores a cambio de lealtades y monedas. Con las actuales reformas se recortan los servicios públicos – se han hecho recortes de miles de millones en sanidad, educación, ciencia y tecnología, pensiones, salarios, etc. – y se acrecientan los focos de corrupción antidemocrática, al mismo tiempo, que gastamos miles de millones en rescatar a un sistema financiero que pertenece y está al servicio de la actual oligarquía dirigente. Se recorta en democracia y control popular: concejales y diputados regionales. Y, se perpetúa una institución semifeudal de control social y corruptelas caciquiles como son las diputaciones provinciales.

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Como hemos dicho, anteriormente, uno de los principales exponentes de la política populista y demagógica que pretende socavar el control de los ciudadanos y la participación política – una vez, retirada de la primera línea de juego Esperanza Aguirre – es María Dolores de Cospedal que, en lugar de comenzar los recortes por ella misma renunciando a tres de los cuatro sueldos públicos que percibe – ya de por si suculentos – ha preferido despedir a 10.000 empleados, convertir el parlamento manchego en una S.A sólo accesible a la élite económica – esa misma liderada por su marido que va de consejo en consejo a la que pretenden regalar la sanidad pública – y subir el sueldo a sus asesores, por supuesto, nombrados a dedo. Es el fácil e hipócrita recurso al chivo expiatorio, mientras, los gastos discrecionales, la opacidad y los favores a los incondicionales no paran de crecer.

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Pues este es el Estado que quiere el gobierno. Un Estado oligárquico sin caretas. Ya no se guardan ni las mínimas formas. Un Estado donde los órganos no electos tengan preponderancia. Unos lugares – las diputaciones – donde sus presidentes puedan dirigir conforme a sus deseos y caprichos más provechosos. Todos estos señores son algunos de los muchos que se encontraban en los consejos de las cajas dando créditos a voluntad. Ninguno ha entrado en la cárcel, pocos han dimitido, todos siguen teniendo un alto nivel de vida.  No quieren que muchos trabajadores tengan un salario ni mucho menos que éste sea digno. Pero, ellos pueden tener 12 o 13 cargos con sus respectivos sueldos. Estos son algunos ejemplos, no son los únicos, pero, sí son los más desvergonzados, por ahora:

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  1. Isabel Carrasco, presidenta de la diputación de León, 12 cargos con sus dietas y salarios. No hace mucho dijo, en apoyo a los recortes de Marinos Rajoy: “No puede ser que sea gratis todito”.
  2. Agustín González, presidente de la diputación de Ávila, un trabajador afanoso con 13 cargos generosamente remunerados. Aprobó las cuentas de Bankia, pero, según dijo,  no tenía conocimientos financieros porque era “maestro de primaria” y veía la situación de la entidad con “absoluta normalidad”.
  3. Atilano Soto, ex presidente de la diputación de Segovia, que compatibilizó con su actual cargo de presidente de Caja Segovia. Según dice aprobó las cuentas de Bankia “en un ejercicio de generosidad”.
  4. El inefable Carlos Fabra, envuelto en toda clase de casos de corrupción y que ha heredado la diputación de Castellón como hicieron, anteriormente, 5 antepasados suyos. También, padre de la innombrable diputada que gritó en el congreso – refiriéndose a esos “parásitos sociales” que son los parados – ¡Qué se jodan! Por cierto, no ha dimitido y, posiblemente, espera heredar el cargo de su padre.
  5. José Joaquín Ripoll, ex presidente de la diputación de Alicante, que tuvo que dimitir por estar envuelto en un caso de corrupción, mientras, las familias populares divididas entre Campistas y Zaplanistas se disputaban a navajazos este señorío feudal.

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Este es el más crudo regreso de la España caciquil. En cierto modo nunca se fue. En España, al Antiguo Régimen nunca fue derrotado. Los liberales perdieron en el S.XIX. Los que quedaron aceptaron un régimen corrupto de turno de partidos. En la Guerra Civil, el republicanismo y el liberalismo fueron arrasados junto con los masones, el socialismo, el movimiento libertario, el comunismo, la democracia, los derechos sociales y laborales, la libertad religiosa, la igualdad, la reforma agraria, los derechos de las mujeres, etc. Los movimientos nacidos de la Ilustración fueron aniquilados en nuestro país. España quedó abocada a un régimen oligárquico fundado en las esencias imaginarias de un fanático engendro llamado así mismo NacionalCatolicismo – a imagen de su admirado NacionalSocialismo alemán – que perpetuaba el semifeudalismo que había caracterizado la evolución del Antiguo Régimen en España.

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Este régimen semifeudal puede, fácilmente, rastrearse en la estructura de la propiedad de la tierra donde hay zonas en las cuales el 50% de ella está en manos del 2% de los propietarios. La total opacidad que rodea a la verdadera estructura de la propiedad y la endogamia en la que se mueven las familias propietarias. La fortuna del Rey que asciende a casi 2.000 millones que no se sabe de donde provienen, cuando ésta era casi inexistente a la muerte de Franco. La fortuna de la familia Botín, valorada en 2.000 millones, encontrándose gran parte en Suiza desde finales de la Guerra Civil. Muchas de las grandes fortunas actuales se hicieron durante la guerra y la dictadura. Y, en la democracia han seguido recibiendo subvenciones, empresas públicas, propiedades, además de, estar exentos del pago de impuestos. Los privilegios de la Iglesia, exenta del pago de impuestos, con cientos de miles de propiedades y que recibe anualmente 11.000 millones del Estado. En resumen, un país, España, donde el 0,0035% de la población posee unas fortunas semejantes al 80,5% del PIB.

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En esto consiste la contrarreforma que está llevando a cabo el gobierno, que ataca las libertades individuales y sociales. Obstaculiza el acceso a la justicia de los ciudadanos, al tiempo, que impulsa la represión policial y política. Recorta los derechos laborales de los trabajadores al tiempo que pretende cercenar el derecho a la huelga. Impone una educación que proyecta primar la enseñanza concertada que, en realidad, es enseñanza católica – en Madrid, el 88% de los colegios concertados son católicos que nos retrotrae a los años dorados de la educación más reaccionaria, acientífica y antinatural. Una educación que será usada a modo de control social ¿Cómo se puede hablar de regeneración democrática y moral en un país donde sus más insignes académicos hablan de un asesino como Millán Astray de “incansable intelectual” o hacen carantoñas a un genocida como Franco?

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